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Puntualidad, buen programa, categoría. Y belleza... Porque si no hay hermosura estamos hablando de estética sobre pompas de jabón. Y no de flamenco. El patio de La Fuenlonguilla reunió a cabales errantes en busca de arte. Porque lejos del flamenquito de mal gusto, en La Puebla degustamos ricos sonidos a esportones. La diferencia está en la organización, de mente lúcida e ideas claras. Y en el público: un consejo de sabios y sabias de esto.
Para abrir la ceremonia se invocó a los dioses a través del toque, que cedió el báculo al cante colorao de Joaquín "El Salmonete". Si dijésemos que el de Jerez está al cien por cien, faltaríamos a la verdad. De lo que no cabe duda es de sus ganas y de la majestad que fue impregnando a sus cantes. Le siguió La Moneta, que tiene en su juventud la vara de mando del baile que ejerce, y en su pequeño cuerpo la racialidad y la expresividad de quien no sudó en academia alguna. La granadina gustó mucho a La Puebla.
Canela de San Roque, uno de esos cantaores injustamente ignorado por los mandones actuales, desgranó por soleá y seguiriya una amplia gama de estilos de diverso cuño e impronta mairenista. Si, mairenista ¿Qué pasa?. Lástima que no los hubiera ralentizado un pelín, pues se hubiera hecho el amo. Un espontáneo le reprochó el anuncio de sus fandangos... "¡¡¡Eso pa Juan Imedio...!!!". Y el del Campo de Gibraltar le devolvió tres joyitas de las que nunca se oirán en el siniestro magazin de la pública. Cerró su intervención con un romance por bulerías que fue de lo mejor de la noche.
Diego Clavel se entregó a su tierra. Nos mostró la granaina en toda su microtonalidad, lejos de la linealidad actual. No se trataba del virtuosismo al uso: había verdad. De ésta, guardó grandes dosis para la serrana, imaginándonos que descansaría en la malagueña. Todo lo contrario. Volvió a dejarnos fríos con cantes de Ojana y Chacón, que remató con la zarabanda de la Rubia de las Perlas y un abandolao de Juan Breva. Puso la guinda por seguiriyas.
La segunda parte la abrió de nuevo el toque, que dio paso a Encarnita Anillo. La gaditana consiguió calentar motores para dar paso a Menese, a quien Juan Ortiz Ordóñez -presentador- comprometió pidiendo para él la Llave de Oro. Pero José se crece ante estos envites. Comenzó su afrenta por marianas y siguió por peteneras, llegándose al delirio por soleá y seguiriyas. Pisó terrenos difíciles, citó de frente a los duendes, y templó y mandó en los cantes.
La Macanita estuvo discreta. Mejor que en Utrera, aunque sin salirse de lo estrecho de su repertorio. ¿Por qué no intenta otros palos?. El Pipa continuó esa estela en el baile. Hizo, junto a Maria José Franco, el paso a dos de "De Tablao", del que tomó también la soleá. Y tras el baile por bulerías de la Franco, una ronda de tonás más bien cortita, con la que se cerró esta interesantísima noche.