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Israel Galván de los Reyes, (Sevilla 1973), hijo de los bailaores sevillanos José Galván y Eugenia de Los Reyes. Empezó a bailar desde muy pequeño de la mano de su padre hasta que en 1994 entró a formar parte de la Compañía Andaluza de Danza dirigida por Mario Maya, comenzando una trayectoria imparable que en poco tiempo se materializa en los tres premios más importantes del baile flamenco: el Premio Vicente Escudero en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (1995), el Premio El Desplante del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión (1996), y Premio del I Concurso de Jóvenes Interpretes en la IX Bienal de Flamenco de Sevilla (1996). Israel Galván ha trabajado en espectáculos de otros bailaores-coreógrafos: con Manuel Soler en Por Aquí te Quiero Ver (1996), con Mario Maya en Los Flamencos cantan y bailan a Lorca (1997) y con Manuela Carrasco en La Raíz del Grito (1998). Otros espectáculos en los que ha participado son: Mañana hace Cien Años (1998), homenaje a Lorca dirigido por José Luis Ortiz Nuevo; y Abecedario (1999), homenaje a Jorge Luis Borges dirigido por Juan Antonio Maesso. En septiembre de 1998 presentó en la X Bienal de Flamenco de Sevilla "¡MIRA! / LOS ZAPATOS ROJOS", primer espectáculo de su propia compañía. Alabado por toda la crítica especializada como una genialidad, supuso una revolución en la concepción de los espectáculos flamencos y le abrió las puertas de los más importantes festivales y teatros de España y Europa. En la XI edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, en septiembre de 2000, presentó su segundo trabajo: "LA METAMORFOSIS". Una compleja coreografía elaborada a partir de la obra de Kafka. En enero de 2001 recibió el prestigioso Premio Flamenco Hoy al mejor bailaor. En mayo de 2001 se presentó en Sevilla como bailaor del Gerardo Núñez Trio. En septiembre de 2002, en la XII Bienal de Flamenco de Sevilla, presentó"GALVÁNICAS". En la pasada Bienal de Flamenco, octubre de 2004, estrenó "ARENA". Un acercamiento a la fiesta de los toros, un clásico ya de la producción coreográfica flamenca, pero que con sus pies pretende renovar, tanto en la forma como en los contenidos. Una vuelta de tuerca más en la renovación que de la danza flamenca Israel Galván está llevando a cabo.
Viniendo de una familia bailaora, ¿qué es para usted el baile, una obligación moral o una pasión?
La verdad es que provenir de una familia bailaora hace que vivas el baile desde pequeño. Yo me acuerdo de acompañar a mis padres cuando iban a bailar a los tablaos de La Trocha o al Embrujo. En esa época yo me tomaba el baile como un juego. Era el típico niño que bailaba en las fiestas. Esta era una etapa inconsciente. Más adelante la verdad es que hubo un período en el que no se me apetecía bailar. Lo que quería hacer era jugar como cualquier otro niño de diez años. No quería tener una obligación, y el baile es una disciplina dura. Mis padres eran los que me obligaban moralmente a bailar. La pasión por el baile me vino de forma natural. Tendría unos dieciocho años cuando me fui a bailar con Mario Maya. Aquí ya empecé a tomarme las cosas en serio.
¿Estaba destinado a ser bailaor?
Todo el mundo me decía desde pequeño que tenía mucho arte. Me acuerdo en un concurso de sevillanas que organizaba Ortiz Nuevo que quedé en segundo lugar y mi padre se enfadó porque pensaba que fue un tongo. Ortiz Nuevo se le acercó y le dijo que no se preocupara porque su hijo iba a ser un buen bailaor. Siempre he pensado que sería bailaor porque tenía facilidad para ello. Mis ideas las expreso con el baile.
¿Es una responsabilidad para usted el provenir de padres bailaores?
La verdad es que sí. Ellos saben de qué va esto. Pero tampoco quiere decir que yo represente con mi baile a la familia Galván. Yo tengo un estilo muy diferente. Sufro un poco por ellos por la incomprensión de un determinado sector, por algunas críticas, pero no me siento presionado.
¿Quién ha sido tu gran maestro?
José Galván. También ha influido bastante Mario Maya porque ha sabido enseñarme trucos de bailaor. He estado cerca de él y eso me ha beneficiado. En otra época también Manuel Soler lo considero como otro pilar. Me ha dado grandes consejos para poder expresar con valentía mis ideas. Ellos han sido mis tres vértices básicos. Luego uno sigue aprendiendo con los propios compañeros.
¿Cómo definiría su baile?
Creo que es una manera personal. Todo lo que me imagino con el movimiento intento hacerlo. Lo que pasa es que uno tiene que estar técnicamente dotado para trasladar al baile lo que la mente y la emoción te dice. Considero que es un baile flamenco. Si todos los movimientos que hago no los filtro con un juicio de convencimiento de que lo que bailo es flamenco, no los haría. Es una evolución en la que hay arte y también música.
