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Entrevista: Diego del Morao


Entrevista: Diego del Morao




Primavera en Sevilla, la hora del té. Qué hora más poco flamenca, lo sé, es por las fotos, verás qué luz tan bonita, y no veas, valiente “diíta” que llevo, porque tengo el coche de mi padre en el taller, cuando llego a la estación resulta que no había otro tren hasta no sé qué hora. Total, que en autobús me he venido… y el móvil apagado, sin batería.

Lo vemos entrar en el florido patio del Hotel Alfonso XIII, lugar emblemático del flamenco sevillano. A sus treinta y ocho años, con la guitarra enfundada a la espalda y su ropa de calle, uno lo podría confundir con cualquier chaval que trata de ganarse la vida con su música. La sorpresa de la selecta clientela es mayúscula cuando desenfunda la sonanta y comienza a apuntar los trémolos de una granaína para la sesión fotográfica. Pero si es Diego del Morao, susurra un alemán a su curiosa señora. Me iba a vestir más formal, pero me ha dado por ahí, voy a tomar un té, a mí me gusta, por la tardecita.

Web Revista La Flamenca. Luis M. Pérez. 10/5/2017 Fotos: Pepe Montiel

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Son muchas las entrevistas que te han hecho últimamente, Diego, y nosotros queremos charlar contigo de flamenco, de guitarra, de música, en definitiva. ¿Cómo se vive hoy en día el flamenco en tu ciudad, Jerez de la Frontera?

Nosotros en Jerez vivimos por bulerías, no sabría decirte, nos identificamos mucho con el compás, es tan familiar, tan nuestro… Todo lo celebramos por bulerías, yo no digo que la bulería sea exclusivamente nuestra, que no lo es, pero sí que en Jerez posee sus propios matices, su aroma peculiar, es algo que está tan íntimamente ligado a nuestra vida diaria, que hace que la percibamos como algo propio. Una forma característica de entenderla. Y ya no solo la bulería, sino también la soleá y la seguiriya. No sé si me explico…

Perfectamente. Profundicemos un poco. ¿Qué ingredientes lleva esa receta jerezana?

Bulería dicen que viene de “burlería”, de burla. Y algo que también lleva intrínsecamente, o al menos así lo vivimos en Jerez, es la “galatería”, la gracia, que es una cosa de la que el flamenco actual está corto. Lo queremos hacer todo muy perfecto, muy profesional, muy serio, y creo que nos olvidamos de la gracia, de la galatería. Le falta flamencura al flamenco de hoy en día, fíjate lo que te digo. Le sobra profesionalidad, y le falta naturalidad, picardía, gracia. Que sea más visceral y con más ángel. Que no tiene que ser tan serio, yo noto al flamenco demasiado serio, de verdad. Y no es porque yo sea de Jerez. Mira en Cádiz, cómo se canta por alegrías, por chuflas, o las viejas de Granada, cómo bailan todavía sus tangos.

Y eso es precisamente lo bonito que tiene el flamenco, que puede expresar toda clase de sentimientos. Cuando se canta por seguiriyas se expresa una pena muy grande, y cuando se expresa la gracia hace falta mucho ángel, y de esto no hay mucho hoy en día.

Qué importante es la naturalidad

Es verdad, es muy importante, se ha perdido muchísima, no sé decirte si esto viene de ahora o de antes que yo naciera, se ha ido perdiendo. Tampoco es una cosa tan radical como lo que dice mi tío Manuel: ¡ya se acabó el flamenco! no, tampoco es eso. Pero sí que parece como si todo el mundo pudiera ser artista, y yo, la verdad, no quiero quitarle la ilusión al chaval que está empezando, pero artistas, artistas… hay muy pocos. Muchos profesionales y muy pocos artistas, en eso estoy de acuerdo con mi tío  Manuel.

Diego del Morao 2

¿Qué quieres decir, que una cosa es ser intérprete y otra ser artista?

Hay artistas que se van a morir, o que se han muerto, sin obtener el reconocimiento que merecen. Yo no digo que se lo quiten a otros para dárselo a ellos, sino que al menos los pongan a la misma altura. Hay personas que son verdaderos artistas, porque han nacido con ese don, que no están mirados como otros que se han hecho profesionales a base de esfuerzo, estudio, tesón o seriedad, que son valores también importantes, pero que no lo son todo. Hoy en día se está mirando más este tipo de artista hermético, muy profesional y con una gran técnica, pero yo digo, dónde está la verdadera raíz de lo que estamos viendo, esto de dónde viene, esto cómo brota… ya estoy poniéndome muy radical.

Lo que distingue a un artista es la capacidad de transmisión. Un artista con dos notas te tiene que emocionar, y no necesariamente tiene llevarse hora y media haciendo trémolos y poniendo la cara para arriba, y dando mucha ojana, eso para mí es dar ojana. El otro te hace así y te toca aquí (se señala el pecho), para mí esos son los artistas que verdaderamente mueven y cambian esto.

