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Flamenco Antiguo: Jose Fernandez Granado Perrate de Utrera. (1915 -1992)


Flamenco Antiguo: Jose Fernandez Granado Perrate de Utrera. (1915 -1992)




`El duende tiene el color moreno´

Revista La Flamenca: Revista nº 11 / año 2005 Julio Agosto. Kiko Peña

Perrate-de-UtreraDice Manuel Peña que Perrate es “el cantaor más largo, más completo y más rico en matices de cuantos ha parido Utrera. Él, junto a Fernanda y Bernarda, constituye el trípode de sabor, de vitalidad y garantía de pureza del arte intenso, solemne y emocional que caracteriza a este pueblo”. Es “un cantaor para escuchar sin técnicas de por medio, un cantaor para llorar, un cantaor para morir con su cante”, según afirma Manuel Herrera Rodas. Perrate es uno de los colosos del arte gitano, veinticuatro quilates de oro moreno, una maravilla más del mundo. José Fernández Granado forma parte de la “escuela natural del cante”: su padre cantaba y José mamó en el seno familiar el flamenco más rancio y castizo. Aunque sólo fueron él y su hermana María la Perrata los dotados para este arte. Es el tercero de once hermanos y el nombre le viene de su abuelo, al que le gustaban mucho los perros. El mote pasó a su padre y luego a él. Y todavía hoy lo mantiene su familia, creándose así una dinastía.

Perrate nació el 9 de junio de 1915 en el número 14 de la Plaza del Cuartel, fruto de la unión de Gaspar Fernández Jiménez y Teresa Granado Peña. Aprendió el oficio de su padre, sillero, y alternó pronto sus tareas con el trabajo en el campo. Pero su portentosa garganta daría que hablar cuando sólo contaba con once años y ganó el concurso del Circo Bolsa, cuyo primer premio en metálico ascendía a 25 pesetas. Se las pagaron en calderilla y, como era tan niño, tuvo que escoltarlo un municipal por si le robaban. Manuel Peña comenta que “en Utrera, siempre cantó en juergas gitanas y en fiestas pagadas, en bares y tabernas entre falsas palmas con olor a tabaco y a vino, en madrugadas de rabia que malpagaban la valiosa fortuna de su cante”. En una entrevista que le hizo Manuel Martín Martín, biógrafo de Perrate, afirma que “a mí me sacó a cantar El Feongo, que era un gitano que bailaba para rabiar. Era de Jerez, pero se crió en Utrera”.

Con apenas 25 años, Perrate contrajo matrimonio en 1939 con Tomasa Soto Loreto, la hija mayor de Manuel Torre, con la que tuvo ocho hijos. Le tocó vivir la guerra pero después se fue a la sala El Guajiro. Lo llamó Pulpón y lo contrató por treinta duros. Compartió tablas con Chocolate, Matilde Coral, Trini España, Farruco… Después actúa en Madrid durante dos meses en Duende y en Gitanillo de Triana ganando cincuenta duros para llegar a cobrar quinientas pesetas en El Califa. Se vuelve a Utrera y vive de las fiestas, la feria de Sevilla, los cuartos y las reuniones. Forma trío con Enrique Montoya y Curro de Utrera y deleita a su pueblo que tanto quiere: “Perrate, siempre justo, siempre humilde, siempre, siempre enamorado de su pueblo, nunca supo dejarse arrastrar por el alucinante mundo de las luces y las tramoyas y, salvo fugaz estancia en Madrid -Price, Califas, Duende, Torres…-, lo que le valió para que su voz quedara registrada en una escasa discografía flamenca, Utrera fue siempre escenario de sus ayes, fuente de sus quejíos y ventana al aire por donde le entraran los duendes transparentados de su cante” (M. Peña).

José Fernández Granado participa en los festivales flamencos de toda Andalucía, empezando por el pionero, el de su tierra natal. Forma parte de los artistas invitados en la reunión del primer Potaje y aparece en cartel en muchas de las posteriores ediciones, aunque no es homenajeado hasta 1990, conjuntamente con su hermana la Perrata. Es solicitado para cantar en la Caracolá de Lebrija y apreciado como en ningún sitio en Morón de la Frontera, a cuyo festival (El Gazpacho) acudió en cinco ocasiones. La Cátedra de Flamencología de Jerez tiene la deferencia de invitarlo a participar en los Festivales de España en Jerez en agosto de 1962, y dos años más tarde forma parte del cartel de artistas del II Curso Internacional de Arte Flamenco.

“Ya hemos dicho que Perrate es un cantaor completo, pero tiene una fuerza especial en la soleá, en la seguiriya y en la bulería; aquella con la dulzura de su medida, la otra con la jondura de lamento y ésta con la gracia de su compás. Tres cantes patrimonio indiscutible de los gitanos, que Perrate hace con esencia de misterios solemnes, con negrura de llanto contenido y con duendes tocados de gracia que mueven a baile y a júbilo popular de cantes que son cantos de una raza” (M. Peña).

En 1976 la Hermandad de los Gitanos de Utrera le organizó un festival benéfico , en 1984 lo hizo la Tertulia Flamenca El Pozo de las Penas de Los Palacios, en 1989 se acordó de él la Tertulia El Gallo, de Morón de la Frontera y la Peña Flamenca Curro de Utrera. En 1990 se le dedica junto a su hermana la Perrata el Potaje Gitano , en 1992 se le impuso la Insignia de Oro de la Peña Flamenca Pepe Montaraz de Lebrija y le fue concedido el Mostachón de Plata por el Ayuntamiento de Utrera, además de la primera distinción Arco de la Villa.

Perrate se ha escapado siempre de las discográficas, pero por fortuna han quedado para el recuerdo varias grabaciones memorables. Su voz está registrada en algunos discos: son miel pura sus intervenciones en el Archivo del Cante Flamenco (Antología de Vergara-1968), en la Antología de Soleares (Ariola-Eurodisc- 1973), la seguiriya que canta en el disco grabado en directo en el Potaje Gitano de 1968 (Hispavox), el trabajo discográfico editado por el ITEAF, donde comparte el álbum con la Tomasa y Pies Plomo o el disco que sacó al mercado Senador en 1996. También fue magnífica la sorpresa de poder disfrutar con los cantes y saber más de Perrate gracias a la publicación a finales de 2003 de un libro-disco editado por la Diputación de Sevilla y escrito por el compañero Manuel Martín Martín.

Perrate se agarraba a la nostalgia afirmando que “Éramos más puros porque nos dolíamos cantando. Hoy ponen la mano antes que la boca”.

Con cincuenta y cinco años y antes de la feria de Sevilla, Perrate decidió someterse a una operación en la Clínica de la Cruz Roja de Triana, pero un error médico lo postró en una silla de ruedas para el resto de su vida. Veintidós años estuvo Perrate sentado en su sillita. Enviudó y siguió quemando sus penas con cada cigarrillo hasta que la muerte quiso llevárselo el doce de octubre de 1992. Durante ese tiempo, veía cómo se le acababa la vida sentado detrás de la puerta… “pero me alivio cantando por dentro y pensando que todo el mundo habla bien de mí”.


Familia Perrate, Los Peña y Los Torre. (Fiesta por bulerías) 1971

 



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