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Todo sobre el Festival de Jerez 2012
La XVI edición del Festival de Jerez recién clausurado ya
tiene sus artistas premiados según la crítica especializada y el público, así
como los premios revelación y al mejor atrás. En casi todo los casos, se ha
tratado de artistas que han sido premiados por primera vez, salvo el caso de la
bailaora Sevillana María Pagés que recibe el premio del Público por segunda
vez, la primera fue por su espectáculo ‘Autorretrato’ en la edición de 2009.
María Pagés se alzó nuevamente con el premio que otorga el público que asiste
al Teatro Villamarta con su espectáculo Utopía, una obra sumamente cuidada, muy
variada, de gran calidad escénica y musical, inspirada en la obra del
arquitecto brasileño Óscar Niemeyer. Utopía superó en preferencias a los
espectáculos El aire que me lleva de Pilar Ogalla y Andrés Peña y Vinática de la malagueña Rocío Molina.
El Premio de la Crítica concedido por la Cátedra de
Flamencología fue para Marco Flores y su espectáculo De Flamencas, primera obra en solitario del
arcense, que contó con la colaboración de una compañía compuesta exclusivamente
por mujeres. Marco Flores convenció con su baile elegante, su montaje fluido y
su buen hacer sobre las tablas. De Flamencas se hizo con este prestigioso galardón al superar en
preferencias a los espectáculos Tauro de Manuel Liñán y Pastora de la telúrica Pastora Galván.
El Premio Revelación, se otorgó en esta ocasión al joven
bailaor granadino Manuel Liñán que trajo al Villamarta Tauro, su primera obra en solitario.
Tauro es
todo un homenaje a Granada, sus cantes, sus formas y su gente. Manuel Liñán
superó en número de votos a Lucía Álvarez ‘la Piñona’ y al mismo Marco Flores.
Premio al Mejor atrás para el Jerezano David Carpio, joven
pero experimentado artista que brilló con su metal y su empaque cantaor en dos
espectáculos en los que participó, la obra coral Viva Jerez y Made in Jerez de Gerardo Núñez.
Los premiados recibirán sus galardones en la próxima
edición del Festival de Jerez, que será del 22 de febrero al 9 de marzo del
2013
El espectáculo que ponía el cierre a la edición 2012
del Festival venía precedido de gran expectación. Joaquín Grilo es profeta en
su tierra y cuando estrena propuesta escénica, como era el caso, los mentideros
flamencos se arremolinan.
Pero “La mar de flamenco” no copó las expectativas
que había originado. Fue una propuesta de contenido reflexivo, un punto
nostálgica, una travesía entre oriente y occidente que, debido a la línea
argumental confusa y farragosa que presenta, además del excesivo metraje, se
hace vacua e inconsistente. Por suerte, el sincero y emotivo homenaje final a
Moraíto permitió salvar los muebles y nos hizo dejar el teatro con una
sensación que camuflaba, al menos en parte, la decepción que nos habíamos
llevado. Por nuestra cabeza rondaba otra vez esa máxima escénica que, aunque
repetida hasta la saciedad, muchos obvian: “todo lo que no suma resta”.
En su favor se debe reseñar la aportación de músicos
como Antonio Serrano –armónica y teclados- y el turco Bilgin
Canaz - neyzen y baglama- que vinieron a poner el toque melancólico y orientalizante
en la obra. La intervención del bailarín contemporáneo Javier Pérez y el paso a
dos que éste ejecuta con el propio Grilo –Aprender a volar- pudieron ser de los momentos más brillantes y
creativos desde el punto de vista coreográfico de no haber sido por su excesiva
duración que le restó fuerza convirtiéndolo en un pasaje tedioso. Más jovial y
sabroso nos resultó el baile del jerezano cuando se acercó a la orilla
atlántica para recibir los aires por guajiras que el siempre sorprendente José
Valencia le hacía llegar. La guitarra de Requena, soberbia durante toda la noche,
se hizo entonces más juguetona y cálida. En el número final, su interpretación
fiel y cargada de soniquete de las falsetas de Morao fueron reconfortantes y
aliviadoras, una muestra clara de que el de Santiago sigue vivo gracias a su
música.
En suma, un punto y final algo deslucido para una
edición de alto nivel, un Festival que, pese a la crisis, sigue creciendo y
haciéndonos mirar con optimismo hacia el futuro.
Ficha artística.
Baile, coreografía, idea
original, dirección artística y escénica: Joaquín Grilo. Guitarra y música: Juan Requena. Cante: José Valencia y Carmen Grilo. Bilgin Canaz. Neyzen y baglama. Armónica y teclado: Antonio Serrano
La compañía de María Pagés nos presentó anoche su última
obra Utopía,
un espectáculo de gran formato, una obra variada y muy cuidada en todos los
aspectos, escenográfico y coreográfico así como en lo musical. Utopía no es solo un montaje en el
que disfrutar del buen hacer de una gran compañía flamenca sino también la
oportunidad de apreciar el compromiso y la lealtad de esta veterana artista
sevillana. Utopía
nos ofrece el mundo mejor al que María Pagés aspira y cuales son los puntales
que rigen su discurso. Las ocho piezas que construyen el espectáculo desgranan
precisamente la arquitectura del pensamiento de María Pagés: compromiso,
igualdad, solidaridad y alegría. También habrá espacio para el orden y el caos
así como para el relativismo de la vida y del hombre.
María Pagés eligió cuidadosamente los ingredientes que
dieran fuerza y coherencia a su propuesta: poesía y letras comprometidas de
autores ilustres como Machado, Baudelaire o Neruda entre otros, así como una
escenografía inspirada en la obra curvilínea del arquitecto brasileño Óscar
Niemeyer. En lo flamenco, María Pagés contó con un cuerpo de baile de nivel y
bien amalgamado, guitarras sobresalientes y cantaores sólidos. Lo demás lo puso
ella con su baile exquisito, su experiencia y su solvencia.
El trabajo coral fue magnífico y se apreció en todos los
componentes del cuadro esa camaradería y el optimismo típicos del caminar
utópico; la presencia del músico brasileño Fred Martins además dio un toque
exótico y desenfadado a algunos fragmentos. Un buen manejo de las luces,
transiciones cuidadas y un vestuario original sirvieron para añadir calidad a
este montaje que nos regaló una grata experiencia para los sentidos, buen
flamenco y argumentos para una conversación cabal.
Ficha artística.
Baile:
María Pagés. Isabel Rodríguez. Eva Varela. María Vega. José Antonio Jurado.
Paco Berbel. Rubén Puertas. Cante: Ana Ramón. Juan de Mairena. Guitarras: Rubén Lebaniegos. José “Fity”
Carrillo Voces,
guitarra y
cavaquinho:
Fred Martins. Chelo:
Sergio Menem. Percusión:
Chema Uriarte
Antonio Rey cerró la programación de ‘Los conciertos de
Palacio’ y lo hizo saliendo por la puerta grande. El guitarrista Madrileño nos
deslumbró durante una hora con un altísimo nivel en lo instrumental, lo musical
y lo flamenco. Dijo que estaba algo nervioso por lo que impone actuar en Jerez,
no obstante, su maestría y su dominio de la sonanta pueden con toda situación y
anoche disfrutamos de un concierto magistral. Empezó por granaína, y enseguida
apreciamos que la depuradísima técnica de su mano derecha, la impresionante
pulsación y el malabarismo de su mano izquierda están al servicio de la música
con mayúsculas. Antonio busca constantemente un recorrido melódico con el que
identificarse y con el que pueda emocionar el público. Sutil y refinado, a la
vez que contundente y cabal.
Por taranta jugó con las disonancias explorando todo el
mástil sin perder el norte minero. Sin chaqueta y más relajado tocó una pieza
dedicada a su hija Alma, presente en la sala, y su emoción se trasladó al
público gracias a un fragmento musical lleno de dulzura y serenidad,
probablemente, el momento más emotivo de la tarde.
Cambió el tercio, se subieron al escenario sus compañeros
de viaje y sonaron alegrías en LA en las que Antonio nos demostró su dominio
del compás y de los contratiempos y de paso, soltó unos picados de vértigo. Su
hermana Mara Rey cantó una nana de enorme belleza antes de que Antonio se
metiera en el papel del tocaor de acompañamiento; para ello eligió la
colaboración de Mateo Soleá que cantó por seguiriya y cabal. Ya en la recta
final, Antonio tocó una composición más jazzera en la que aprovechó la segunda
guitarra de Dani Jurado para improvisar y picar a mansalva; una rumba de
exportación cerró un concierto extraordinario en el que solo faltó un anhelado
bis.
Ficha artística.
Guitarra: Antonio Rey. Segunda guitarra:
Dani Jurado. Cante
Mara Rey. Palmas: Álex. Percusión: Isidro
Suárez.
Manuel Liñán es bailaor y coreógrafo, joven, aventajado y
granadino; todo eso lo pudimos apreciar anoche en el Teatro Villamarta. Manuel
nos ha fascinado con la lucidez, el buen gusto y el acierto de este montaje con
el que quiso homenajear a su Granada natal. Todo encajó en lo musical, lo
escenográfico y en lo coreográfico; su compañía hizo un admirable trabajo coral.
