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Festival de Jerez 2010. El Efecto Farruquito


Festival de Jerez 2010. El Efecto Farruquito




Farruquito personifica el baile racial, el baile gitano, la pureza que infunde la sangre. En los títulos de la propuesta, tanto en el original -“puro”- como en este remake -“esencial”-, así se explicita. No obstante, en el espectáculo que puso en escena en el Villamarta se evidenciaron contradicciones y paradojas comunes a otros discursos de autenticidad. Nos resultó auténtico, un verdadero placer para los sentidos, verlo bailar por soleá. Nos pellizcó por alegrías, especialmente cuando se paró y templó pero en otras fases su baile se tornó un tanto repetitivo y vano. Los saltos y piruetas marca de la casa y ese trabajo de pies de vértigo llegaron a ocultar la estructura y el aire de los estilos que eran simplemente apuntados. Aún así, vimos al bailaor más pausado que otras veces y entiendo que por eso también nos transmitió más.

Los números de transición –es uno de los problemas que ocasiona un espectáculo tan personalista- se hicieron largos, especialmente los tangos que a la limón y con coros al estilo factoría Isidro Muñoz hicieron la Tana y Encarna Anillo. Las guitarras de Antonio Rey y Román Vicenti estuvieron a un gran nivel.

El espectáculo satisfizo y mucho al respetable. El tirón mediático, el poder simbólico e iconográfico que posee para la comunidad gitana y sus hechuras de excepcional bailaor explican su éxito y la legión de incondicionales e imitadores que posee . Nos quedamos con el auténtico e incluso con sus contradicciones.

Texto: Julio de Vega




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