Ciñámonos a la guitarra. ¿Es cierto que el toque jerezano es especial? ¿Cómo distinguimos el sonido de las distintas sagas de guitarristas de tu ciudad?

Todo viene de la escuela que creó mi tío abuelo Manuel Morao. Los Morao, los Parrilla, los Jero son familias de guitarristas, pero todos han bebido del mismo sitio. Tío Parrilla era un enamorado del toque de mi tío. Incluso Paco Cepero bebió al principio de mi tío Manuel, aunque luego es verdad que desarrolló su toque personal. No quiero decir con ello que él lo inventara todo, existe una forma, un aroma que huele a Jerez, yo supongo que los primeros artistas serían los que lo crearon, pero como Manuel Morao fue el primero que destacó, y el primero en llevar esa forma de tocar a todos los rincones del planeta, pues supongo que todos los demás, incluido mi abuelo Juan Morao, se fijaron en él.

Todo viene del mismo sitio, después cada uno le da su personalidad. Lo importante es que todo suena a Jerez. ¿En qué se nota eso? En la manera de acompañar el cante, en la rítmica… Los toques rítmicos nos diferencian, en el rasgueo, que es muy peculiar, en la musicalidad en sí, son matices musicales que no sabría explicarte.

Diego, muchas veces oímos o utilizamos la palabra “flamencura” para referirnos a un rasgo característico de una manera de cantar o de bailar. ¿Dónde se encuentra la flamencura en el toque?

Hay una equivocación terrible, en la afición y en la crítica en general, que se resume en que si alguien suena flamenco es porque suena a antiguo. La flamencura no va con una doctrina, sino que está en uno, no en lo que tú o yo pretendamos. Eso es una mentira muy grande, y una propaganda que están haciendo desde hace tiempo. De igual modo escuchamos cuando un cantaor que sale cantando clásico: “es que suena muy flamenco” “porque es muy aficionado”; ¿Y qué hacemos con la afición solamente? Pues prefiero a éste, que no sabe ni lo que está cantando, pero me emociona, lo prefiero un millón de veces.

Ése es un error que ocurre mucho en la guitarra. Aunque yo, a la hora de acompañar por soleá, me acuerde de mi tío Manuel, lo hago porque yo quiero, no para sonar de una determinada manera, sino porque lo siento así; pero yo sé cómo se toca ahora, y por eso no soy menos flamenco, porque esté haciendo una falseta y esté utilizando una armonía más abierta no voy a ser menos flamenco que otro. Eso es un error total, y es lo que le pasa al que es poco aficionado.

Yo creo que tampoco la afición es solo coger un libro y escuchar un cante y decir: está haciendo el cante de tal, no, la afición también va por aquí (de nuevo se señala el corazón). Por eso aquí nadie es poseedor de la verdad, lo que te gusta a ti, te gusta a ti, y ya está. Pero que te guste, no porque verdaderamente esté haciendo algo que crees que te tiene que gustar, porque esté haciendo el cante de Tomás no necesariamente te tiene que gustar, eso es lo que yo creo que está pasando últimamente también.

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Hablemos de Diego del Morao. ¿Qué te distingue a ti, como intérprete singular, del resto de tu familia?

Fundamentalmente, mi generación. Es la que me ha llevado a mí sin remedio a tocar como toco, a mí me sale tocar así, a mí no me sale tocar como toca mi tío Manuel, yo me puedo acordar de él, y me puedo acordar de mi padre, pero a mí me sale otra cosa. Yo creo que eso es lo que tiene uno que hacer, ¿no? Ir con los tiempos, siendo consciente de lo que te han regalado tus antecesores. Ese legado lo tengo yo aquí guardado, y eso está como si te metieran un pendrive, lo llevas de serie.

Me considero un guitarrista clásico y ortodoxo, pero antes que nada soy músico. A mí lo que me importa es la música, las etiquetas no me gustan, lo que me importa es disfrutar de la música; lo mismo que tampoco estoy de acuerdo con la gente que dice “el disco tiene que sonar igual”, no, no, yo te tengo que divertir a ti y cuando tú pagues la entrada, y te vayas para tu casa, tienes que decir “yo he disfrutado”. Qué más da cómo haya tocado, si lo he hecho perfecto, igual que en el disco… ¿por qué tiene que sonar igual que en el disco? Uno se compras un disco para disfrutar de él escuchándolo en el coche, y después va a un concierto, y ahí lo que debo hacer yo es convencerte, emocionarte, para que disfrutes igualmente. Lo importante es la emoción, no la obsesión por lo perfecto.

Tu padre no quería que tú fueras guitarrista…

Para nada. No, porque se sufre mucho y… Tú no quieres nada malo para tu hijo. Lo que pasa es que él, cuando me empezó a escuchar, se dio cuenta de que yo tenía posibilidades, por eso no me frenó más. Yo no era ni estudioso ni disciplinado, sino que, en vez de jugar a la pelota, yo jugaba a tocar la guitarra.