Todos y cada uno de los componentes del cuadro que acompañaron al bailaor
granadíno en esta aventura pusieron su granito de arena para que Tauro triunfara. Cabe destacar la
música de Luis Mariano, el cante de “El Mati” y la aportación del bailarín Cristian
Martín en su papel de álter ego del protagonista.
El espectáculo está organizado en seis piezas
independientes pero sabiamente enlazadas, recurriendo a todo recurso
disponible, ora la música, ora las luces y casi siempre el ir y venir de los
varios componentes del cuadro. Los seis fragmentos son exhaustivos y cubren buena
parte del universo flamenco, sobre todo si el punto desde el que se enfoca el
espectáculo es Granada: trilla, cantes de labor y temporera, granaína, taranto,
cabales y abandolaos, soleá por bulerías y romance, para terminar con una
zambra digna de sus mejores tiempos. Manuel Liñán se ha recortado dos números a
su medida, taranto y soleá por bulerías, suficientes para desplegar todo su
buen hacer sobre las tablas, una mezcla vigorosa de flamenco y clásico español.
Fiel a sus cimientos granadinos, Manuel nos brinda un baile estiloso, felino,
airoso y elegante. La versión coral de Manuel Liñán, compartiendo escenario o
dejando a otros que aprovechen la ocasión, no es un simple acto de altruismo
sino que el protagonismo de los demás componentes del cuadro es plenamente
funcional al sentido de la obra con papeles tan destacables como el de Cristian
Martín. El resultado es una propuesta homogénea, una claro homenaje al cante, sus
letras y a la guitarra. Tauro es una obra bastante fluida, variada y de calidad
incuestionable, su duración tal vez sea excesiva (hora y media larga) pero
tratándose de una gran apuesta, la primera en solitario y dedicada a Granada,
es de comprender. Chapeau.
Ficha artística.
Baile:
Manuel Liñán. Guadalupe Torres. Vanesa Coloma. Cristian Martín. Cante: Inmaculada Rivero. Mercedes
Cortés. Matías López “El Mati”. Guitarra: Antonia Jiménez. Luis Mariano.
Fuensanta ha creado varios espectáculos con distinto
formato en los últimos años y declaró en la previa que había llegado el momento
de montar un espectáculo esencial, de corta distancia, sin más argumento que el
de una bailaora que baila al cante y la guitarra, o sea, el Flamenco en su
receta más primordial. Para ello contó con un cuadro reducido al mínimo: la voz
rajada del Jerezano Miguel Lavi, la guitarra de Luis Mariano y la percusión de
“El Cheyenne”. Sin más escenografía que la negra ‘caja-escenario’ de la Sala
Compañía, donde mañana repetirá espectáculo, Fuensanta emprendió su maratón de
baile (más de una hora bailando sin descanso) al son del romance que abrió la
noche.
Fuensanta viste un traje naranja y negro con mantón
naranja, su figura es algo retro, sus juegos con el mantón nos brindan una
imagen de antaño. Una bailarora de raza con pose firme y dispuesta a desplegar
esta noche todo su quehacer flamenco. Un percance insólito, a la vez que
intrascendente, enfría por momentos el arranque: Fuensanta pierde un zapato en
el escenario.., pero la bailaora no pierde la compostura, sigue su pieza hasta
perderse detrás de las bambalinas de donde saldrá después de unos instantes
como si nada. Nada puede parar a La Moneta esta noche. Suena la caña y
Fuensanta baila con personalidad, inspirada, despliega una admirable variedad
de recursos rítmicos, coreográficos, y todos interpretados con la necesaria
medida e intensidad. Las transiciones son casi imperceptibles, no hay solución
de continuidad, las alegrías corren por bulerías y el ritmo de amalgama se
convierte en el colchón de unos abandolaos. Fuensanta baila airosa, utiliza
todo el cuerpo, vueltas quebradas, muñecas, juego de pies sin abusar, cadera.
Baila como si estuviera en trance, alterna momentos de énfasis tribal con
movimientos de gran elegancia. Cambia el palo, pero La Moneta no sale del
escenario, esta cómoda, se sienta y contempla los aires mineros que Luis
Mariano interpreta; no descansa, espera su momento y allí llega, una vez más
se inventa y reinventa, hombros, caderas, braceo, La Moneta condensa fuerza y
poesía, intensidad y fraseo. Después de cuarenta minutos la Granadina sale del
escenario y lo hace solo para cambiar de traje y vestirse de negro; mientras,
Miguel Lavi se encarga de poner eco plazuelero y cantes de fragua. Argucias
rítmicas del atrás permiten convertir ese instante denso en bulerías de Cádiz,
en las que Fuensanta baile con gracia y salero antes de que, sin casi darse
cuenta, las bulerías se hayan convertido en serrana. En la sierra hace fresco y
Miguel Lavi, jondo y certero en este palo, ofrece una chaquetilla a La Moneta
que baila con buen dramatismo interpretativo este bonito fragmento. El cajón de
El Cheyenne late hipnóticamente y de repente nos encontramos en medio de unos
tientos en los que Fuensanta mueve sus hechuras haciendo presagiar otro gran
momento que sera, como no, por tangos. La Granadina lo hace todo con tal
naturalidad y flamencura que imparte sobre las tablas una clase magistral por
tangos, pieza con la que se despide sin mas coletillas, a sabiendas de que el
pescado, del mejorcito, esta vendido y el publico, antes de que se vaya, ya la
echa de menos.
Ficha artística.
Baile:
Fuensanta “La Moneta”. Cante: Miguel Lavi. Guitarra: Luis Mariano. Percusión Miguel Fernández “El Cheyenne”.
Como el hijo pródigo que vuelve a casa, Gerardo Núñez
se presentaba con su grupo en el principal escenario de la ciudad. La sintonía y
complicidad que guarda con los músicos habituales en su formación – Cepillo y
Pablo Martín- se hizo extensible al resto de los componentes del ampliado
elenco. La segunda guitarra de Manuel Valencia, las voces de David Carpio y
Rafael de Utrera y el baile de Losada, más el cajón y el contrabajo de los
anteriores, fueron los aditamentos en el recital de guitarra que desplegó uno
de los intérpretes que más ha hecho crecer este instrumento. Un hombre que,
además de su calidad artística, da muestras constantes de generosidad, como en
los momentos, quizás excesivos, en los que cedió el protagonismo a sus
acompañantes.
Su
interpretación incluyó sobre todo piezas pertenecientes a sus dos últimos
trabajos discográficos, aunque con introducciones y variaciones que le
imprimían frescura y dinamismo. Un repertorio de sobra conocido pero que sigue
emocionando y tocando las fibras sensibles como las primeras veces que los
escuchábamos. Su toque fue enérgico, vigoroso, con profuso uso del pulgar y
acordes y disonancias que nos recordaron a Wes
Montgomery y otros magos de la guitarra jazzísitca. Un concierto que
supo a poco pero con el que el guitarrista jerezano demostró que no hay mejor
forma de ser universal que acudiendo a las propias raíces.
Ficha
artística.
Guitarra: Gerardo Núñez. Segunda guitarra: Manuel Valencia. Baile: Alfonso Losa (artista invitado). Cante: David Carpio. Rafael de Utrera. Contrabajo: Pablo Martín. Percusión: Ángel Sánchez ‘Cepillo’.
El Palacio de Villavicencio acogía anoche la propuesta de
Vicente Gelo, cantaor sevillano, acompañado a la guitarra por Tino Van Der
Sman, guitarrista holandés afincado en Sevilla. Los dos son producto de una
afición enorme y de ese laboratorio de talentos que es la Fundación Cristina
Heeren de Sevilla, un espacio formativo cabal que, año tras año, nutre al
flamenco de nuevos valores.
Vicente Gelo tiene una voz laína y rica en melismas, de
allí que su mejor terreno sea el de los palos libres y la rama de los fandangos
en su acepción mas amplia. No obstante, anoche nos ofreció un recital muy
variado interpretando ademas palos menos en uso últimamemente, lo cual es de
agradecer. La voz de este joven cantaor, curtido en el atrás de compañías como
la de Cristina Hoyos o Isabel Bayón, modula muy bien en cantes cuya lírica es
parte integrante del palo en custión. Anoche abrió por soleá de Cádiz y
seguidamente, se metió de lleno en las malagueñas que remató con jabegote y
fandango de Pérez de Guzmán y Frasquito Yerbabuena. Su voz limpia y su dulce melisma
lució especialmente por guajiras antes de meterse por cantiñas y tangos rematados
por garrotín. El final fue por bulerías y Vicente quiso matizar que para él era
osadía cantar por bulerías en Jerez; no fue osado, mas bien honesto.
Mención aparte merece Tino Van Der Sman, excelente
acompañante, sensible y acertado a lo largo de todo el recital.
Ficha artística.
Cante
Vicente Gelo Guitarra
Tino Van Der Sman
Comenzaba la segunda semana de la muestra jerezana con
un guiño a la celebración del bicentenario de la Pepa. Un espectáculo dedicado
a la escuela bolera, disciplina dancística recientemente declarada Bien de
Interés Cultural de Andalucía, que comparte contexto histórico con nuestra
primera constitución.
