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La XIII edición de la Bienal de flamenco llegó a su fin, Sí, ese escaparate mundial, ese macroevento que congrega a miles de turistas y aficionados al flamenco durante cuarenta días se consumó para suerte de uno y para desgracia de otros. ¿Se celebraba su 25 aniversario?, más de uno y una se habrá preguntado. Pues parece que sí. Algunos la llaman la Bienal de los cambios. No cabe duda, la programación ha sido la más fluctuante que se conoce. Aunque sería mejor hablar de desconocimiento. Sus bodas de plata requieren motivo de reflexión. La verdad es que cuarenta días dan para mucho, o para poco. Lo que no cabe duda es que durante este período ha habido flamenco. ¿Pero qué flamenco?. De todos los gustos y colores, para todos los públicos. Del bueno, del menos bueno y del regular -no debemos hablar nunca del malo-. De lo clásico a lo moderno. De lo ortodoxo a lo heterodoxo. Vanguardismo. Atrevimiento. Osadía. Si es que tantos días dan para mucho. Estrenos, falsos estrenos y estrenos camuflados. También ha sido una Bienal de ausencias. De los que deberían haber estado y no estuvieron. De los que ya no podrán estar, por desgracia. Ya os echamos de menos.
Muchas propuestas, demasiadas. ¿Pero cuántas realmente interesantes?. El tiempo lo dirá. Algunas pueden que sigan volando, otras ya se estrellaron en el intento. El teatro copa cada vez más espacio en el flamenco. La línea divisoria entre el bailaor y el bailarín se difumina cada vez más y más. La guitarra camina sola. El toque ha triunfado. En lo que respecta al cante, unos cuantos lo pusieron en su sitio. Está claro, con tantos días algo bueno tendría que haber, ¿no?. La pena es que la organización de este evento mundial no nos acreditase para todos los espectáculos. Por lo que hablaremos de lo que vimos, no de lo que nos hubiera gustado ver. En fin, a falta de pan, buenas son tortas.
Comencemos este intenso viaje en el Teatro Maestranza. Allí aterrizó Tomatito con su ‘Sonanta Suite'. Primera experiencia con una sinfónica. Joan Albert Amargós dirigió la Orquesta Sinfónica de Cádiz. El guitarrista almeriense dedica la primera parte a su clásico repertorio. Su bienvenida por Levante sigue perenne. La novedad reside en la segunda parte. Había que tener cuidado. Ya pegó un resbalón en la Bienal anterior. De esta salió airoso. ‘A cuatro voces', uno de los estrenos más esperados, consolidó a Eva Yerbabuena como figura del baile flamenco. La bailaora granadina quiso rendir tributo a Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y Blas de Otero. Elegancia, fuerza, control, finura y trabajo, mucho trabajo. Resulta complicado hilvanar algo con sentido y precisión. Ella lo hizo. El cante estuvo a la altura. Pepe de Pura, Miguel Poveda, Segundo Falcón y Enrique Soto. Un pero, excesiva teatralidad en el inicio. Pero ella lo dice: "Este es mi sitio, caí y no me arrepiento". La bailaora propone, el público dispone. La Compañía Andaluza de Danza trajo otra versión de Lorca. Un collage musical incompleto con una excelente puesta en escena. Retazos que confluyen en el propio Lorca. Contado a través de esos personajes volátiles, frágiles,... el mosquito. Humor de Curro Albaicín. En la frondosidad del bosque y la negritud de la noche el vanguardismo inicia se camino. Es la última noche de Federico García Lorca. Los aviones presagian el fatal destino. Rafaela Carrasco expone sus argumentos por malagueña. Liñán enseña el prototipo del bailarín-bailaor de hoy. Exquisita guitarra de Juan Carlos Rodríguez. Un sueño de una noche de verano. Dorantes y su ‘piano' impregnaron el Maestranza de una ambiente intimista. Armonía, ritmo, sensibilidad. Melodías envolventes que te sumergen en una travesía plagada de sensaciones. Novedad y flamenco. Lole Montoya da su pinceladita. El clasicismo emerge del Cuarteto de violonchelos ‘Selliberia'. Seis coreografías de Israel Galván para el mundo de los toros, ‘Arena'. Propuesta innovadora, vanguardista. Como su baile. Artista inefable, creador cubista, genio incontestable. Galván muestra las diferentes perspectivas de la fiesta. Del toro al torero. Del matador al lidiado. Busca el significado, el sentido de lo que hace. Formas geométricas elementales. Su arte no causa indiferencia. Lo tomas o lo dejas. Él sabe donde está. Grandes colaboradores para la ocasión. Enrique Morente, Miguel Poveda, Diego Carrasco, Diego Amador,... ahí queda eso.
