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Los títulos de los espectáculos -que tanto gustan al director del festival-, por muy bonitos y poéticos que sean, no suelen hacer justicia a su contenido pues o no llegan o se pasan. Lo que empezó siendo de "Juan Breva a Picasso" acabó sustituyendo al pintor por la filósofa veleña María Zambrano -para agradar a los paisanos, supongo-, de tal modo que el título final quedó así: "De Juan Breva a María Zambrano". Y que más da, dirán algunos. Pues sí importa, por cuanto los programas -única información que se ofrece a los espectadores- deben contener lo más fielmente posible los pormenores del espectáculo y éste ajustarse a lo que se ha comprado con la entrada: ni se cantó por mirabrás, ni existió el "Inédito de Pablo Picasso", ni vimos bailar a Pedro Gabarre. Y ya que hemos empezado con los aspectos organizativos, no podemos entender que se diga al personal que no hay entradas cuando dentro había próximo a cien sillas vacías, que serían probablemente la de los invitados. Menos protocolo y más facilidad para quien verdaderamente le interesa y trabaja por el flamenco. Pero al parecer es inevitable que esto suceda en "Málaga en Flamenco", quizá porque el peso de la política se hace notar más que en otros eventos de características parecidas.
La actuación de Enrique Morente fue de menos a más, como suele ser corriente en el maestro granadino: comenzó cantando fandangos abandolaos, sin perder el tono de la Panda de Verdiales de los Romanes que abrió el espectáculo, recordando a Cayetano Muriel "Niño de Cabra", enlazados con dos malagueñas la estilo de El Canario y La Trini rematadas con cantes de Juan Breva y fandangos de Granada. Luego vendrían las cantiñas y las cabales -reinventadas e interpretadas de acuerdo con las facultades justas del cantaor-. En las soleares, sin embargo, descubrimos que el lugar no era el más apropiado para el espectáculo: un borracho pesado dio otro "espectáculo" cuando desde lo alto de una muralla -llena de gente- increpaba al artista hasta que éste le contestó con arte y sabiduría aconsejándole que no bebiera más y lo dejara en paz. Algo que debió hacer un servicio de seguridad inexistente. Con todo, Morente demostró oficio y maestría en la larga serie que interpretó.
Tras el homenaje a María Zambrano, "El agua ensimismada" -a compás de bulerías lentas-, dejó Morente un dramático y bien construido cante por seguiriyas, con acertados recuerdos a Manuel Torre, Tomás Pavón y Curro Dulce; una innecesaria y desdibujada "Carta de Miguel Cervantes" y un cante por tonás, hechas al alimón con su hijo José Enrique, su concuñado Ángel Gabarre y Pepe Luis Carmona. En esos momentos lloraba el cielo.
Antonio El Pipa: "Puertas Adentro" - Teatro Las Lagunas de Mijas, 26 de agostoUn hermoso poema de Miguel Hernández sirve como hilo conductor y columna argumental de la obra que el bailaor de Jerez, Antonio Fernández Ríos "El Pipa", traía a la segunda edición de "Málaga en Flamenco" tras erigirse en el triunfador de la primera. La muerte, la vida y el amor suponen tres momentos escénicos que sobrecogen al espectador en la tragedia para reconciliarse con él en el nacimiento de una nueva vida y el triunfo del amor, mientras transita por la fiesta familiar para celebrar la alegría y el olvido del dolor. Momentos inspirados en la muerte de su madre, el nacimiento de su hija y los recuerdos de un niño que rememoran otros tiempos en los que la familia era sostén afectivo y escuela natural donde se aprendía de los mayores. Y para eso, Antonio "El Pipa", ha montado un espectáculo que, aunque falto de ritmo, cumple con los objetivos propuestos en el guión: contar una historia sencilla en clave flamenca y no aburrir al respetable. Ambos conseguidos, a mi entender.
Si exceptuamos la desafortunada interpretación de la petenera con la que abrió el espectáculo Montse Cortés -que mejoró en el resto de su actuación-, el cante de Juana la del Pipa, "El Extremeño", Morenito de Íllora y "Boquerón" tuvo momentos de grandeza y dramatismo jondo. Las guitarras, muy apagadas durante todo el espectáculo, cumplieron con su papel. Sin embargo, el baile rayó a gran altura. Con momentos de grandeza artística cuales fueron los de María del Mar Moreno, por bulerías, y los de Antonio, por seguiriyas y soleá. El cuerpo de baile cumplió sobradamente, con pinceladas de arte y gracia (baile por guajiras); y el niño, Christian de los Reyes, siendo necesario, tiene una excesiva presencia en el espectáculo.
Una sencilla pero clarividente escenografía, un vestuario elegante, espectacular y lleno de colorido flamenco; junto al correcto funcionamiento de las luces y el sonido, fueron al marco preciso para una obra que, una vez terminada de rodar, será un éxito allí donde vaya.
