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Fuentasanta “La Moneta” (Granada, 1984) está
atravesando un momento muy dulce en su joven, pero ya dilatada carrera, que le
ha llevado a los más prestigiosos escenarios del mundo. Considerada una de las
principales figuras de esta gran generación del baile flamenco que nos ha
tocado vivir, nos recibió en su ciudad natal bajo los rigores del agosto
nazarí. Un encuentro en la Plaza Nueva, regado por los difusores de agua que
hacen más llevadero el estío, donde, tras una taza de café, nos abre su corazón
para descubrir a la bailaora hecha persona.
Nos encontramos en plena temporada alta del
turismo estival y tú, en cambio, trabajando duro en tu ciudad ¿no tomas unas
vacaciones?
Déjame que esté en casa, está siendo un año con
mucho trabajo y solo llevo unos días en Granada después de un mes sin venir por
aquí. Desafortunadamente paso mucho tiempo fuera y echo de menos a mi pareja y
a mi gente, pero afortunadamente eso significa que veo cosas, estoy viajando, y
como no, llevando mis espectáculos por muchos sitios.
¿Es duro estar tanto tiempo alejada de la
familia?
Yo no lo veo duro, es trabajoso. Es una gran
satisfacción hacer lo que a una le gusta, mostrar mi manera de entender el
flamenco por el mundo es una gran recompensa. Hay muchos factores que influyen
en la carrea de un artista; la suerte, estar en el sitio en el momento
adecuado, y sobre todo como uno se lo tome. Es el precio que tengo que pagar,
si todo fuera fácil creo que todos nos aburriríamos con este arte.
También ha sido una opción tuya quedarte a
vivir aquí, cuando muchos de tus compañeros han tenido que marcharse a otras
ciudades para poder hacer carrera, ¿te atrapa tu ciudad?
También he tenido que salir de Granada. He vivido
en Sevilla y Madrid, pero solo por temporadas. No hubiese podido desarrollarme
como artista habiéndome quedado solo aquí, pero siempre acabo volviendo. Aunque
si el día de mañana tengo que vivir fuera, lo haría por mi trabajo.
Bueno, pero ya te llaman de todos los
festivales importantes, igual no necesitarás irte, ¿crees que ya tienes tu
hueco en flamenco?
Entiendo este arte como una carrera de fondo,
ahora he llegado a un nivel, pero yo siempre tiendo a superarme. Hay que ir
subiendo escalones, aunque yo todavía no sé en qué tramo de la escalera estoy.
Igual no quiero pensarlo. Desde mi primer espectáculo, hasta el último que he
estrenado, he ido respondiendo a necesidades artísticas, buscando nuevas
inquietudes y expresiones con mi cuerpo, sintiendo la libertad de crear, no montar
algo por montarlo. De todas formas, continuamente hay cosas nuevas que hacer,
algún lugar nuevo que conquistar.
Prueba de ello fue el espectáculo que
estrenaste hace unos meses con Arcángel y Mauricio Sotelo en la Bienal de
Holanda, ¿te sentiste cómoda?
Imagínate. Ha supuesto para mí un paso muy
importante tanto artística, como personalmente. Trabajar con la música
contemporánea me ha hecho esforzarme más que nunca. Me gusta enriquecerme de
otras artes, ha sido un gran reto. Tengo que agradecer a la Bienal de Holanda
su interés por este proyecto. Es un festival muy flamenco pero abierto a otras
líneas de trabajo más avanzadas, es muy moderna. Eso permite que el flamenco
entre en otros circuitos y crezca aún más. Aunque yo no puedo dejar de ser
flamenca, me sentiría incomoda porque me estaría engañando a mí misma.
Entonces se puede decir que el flamenco está de
moda a nivel mundial
Creo que siempre lo ha estado. Continuamente ha
habido gente luchando, exportando el flamenco. Ahora con la declaración de
Patrimonio de la Humanidad debe consolidarse. Como decía Morente, la humanidad
es patrimonio del flamenco.
Ahora que lo nombras, para moderno y luchador
tu paisano Enrique, ¿todavía se siente su pérdida en esta ciudad?