La organización del Festival, fiel a la orientación y
temática que inspira este certamen, incluye todos los años con muy buen
criterio alguna propuesta que recoja y exprese la riqueza de la danza española
más allá del flamenco. Como relevo de las compañías habituales en estas lides –
la de Aída Gómez, Antonio Márquez o Dospormedio-, se presentaba en esta edición
un grupo de seis bailarines liderados por Francisco Velasco y Penélope Sánchez
que pusieron de manifiesto la vigencia y capacidad comunicativa que este estilo
posee a pesar del olvido y postración a los que durante años se ha visto
condenado.
Mundanzas Boleras es un show colorista, alegre,
dinámico, donde la danza de gran nivel y pulcra ejecución se erige como un
argumento plenamente convincente. En la actualización de todo este legado
dancístico -cachucha, olé de la curra, los panaderos, jaleos, fandangos, el
vito... – los arreglos musicales y la novedosa percusión utilizada juegan un
papel determinante. La ambientación histórica sobre la que se desarrolla la
trama, clara y sin vericuetos, aporta también fluidez y amenidad al conjunto.
Nos complace comprobar como el trabajo serio y comprometido de compañías como
esta sacan del olvido a una de las manifestaciones más genuinas de la cultura
española.
Ficha artística.
El romancero: Francisco Velasco (artista invitado). Maestra de baile: ‘La campanera’: Penélope Sánchez (artista invitada).
La maja: Elena Miño El Torero: Daniel Morillo. La Francesa: Myrian Manso. El Majo:
Sergio Bernal Músicos en grabación: Piano: Héctor Pérez. Violoncelo: José Carlos Roca. Arreglos de cuerda y guitarra
flamenca: Paco Cruzado. Flauta
travesera: Manuel Mogeda. Bandoneón: Luis Caruana. Marimba: Juan Antonio Delgado. Percusión: Agustín Diassera. Orquestación: Héctor Pérez. Idea original y dirección artística: Sharon Sapienza. Guión: Juan Vergillos. Sylvie Nys. Coreografía: Francisco Velasco. Composición musical: Agustín Diassera, Paco Cruzado. Asesora de
dirección artística, musical y coreográfica: Rocío Coral. Dirección teatral: Sylvie Nys. Investigación y documentación: Juan Vergillos. Diseño de iluminación: Olga García (AAI). Diseño de vestuario: Carmen de Giles. Diseño de sonido: Rafael Sánchez
Regiduría: Agnethe Tellefsen.
Cantaba Diego “El cigala” aquello de “..con el corazón
en la boca y el alma en la mano..”; así es como se presentó anoche al público Jerezano que
copaba el Palacio de Villavicencio, Pedro Heredia, Pedro “El Granaíno”.
Conocido por su buen hacer cantaor en el atrás de los Farrucos, Pedro afirmó
haber cumplido su sueño que no era otro que cantar alante y en Jerez. Feliz y
nervioso a la vez templó por granaínas rematando por abandolaos; siguieron
soleá y malagueñas de “El Mellizo” y Chacón donde su voz más afilada que ronca
empezó a calentar y apoyar con mas sosiego. En las seguiriyas se sintió a gusto
y se acordó de Manuel Torre y Chacón, todo un homenaje a esta tierra, aquí se
dejó la piel y el sentimiento brotó, nada quedó entredicho.
Destacable la guitarra de Juan Requena que tejió muy bien
en el momento más denso del recital. Las bulerías las dedicó a su admirado
Camarón, una de sus fuentes de inspiración, y sonaron fragmentos de Viejo
Mundo y Dios
de la nada del
de la Isla. El de Pedro, fue un homenaje más que sincero y, lejos de ser un
imitador, Pedro nos emocionó con su certero y genuino tributo. Su voz es cálida
y rajada, domina mejor los tonos agudos y canta al cinco por medio, para
entendernos. Su entrega es total en cada pasaje, en cada cierre, en cada
remate, va de menos a más conforme la emoción aflora en él y en el aire, cerró
con unos hermosos fandangos que merecieron la standing ovación que el público
no dudó en ofrecerle. El bis no tardó en llegar y Pedro nos brindó un popurrí por
bulerías en el que nos recordó que para cantar hay que saber de entonación y
modulación, pero para transmitir, además se necesita sentimiento y afición.
Allí no faltó nada.
Ficha artística.
Cante:
Pedro “El Granaíno”. Guitarra: Juan Requena. Palmas: Mara Rey. Fefi Carrasco.
La meteórica carrera de esta joven bailaora es
reflejo directo de su inquietud creativa, de la necesidad de expresar que
siente, de la búsqueda exigente e incesante en la que se encuentra sumida. Los
resultados que arroja, ocho montajes propios hasta la fecha además de
destacadas colaboraciones en propuestas de otros compañeros, la convierten en
una de las grandes de la danza española.
No obstante, la expectación, curiosidad e ilusión
con las que acudimos siempre a ver los espectáculos de Rocío Molina no se
vieron en esta ocasión satisfechas. Y no fue porque su baile no estuviera a la
altura de otras ocasiones, su ejecución y diversidad de recursos expresivos son
sencillamente abrumadores, sino por el envoltorio dramático en el que esta vez
nos lo presentaba.
La obra nos resultó densa, muy oscura, fría,
desabrida, tenebrista y un punto tétrica. Escasearon los momentos de verdadera
intensidad y emoción. La seguiriya, el preciso y vigoroso zapateado que ejecuta
entorno a la copa que coloca en el suelo junto al número final que la suspende
al borde del precipicio del escenario fueron los únicos pasajes que lograron
sacarnos de la opacidad que condensa toda la obra.
Ficha artística.
Baile: Rocío Molina. Cante: Jesús Méndez (artista invitado)
Guitarra: Eduardo Trassierra. Palmas y compás: José Manuel Ramos ‘El Oruco’. Miguel Ángel Ramos
‘El Rubio’. Idea, coreografía y dramaturgia musical: Rocío Molina. Música original: Eduardo Trassierra. Asesor dramatúrgico: Roberto Fratini. Asesoramiento de cantes y
arreglos: Rosario ‘La Tremendita’.
Percusionista asesor: Álvaro
Garrido. Diseño de iluminación:
Rubén Camacho. Iluminación: Antonio Serrano. Sonido: Pedro León. Regiduría: Balbi Parra. Realización vestuario: Mai Canto. Diseño y construcción de atrezzo: Israel Romero. Dirección musical: Rosario ‘La Tremendita’. Rocío Molina.
El marcado sabor local del espectáculo del día
anterior tuvo continuidad en la obra que se representó el sábado en el
Villamarta. Se trataba de la reposición de “Viva Jerez”, producida por el
propio teatro, en colaboración con el Instituto Andaluz del Flamenco, y
estrenada en 2008 con la dirección escénica de Francisco López.
El tiempo ha jugado a favor de esta propuesta y en
ella se apreciaron mejoras sustanciales que incrementaron la fluidez del
montaje. La incorporación al elenco de nuevos artistas –Juan Parra, Ana María
López, Antonio el Pipa, la Macanita y Jesús Méndez- imprimió mayor intensidad a
esta remozada exhibición del Flamenco Jerezano. La participación de los dos
primeros fue sin duda uno de los mayores aciertos, un bonito homenaje a estos
maestros y, por extensión, a la escuela de baile jerezana que, como en parte le
ocurre a ellos mismos, no está lo suficientemente valorada.
Pero el cante también tuvo lo suyo, como no podía ser
menos. La variedad cantaora que se desplegó toda la noche – por encima de la
veintena de palos interpretados y los cinco metales de voz en liza – ponía en
entredicho el reduccionismo estilístico y de registro que no pocos defienden
en esta tierra. Tomasa la Macanita rindió tributo a la inmortal Paquera
-Maldigo tus ojos verdes- en uno de los pasajes más intensos del montaje. Jesús
Méndez se despachó a gusto –malagueñas, romance, pregones, cante de trilla,
cantiñas, bulerías y fandango del Gloria para el cierre- dejando bien claro que
los temores por el futuro del cante son infundidos. Esto mismo fue refrendado
por David Carpio, uno de los nuevos brotes del inagotable manantial plazuelero,
y por el Londro, versátil y solvente como pocos. Y entre el cante y el baile,
la guasa y las ducas, el Pescaílla que toma el testigo del genial José Vargas
el Mono.
De gran enjundia fueron también las cantiñas con
cierre por bulerías de Cádiz que Antonio el Pipa bailó o las buenas maneras y
capacidad de transmisión que desplegó la joven Macarena Ramírez por siguiriya.
Las ajustadas y precisas guitarras de Javier Ibáñez y los Manueles, Parrilla y
Valencia, además del sabor inconfundible que imprimieron Tía Bastiana y Tía
Yoya completaron este suculento manjar jerezano. Un espectáculo coral en el que
las individualidades resaltan y aportan profundidad y contundencia. La
plasmación del sentimiento colectivo que para Jerez representa el Flamenco.
Ficha artística.
Artistas invitados: Antonio El Pipa. La Macanita. Jesús Méndez.
Colaboración especial: Juan Parra.
Con la participación de: Ana María
López. Macarena Ramírez. Cante: El
Londro. David Carpio. El Pescaílla. Guitarras: Manuel Valencia. Manuel Parrilla. Javier Ibáñez.
