Compartir esta web con mis amigos |
Flamenco Joven en el colegio mayor
Jerónimo Maya abrió esta cita clásica presentando su primer disco en solitario. Su extenso recital fue una espléndida muestra de la intersección de mundos musicales que llenan su mente. El madrileño es probablemente uno de los instrumentistas flamencos mejor formados y más capacitados de su generación. Con una tremenda personalidad, Jerónimo no puede escapar de sus referentes musicales: la clásica, el jazz y el flamenco. Los dos primeros adquiridos por voluntad propia, conscientemente, mientras que el flamenco es parte de su mapa genético. Amueblada así su cabeza, no es que Jerónimo exprima las posibilidades de cada idea musical -lo que, por definición, le llevaría a agotarlas-, sino que su trabajo se basa en desarrollar esas ideas, y eso significa un proceso de mucha más envergadura.
Entre rondeña, soleá o bulerías nos encontramos música de Mozart o de Django Reinhardt. Entre una técnica depuradísima, saltan el pellizco y los guiños gitanos Y todo ello dosificando con maestría las escaladas de intensidad con paréntesis de sensibilidad y sosiego aun dentro de la misma pieza.
Arcángel -artista invitado- cantó a Jerónimo y Jerónimo tocó al cante de Arcángel. Así de sencillo. Así de bonito. Por levante y por soleá, nuestro protagonista rebajó la fuerza de su guitarra para trabajar con tremendo respeto: con intención de no molestar.
Los militantes de la guitarra tienen en Jerónimo un motivo más para su fe. A destacar el menage a trois entre él, su hermano Leo de Aurora y el padre de las criaturas, Felipe Maya. Las rondas partían de éste último, recogía Leo y remataba Jerónimo. Tres versiones diferentes, tres personalidades con una misma herencia. La música de generación en generación.
La segunda jornada del Festival tuvo como protagonista al cante. Mª Ángeles Fernández abrió el fuego con aires de su tierra, tarantas que dibujaban ya su concepto el cante: corto, pero con buen gusto, apoyada en melismas rápidos, entrecortados y con mucho juego de compás. Su voz, sin embargo, resulta a veces plana, con poca textura, como si le faltara hacerse un poco más. Habrá que darle tiempo al tiempo. Sus alegrías fueron muy originales, al igual que las bulerías que fue donde más cómoda se sintió.
El segundo de la noche fue Antonio Vélez "Pitingo". Conforme va pisando escenarios -lógicos en un artista que apenas tiene veinticinco años-, este cantaor progresa muy significativamente. Al Pitingo le gusta alargar los tercios, pero con equilibrio. Su voz rápida y melismática le permite dibujar con precisión todo tipo de figuras, al tiempo que recortar sin problemas allá donde su intención le sugiere. Y todo ello con corazón. Granaína con su media, soleares de envergadura (entre las que se encuentran siempre las de su ancestro Mojama), bulerías, tarantos y fandangos fueron los estilos que ofreció, amén de unas pataítas por bulerías que se marcó a petición de un público entregado. Con la afición que tiene, con su amplio conocimiento de estilos, con sus ganas y con su juventud, este cantaor puede tener un gran futuro. De momento, en el San Juan, "Pitingo" se sintió a gusto y el respetable disfrutó.
Pero la nota más alta de la velada la dio Tomasa Guerrero "La Macanita". Su voz estaba perfecta y eso le dio alas a una cantaora que, con mejor o peor día, siempre suele sacar cosas interesantes. Aunque a buena parte del público le costó cambiar el chip al principio, lo cierto es que el cante de La Macanita comenzó a doler nada más templarse por tarantos. Y de ahí no bajó, sino todo lo contrario. Su tanda de soleares fue de una factura impecable: con poderío, con matices, con ese tremendismo jerezano tan racial, tan hiriente. Pero ahí no quedó la cosa, sino que por siguiriyas tuvo la misma contundencia, o más si cabe. Después de unas bulerías de su tierra a las que acompañó con su propio baile, puso el broche por martinetes, donde Tomasa se vació cantando con toda la verdad del mundo.
La experiencia de la Macanita fue el mejor broche para esta edición del festival que apostó por los jóvenes nombres del flamenco.
Texto: Manuel Moraga - Fotos: Paco Manzano