Ocho representantes de las distintas facetas artísticas del flamenco, cada cual en nombre de su provincia, llegaron al Teatro de Las Lagunas de Mijas con el fin de demostrar que a los jóvenes también les interesa el flamenco, aunque es cierto que en la sala medio vacía apenas si había jóvenes. Los protagonistas del espectáculo sí lo son: menores de 27 años, por aquello de que en esta edición de "Málaga en Flamenco" todo tiene que tener relación con el número siete, venga o no a cuento. Profesionales en ciernes y algunos en vías de consagración elegidos por la organización, como se podrían haber elegidos otros. Pero hablemos de lo que vimos y escuchamos.
"Se trata de un espectáculo que sintetiza de alguna forma todo el ciclo de menores planteado, pues mostrará de una forma fidedigna la cantidad y calidad de la nueva generación de artistas flamencos que vienen abriendo las puertas del siglo XXI". Son palabras del director artístico en la rueda de prensa anterior al espectáculo. Pero claro, una cosa son las palabras y otra bien distinta los hechos, pues a lo largo de las tres horas que duró la gala poco hubo que propiciara la emoción si exceptuamos el baile de María José León (bulerías por soleá) y Patricia Guerrero (seguiriyas) y algunos detalles de la almeriense María José Pérez (malagueña de Chacón, tarantos y cantiñas) y el pianista gaditano Sergio Monroy. Antonio "Pitingo" no salió en condiciones de cantar, Gema Jiménez hizo tarantas y una serrana, que certificó su falta de conocimiento; Sergio Aranda salta más que baila y Niño Seve parece que está tocando en su cuarto mientras ensaya.
Si a la falta general de calidad artística añadimos los errores del programa de mano, que confunde más que informa, y la innecesaria inclusión de la Panda de Verdiales -¡que empacho de verdiales!-, pues hemos de calificar el espectáculo como aburrido y pobre. Si ese es el futuro, yo me bajo en el presente.

Con apenas cien personas y quince minutos de retraso comenzó el espectáculo "Tres mujeres": tres formas de entender el arte flamenco, tres estéticas, tres estampas. María López Tristancho (Huelva, 1984), "Argentina", dejó el mejor recuerdo a la noche y nos emocionó en algunos momentos de su feliz actuación. Cantó bien y por derecho, aunque demostrara bisoñez en algunos estilos por soleá, su cante menos afortunado. Salió por tangos, demostrando un amplio conocimiento de sus distintos estilos, para continuar con una malagueña al estilo de El Canario adornada con un fandango de Frasquito Yerbabuena, soleares de Alcalá, cantiñas y fandangos de Huelva. Tiene una voz limpia, exenta de artificios, limitada en los tonos agudos, pero cálida y plena de registros. Sabe lo que canta y maneja el compás con soltura. Triunfó por derecho propio, pero no debe dormirse en los laureles. Aquí sí está el futuro.
María del Carmen Grilo Mateos, "Carmen Grilo" (Jerez, 1984), no estuvo mal en general, aunque afecta mucho la voz cuando intenta tonos y formas que no le pertenecen ni creo que le convengan: entre aquellas viejas cantaoras y ella median muchos años y un concepto del cante distinto y distante. El excesivo abuso de los babeos afea su cante y no añade nada nuevo: eso ya lo hacía Pastora Pavón, que disponía de aquella velocidad en la voz y aquella técnica única heredada de Chacón. Con todo, Carmen Grilo, resolvió dignamente su actuación por milonga, seguiriyas (hay que estudiar más a Sernita), cantiñas, soleares y bulerías, su mejor cante.
Pastora Galván (Sevilla, 1980), instalada definitivamente en la escuela de su hermano Israel, bailó por soleá emulando a su maestro, pero reivindicando un papel para sí que le pertenece justamente cuando baila en mujer: por más evolucionado que esté el baile flamenco, siempre existirá una indeleble diferencia entre el baile de hombre y el de mujer. Luego, tras una cartagenera a cargo de David Lagos -cantaor de atrás que merece otro sitio-, bailó alegrías, esplendente en su vestido de cola, graciosa. Sencilla y emocionante, personal y majestuosa en algunos momentos: mueve la bata de cola con desparpajo y elegancia, sin dejar de ser ella y aportando matices propios que la distinguen. Las tres mujeres se unieron al final para cantar y bailar por fandangos de Alosno y al estilo de Enrique El Almendro: Argentina y Carmen Grilo cantaban y Pastora les contestaba con sus pies como si fueran las cuerdas de una guitarra, algo que vimos hacer a Israel Galván en el último Festival Internacional del Cante de las Minas.
Texto: Paco Vargas / Fotos: Málaga en Flamenco