Mujeres: La Bastiana. Yoya la del
Pipa. Espacio escénico y vestuario: Jesús Ruiz. Iluminación: Francisco López. Coordinación coreográfica: Javier Latorre. Libreto y dirección de escena: Francisco López. Técnico de iluminación: Alberto Martínez. Regiduría: Jesús Fuentes. Producción escénica: Fundación Teatro Villamarta. Instituto Andaluz del
Flamenco. Producción
musical: Fundación Teatro Villamarta.
Manuela Carpio regresaba con muchas ganas al Festival de
Jerez después de seis años desde su último montaje, ‘Bailaora de casta’. En la rueda de prensa,
genuina como ella sola, nos contó que con su nuevo espectáculo, ‘Con el alma’, quería darse un homenaje; y
así lo hizo. El íncipit fue de lo mas autocelebrativo con una proyección de
instantáneas de Manuela en la que nos ilustró su trayectoria como bailaora
desde su infancia hasta la actualidad.
Se abre el telón y al rededor de una mesa esta sentado el
cuadro selecto que acompañará a Manuela durante toda la noche, un auténtico
lujo de voces y metales de la tierra representado por Luis “El Zambo”, Luis
Moneo, Carmen Grilo y El Londro además de la impecable sonanta de Juan Diego.
Tanda de bulerías al golpe al mas puro estilo jerezano como primer plato de la
noche que nos ofrece una Manuela parada en la sombra del escenario, espectadora
de ese festín al que ella se sumará en un alarde cantaor. Manuela se postula
como buena aficionada al cante y, pletórica, empieza a desplegar la artillería
sobre las tablas con su baile todo fuerza y pellizco. La segunda pieza de la
noche es una seguiriya en la que la Carmen Grilo nos emociona con su cante
dolido y su melisma roto; Manuela, vestida con un traje de terciopelo rojo, ha
decidido que este palo hoy es el que mejor representa su estado de animo. Baila
con mucho temperamento, casi embiste con sus remates cargados de ese
tremendismo interpretativo que la caracteriza. Su punto de fuerza es el compás
y por eso Manuela encadena uno tras otro una infinidad de juego rítmicos
buscando constantemente el pellizco, la sorpresa, el soniquete.
Luis “El Zambo”, muy bien acompañado a la guitarra por
Juan Diego, nos ofrece un momento de cante mas que grato interpretando solea y
seguiriyas. Éste es el último momento de sosiego antes de que reaparezca
Manuela y que su energía arrolladora, su embestida entusiasta se vuelva a
apoderar del escenario. Mientras suenan los primeros compases de soleá, Manuela
esta terminando de maquillarse delante de un espejo, se viste de terciopelo
negro para otro fragmento de danza indomable y acometer el rush final hacia su
nirvana flamenco. Un largo fin de fiesta es la ocasión para que los demás
componentes del grupo disfruten de la atmósfera fogosa que Manuela ha
construido hasta aquí.
‘Con el alma’
es un montaje honesto, que reivindica esa escuela bailaora jerezana sin
tapujos, todo corazón y soniquete que no deja de ser referente de una auténtica
legión de aprendices incondicionales que todos lo años acuden a la academia de
la Carpio como si de un peregrinaje religioso se tratara.
Ficha artística.
Baile:
Manuela Carpio. Cante:
Luis “El Zambo” (artista invitado). Luis Moneo. Carmen Grilo. El Londro Guitarra: Juan diego
Manuel Agujeta. Manuel Moneo. Capullo de Jerez. El Torta. Fernando de la Morena y Luis El Zambo `Una Bacanal de Cante´
Lucha de
titanes flamencos, confrontación de egos, personalidades indómitas que
difícilmente se constriñen a las exigencias de la escena. Todo podía pasar.
Expectación por los aires y todo el papel vendido para un espectáculo que
condensaba lo mejor del cante de Jerez.
La ronda de
tonás que abrió el espectáculo, con cinco de los cantaores de pie en escena y
sendos cenitales sobre ellos que se encendían a medida que les iba tocando el
turno, arrancó ya los primeros olés de un público extasiado. Luís el Zambo
recordaba a Moraíto, mientras el Torta, bastón en mano y visiblemente aquejado
de lumbalgia, brindaba un cante con sabor a amontillado viejo. La garganta de
Manuel Moneo desprendía aromas de roble envinado con oloroso, un martinete
solera gran reserva de Manuel Agujetas puso el cierre a este primer número.
En un ámbito
tabernario, sobre dos mesas de tabanco que se disponían en el extremo izquierdo
de la escena, se fueron trasegando al golpe, como si de medias botellas se
tratara, los cantes de Capullo, el Zambo y Manuel Moneo. Buena ligazón de
tercios y portentoso dominio del compás que derramaban los efluvios báquicos
por todo el teatro. El respetable se encontraba ya por entonces al borde del
paroxismo.
Llegó entonces
el momento de la introspección, de la pena, el vino que se avinagra y escuece
en nuestras heridas. El de la Morena lloró por seguiriyas la pronta e
inesperada marcha de su primo Morao. Como contrapunto, El Zambo escanció luego
unas malagueñas con toques de Pedro Jiménez que encontraron en el toque de Fernando
Moreno el catavino idóneo.
El peculiar
decir del de la Morena por bulerías, con la juguetona y traviesa guitarra de
Periquín, nos devolvió al ambiente festero y frenético. Tras estos buchitos de
fino seco y punzante, Manuel Moneo abrió de nuevo la canilla de su milenaria
bota para verter soleares de alta graduación. Su nieto, que le acompañaba a la
guitarra, se fundió con él en un abrazo musical que simbolizó la fusión que
entre los caldos viejos y nuevos se produce en esta bendita tierra.
La pena se vio
vencida por las alegrías con olor a Manzanilla sanluqueña que el Torta sirvió
en vaso de caña sobre bandejita de plata. Fue entonces Capullo, con la guitarra
de Periquín, quien se adentró de nuevo en la sacristía del cante para sacar
unos tientos-tangos del color del palo cortado. Hizo después un par de
fandangazos y dio paso a las bulerías paulistas del Torta que él mismo adornó
con pataítas dionisiacas.
La escena se
había convertido entonces en el tabanco más selecto de Jerez. Por los
ventanucos se asomaban ya curiosos que no querían perderse esta reunión
histórica, este encuentro de titanes. Soleares, seguiriyas, fandangos y más
seguiryas de Agujetas, servidas por la venencia sonantera de Manuel Valencia.
Embriaguez emocional desbordante que hizo de las tablas y el patio de butaca el
mismo espacio ritual.
Con las cuatro
guitarras sobre el escenario, compás y pataítas jugosas de Bó, Chicharo y Juan
Grande y la participación de varios espontáneos que se habían visto arrastrados
por la espiral caótica que giraba entonces en el proscenio, la ronda de
bulerías puso fin a este rito báquico con el recuerdo a otros dos titanes,
Terremoto y Moraíto.
Ficha artística.
Cante: Agujetas. El Torta. Capullo de Jerez. Fernando de la
Morena. Luis el Zambo. Manuel Moneo. Guitarras: Niño Jero. Fernando Moreno. Manuel Valencia. Barullito. Palmas
y compás: Manuel Soto 'Bo'. Chícharo.
Juan Grande.
Todo estreno en solitario genera curiosidad y expectación.
Anoche había bastante gente en la Sala Compañía para disfrutar del primer
montaje en solitario de este joven bailaor gaditano formado en compañías tan
destacadas como las de Antonio Canales o de Eva la Yerbabuena. El que es, en
palabras de su protagonista, un homenaje a su abuela Dolores, mentora del
bailaor, nos brinda un viaje a través de sus inquietudes artísticas con un
montaje variado, con mucha danza, más de un guiño al baile contemporáneo y un
fondo efectista.
El espectáculo se abre con un largo silencio, roto por un
canto celestial, que nos ofrece un Eduardo casi desnudo que meticulosamente se
encarga de construir su universo flamenco disponiendo él mismo las sillas del
cuadro en una especie de rito iniciático lleno de pathos. Cada componente del
cuadro, guitarristas, cantaores y percusionista, van ocupando de uno en uno sus
sillas sumándose al ceremonial. Mientras, Eduardo se viste de torero en una
esquina del escenario y toma la alternativa; lo hace por caña. Aprovechando la
dinámica mecedora propia de este palo Eduardo se mueve como un felino sobre las
tablas y crea estampas de banderillero, antes de rematar con capote y estocada
final. Iniciación completada. Eduardo nos brinda ahora su versión más
hedonista, prácticamente en calzoncillos y al ritmo de la percusión de un adufe
árabe, se coloca una camisa y un pantalón y se prodiga en unos tangos
interpretados con garra y variedad de recursos. Eduardo utiliza todo su cuerpo
para dar forma a su danza y matizar el compás, braceo abundante, giros,
zapateado limpio, así como, movimientos de cadera al límite de los de un
stripper.
Unas malagueñas de El Mellizo rematadas con abandolaos muy
bien interpretadas por El Pulga, sirven para cambiar de tercio y Eduardo
reaparece en escena para bailar unas alegrías de fin a principio, osea
empezando por el final por bulerías de cádiz y haciendo el camino a la inversa
hasta llegar al fragmento en tono menor del silencio, que da fin a la pieza.
