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Entrevista: Angelita Vargas


Entrevista: Angelita Vargas




“Con siete u ocho años me presentaba a la Velá de Santa Anta y todos los premios eran para mí.”

Revista La Flamenca: Revista nº 20 / año 2007 Mayo Junio Fotos: Paco Sánchez

Angelita VargasSe mire por donde se mire, es una señora del baile. Uno de los últimos reductos de lo gitano puro. Una reina trianera, tocada con la varita mágica del arte. Aunque no deja de aparecer en solitario -estará en breve por tierras de Francia y Japón-, últimamente hemos disfrutado de su baile por tientos en el espectáculo Gitanas de Rosario Montoya La Farruca. Cuando Angelita aparece en escena -al cante de su prima Juana la del Revuelo- se estremecen los corazones, se desabrocha el alma y fluyen caudalosos los ríos de lágrimas del manantial de lo jondo. Con cinco años ya bailaba por la Feria de Sevilla, con doce empezó Pulpón a llamarla para algunas fiesteritas, y con trece la bautizaron y le pusieron tres años más, para poder hacerse profesional. Pulpón le arregló los papeles para poder examinarse. Desde pequeña, su vida se presta a ser novelada, por eso la está escribiendo en un libro. A nosotros nos hace un anticipo…

.. Me bautizaron en Triana, en la Iglesia de San Gonzalo, pero exactamente no se mi edad real. Si ahora tengo 56, quítale dos o tres años. Pero vamos, yo quiero tener la edad que pone en mis papeles. Tú sabes que antiguamente los gitanos no asentaban a los niños hasta pasados unos cuantos de años…

Hábleme de sus padres y sus hermanos… ¿Qué importancia e influencias han tenido en su vida artística y personal?
La madre de mi padre, la abuela Paula, decía la gente que era un pedaso de bailaora. Pero murió sólo un año después de nacer mi padre. Por eso mi abuelo, se casó de segundas con una extremeña: Ursula Suárez, familia de los Porrina, que le dio el segundo apellido a mi padre: Ángel Vargas Suárez. Por la parte de mi madre también tenían su gracia.

Nosotros éramos cinco hermanos: tres niñas y dos niños. Ahora mismo solo quedamos dos. Mira, mi hermano Isidro Vargas fue bailaor, trabajó toda la vida en El Patio Sevillano, y Farruco decía de él que era el número uno de cintura para abajo. El otro varón era el Chango, padre del Potito, que con 16 o 17 años era mejor cantaor que Camarón. Y dos hermanas más. Una de ellas murió muy joven y la otra también tenía habilidad para el baile.

¿Cómo fueron sus primeros años?
Mi infancia fue de maravilla. Mi padre era betunero, pero colocado en un bar de Triana, con su placa en la chaqueta. Ganaba un sueldo muy aparente. El había sido toda la vida tratante de mulas, en Extremadura, pero se casó y se vino a vivir a Sevilla. También vendía en la Isla los Jueves. Nunca nos falto nada. Fui al colegio, pero a hacer la rata como dicen ahora. Hice hasta la comunión. Fue en el Tardón, en el colegio del Barrio Máquina.

Imagino que el baile lo práctica desde muy pequeña…
Con siete u ocho años me presentaba a la Velá de Santa Anta y todos los premios eran para mí. Te estoy hablando de cuando Miguel Acal, Manuel Belmonte… Me daban un corte de traje, un reloj y quinientas pesetas. Me llevaba todos los premios de la radio. Algunos años antes, a mi hermano Isidro le empezó a dar trabajo Pulpón, y mi madre nos llevaba a todos los niños a la Feria a buscarlo. En las casetas, estaban Matilde Coral, Rafael El Negro, Trini España, Isabelita Romero, Farruco… un montón de artistas. Y allí cantábamos y bailábamos. Recuerdo que venían dos o tres gitanillas más, Manuela Carrasco entre ellas. Después el Changuito pasaba el sombrero…

¿Y el salto a la profesionalidad?
Por encima de todo mi ilusión era ser artista. Me cantaba y me bailaba, pero no le hacia a mi madre las cosas de la casa. Mi padre me dejaba, pero mi hermano no quería que fuese artista. Decía que era muy fea. Yo es que era muy niña y muy delgadita. Al llegar con mi madre a ver a Pulpón, nos dijo que dejara pasar un añito, hasta que me hiciera más mujer. A los seis meses volví, le bailé y le canté… y dio el visto bueno. Me llevaron un sábado al Hotel Murillo, detrás de Los Gallos. Estaban Matilde Coral, Rafael el Negro, Farruco, Trini España… y formé un alboroto. Bailé descalza… Los dueños se volvieron locos y no me dejaron irme de allí.