Graná ha perdido a Enrique, pero es el mundo el
que lo ha perdido en verdad. Era un genio, quizás el último que por ahora ha
dado el flamenco. Él llegaba a todos los sitios, a todos los corazones, a todos
los oídos. Cuando tenía un hueco se venía por aquí, era una persona muy
cercana, ha hecho mucho por el flamenco de esta ciudad. En la medida de lo que
podido ha estado muy cercano a sus compañeros. Aunque es cierto que era tanto
el respeto que se le tenía, que era difícil que los flamencos granaínos le
pidieran trabajar, o hacer cosas con él. Me ha querido mucho, siempre ha dicho
cosas buenas de mí y le estoy muy agradecida. Esperemos que salga adelante el
proyecto de la Bienal en su memoria. Desgraciadamente en esta ciudad no hay
mucho movimiento flamenco, solo el Festival de Música y Danza, el de otoño y lo
que se hace en el Corral del Carbón.
Hablando del Corral, el cual clausuras dentro
de unos días, ¿le ha costado que se reconozca como ese gran festival que es?
Es un ejemplo de lucha. Presenta un concepto
tradicional de traer a los mejores artistas del momento, tanto en baile, cante
y toque, haciendo también un guiño a los artistas locales. Corren malos tiempos
para las ayudas de las administraciones, pero el Corral ha sabido ganárselas. Y
lo más importante, artista y público lo disfrutamos, es un sitio mágico.
Otra de las facetas a destacar en tu carrera es
que te llaman para impartir muchos cursos, ¿es importante saber transmitir los
conocimientos?
Es muy difícil dar clases, depende mucho del tipo
de alumnos que tenga. Cuando ellos tienen ganas todo es más fluido y yo me
siento más cómoda, da igual que sean extranjeros o españoles. Ten en cuenta que
los alumnos pagan por las clases, y si ellos no las disfrutan, es difícil que
capten lo que les pretendo transmitir. Lo que si me gustaría es que se rompiera
esa barrera que supone el que podamos dar clase en un conservatorio de una
manera más libre, sin tener que ser licenciados y tener una plaza en el mismo.
Para unas cosas somos los mejores y para otras no, no lo entiendo.
Me llama la atención que todavía no tengas una
compañía consolidada, ¿a qué se debe?
Mi intención no ha sido hacer una compañía, de
momento. Aunque el factor económico influye, y ahora no es la mejor época para
buscar ayudas, no es necesario tener algo grande para que un artista se
desarrolle. Cuando gané el Desplante en la Unión me vino muy joven, y desde
entonces siempre he bailado en solitario o con alguna colaboración, salvo un
periodo corto que estuve en la compañía de Javier Latorre. En mi último
espectáculo “Bailar, vivir” ya he empezado a introducir un pequeño cuerpo de
baile, donde he realizado las coreografías, pero todavía tengo que seguir
creciendo en ese aspecto.
Esa carrera en solitario ha supuesto que te
comparen con nombres determinantes de este arte, ¿te preocupa esa
responsabilidad?
Es un peso enorme. Todo el mundo no sirve para
dedicarse a esto. Los artistas tenemos unas formas naturales innatas, pero
debemos trabajarlas continuamente para transformar nuestras sensaciones en algo
plástico. Con diez años ya bailaba en las Cuevas del Sacromonte, y he mirado
mucho al pasado, fijándome en esas grandes bailaoras a las que idolatro. Me
gusta mucho cuidar la imagen sobre el escenario, es algo muy personal, no solo
es importante la técnica. A veces pienso que es excesivo que me comparen con
ellas. Tengo que agradecerle a mi pareja que me ponga los pies en la tierra,
que no se me suba lo que dicen de mí.
Se puede decir que formas parte de la mejor
generación de bailaores de la historia, pero más que una competitividad os une
una gran amistad, ¿a qué se debe?
La competitividad existe, pero es sana. No
competimos solo contra los compañeros, sino también contra nosotros mismos en
ese afán de superación. Una de las bases de nuestro crecimiento ha sido que nos
apoyamos entre nosotros, continuamente colaboramos en los proyectos de los
compañeros. En el baile actual todos trabajamos por el amor y el respeto al
flamenco, y nos valoramos mucho los unos a los otros.
Te agradecemos que hayas buscado un hueco en tu
apretada agenda, y antes de irte al estudio nos gustaría que nos dijeras que
nos espera de La Moneta.
Proyectos hay siempre rondando mi cabeza, ya que
me apetece mucho bailar. Bailar creciendo, desarrollándome, más que contar
historias o meterme en la piel de un personaje. Pero es cierto que siendo de
Graná, quisiera tocar también el tema de Lorca alguna vez y poder llevarlo a la
Alhambra. Me gusta leer sus obras, lo malo es que ya se ha hecho tanto sobre
Lorca, que tengo que buscar una vía nueva y todavía no es el momento. Ahora lo
más inmediato es que me voy a Jerez a dar un curso. Me encanta la flamencura de
esa ciudad.