Él era más tolerante que tu tío Manuel en cuanto a las novedades…

Claro, mi padre era muy abierto, yo creo que en eso me parezco mucho a él, mi padre, aun siendo muy clásico, le gustaba muchísimo la música y entendía, yo creo que eso va más en la generación que en la persona.

Y tu tío, ¿qué te dice de tu manera de tocar?

Él me anima y me corrige, no entiende muchas de las cosas que yo hago, y yo lo respeto, lo respeto muchísimo, y comparto muchas cosas con él. Su generación era de otra forma, yo odio las etiquetas, no hay que confundir lo que hacía Tío Borrico con lo que se hace ahora. Creo que la gente anda muy confundida con el flamenco y la pureza, eso no lo entiendo yo, en eso me identifico con lo que decía Paco de Lucía, que la pureza es lo que se hace con el corazón. Al final todo esto, escucha, todo esto, y todas las preguntas que me quieras hacer, Luis, se resumen en una sola cosa: en la capacidad de transmisión, en que la gente se emocione cuando te vea bailar o cuando te escuche cantar o tocar. Eso es lo único que importa, y no si pones la mano así o asá, o la cabeza ladeada. Transmitir lo que sientesTú lo que tienes que hacer es convencer y emocionar, y no dejar a la gente indiferente, eso es lo peor que le puede pasar a un artista, como dijo Beethoven en una cita “para mí fallar en una nota no tiene importancia, tocar sin pasión es imperdonable”

Has nombrado antes a Paco de Lucía.

El maestro es para nosotros un superhéroe, no sé cómo definirlo, no diría la palabra perfecto porque a mí las cosas perfectas no me gustan, uno de los músicos más importantes de todos los tiempos. Si Paco de Lucía hubiera nacido en Polonia estaríamos hablando de uno de los grandes clásicos de la historia. Pero desafortunadamente para la historia de la música, y por fortuna para nosotros, Paco de Lucía nació en Algeciras y nos ha dejado una música insuperable.

Diego del Morao 4

¿Y después de él?

Después de él, la figura de mi padre. A mí me gustan todos. ¿Que te diga tres? Mi tío Manuel Morao, Manuel Parrilla, Vicente Amigo.

Siempre has dicho que te sientes más a gusto acompañando que como concertista. ¿No crees que corres el riesgo de quedarte encasillado como un buen acompañante?

Yo tengo muy claro que esto es una carrera de fondo, pero no creo que la meta sea tocar solo, yo no cogí la guitarra en el sofá de mi casa para ser un concertista. Que yo tengo que dar un concierto, lo doy, pero mi meta no es esa. Hay mucha gente que está tocando para bailar cuando realmente lo que quieren es tocar como solista. Y hay guitarristas que se han quedado encasillados porque no han tenido la capacidad de convencer como solistas y se han tenido que quedar en otra modalidad. Yo lo tengo muy claro, a mí me gusta acompañar, y si tengo que tocar solo, yo lo compagino. He estado ahora en París, a lo mejor no hago más cosas, ya te digo, por dejadez…también he vivido, gracias a Dios, cómodo, eso es lo que me ha pasado, y por eso quizás me he rezagado un poquito, por estar con artistas girando y viviendo bien, y quizás he dejado de lado mi carrera como solista. Pero creo que ahora estoy en un momento perfecto de madurez para…

Aquí queríamos llegar. ¿Qué hay de esa primicia de un próximo disco tuyo con una multinacional?

Es verdad (sonríe), cómo sois. Lo que sí que te digo es que este disco que acabo de firmar me lo voy a currar, y no solo porque es una multinacional la que está apostando por mí, sino porque me lo debo a mí mismo. El Tío Isidro Muñoz me decía eso, siempre estaba detrás de mí porque conocía mi dejadez, yo lo respetaba muchísimo y escuchaba todo lo que me decía. Siempre estaba “voy a coger una vara y verás”, porque él quería que yo me dedicara a la guitarra en serio, que fuera concertista. Yo le decía, tito, es que yo así vivo bien y estoy tranquilo. Y él respondía, ¿pero tú sabes lo que es morirse sin saber hasta dónde podría haber llegado uno? Quizá ahora me esté tomando ya mi carrera más en serio.

El disco no está ni pensado siquiera, es solo una firma en un contrato, lo cual implica muchísima responsabilidad y trabajo duro a partir de hoy. No tiene título ni nada, lo único que pretendo es divertir, habrá colaboraciones seguro, y habrá cante, por supuesto; y algo que marca la diferencia con lo que he hecho hasta ahora es que voy a tener mi propio estudio en casa, lo que te permite que te pille la inspiración en el lugar apropiado para trabajar.





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