Sin darnos el tiempo de reubicarnos, asistimos a un fuera de programa
protagonizado por la cantante Pasión Vega que hace acto de presencia, homenajea
a su amigo Eduardo, susurrando antes y cantando después Soledad de mis
pesares, pieza
en la que el bailaor ahonda en el drama interpretativo.
Acto seguido es una seguiriya en la que Eduardo elige una
coreografía muy densa, y condimentada con muchos movimientos de baile
contemporáneo que acaban por neutralizar la fluidez del fragmento.
La función finaliza así como empezó, con los componentes
del grupo abandonando de uno en uno el escenario dejando solo al bailaor que
con el torso desnudo recibe el aplauso de un público fiel al que no defraudó.
Eduardo Guerrero, en su primera salida en solitario, puso toda su carne en el
asador mostrándonos la variedad de recursos de los que dispone además de su
inquietud por lo coreográfico, elemento irrenunciable de su montaje.
Ficha artística.
Baile:
Eduardo Guerrero. Cante:
Miguel Londro. Antonio “El Pulga” Guitarras: Andrés Martínez. Óscar Lagos. Percusión: Raúl Botella.
Llegaba al Villamarta por segunda vez en lo que va de
Festival la pequeña de los Galván, si bien esta vez lo hacía como protagonista
absoluta del espectáculo. Una obra cuya primera versión ya pudimos ver en uno
de los escenarios secundarios del Festival pero que se mostraba ahora remozada
sobre las tablas del coliseo jerezano. En ella se palpó claramente la influencia
de Israel, no en vano la idea, coreografía y dirección musical corrían de su
cuenta. Pero lo que realmente trascendió fue el baile con registros bien
diferentes que desplegó la sevillana. Lo tradicional, lo rancio y lo jocoso se
alternaban con formas más sutiles y refinadas en un discurrir equilibrado que
presentó, no obstante, algunos momentos de menguada intensidad. Pastora se
explayó en un homenaje danzado a su tierra natal, a uno de sus míticos barrios
y a la escuela sevillana de baile, de la que es sin duda una de sus más
destacadas representantes.
En la primera parte la bailaora se retrotrajo a los
corrales de vecinos de Triana para mostrarse por fiesta burlona, voluptuosa y
lasciva Ataviada con bata y mandil de lunares, medias calcetín por debajo de la
rodilla y unas manoletinas que hizo volar por lo aires, la bailaora nos hizo
disfrutar sobremanera con vacuneos, muecas y desplantes que rezumaban negritud
y calor caribeño. La semilla de ébano que arraigó y dio sus frutos en las
fiestas del arrabal sevillano.
Se vistió después con traje negro de volantes y
reveso rojo, a juego con los zapatos, para interpretar unas siguiriyas que José
Valencia desgranó con la potencia y hondura que le caracterizan. Su baile se
tornó entonces más esquemático, vertical y grave.
Tras los cantes de transición, la protagonista salió
a escena imbuida por el clasicismo de la escuela sevillana, por la herencia y
el legado que Matilde Coral y otras maestras anteriores han encumbrado a la
categoría de patrimonio inmaterial de Andalucía. Lucía bata de cola roja que
movió con garbo y donosura por todo el escenario a la vez que insertaba algunos
guiños surrealistas y burlescos que dejaban entrever el toque de su hermano.
Y para terminar, otra vez la fiesta. Tangos del Titi
y una sucesión de pasajes cortos pero intensos, al modo de los sueños que se
suceden en las mañanas que uno puede retozar en el lecho, con la inestimable
colaboración de Bobote que volvió a demostrar por qué es uno de los fijos en
los elencos de los hermanos Galván.
Ficha
artística.
Baile: Pastora Galván. Guitarra: Ramón Amador. Cante: José Valencia. Cristian Guerrero. Palmas, compás
y baile: Bobote Idea,
coreografía y dirección musical: Israel
Galván Iluminación: Rubén
Camacho Sonido: Félix Vázquez. Coordinación
técnica: Pablo Pujol
Mercedes Ruiz presentó ayer el primero de dos espectáculos
gemelos que se estrenan en la sala Compañía, un espacio reducido que no puede
satisfacer en una sola noche la gran expectación que genera un artista del
calibre de Mercedes. Se trató pues de un estreno, “Baile de palabra”, un
espectáculo que, en palabras de su director escénico Francisco López, es camerístico.
Cada componente, guitarra, cante y baile actúan como solistas en un escenario
reducido, y para la ocasión, minimalista y oscuro. El espectáculo se compone de
cinco piezas, cinco palos, que tienen un mismo patrón: la música teje, el cante
hilvana y el baile borda. Para que no haya separación neta entre las piezas, se
utilizan transiciones dialécticas, el fragmento no termina en su momento clou,
sino que sigue fugazmente y acaba dando paso al siguiente fragmento. David
Lagos se encargó de poner la narración cantaora al discurso de Mercedes y
Santiago Lara de dar peso y forma musical a toda la función.
En el primer fragmento de la noche, las bulerías ‘Llegando
a Jerez’ del
propio Santi Lara, Mercedes utiliza su cuerpo y su excelente braceo para dejar
claro que ha venido a bordar cosa fina y esta noche no va de zapateado
frenético. Su cuerpo se contorsiona con el nervio al que nos tiene
acostumbrados, no obstante toda la fuerza está controlada y medida al servicio
de poses plasticas a cámara lenta que serán la tónica de la noche. La segunda
pieza, una petenera, se afirma como la mejor postal de toda la gala: Mercedes
en bata de cola y mantón blanco alzado al cielo, una imagen angelical que
parece querer exorcizar los malos alientos que rodean este palo del flamenco,
hermoso, cuan poco aprovechado. Mercedes vuelve con bata de cola negra y
castañuelas y David canta por Cabales del Fillo y seguiriya. Mercedes se recrea
en sus contorsiones estilizadas y maneja con arte la bata mientras Santiago
rebusca en el mástil de su guitarra para acomodar musicalmente las instantáneas
que ofrece el baile de su esposa. Un pregón de frutero da paso a unos caracoles
Chaconianos bien interpretados por David Lagos que una vez más, con éxito, se
acuerda del gran Maestro. Mercedes baila con pantalón y chaquetilla ofreciendo
una versión más frugal y comedida de este palo. Un potente y nítido trémolo de
Santiago Lara por granaína regala a Mercedes el colofón ideal para su último
retrato de sensualidad y elegancia.
Como todo estreno puede que con el tiempo sufra algún
cambio, tal vez un recorte en su duración que esta noche rozó la hora y media.
Se trata, en definitiva, de una obra refinada interpretada por artistas que
individualmente son incuestionables y juntos, amalgaman su valía en un equipo
consolidado de gran alcance.
Ficha artística.
Baile:
Mercedes Ruiz. Cante:
David Lagos. Guitarra:
Santiago Lara.
Rafael de Utrera es un cantaor que cuida las formas, y no
solo cantando, lo primero que hizo fué agradecer la cercanía de una persona de
la que los jovenes pueden aprender. Esa persona, sentada entre el público que
abarrotaba el Palacio de Villavicenvio, era de Fernando de la Morena.
Rafael presentó un recital muy variado y se rodeó de muy
buenos músicos para que el formato de recital de cante al uso tuviera un
empaque más de concierto. José Quevedo “El Bolita” y Paquito González son dos
artistas especialmente aptos para construir un halo sinfónico y poético al
rededor de un cantaor; sutilidad, arreglos y compás.
Rafael calentó por Cantiñas del Pinini antes de utilizar
su voz melosa y potente por malagueñas, rematadas por rondeñas y fandangos de
Frasquito Yerbagüena. Por tientos y soleá apolá demostró manejar también los
tonos bajos, lo que amplía su registro sonoro de por sí privilegiado. Nos
brindó una versión intimista y en compás binario de la Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla antes de
meterse de lleno en la fragua: seguiriyas de Triana y macho de Cagancho de gran
jondura. De pie, por respeto, dijo, cantó aquel Señorita de Enrique Montoya, uno de los
cuatro puntales cantaores a los homenajeó en las bulerías finales precedidas
por tarantas. Perrate, Fernanda, Curro de Utrera y Enrique Montoya tienen quien
siga la huella indeleble y eterna del cante de Utrera.
Ficha artística.
Cante:
Rafael de Utrera. Guitarra:
José Quevedo “Bolita”. Percusión: Paquito González.
A Miguel Lavi le acaban de entegar el Premio al Mejor
Cantaor d’Atras de la pasada edición del Festival, no obstante, ayer nos
ofreció un recital en el que se reivendicó como cantaor de alante de gran
proyección. En el Palacio de Villavicencio pudimos disfrutar de ese flamenco
versión ‘unplugged’ que presenta el ciclo ‘Los conciertos de Palacio’. Miguel abrió
por tonás al compás de los nudillos sobre la mesa de Carlos Grilo y Manuel
Puyol; tras unos tientos pausados y muy bien hilvanados, se adentró en la
malagueña de Manuel Torre y el Mellizo, cantó con seguridad y notable
afinación. Su compenetración con la guitarra de Manuel Parrilla fue total en la
soleá por buleria, Miguel se entregó en cada tercio pero sín precipitarse y su
fiel escudero puso su toque maestro para bordar el momento. Por seguiriya nos
llevó atrás en el tiempo, el cante rancio de esta tierra sonó potente y
desgarrado y el respetable ovacionó al joven cantaor de la Plazuela. Para
cerrar, Miguel cantó por bulerías, claro está, y lo hizo con pellizco y mucho
compás.
