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Festivales: XII Fiesta de la Parpuja de Chiclana

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Festivales maratonianos. No es que acaben tarde, es que la atención del público se pierde. Los primeros hacen de teloneros y los últimos amenizan dulces sueños. Al Niño Medina le tocó probar sonido con la guitarra a trompicones de José Parra. Por su parte, El Pulga estuvo tan profesional como forzado en su propuesta de seguiriya, en la que abusó del lloro, aunque se mantuvo fiel a los estilos. La velocidad en la voz es otro de los defectos que acusa, lo que advertimos en los fandangos y en las bulerías de cierre.

Cuando el cambio a euros, hubo quien compró tres pisos, y quien le montó al niño una empresa de sonido. Aficionados a los botones, alquilan equipo baratito. A esto, hay que sumar que los artistas piensan que con sus propios micros van a solucionarlo todo. Pero no es así. Montar de imprevisto un micro de condensador -para directo mejor el dinámico- trae problemas en la ecualización. Ésta, hubo de ser cambiada en el tercero de nueve cantaores. Pitidos, acoples, cables mal soldados... Arcángel aguantó por tangos como pudo. Pero la malagueña de Chacón no pasó de segundo tercio, en la que Miguel Ángel Cortés se levantó para abroncar al técnico de monitores. Finalmente, Arcángel descargó su enojo por tonás, provocando la ovación del público y poniendo de manifiesto la triste realidad del flamenco.

Rancapino empezó por martinetes, y se acompañó del piano de Diego Gallego por malagueña del Mellizo y el Carcelero de Caracol. El "Robert Redford de África" -como le llama Chano Lobato- bordó las alegrías junto a Fernando Moreno, con quien puso la guinda por bulerías. Igual de bien lo pasamos con el cante de Juan Villar, que está recuperando el tono artístico a base de solidez. Sus cantes por soleá y seguiriya fueron lo mejor. Lástima que el toque pasado de guitarrazos de Niño Jero no estuviera a la altura habitual. En los fandangos abrió una nueva brecha y, sin perder el rumbo, aportó al cante por bulerías la sal de su Cádiz.

Antonio Reyes hizo soleá y, junto a Patricia Valdés, bulerías, fandangos y zambra. Entusiasmó al personal que, si bien comenzaba a estar cansado, no quería perderse el resto de la propuesta que iba anunciando Pepe Marín. Así, el Capullo de Jerez fue recibido como la estrella de la noche. Y demostró serlo en la soleá por bulerías, que fue a peor. En esa tónica continuaron fandangos, tangos, bulerías y tonás. Pero nos hizo reír mucho. Tampoco anduvo fino José Mercé. Evitó el desarrollo melódico que requiere la malagueña, hizo una rebujina de las alegrías y nos cantó por soleá y seguiriya como el que dice la tabla del cinco. El punto y final lo puso Remedios Amaya, que llegó -con la guitarra de Juan Diego- ronca y tarde. Fue el punto y final a una noche fresquita en la que, en ocasiones, nos llamó más la atención el pescadito y el vino de la tierra, que lo que aconteció en el escenario.