¿Y quién le puso el primer nombre artístico?
Matilde Coral y Rafael el Negro me pusieron Angelita La Gitanilla poco después de aquello. Fíjate si se corrió la voz que a los seis meses vinieron de Madrid los de Las Brujas, pero me convencieron los de aquí con dos trajes que me regalaron. Además, Pulpón me llevaba a todos lados, incluso a televisión. Me hice muy famosa hasta que, poco después, me casé.

Se caso con un bailaor…
Me casé con el Biencasao, y eso afecto a todo en mi vida. Era una niña, tenía 16 y el 15. Yo era una mujercita y el más niño. Iba al cine con el y a las de mayores no le dejaban entrar a él y a mi si. Además tenía las cosas de un niño, pero estaba tan enamorada… Pasé mucho con él. Era también artista, y bailaba muy bien. Salía mucho por las noches y me daba muy mala vida. Terminé dejándolo, sabiendo que estaba con otra. He pasado mucho, mi vida ha sido un calvario.

¿Se mantuvo en su estética o las formas del Biencasao pudieron con las suyas?
No me influyó. Me quedé con mi camino. La dueña de Los Gallos quería que bailara la soleá por bulerías, pero… Tampoco me gustaba bailar con él. Íbamos los dos juntos con el niño, pero bailaba cada uno su número, y al final todos juntos.

“Por encima de todo mi ilusión era ser artista. Me cantaba y me bailaba, pero no le hacia a mi madre las cosas de la casa”

Angelita Vargas 2Y llegó a grabar un disco ¿Cómo fue aquello?
Grabé el disco estando en Los Gallos. Estaba yo recién casada, y vino un hombre de Madrid. Hablo con la Sra. Caty, la dueña, y le dijo que le encantaría que grabásemos los que cantábamos en ese tablao. Lo grabamos en Madrid, Andorrano, El Moro y yo. Cante tientos tangos y bulerías. Después me llamaron otra vez para grabar, pero ya dije que no. Ya había tenido a mi hijo Joselito, y es que también me quedaba ronca con nada. Tenía que matarme cantando y no podía. Ya decidí dedicarme al baile solamente.

¿A dónde fue su primer viaje al extranjero?
Con trece años a Holanda, con Curro Vélez. Mi madre decía “¿Pero a dónde va esta niña? ¿Qué va a hacer por ahí con lo chica que es?” Cuando vine de Holanda, me bautizaron, me asentaron y me presenté para el carné de artista. Recuerdo que canté y bailé por bulería y tientos.

¿Qué bailaora le impactaba más por aquellos años?
En aquellos tiempos me gustaba mucho Trini España y Farruco.

¿A que escuela artística se adscribe?
¿Escuela artística?: A la de Farruco. Traje a mi terreno lo que hacía Farruco, aunque eso ya lo llevaba dentro. Mi madre me decía que se sentaba en la cama conmigo y me llevaba bailando hasta las cuatro de la mañana.

Dígame el nombre del cantaor o cantaora, y el de un guitarrista… los que más le haya motivado para desarrollar su baile
A mí siempre me ha cantado Boquerón y me ha encantado. Ha sido mi favorito. Rafael Fernández también ha venido muchas veces. Y Curro Fernández y Juan José Amador… Las mujeres no me gustan tanto, no me encuentro. Y de guitarrista Ramón Amador. Me encanta.