El público pidió más y allí estuvo Miguel cantando por fandangos, entregado y sonriente.
Ficha artística.
Cante:
Miguel Lavi. Guitarra:
Manuel Parrilla. Palmas:
Carlos Grilo. Manuel Puyol.
Marco Flores declaró en la previa que su espectáculo no
pretendía homenajear a la mujer, tal como el título podría sugerir. De la misma
forma, afirmaba que se trataba de un espectáculo muy compartido con su cuerpo
de baile en el que él se asignó el papel de director de orquesta y no de
protagonista absoluto. El homenaje a las mujeres, por lo menos en lo que al
flamenco se refiere, estuvo allí patente y merecido. La presencia en el
escenario de dos guitarristas mujeres es de por sí muy poco habitual, a la vez
que de justicia, ya que hablamos de dos sonantas solidas y con personalidad;
Antonia Jimenez y Bettina Flate crearon anoche un paisaje músical sutíl y de
gran sensibilidad. La voz aterciopelada de Mercedes Cortés y el empaque y la
fuerza de Inma Rivero pusieron el color y el carácter a los tantos palos
interpretados (al final seran doce!), un placer escucharlas. El cuerpo de baile
no desaprovechó el espacio que Marco Flores cedió a cada una de sus componentes
que se lucieron cada una en su estilo. Las luces, bien dirigidas, sirvieron de
pivote de transición más que para crear atmósfera, ya que ésta fue siempre muy
austera, dominaron el blanco y negro.
Como decía al principio, en cuanto al protagonismo, es
verdad que en la primera parte del espectáculo Marco Flores solo sobrevoló la
tablas altruista y ligero, con el aire de aquel que no quiere, sin embargo, y
en buena lógica, su baile exquisito y su figura esbelta, acabaron por dar a
Cesar lo que es de Cesar. Por cantiñas bailó con gracia y equilibrio, su
técnica es cristalina. Más tarde, por soleá, se metió definitavemente al
respetable en el bolsillo, consiguió lo que los grandes, hacer facil lo difícil
y con extrema elegancia. Marco Flores, en su primer montaje en solitario, por
lo pronto, nos dejó claro con su arte la ética que inspira su inquietud
flamenca y que tipo de apuesta es la suya. Dejó el listón muy alto, se gustó y
nos convenció.
Ficha artística.
Baile: Marco Flores. Guadalupe Torres. Lidón
Patiño. Ester Jurado
Cante: Mercedes Cortés. Inma Rivero. Guitarra Antonia
Jiménez. Bettina Flater. Palmas:
Ana Romero.
Con Vicente Escudero como referente manifiesto de su
propuesta, llegaba al primer escenario del Festival el premio Nacional de Danza
2005. Fue la suya una obra de gran abstracción, impactante, inquietante y densa
por momentos. Con una escenografía escueta, fría, metálica y desnuda como la
caja escénica en la que transcurre todo. Un montaje con pocos ingredientes, muy
dispares entre ellos pero bien articulados, por sorprendente que parezca; el
cante atávico, hipnótico y espeso de Inés Bacán, el piano onírico,
desconcertante y angustioso de Sylvie Courvoisier y, como nexo, compás y jaleos
del jocoso Bobote, que con el paso a dos que se marcó con el protagonista puso un
hilarante contrapunto a la condensada atmósfera por la que discurría el show en
sus tramos finales. Sobre estos tres elementos danza y más danza, el baile preciso,
tensionado, irreverente, iconoclasta y surrealista de Israel, que de vez en
cuando se sentaba reflexivo a escuchar el cante de Inés o el piano tenebrista
de Sylvie.
Precisión absoluta en el manejo de su cuerpo, belleza
descarnada en las figuras que compuso, flamencura incontestable en sus remates
y marcajes. El sevillano bailó con todo, se regodeó en los silencios, le sacó
sonidos a cada una de las partes de su cuerpo, a la chaqueta de cuero setentona
con la que interpretó la primera parte, a los elementos del atrezo. Si en un
espectáculo anterior se valió de una silla mecedora de afilados pitones para
crear una sorprendente coreografía, en este baila sensacionalmente por
martinetes con recuerdos al gran Antonio sobre una mesa de madera, o se cuelga
al cuello una silla de tijera como si con ello quisiera simbolizar alguna carga
existencial. Equilibrio, limpieza y vertiginosidad en sus movimientos que despertaban
comentarios de admiración por lo bajini y olés contenidos. Provocó la risa
nerviosa del respetable y mantuvo el alma de todos en vilo, a expensas de lo
que acontecía en escena, turbados por el discurrir de los pasajes. El clímax en
el baile con pandero sobre polvo de magnesio, un número de gran efectismo en el
que el bailarín se expía ante el asombro y la estupefacción de sus compañeros
de escenario y de la propia audiencia.
“La Curva” supone un zamarreo intelectual, una
sacudida de conciencias, un revoleo de sensibilidades como el que le propinó a
las torres de sillas que estruendosamente cayeron sobre el escenario. Una obra
que más que agradar, te deja amarrado a la duda, a la desazón….pero nunca
indiferente.
Ficha artística.
Baile: Israel Galván. Piano: Sylvie Courvoisier. Cante: Inés Bacán. Compás: Bobote. Idea original, coreografía y dirección
musical: Israel Galván. Composición
musical: Sylvie Courvoisier. Dramaturgia
y dirección escénica: Txiki
Berraondo. Diseño de iluminación:
Rubén Camacho. Sonido: Félix
Vázquez. Atrezzo y coordinación técnica: Pablo Pujol.
La segunda entrega del ciclo ‘Solos en Compañía’ era una
cita exquisita para los amantes de las seis cuerdas, que, para la ocasión, eran
doce, ya que el espectáculo contaba con la intervención de dos espléndidos
guitarristas en concierto: Alfredo Lagos y Dani de Morón. Un público
heterogéneo, además de varios compañeros de oficio, acudió anoche a la Sala
Compañía para disfrutar de dos de las sonantas más interesantes del panorama
guitarrístico actual. Si es verdad lo que dijo en su día Juan José Téllez, que
los guitarristas son los intelectuales del flamenco, ayer tuvimos la
oportunidad de apreciar dos discursos musicales de alto nivel especulativo
formal por su personalidad y su brillantez compositiva.
Dani de Morón abrió el juego con una composición de gran calidez melódica, ‘Inmigración’, continuó urdiendo su melodía con aires de levante, ‘Cambio de sentido’, y nos brindó una seguiriya con afinación especial, ‘Morón D.F.’, de admirable ejecución. Cerró por bulerías al compás de su tierra y nos asombró con su personal soniquete y su intensidad interpretativa.
El de Morón utiliza los bordones para marcar las condiciones de su clímax musical; su pulgar teje el hilo de su discurso, mientras la mano izquierda indica el camino y la exploración musical. El compás es el jardín de recreo de Dani, allí manipula los silencios y la intensidad de forma sublime; su música es gratamente etérea, algo melancólica, de gran belleza y plasticidad.
Llegó el turno de Alfredo Lagos, emprendió su recital tocando una pieza de corte clásico, ‘Rondecaña’, adentrándonos en un universo musical pulcro, más cercano a la tradición aunque armónicamente moderno. Continuó por soleá tocando ‘A mi mare’, fandangos con el tema ‘Riotinto’ y concluyó con las bulerías ‘Buletango’ donde certificó su dominio del compás y amplitud de recursos. Desplegó un repertorio variado y muy personal, se atrevió con todo, pese a que no todos los días son iguales y acabó domando su sonanta. Alfredo es un guitarrista experimentado y sobre todo dúctil, a sus cimientos jerezanos ha sabido incorporar una visión musical moderna y personal. Su mano derecha domina todos los recursos, su toque es vigoroso y su musicalidad desprende frescura y elegancia.
El presagio de un momento ‘mano a mano’ llegó al final, el terreno fue el levante, taranta de Alfredo a la que respondía Dani con malagueña. Ya a compás, y tras un breve excursus jazzero, los dos acompañaron el baile de Ángeles Gabaldón (artista invitada) la cual dibujó con el mantón una coreografía estilizada que cerró un espectáculo imprescindible.
Ficha artística.
Guitarra: Alfredo Lagos. Dani de Morón. Baile: Ángeles Gabaldón (artista
invitada).
Carmen Linares
llegaba al Festival de Jerez en solitario por primera vez para exponer sobre las
tablas del coliseo jerezano su “Ensayo Flamenco 2012”, obra estrenada en la pasada Suma
Flamenca madrileña. Como ella
misma manifestó, este hecho la hacía sentirse especialmente contenta y
motivada. La entrega y el pundonor que derrochó a lo largo de casi hora y media
que duró el espectáculo no dejaron lugar a la duda.
En conjunto su
recital fue elegante, intimista, de gran lirismo, no solo en el contenido sino
también en las formas, en la presentación. Todo muy simple, por lo menos en
apariencia, pero muy bien engarzado, fluido y con peso, contundente en suma. Con
la sensibilidad y el refinamiento propios de esta jienense que no por
casualidad se encuentra entre las voces más acreditadas del flamenco actual.