¿Cuándo comienza su búsqueda hacia un estilo personal?
Eso te va saliendo solo. Depende mucho de la vida vas llevando desde que eres un niño. Mi familia era muy flamenca y muy clásica. De la escuela de Farruco. Tu estilo te va saliendo de forma inconsciente. Cuando yo veía a Mario Maya y veía lo que hacía me quedaba extrañado. Era algo diferente. Cuando entré en su Compañía y vi que todos teníamos que hacer lo mismo me di cuenta que eso no era lo que quería hacer. También tuve una época en la que me presenté a varios concursos y ahí tenía que bailar clásico. Mi idea de bailaor no era la de ser el que tuviera los pies más rápidos, ni el que diera más vueltas, ni el más flamenco,... son otras inquietudes. En 1998 la Bienal me dio la posibilidad de hacer algo. Ahí estrené ‘Zapatos rojos'. El resultado fue dispar. Unos hablaban de genialidad o otros de nada flamenco. Ahí me di cuenta de que se me habría un mundo.
Su baile no causa indiferencia, ¿es bueno o malo?
Es bueno. Creo que la gente que va al teatro sabe lo que va a ver. Otras, en cambio, van a ver lo que hago aunque no les guste. Eso causa cierta tensión. Pero cuando salgo a bailar por ahí fuera sin llevar una obra, simplemente bailando, la gente disfruta y le gusta, aunque sea algo diferente.
¿Le importa las críticas?
En ese sentido guardo silencio. Me da igual lo que me digan. El artista tiene que estar al margen de eso. Incluso cuando algunos llegan al insulto o a la descalificación pienso que es debido a que lo que he hecho les ha creado una emoción. Hay ciertos críticos que no están acostumbrados a digerir coreografías nuevas, no llegan a asimilarlas. Yo creo en la reacción del público. La prensa ya no tiene la fuerza de antes. Muchas veces sucede que alguien va a ver un espectáculo y luego lee la crítica y no tiene nada que ver. También se ha dado el caso de intentar hacer una crítica mala y resultar ser buena.
¿Se siente querido en su tierra?
La verdad es que bailo mucho en Sevilla. Si no es en la Bienal es en los ‘Jueves Flamencos' de El Monte o en el ‘Flamenco viene del sur' del Teatro Central. No me puedo quejar.
¿Es difícil ser personal en el baile?
Es muy difícil. Es complicada la técnica, el subirte a un escenario,... pero cuando estás allí y te encuentras con el muro de la imaginación, hay quien lo puede partir y hay otros que se dan cabezazos.
¿Resulta complicado vender sus espectáculos?
Mucho. Lo bueno es que el que me contrata ya sabe cómo soy. Muchas veces he ido a sitios que han limitado mi forma de bailar y no me he sentido cómodo. El proceso de vender un espectáculo es muy duro. Tienes que encontrar la gente adecuada. Ahora me encuentro en un punto que parte desde cero. En un año o dos puede que cambie la cosa. Esto es un proceso largo y la forma que yo quiero llegar a bailar requiere de mucho trabajo y esfuerzo.
¿Cree que si hubiera seguido la escuela de Farruco hubiera llegado más alto?
Para nada. Aunque nunca se sabe, yo creo que no. Me arriesgaría a decir que sería uno más. En el flamenco se estila el decir que uno u otro es el número uno. Están equivocados, esto no es una clasificación. El flamenco es un arte. A lo mejor, siendo uno más, podría haber llevado una vida más cómoda. Yo parto de una concepción nueva desde cero, si hubiera seguido el otro camino a lo mejor ese Israel Galván hubiera muerto. Lo importante en el arte es sorprender.
¿Cree que su apuesta arriesgada está obteniendo sus frutos?
Creo que sí. Cuando hablo de que parte de cero me refiero a que todavía no tengo una gira hecha. Pero este año he trabajado bastante, la verdad es que no paro. Tampoco va con mi persona el estar bailando todo el año. El baile te va arrastrando y te deja sin familia, sin vivir. Lo que pretendo es formalizar un circuito donde poder presentar mis espectáculos, porque yo ya he mostrado mi forma de bailar.
¿De qué conceptos parte para montar un espectáculo?
Primero cojo la idea de algo que leo, veo o se me ocurre. A partir de ahí piensas qué hacer con esa idea. Luego, al ponerte las botas y mirarte en el espejo es cuando piensa cómo lo hago. Estas son las fases.
¿Qué acogida está teniendo ‘Arena'?
Pienso que ha tenido una acogida bastante buena. En el estreno en la Bienal yo me encontré muy bien. Creo que hubo magia en el escenario y emoción en el público. Pienso que he dado otra vuelta más en mi trayectoria artística. Pero todavía es muy pronto para sacar conclusiones, ‘Arena' tiene que rodar en los próximos dos años.