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Entrevista: Paco Cepero


Entrevista: Paco Cepero




Nos recibe en su casa de Jerez, hospitalario y acogedor, sencillo como quien no espera visita. Uno se siente pequeño y grande a la vez, cuánto flamenco bueno habrán escuchado estos muros. Estoy sentado con Paco Cepero y está tocando por bulerías.

No será una entrevista al uso, estamos de acuerdo, ha hecho demasiadas a lo largo de su vida como para no repetirse. Durante la sesión de fotos, podemos tocar sus trofeos con nuestras manos: la Medalla de Oro de Bellas Artes, el Premio Compás del Cante, Cordobán de Oro, Cata Flamenca de Montilla, Gaditano del Año, Leyenda del Flamenco…

Web Revista La Flamenca. Luis M. Pérez 23/5/2015 Fotos: Cristóbal Peña

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Parece usted un hombre muy ocupado. Cuéntenos, ¿qué se trae entre manos?
Estoy haciendo una producción, es increíble, porque uno de los arreglistas está en Australia, y nos hablamos por Messenger, él me manda lo que ha hecho en MP3 y nos comunicamos perfectamente, date cuenta de que Australia está aquí debajo de nosotros, en las antípodas. Bueno, pues tiene gracia esto, que yo lo cojo al tío en el iPhone, o en el iPad, que es más grande y se ve mejor, en la calle lo cojo perfectamente. Pues ¿tú te puedes creer que llamo a mi hija el otro día al Puerto de Santa María y pone: mala conexión? Así son estas cosas.

Luego, si quieres, subimos arriba al estudio, que es mi lugar de trabajo, lo que pasa es que a veces yo prefiero estar aquí, por ejemplo ahora, pongo la televisión, los toros, y cojo la guitarra… Mira, éste es mi nieto Alejandro, no, ahora no, que me están haciendo una entrevista, saluda a estos señores… Y ahí, en la mesa camilla tengo un montón de letras, y Chari, mi mujer, que es doña Perfecta, como me cambie un papel, ya se jodió el invento.

Paco, la guitarra siempre a mano, a todas horas.
Tengo que coger la guitarra todos los días, al menos media horita. Yo utilizo la guitarra para crear, no creas que soy de los que están todo el día ensayando. Esta guitarra siempre está aquí, en este salón. Estoy aquí, tengo la guitarra a mano. Que se me ocurre una frase, cojo la guitarra y apunto. La guitarra me hace sentirme vivo. Yo soy una persona hiperactiva, pero dentro de esa hiperactividad yo necesito muchas veces… añoro la soledad… salgo por la mañana, estoy con los amigos, me vengo aquí, y ya, como no sea para sacar al perro, ya no salgo hasta mañana. De noche llevo quince años sin salir, ya no fumo ni bebo. Mañana no, mañana voy a Sevilla a los toros, y de los toros me vengo para acá, ni copita ni nada. El coche me da mucho respeto.

Cuando era más joven tampoco me liaba a ensayar. Yo lo que he hecho siempre es trabajar mucho, la guitarra ha sido mi herramienta de trabajo. Me he llevado dieciocho años en los tablaos, tocando tres o cuatro horas diarias, partiéndome las manos, pero porque no me quedaba otra. Y después me iba a buscar fiestas. Yo no he sido nunca una persona muy metódica, de ensayar por obligación, es más una cosa innata en mí.