Desafiando a
la merma de cualidades que el paso del tiempo trae indefectiblemente y a la
dificultad que siempre implica la adaptación de composiciones cultas al cante,
la cantaora desgranó con sensibilidad y respeto poemas de García Lorca, Juan
Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Alberti y otros autores más contemporáneos
como Ortiz Nuevo y José Ángel Valente. En sus adaptaciones a la rítmica
flamenca el predominio del tres por cuatro se rompía con cantes “ad libitum” en
armonioso diálogo con el piano. Su voz rajada parecía quebrarse por momentos
imprimiendo el dramatismo que los versos más duros reclamaban. Carmen se peleó
con el cante, tiró de veteranía, y con más maña que fuerza, le ganó. El
magnífico respaldo instrumental con el que contó fue también determinante en
una propuesta que rebozó señorío y buen gusto.
Ficha artística.
Cante y dirección musical: Carmen Linares. Guitarras: Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco. Piano: Pablo Suárez. Percusión:Artista invitada: Belén Maya. Antonio Coronel.
El ciclo ‘Los Novísimos’ acogía la noche del Domingo en la
Sala Compañía a la bailaora Lucia Alvarez “La Piñona”, premio El Desplante en
el último Festival de la Unión. Lucía presentó un espectáculo cuyo título ‘Un
granito de arena’ es el relato flamenco del valor artístico, el gusto y la
propuesta que esta joven bailaora ha construido para su primer paso por el
Festival de Jerez. El subtitulo del espectáculo, ‘Momentos que he imaginado’ es
una descripción apropiada para un montaje que no cuenta con hilo argumental
sino que es una sucesión de piezas, o mejor dicho ‘momentos’, que transcurren
de una forma independiente uno de otros.
El telón se abre y, un inspirado Miguel Perez a la
guitarra, nos entrega una exquisita introducción musical que apenas se pudo
apreciar a causa de problemas técnicos con el sonido. Recuperada la normalidad,
Lucía aparece sobre las tablas encerrada en un mantón negro que mueve en el
aire con maestría y elegancia al son de la Caña. La bailaora cuenta con tres
cantaores de empaque, los jóvenes pero más que experimentados Moi de Morón,
Trini de la Isla y Niño de Elche. Éste será el encargado de dar paso a la
segunda pieza de la noche, un baile por seguiriyas, y lo hace con una armonía
insólita apoyándose en unos coros casi litúrgicos que suenan ‘en loop’. Tres
velas encendidas en las tablas y un trémolo hipnótico, son el marco de una
Lucía envuelta en una túnica de seda morada, una imagen solemne de gran
magnetismo. La túnica que cubre a la bailaora hasta los pies es en realidad una
especie de crisálida de la que la bailaora saldrá poco después. Tras éste guiño
a la danza contemporánea, Lucía emprende el baile con el carácter dramático que
le corresponde luciendo un agraciado y lento braceo; remata el cante con
firmeza, su baile es intenso, pero la fuerza es medida y bien distribuida, se
apoya en la técnica, que domina y de la que no abusa. Se mueve por el escenario
fluida, sin tremendismo y cuidando cada detalle.
Una tanda de cantes por bulerías y jaleos interpretados ‘a
palo seco’ por los tres cantaores en el centro del escenario sirven para dar
paso al momento más álgido de la noche: el mano a mano de la bailaora Jimenata
con la artista invitada, la cantaora Angelita Montoya. Fue por tangos al más
puro estilo trianero, Lucía nos demostró que también sabe interpretar con garra
y empuje y se la vio muy suelta y a gusto en ésta parte del espectáculo. Brilló
la guitarra de Miguel Pérez que hilvanó sabiamente todas las piezas y exhibió
un gran dominio del ritmo y una notable pulsación.
Ya en la recta final Lucía bailó por soleá con bata de
cola roja, su figura estilizada y sus manos, hermosas, dibujan en el aire con
elegancia y nos recuerda a otras maestras del braceo, no es poco. El atrás
canta al unísono libres como el aire de El Lebrijano, aplasusos, bis y ‘pataita’
por bulerías a la que se incorpora Angelita Montoya. Se cierra así una función
a la que asistió un público variado y expectante que pudo apreciar un nuevo
valor del baile flamenco, “La Piñona”.
Ficha artística.
Baile:
Lucía Álvarez “La Piñona”. Cante: Angelita Montoya (colaboración especial). Moi de Morón.
Trini de la Isla. Niño de Elche. Guitarra: Miguel Pérez. Percusión: Jorge Pérez.
La segunda entrega en el
Villamarta deparó otro estreno, 'El Aire que me lleva', una propuesta entretenida, con
una sugerente trama que juega con el viento y sus diferentes vertientes sobre
aires musicales eclécticos que soplan de orilla a orilla del Atlántico.
La dirección
escénica de David Montero se hizo notar, la limitación de medios fue suplida
con ingenio y creatividad. El baile de Andrés y Pilar adoptó nuevas formas y
registros, aunque fue cuando desplegaron sus atributos expresivos habituales
cuando más nos transmitieron. Color y dinamismo no le faltó al espectáculo,
hubo números resueltos con gran solvencia y se llegaron a alcanzar momentos de
verdadera jondura. El paso a dos por farruca con el que abrieron, las
hieráticas seguiriya y soleá que se marcaron respectivamente con el cante
punzante de Palomar y el Londro, o el tango argentino que Jesús Bienvenido
impostó para que Pilar lo adornara con su mantón- fueron los pasajes que mejor
resultaron. Otros sin embargo no encajaron como hubiese sido deseable y se
hicieron más superfluos.
La ejecución
de la idea presentó los desajustes propios de un estreno, nada que no se pueda
solventar con el rodaje y los ajustes que toda obra precisa. La honestidad, el
esfuerzo y la entrega que estos dos artist as ponen en su trabajo se palpa en el
escenario y eso tendrá, tarde o temprano, la recompensa que se merece
Ficha artística.
Baile
y coreografía: Andrés Peña y Pilar
Ogalla. Cante: David Palomar y Miguel
ángel Soto Peña “Londro”. Guitarras: Ricardo Rivera y Javier Patino. Piano: Alberto Miras. Saxo:Trompeta: Lipi Calvo. Percusión: Javier Catumba. Artistas invitados: Jesús Bienvenido. Esther Weekes. Dirección escénica: David Montero Dirección musical:
Antonio Lizana. Ricardo Rivera
Anoche en Sala Compañía se estrenó el ciclo ‘Solos en
Compañía’ y la sobrina-nieta de la legendaria Carmen Amaya se dio cita con el
Festival de Jerez, al que acudía por primera vez, para presentarnos su
espectáculo ‘Desde la orilla’. Karime Amaya (Mejico -1985) contó en rueda de
prensa que desde esa orilla, al otro lado del Atlántico, soñaba con hacer a la
inversa el camino que muchos años antes hiciera su tía abuela y buena parte de
su familia cuando dejaron el barrio de Somorrostro en Barcelona rumbo a las
Américas. Karime cumplió su sueño y reside en la actualidad precisamente en
Barcelona desde donde desarrolla su carrera artística.
Él espectáculo se abrió con una ronda de Tonás que dieron
paso a un baile por Seguiriyas; con traje rojo y negro, estampa de bailaora de
raza, mirada seria, bien plantada sobre unos pies que marcan la tónica de su
baile, Karime bailó segura, con mucha presencia, mandando y templando. Bien
arropada por su ‘atrás’ en él que destacó el cantaor Rubio de Pruna, Karime
bailó con esa fuerza y temperamento que nos recuerda indudablemente el linaje
al que pertenece ésta joven artista. Su grupo, y sobre todo el guitarrista
Justo Fernández ‘El Tuto’, (artista invitado), dejó constancia de su buen
hacer musical acompañando con acierto y destreza los bailes de Karime y tocando
en solitario por tangos y rondeña.
Regresó Karime por Alegrias, chaqueta torera blanca y
pantalón oscuro, es aquí donde se hizo más evidente el paralelo con su
antepasada; dio rienda suelta a su zapateado vertiginoso y nos deleitó con esas
vueltas quebradas marca de la casa. Por Soleá volvió la templanza, la jondura y
más tarde la fuerza de su compás arrollador y la velocidad de su zapateado en
el final por bulerías. El de Karime es un baile temperamental y nervioso pero a
la vez sobrio y elegante en su estética; su herencia artística es
afortunadamente ineludible y Karime dejó bien claras sus credenciales y su
talento en las tablas del Festival.
Una vez terminado el espectáculo, y delante de un público
entregado, Karime recogió las últimas fuerzas para hablar y, emocionada,
agradeció su presencia en este venerable Festival, y tuvo palabras de
admiración para Jerez y su arte. Bienvenida a ésta orilla Karime!
Ficha artística.
Baile: Karime Amaya. Cante: Raúl Levia Amador, Joaquín Gómez
Contreras, Rubio de Pruna. Guitarras: (artista invitado), Justo Fernández Heredia “El
Tuto”. Tati Amaya. Percusión: Juan Cristóbal Sánchez.