Paco Cepero en concierto. Triunfo del toque clásico, con sabor y personalidad de un guitarrista que tuvo la maravillosa escuela de acompañar a los grandes de Jerez como Terremoto, Sordera o El Borrico. Su etapa de madurez artística y el reencuentro con las seis cuerdas está siendo muy fructífero. Sorprendió la conjugación de la música mediterránea de María del Mar Bonet con el sonido jerezano de su guitarra. Carmen Linares se hinchó a cantar. La jienense quiso dejar claro por qué es una de las voces femeninas más importantes del flamenco. Propuso un largo recorrido desde lo popular a lo jondo, desde ‘Los Pelegrinitos' a las tonás y seguiriyas, desde ‘Anda Jaleo' a las soleares; sin más voces que la suya propia. Gran capacidad interpretativa. Acento personal. Para qué más. Uno de los nombres propios de la Bienal.
José Luis Ortiz Nuevo, que presentó varios espectáculos en la Bienal, quiso rendir tributo a la ciudad de Sevilla con un ‘concierto flamenco a su memoria'. Un espectáculo donde no faltaron las referencias a la Semana Santa, la Feria y aquellos aspectos que conforman la personalidad tan particular de esta ciudad. Lo curioso fue la presencia del bailaor Israel Galván, un artista que está al margen de los convencionalismos de la ciudad que lo vio nacer, Sevilla. Pastora Galván hizo las veces de la genuina Carmen con una ‘Habanera' versionada por el piano de Pedro Ricardo Miño. El grupo Sal Marina despertó la expectación con sus tan sentidas sevillanas. El público disfrutó. El teatro Maestranza cerró el telón con dos galas más. Manuela Carrasco presentó su último espectáculo, ‘Tronío', con el que demostró la jondura, la fuerza, la garra y el temperamento de su baile. Arcángel reivindicó su sitio por fandangos. La voz negra y quebrantada de Juana la del Pipa mostró el camino de la gloria de la bailaora sevillana. Simplemente con ver el empaque de esta figura del baile es suficiente. Tronío. Otro espectáculo de Ortiz Nuevo sería el encargado de poner fin al ciclo de conciertos programados para el Teatro Maestranza, y al fin de la Bienal.
El Teatro Lope de Vega acogió cerca de una veintena de espectáculos. Por allí pasó Juana Amaya evocando la figura de la irrepetible Carmen Amaya. Para la ocasión contó con la colaboración de Rafael Amargo. Pero la propuesta de Pilar Távora no terminó de cuajar. Superficialidad. Aunque también hubo cosas interesantes y emotivas como el baile de la joven Nazaret Reyes. Juana Amaya estuvo a la altura. Bajo la rúbrica de ‘Festival' se programaron dos conciertos por los que desfilaron Sevilla, Jerez, Utrera, Lebrija... La bailaora Milagros Menjíbar mostró la elegancia de la escuela sevillana con la caña y por alegrías. El cante de Jerez llegó con las voces de Tomasa Guerrero ‘La Macanita' y Fernando Terremoto. La santiaguera convenció con un repertorio más que explotado. Terremoto estuvo francamente bien, al igual que Calixto
Sánchez. Su voz, podrá gustar o no, lo que no es discutible es su capacidad ejecutora del cante. Mairenista. Joaquín Grilo presentó ‘Formas y movimiento', un espectáculo que ha ido hilvanando desde el pasado Concurso de Córdoba. La conexión Rosario Toledo y Grilo funciona. Excesiva fueron las alegrías que interpretó la bailaora gaditana. Grilo se soltó por soleá. Por bulerías se explayó en busca de esas ‘formas' y ‘movimientos' con las que teje su baile. Pepe Quero trajo una versión de ‘Alicia en el país de las maravillas' de la mano de la Compañía Los Ulen, Rosario Toledo y Kiko Veneno. Un espectáculo entretenido, divertido y ensoñador. Un viaje por la infancia de cada uno de nosotros. Javier Latorre ofreció un sentido homenaje a ese grupo de rock andaluz que eclosionó a mediados de los setenta, ‘Triana'. Un espectáculo vertebrado en torno a los temas del grupo y estructurado alrededor de sus diferentes épocas. Coreografías latorrianas. Entradas y salidas. Búsqueda de diagonales. Transición entre los diferentes temas. Imágenes psicodélicas del grupo. Excelente trabajo de Ricardo Rivera que ha tomado las letras del grupo y las ha llenado de flamenco. El Lope de Vega cedió su espacio a Eduardo Serrano ‘El Güito' para que presentara su último espectáculo creado en exclusiva mundial para el 25 aniversario de la Bienal de Flamenco de Sevilla. La verdad es que resulta irrisorio. No sé a quién pretende engañar este galán del baile. Si a un estreno se le llama el repetir cosas de hace dos bienales, entonces, estaremos ante un estreno. En fin, cosas que pasan. El flamenco hecho denuncia se perpetró en ‘Inmigración', espectáculo de la Compañía de Ángeles Gabaldón. Montaje audiovisual con un fuerte mensaje a la sociedad. De especial relevancia la seguiriya de Ángeles Gabaldón con los ojos vendados. Diferentes nacionalidades, culturas, formas de pensar, confluyen bajo un denominador común. La figura de Federico García Lorca brota del ‘Romancero Gitano'. El espectáculo dirigido por Francisco Suárez no estuvo a la altura. Si Lorca levantara la cabeza. Esperanza Fernández fue la encargada de cerrar las puertas de este coqueto teatro. La sevillana dejó claro el porqué es una de las principales voces del momento con un repertorio bastante completo. Repaso por los principales palos del flamenco con soltura y desenvolvimiento. Con respeto, enjundia y serenidad. En definitiva, con mucho arte.