¿Qué importancia tiene la técnica en el toque?
La técnica es importante en cuanto a que es un asidero al que agarrarse. Uno no puede dejar de tocar ni un solo día, porque después te cuesta una semana recuperar el nivel. Esto es como la gimnasia. Mira, yo estaba acostumbrado a caminar quince kilómetros al día, y el año pasado tuve una lesión que me tuvo dos meses en la cama, otros dos meses y medio en una silla de ruedas y seis más de rehabilitación. Y ahora tengo que perder el peso que he ganado, y eso cuesta mucho trabajo. Pues lo mismo con la guitarra.
Yo he obtenido una técnica a lo largo de mi carrera, que me sirve para tocar a mi forma y estilo, que es por lo que yo siempre he luchado. Y creo que lo he conseguido, yo no soy ni más ni menos que nadie, no sé si toco mejor o toco peor, pero mi guitarra se conoce a seis kilómetros, mi forma de tocar y componer. Eso no quiere decir que ahora me pueda echar a dormir, porque nunca acaba uno de aprender:

“Bendita lección del tiempo,
que, contra más años cumplo,
voy a morirme aprendiendo.”
Y no es falsa modestia. Cuantos más años has vivido, más cuenta te das de lo poco que eres. Sin embargo, la técnica no lo es todo.

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Explíquese, por favor.
Últimamente me estoy quitando alguna que otra espinita. Hace poco he tenido el placer de actuar en el Festival de Jerez, en el Teatro Villamarta, y fue muy emocionante para mí ver a la gente en pie, después de hora y media de espectáculo, y queriendo más. Diecinueve ediciones esperando que me trajeran al Festival, que se dice pronto, cuando otros han repetido, que uno tiene su corazoncito. Dos días antes, habían traído a seis guitarristas, no se llenó el teatro y la gente salió un poquito “aburría”.

La técnica no lo es todo, tienes que aportar algo aparte. Transmitir, dialogar, como yo le digo a los guitarristas que me preguntan, quillo, dialógame y dime algo que yo entienda.

Cuando yo veo un chaval, por ejemplo, Paquito León que viene ahora conmigo, yo le digo, Paquito, mira, tú tienes una pulsación buenísima, una técnica depurada, tienes coco, todos los ingredientes para hacer un cóctel buenísimo, pero haz algo tuyo, picha, empieza ya a sentirte y a marcarte el camino que tú quieras llevar, y a hacer cosas que la gente diga, mira, ése es Paco León, eso es muy difícil, pero no imposible.

¿Cómo describiríamos ese sonido propio de la guitarra de Paco Cepero?
Yo no sabría describirlo. Intento ser honesto conmigo mismo y transmitir lo que siento. Cierro los ojos y me meto en mi mundo, a unos les gustaré, a otros no… pero doy lo que tengo, no puedo dar lo que no tengo, no pedidme lo que yo no soy ni lo que yo no siento, éste es mi estilo, un estilo propio.

Eso hay que hacerlo de forma consciente, yo he luchado por mi causa, al principio todos nos hemos mirado en un espejo, pero yo ya no sueno a Melchor de Marchena, ni sueno a Diego del Gastor, sueno a mí.

No es el estilo jerezano, propiamente dicho, yo soy de Jerez, pero he creado mi propia escuela, por ahí hay muchos guitarristas tocando muchos detalles míos. Aquí en Jerez se ha tocado siempre muy ligero, y yo llegué y fui el primero en tocar despacio por bulerías, tengo toques muy peculiares por tientos (los va demostrando con la guitarra, a medida que habla) y por soleá.

Y el silencio. El silencio es importantísimo en el flamenco, una vez escribieron en Madrid “los silencios de Paco Cepero hacen música”, hoy va todo el mundo muy ligero, te digo una cosa, bailar despacio, cantar despacio, tocar despacio es más difícil, porque ligero no se notan las faltas, cuando tocas despacio tienes que matizar y los camelos se notan.

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¿Se siente querido en Jerez, profeta en su tierra?
Querido sí, mucho, la gente me para por la calle y me da su cariño. Yo me codeo con cualquiera, de todas las clases sociales, menos con los políticos, jeje. Pero no creas que soy profeta en mi tierra. Hay ciertos sectores que todavía, aunque saben lo que he sido y lo que soy, les cuesta trabajo reconocerlo.

Pero no me importa, después de cincuenta y ocho años de trayectoria profesional, a estas alturas, tengo todos los reconocimientos que se le pueden dar a un artista, como acompañante, como concertista y como compositor; y en vida, que yo ya cuando me muera, a título póstumo, no quiero tonterías de callecitas, ni hijo predilecto, ni “na”.