Comenzó
anoche la XVI edición del Festival de Jerez con la puesta en escena de “Metáfora”, un montaje de Rubén Olmo que inaugura una nueva fórmula
de gestión, entendemos que más democrática y propicia para la creación, del Ballet
Flamenco de Andalucía. Un espectáculo trabajado al detalle, pulcro, muy
meticuloso, con una iluminación excelente que realza la danza de gran nivel que
destila toda la obra. Un despliegue técnico considerable, nada superfluo, que contribuyó
a dar empaque a los distintos números –solos, a dos y, especialmente, corales-
que se trufan a lo largo de dos horas, interludio incluido.
Hubo momentos de gran plasticidad y apostura,
especialmente aquellos que protagonizaron Pastora Galván y Rocío Molina;
voluptuosidad y desparpajo en la sevillana, delicadeza y sutileza en la
malagueña, Dionisios frente a Apolo personificados en estas dos muchachas que
nos hacen mirar con convicción y optimismo al futuro del baile. En los números
corales se palpaba la influencia de grandes maestros, la estética clásica, un
punto retro, de épocas doradas de la danza española, la simbiosis equilibrada
de estilos que este sevillano sabe conjugar en sus espectáculos. Pero echamos
en falta la existencia de un punto culminante, de una cima emocional que nos
hiciera abstraernos de lo meramente estético. Quizás las expectativas con las
que acudimos a esta cita inaugural hicieron que dejáramos el Villamarta con
ganas de más, con el ansia de disfrutar del baile de Rubén, de su cara más
flamenca, esa que nos ha mostrado en anteriores espectáculos. Lástima que en
este ejercicio metafórico su baile no cobre mayor protagonismo. Quedará para
otra ocasión.
Ficha
artística.
Dirección y
coreografía: Rubén
Olmo. Artistas invitadas: Pastora Galván, Rocío Molina. Solistas: Eduardo Leal, Patricia Guerrero. Bailarines: Sara Vázquez, Ana Agraz, Marta Arias,
Mónica Iglesias, Maise Márquez, Juan Carlos Cardoso, Ángel Fariña, Fernando
Jiménez, Álvaro Paños. Cante: Fabiola, El Zambullo. Guitarras: David Carmona, Manuel de la Luz. Percusión: David Chupete. Orquesta de Córdoba dirigida por Juan Luis Pérez.

Presentación oficial del programa
de la décimo sexta edición del Festival de Jerez. El certamen se celebrará
entre el 24 de febrero y el 10 de marzo de 2012, reafirmando su solidez como
proyecto artístico “de primera magnitud”, según palabras de María José
García-Pelayo, alcaldesa de Jerez y presidenta de la Fundación Teatro
Villamarta, entidad organizadora del evento. El certamen, considerado el
festival de baile y danza más importante del género, integrará tendencias
artísticas diversas del baile flamenco y español, aunque incluirá también
ciclos de cante y guitarra.
El acto de presentación contó,
además, con la presencia de Paulino Plata, consejero de Cultura de la Junta de
Andalucía; Antonio Real, delegado municipal de Cultura; Yolanda Peinado,
delegada provincial de Cultura de la Junta de Andalucía; Antonio Montero,
concejal responsable de Eventos Especiales; María de los Ángeles Carrasco,
directora del Instituto Andaluz del Flamenco; e Isamay Benavente, directora del
festival, así como representantes de organismos y empresas colaboradoras.
La inauguración del festival
corresponderá al Ballet Flamenco de Andalucía, que estrenará el espectáculo
‘Métafora’, con Rubén Olmo como coreógrafo y director. Asimismo, la clausura
también tendrá como protagonista un estreno, en este caso el del nuevo trabajo
de Joaquín Grilo, ‘La mar de flamenco’. Entre ambos eventos, el festival
contemplará una oferta digna de actuaciones de primer nivel, ciclos paralelos,
un programa de actuaciones en las peñas flamencas, así como una importante
faceta de los cursillos y una serie de actividades de carácter pedagógico, que
contará con la colaboración del Centro Andaluz de Flamenco (CAF). En conjunto,
el Teatro Villamarta, la Sala Compañía y el Palacio de Villavicencio de Jerez
de la Frontera ofrecerán un programa de actuaciones con casi una treintena de
funciones.
Otros estrenos, además de los dos
anteriores, tendrán lugar en el Teatro Villamarta, como el espectáculo de baile
‘El aire que me lleva’, a cargo de los bailaores Andrés Peña y Pilar Ogalla, y
el espectáculo de cante ‘Al cante Jerez’, con Manuel Moneo, Capullo de Jerez,
El Torta, Fernando de la Morena y Luis El Zambo. Al margen de los estrenos, algunos
de los espectáculos de danza que podrán verse en el escenario principal serán ‘La
curva’ de Israel Galván, ‘Utopía’ de María Pagés, ‘Vinática’ de Rocío Molina,
‘Tauro’ de Manuel Liñán, ‘De flamencas’ de Marco Flores, ‘Pastora’ de Pastora
Galván y ‘¡Viva Jerez!’ de Javier Latorre.
En cuanto la guitarra y el cante,
se ofrecerán propuestas como ‘Made in Jerez’ de Gerardo Núñez, con la
colaboración del baile de Alfonso Losa, ‘Ensayo Flamenco 2012’ de Carmen
Linares junto a la bailaora Belén Maya, ‘Colores del fuego’ de Antonio Rey, ‘12
cuerdas’ de Alfredo Lagos y Dani de Morón, y otros recitales de cantaores como
Miguel Lavi, Rafael de Utrera y Pedro el Granaíno.
Las entradas del XVI Festival de
Jerez se ponen a la venta el martes día 29 de noviembre, ofreciéndose
localidades sueltas así como tres modalidades de abonos (Teatro Villamarta,
Baile, Cante y Toque) con una bonificación del 20% sobre el precio de las
localidades sueltas.
El plazo de inscripción se abre el 12 de septiembre
El área formativa del certamen incluye cursos especiales de iniciación
para seniors y talleres de palmas y compás
El XVI Festival
de Jerez, que se celebrará entre el 24 de febrero y el 10 de marzo de 2012,
ofrecerá 44 cursos de baile flamenco, además de talleres de compás y palmas. Asimismo,
se incluyen cursos especiales de iniciación para seniors bajo el título ‘¡Que
me quiten lo bailao!’.
El plazo de inscripción para las más de 1.000 plazas de este área formativa comienza el próximo lunes día 12 de septiembre. Los interesados pueden enviar su solicitud de matrícula a través del formulario de la página web www.festivaldejerez.es o mediante fax (956 149059).
El área formativa del Festival de Jerez es una de las propuestas más singulares de esta convocatoria del que forma parte, además, un amplio programa de espectáculos y conciertos junto a otras actividades. Todas ellas tienen al baile flamenco y español como hilo conductor.
Los cursos y talleres del Festival de Jerez despiertan un gran interés entre un alumnado, en su mayoría, procedente de otros países. Ello obedece a la existencia de una oferta variada –de estilos y nivel académico- y la presencia de los más grandes maestros, muchos de ellos artistas en activo.
Cuatro son los niveles de aprendizaje. Esta diversificación abarca desde el grado de Iniciación hasta el de Perfeccionamiento, nivel éste que exige acreditar los conocimientos suficientes para poder inscribirse.
El
claustro de profesores está formado por grandes maestros (Angelita Gómez,
Javier Latorre, Inmaculada Aguilar, Ana María López, Juan Parra), así como por
artistas en activo de la trayectoria de Isabel Bayón, Mercedes Ruiz, María del
Mar Moreno, Belén Maya, Antonio El Pipa, Joaquín Grilo y Andrés Peña, entre
otros.
Duración
La duración de
los cursos oscila, según los niveles, entre las 12 y las 15 horas de clase y el
número de plazas disponibles es de 25 por aula. Sólo en los cursos especiales
para seniors la duración es menor: 10 horas y 30 minutos.
Los cursos de iniciación tienen como objetivo el aprendizaje de los
conocimientos básicos del baile y están destinados a principiantes. Los de
nivel básico profundizan en el aprendizaje de la técnica de un estilo concreto.
El nivel medio está orientado a la mejora de la técnica y coreografía de un
estilo concreto, mientras que el de perfeccionamiento se destina al trabajo
coreográfico y expresión de un estilo. Por esta razón, para inscribirse en los
cursos de perfeccionamiento, es necesario acreditar previamente el nivel
técnico suficiente.
Alegrías, bulerías, tangos, soleá y siguiriyas son algunos de los palos flamencos incluidos en una oferta que no olvida los ritmos que provienen de la farruca, serrana, caracoles, caña, bamberas y romances, entre otros. Además, se hace hincapié en el aprendizaje del difícil manejo de la bata de cola y otros elementos como el mantón y el abanico.
En cuanto a los talleres de compás y palmas flamencas –impartidos por
David ‘El Gamba’ y Jerónimo Utrilla-, sólo se ofrece un nivel de aprendizaje:
el básico. El número de plazas disponibles es de 20 por aula, siendo su
duración de 7 horas y media. Estos talleres están dirigidos tanto a estudiantes
del baile como a cualquier aficionado del arte flamenco en cualquiera de sus
manifestaciones.
El área formativa de la última edición Festival de Jerez registró un
nivel de ocupación del 98 por ciento en los 44 cursos impartidos. En aquella ocasión,
estuvieron representados alumnos procedentes de 40 países pertenecientes a
todos los continentes.