Compartir esta web con mis amigos 

Revista La Flamenca
  + NOTICIAS  

Entrevista: Rafael Riqueni

Revista La Flamenca

Lo pasado, pasado está. La noticia de la recuperación de Rafael Riqueni (Sevilla, 1962) tras sus problemas de salud ha ilusionado a todos los aficionados, que no han dudado en volcarse con el trianero. Tras su reaparición en Sevilla -el pasado mes de octubre- y su sonado paso por el Festival de Jerez, no podíamos pasar por alto su estancia en Córdoba para estar un rato con él y saber algo más de sus proyectos futuros. Mientras le hacíamos estas preguntillas, los alumnos del Conservatorio no pararon de pasar al camerino a saludar al maestro, al que le profesan verdadera veneración. Cariño puro, ganado a pulso, por gran artista y mejor persona.

Venir a Córdoba, al primer Conservatorio que incluyó entre sus planes de estudio la guitarra flamenca, a cerrar la puesta de largo de su primera promoción ¿Qué le supone, Rafael?
Para mi es una satisfacción estar aquí. También una responsabilidad. Van a tocar chavales que son muy buenos. Han acabado la carrera y a mi me toca poner mi granito de arena, para que la guitarra siga evolucionando. Me toca cubrir el papel de maestro y agradezco que se hayan acordado de mí, invitándome a este acto.

¿Cómo ve el panorama actual de los guitarristas?
La guitarra se ha disparado de una manera increíble en los últimos años para bien. No es como cuando yo empecé. Estábamos tres o cuatro niños que seguíamos la escuela de Paco, sacábamos sus falsetas escuchándolas de los discos y era... otra cosa. Hoy cualquier chaval hoy pone treinta acordes y te da treinta escalas. Después, tendrán que buscar su propia personalidad... su propio camino en la guitarra. De todas maneras, hay ya grandes guitarristas. Yo destacaría, de los últimos que he oído, a Juan Carlos Romero. Con una personalidad propia, una forma de tocar original y flamenca. Me ha gustado mucho su disco Romero. Me parece un trabajo fantástico. Jesús del Rosario también toca muy bien.

Me impresionó mucho el recital de Rafael Riqueni en el Festival de Jerez y sobre todo me emocionó muchísimo volver a escuchar su adaptación para guitarra de la marcha Amargura de Manuel Font de Anta. La presentó usted en la Bienal de Sevilla hace más de una década...
Amargura fue un hallazgo. No se había hecho nunca una marcha de Semana Santa en guitarra. Tampoco yo sabía como iba a reaccionar el público de Sevilla, porque están acostumbrados a escucharla con todos los instrumentos de una banda municipal, que suena precioso. Y hacerlo con una guitarra sola... Pero gracias a Dios tuvo éxito. Se ha convertido en una cosa mía. Como un clásico. Gusta bastante. Ahora estoy terminando una marcha a mi virgen, la Esperanza de Triana, con idea de arreglarla para banda.

Pero si tenemos que hablar de la popularidad de sus obras, hay una pieza que se lleva la palma. No hay aficionado que no se atreva con los fandangos que usted dedicó al Niño Miguel ...
Esos fandangos son de mi primer disco. Hombre, uno tiene también sus mitos. Conocí al Niño Miguel cuando yo era un chiquillo. Ahora está muy mal. Lo vi en Huelva y me dio mucha pena. Es uno de los guitarristas más grandes que hayamos tenido. En aquella época, tendría yo trece o catorce años, era un fenómeno. Un gitano fuerte, robusto... daba gusto estar con él. Me trataba con mucho cariño. Iba a su camerino y me ponía falsetas. Me trataba como si fuera su sobrino. Siempre lo admiré mucho, por eso le dediqué los fandangos.

En este momento de la entrevista, aparece su amigo Antonio Bonilla, un profesor del Conservatorio que se presentó con él al concurso de Córdoba de 1977, donde Riqueni ganó el premio Ramón Montoya al toque de concierto ...
Que tiempos!. No me voy a acordar. Córdoba me trae muchos recuerdos. Venía en el coche con mi padre. Yo tendría 14 o 15 años cuando gané el Concurso. ¡Como me voy a olvidar!. Hace de esto treinta y tantos años... Estuvimos tocando los dos aquí mismo, en el Conservatorio, en este mismo escenario.

Su última grabación en solitario es Alcázar de Cristal y data de 1996. ¿Para cuándo la próxima?
Estamos en ellos. Está firmado y no se si me dará tiempo de meterme en el estudio antes de que acabe el año. Lo más pronto que pueda. Tengo muchas cosas terminadas. Como siempre, habrá alguien que me ayude a estructurarlo y elaborarlo, pero este será un disco con pocos instrumentos. Algún arreglo puntual, pero poca cosa.

Me imagino que, en este sentido, habrá calentado motores con la última grabación de Estrella Morente ¿Cómo ha sido la experiencia?
Estupenda. Me invitó al Teatro Español de Madrid y me dio un sitio fantástico, con unos medios muy buenos. Un sonido buenísimo y mucho éxito. Y el disco muy tranquilos, en casa de Enrique en Granada. Hemos grabado cosas de flamenco puro: taranta, granaina, fandangos naturales, una nana, unos jaleos, bulerías... He metido bastantes cosas. No se como habrán ido las mezclas pero estoy deseando de oírlo.

Un guitarrista siempre tiene a un cantaor en la cabeza al que le gustaría acompañar siempre. ¿Por quién se declina de los que hoy son?
A lo mejor es un tópico... pero mi cantaor es Enrique. Es quien me transmite. A mi me gusta el cante, y hay mucha gente buena, pero estoy haciendo cosas con él. Por el norte, en Logroño y Baracaldo hemos estado recientemente. Me ilusiono mucho cuando veo que disfruto en el escenario y veo que hay motivación, vida, movimiento... Con Morente eso pasa.

¿Sigue dando clases?
Tengo alumnos particulares. No doy muchas clases porque estoy siempre de aquí para allá... pero tengo muy buenos alumnos, que poco a poco se van conviertiendo en mis amigos.

Se que es comprometido, pero ¿de cuál de ellos espera más?
Pues mira, conmigo estuvo un tiempo un chaval de Sanlucar de Barrameda, que también ha sido alumno de Manolo Sanlucar. Se llama Paquito Vidal y ese muchacho tiene unas cualidades impresionantes para ser un fenómeno... ya lo es.

Fotos: David Sánchez y Jorge Moreno