Esta Semana Santa he disfrutado como un enano, con las dos Vírgenes de mi barrio: la Esperanza, que se ha recogido con una marcha mía, y la Virgen del Valle, que me la paran aquí todos los años y le tocan dos marchas mías también. En la Flagelación tengo tres marchas. En Sevilla se está tocando mucho “Rey flagelado”, y en Jaén. Y aquí “Dios te salve, Amargura”, “Flagelación”, y con la Virgen del Valle, que eso se hace ahí la “petalá”, en la plaza Rivero; y este año me ha gustado mucho la recogida de la Yedra, mandé yo la “levantá”, y los costaleros empezaron a cantar el himno mío, eso para mí es muy emotivo y me llena de satisfacción.

Háblenos de sus planes y proyectos más inmediatos.
Sigo componiendo, yo escribo una copla todos los días, algunos días dos. Compongo canciones, como he hecho siempre, por ejemplo, acabo de terminar una ranchera, y tengo ya completado un disco del que no te puedo dar ningún dato, porque si no se estropearía y no se editaría, tú sabes. Va a ser una auténtica bomba, con un artista joven muy, muy conocido.

Y compongo temas flamencos, como las zambras, tangos, bulerías que he hecho para mis dos ahijados flamencos, Rancapino Chico y Samuel Serrano. Les he compuesto un repertorio completo, con muchas letras. Ahora mismo, estoy centrado en su producción.

Rancapino Chico tiene mucho a su favor. Él tiene en los genes lo de su padre, pero el niño tiene un oído… tiene mucha dulzura cantando, pero a la vez tiene pellizco. Después el tío se sube a un escenario y se transforma, transmite, y eso tampoco se aprende.

Y en cuanto a Samuel Serrano, te voy a decir una cosa. Ese niño me llamaron para que yo lo escuchara, y pensé, bueno, otro que querrá parecerse a Camarón; fui a tocarle, y le pregunté que qué quería cantar, y me dijo: tóqueme usted por seguiriyas, y cuando dio la salida, “na” más escucharle la salida, le dije: yo te apadrino. A los jóvenes hay que ayudarles.

Ahora, que me llama otro cantaor, pues yo voy, yo voy a donde me llaman. Este verano quiero hacer algunos festivales, no muchos porque yo ya no estoy…, a mí me tienen que traer y llevar, yo eso de coger el coche como hacía antes y hacerme quinientos kilómetros, ya nada de eso.

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Y esas clases magistrales de guitarra que imparte en Jerez, ¿no?
Me lo piden por internet, uno de Irán, otro de Nueva York, otro de Turquía. Yo flipo con las cosas tan bonitas que me dicen. Yo ya tengo setenta y tres años y, cuando echo la vista atrás, me doy cuenta de lo rápido que pasa la vida, y, si uno supiera que la vida no es tan larga como uno cree, no perderíamos el tiempo en ser tan malos unos con otros, no habría tantos celos, en la vida tenemos que ayudarnos mutuamente.

Los alumnos son de un nivel medio alto, porque aquí en Jerez hay ya gente muy buena enseñando. Y yo ya tampoco tengo paciencia para coger un chiquillo y empezar de cero. Yo llego y les digo, bueno señores, qué queréis saber de mí, en qué os puedo yo ayudar. Una master class, que lo llaman ahora, que es que una persona, con toda una vida de profesión a sus espaldas, intenta entregarse en cuerpo y alma para quien quiera aprender de ella. Yo creo que lo que tú has aprendido a lo largo de tu vida, es bueno pasarlo a las nuevas generaciones, no quedártelo tú y decir “to pa mí”.

De jubilarnos, ni hablamos entonces, ¿no?
Yo me jubilaré cuando me muera. Estaré con mi guitarra en la mano mientras Dios me dé inspiración, imaginación y fuerza.


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