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Abriendo el ciclo de conferencias ilustradas previo a la celebración del Potaje Gitano se dan cita en el incomparable marco del castillo de Utrera el flamencólogo Manuel Martín Martín y el cantaor Gaspar de Utrera. Los "Festivales Flamencos del Verano" es el tema que congrega al numeroso público que acude en esta noche fresca, ya estival, para escuchar los comentarios siempre incisivos del ponente y el eco del cante de Gaspar.
Manuel Peña hace una presentación cariñosa que retrata la dilatada trayectoria como investigador y escritor flamenco de Manuel Martín, que le agradece los elogios para pasar a exponer sus apreciaciones. El conferenciante hace un recorrido por los distintos festivales andaluces y contextualiza históricamente la aparición de los mismos, destacando, como es lógico, el de Utrera, por ser el abanderado, el primero de todos. Pero una vez que cita fechas y aporta datos y alguna curiosidad o anécdota, se centra en denunciar los errores que se cometen en estos eventos artísticos, con la experiencia de haber presentado más de seiscientos festivales y disfrutar o sufrir otros tantos, o más. Criticó duramente la irresponsabilidad de muchos artistas que no cumplen con sus contratos, no acuden a las pruebas de sonido y son impuntuales o se quejan del lugar en el que actúan; el poco respeto con el que algunos políticos tratan a los flamencos y sus manifestaciones, convirtiendo los festivales en un divertimento más encaminado a mantener contento al pueblo para conseguir votos, en detrimento de una buena organización, que no siempre está en sus manos, aunque pocas veces hay asesores que sepan dignificar los espectáculos. Errores que destaca el escritor son la mala megafonía que suele haber, la altura de los escenarios que imposibilita la visión de los espectadores más cercanos a las tablas, los carteles con demasiados artistas que hacen que se alargue más de la cuenta el festival, la comodidad de los que repiten el mismo repertorio de siempre, los excesos de cantaores y bailaores de "segunda fila" y la presencia de academias de baile que le restan profesionalidad al evento. También comenta que sería oportuno frenar el precio de las entradas y no deja escapar la ocasión para arremeter contra los abusos de los representantes. Y no se olvida de apoyar a la organización del Potaje por decidir que este año sea Alejandro Sanz el homenajeado, recordando que el festival es a beneficio de la Hermandad de los Gitanos con el fin de recaudar fondos para su salida procesional en Semana Santa, algo que seguro han conseguido, ya que las entradas se han agotado: unas tres mil personas comerán potaje.
Tras un caluroso aplauso que agradece la valentía del controvertido crítico sale al escenario Gaspar de Utrera, de quien dice Manuel Peña que "no se parece a nadie, ni nadie se parece a él", cuya voz es irrepetible: "Gaspar es la mesura en el buen gusto".La soleá templa la garganta vieja. Con aplomo marca tercio a tercio el cante y da muestras de sus facultades. Su eco aún permanece, a pesar de los años que, aunque no perdonan, parece que todavía le dan licencia para cierto lucimiento. Dos o tres letras por seguiriya bien hechas y sigue por bulerías al compás, a veces acelerado y "eléctrico", del guitarrista Pitín. Gaspar no aguanta bien por los tonos bajos y aprieta en la subida acomodándose. "Tres puñales para que me den la muerte": "(...) una letra mu bonita que he grabao en mi último disco, el único que he hecho(...)" Se la dedica a las bombillas que tanto calor le estaban dando y bromea con el dinero: pregunta quién le va a pagar. Termina por fandangos de Huelva, que van por unos conocidos que le darán "un regalito" en la puerta. Ya entre amigos, después de la actuación, decía que con lo viejo que es, otra vez se la habían dado con el "jurdó"; como si no lo supiera.