El Auditorio abrió sus puertas a la guitarra más universal. Paco de Lucía aterrizó en Sevilla tras un largo paréntesis. No estuvo tan fino como en otras ocasiones. Pero más quisiera más de uno ser un atisbo de lo que Paco de Lucía es: un monstruo del flamenco. Verlo en directo es un deleite para los grandes aficionados. Este mejor o peor, me rindo a su arte.
El Teatro Central, otro de los clásicos espacios de la Bienal, fue testigo de uno de los mejores conciertos de la presente edición. La guitarra de Gerardo Núñez encandiló a todos los que se dieron cita el pasado diecisiete de septiembre. Guitarra y más guitarra. Toque y más toque. Nada más. Una hora y media de gran calidad artística. Para paladares exigentes. Su propuesta convenció. No fue el caso de la Compañía de Rafael Campallo. El bailaor sevillano interpretó a un ‘Don Juan Flamenco' que no pasará a la historia. No es sólo el baile. Es más, su baile gusta. El problema reside en haberse metido en camisa de once varas. Nos quedamos con la soleá y la seguiriya. No hace falta tanta parafernalia. Las grandes ilusiones flamencas las puso el mago, el gurú del compás Diego Carrasco. ‘El Tate' hizo vibrar al respetable desde su espectacular aparición tras una funda de guitarra colocada en el suelo. ¿De dónde eres
Diego, de dónde sales?. El genio de la química interpretó varios temas de su último trabajo, ‘Mi ADN flamenco'. También hubo tiempo para los trucos de magia. Pero la suya reside en su propia persona, en su biorritmo. Innovadora, como su baile, fue la propuesta de Andrés Marín. ‘Asimetrías' es un maridaje de personalidades diferentes. Cada una de ellas confluye en la música, en el flamenco. Marín, bailaor de impronta particular, dominador del tiempo, se ensalza en una búsqueda de pose egiptóloga. De las placas de bronce subyace la melodía de los pies del bailaor. Técnica y compás. Bello vestuario de las bailaoras en unos tanguillos que sobrevuelan los doce tiempos. Triángulos. Vértices. Asimetrías.
Triana no podía faltar a una cita tan importante con el flamenco. Como viene siendo habitual, el antiguo hotel Triana fue testigo de momentos inolvidables. Segundo Falcón ofreció un diálogo cultural basado en los parentescos de la música árabe-india-flamenca. Cantes del mundo. Orquesta Maharahá del Rajastán, Orquesta Chekkara y el propio Segundo Falcón propusieron un viaje por diferentes culturas. Génesis geomusical. Hacia la tierra de nadie. Canta y baila Jerez. El título frena. Capullo de Jerez y ‘El Torta' salieron por la puerta grande. Mercedes Ruiz bailó un romance de su nuevo espectáculo ‘Gestos de mujer'. El duende se apoderó de la garganta de Juan Moneo ‘El Torta'. Bulería de torero. "De blancos pañuelos la plaza reluce". Capullo fue el otro gran triunfador certificando el gran momento en el que se encuentra. Así canta Jerez. De Jerez también llegó la familia de los Moneo para ofrecer un espectáculo junto con la familia de los Fernández en una apuesta por el flamenco más puro y ortodoxo. Defensa de sus ancestros. Otra noche enduendada que puso fin al ciclo de recitales programados para este particular lugar.
Esto fue lo que dio de sí la presente edición de la Bienal. Hubo muchos más espectáculos, pero por causas ajenas a nuestra voluntad no hemos podido contarlo. Hasta otra, Bienal.
Fotos: Antonio Cid