¿Qué tiene el baile de Angelita Vargas que es tan emocionante?
No digo que soy la mejor, ni la peor, pero le gusto mucho a la gente. Cuando meto los pies no tengo pasos difíciles pero, la bulería y los tangos, que es lo más difícil, para mí es lo más fácil. Se lo que puedo dar bailando, por eso no tengo miedo de nadie. El baile de hoy tiene mucha técnica, pero poca pureza. Yo bailo a mi forma, puede parecer que no tengo técnica, pero se andar, cogerme el vestido, poner la cara, meter mis pies, mis brazos. Mi técnica es la de entregar mi corazón. Por ejemplo, yo no puedo bailar con un traje claro por soleá, no me inspiro.

Es como los pegapases en el toreo ¿no?. A Enrique Ponce difícilmente puede cogerle un toro -Dios quiera que no- porque tiene una técnica excelente. Pero no deja de ser un pegapases…
Claro. Compáralo con Curro Romero… ¿Qué?

¿Qué joven del baile gitano de hoy tiene la llave del futuro?
Es complicado. He visto a muchos gitanitos y gitanitas bailando muy bien, pero ahora… han tenido que arrimarse a lo que se lleva hoy para sobrevivir.

¿Qué piensa del baile que hacen ahora los jóvenes?
Hay mucha gente que bailan tientos, y una dice… eso no es tientos. Por seguiriyas, igual. Y rápidamente a la bulería. ¡Que no! Yo respeto a todo el mundo, y vivan ellas que ganan dinerito, pero que después no digan yo hago… El flamenco te tiene que doler. Muchas veces no haces casi nada, pero acabas con el cuadro.

Un momento mágico en el escenario que recuerde siempre
Muchos. Pero no se me olvida cuando me presenté al Giraldillo. Me entran ganas de llorar. No lo gané, pero era para mí. Ese día bailé… Me lo dijo hasta Mario Maya: “¡El premio te lo has merecido tú!”. Pero el último voto, que era el que decidía, cayó para Mario. Lo daba Enrique El Cojo. Nos presentamos Manuela Carrasco, Pepa Montes, Mario Maya, Ramírez, Guito y yo. Me queda como consuelo que Manolito Franco se llevó el Giraldillo bailándole yo. En Mont de Marsan baile hace unos años con Farruco, cantándome mi prima Juana la del Revuelo…

¿Subirse a un escenario la sigue motivando como entonces?
Si, pero tengo más miedo. Pero no por el baile. Ya te he dicho que no me da miedo de nadie. Pero ahora, bailando mejor que antes, me da miedo no llegarle al público. También tengo miedo de que no me duela a mi o de que no me salgan las cosas como yo quiero.

Se dedica también a la enseñanza… ¿Cuál es el mensaje principal que pretende que capten sus alumnas?
La mayoría son japonesas. Mayuko, por ejemplo, que dicen los que van a Japón y la ven allí que es igual que yo bailando. Yo les pido que le duela su baile. Y hay algunas que hasta lloran. Les pido que se paren a andar en el escenario. Eso es muy importante; saber andar y volver al mismo sitio. Lo más importante.

El pasado año presentaron Gitanas, en Mont de Marsan. La estampa de tantas mujeres en el escenario, de tanto rasgo y peso específico en lo artístico… es un lujazo.
Farruca se acordó de mí y me lo comentó. A mi me dan mi sitio, me tienen en un pedestal… Algún día me gustaría bailar por soleá, aunque hago los tientos tangos muy contenta. Ahí tengo trabajito. Y además me lo paso muy bien cuando vamos en el autobús. Eso es… Lo que no me gusta son los aviones, que me dan mucho miedo.

¿Para cuando otro espectáculo de Angelita Vargas?
Llevar un espectáculo necesita mucha responsabilidad, y yo tengo demasiado corazón, pero no soy emprendedora. Tengo una familia para montar un espectáculo que te mueres. Mi hijo Alejandro que canta, toca el piano, la guitarra… una maravilla. Y mi hija Manuela Vargas, también bailaora… Y unos nietos que son de escándalo: mi Dieguito, mi Porrete, mi Joselito… y un bisnieto con dos añitos que baila… Cuando termine lo de Gitanas voy a hacerlo. Con mis nietos.

Es usted su motor y un ejemplo a seguir. Tienen la posibilidad de aprender un oficio que requiere un sacrificio grande…
Claro, hay que procurar que vayan adelante.




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