Revista La Flamenca

Flamenco viene del sur 2011

Revista La Flamenca

Fin del ciclo Flamenco Viene del Sur 2011

El ciclo 'Flamenco viene del Sur', que organiza la Consejería de Cultura a través de la Agencia Andaluza del Flamenco, se cerró ayer 2 de junio en su edición del 2011, tras más de tres meses de programación. Como en ediciones anteriores, el ciclo ha sido muestra del grado de profesionalidad y buen hacer de los artistas, siendo referente en la programación del flamenco.
 
El cartel de la programación ha dado lugar a espectáculos que se han podido presenciar en las ocho las provincias andaluzas y ha sido muestra de la diversidad creativa e interpretativa en las distintas modalidades del flamenco. La calidad artística de los espectáculos presentados ha sido la nota dominante, combinándose propuestas tradicionales con otras más arriesgadas, conviviendo con otras culturas y estéticas musicales, así como concurriendo tanto artistas consagrados como emergentes. Asimismo, algunos de sus espectáculos se han retransmitido a través de Flamenco en Red, una plataforma web para iniciación al flamenco destinada a la comunidad universitaria.


Miguel Ángel Barea

RESEÑAS


ESENCIA GITANA-FLAMENCA EN

`PANSEQUITO DEL PUERTO´

Jaén. Teatro Infanta Leonor 27/5/2011
Rafael Valera Espinosa

A veces tenemos la tendencia de calificar al artista flamenco con la buena intención de resaltar sus cualidades y trayectoria profesional para diferenciarlo de no se qué. ¡Que si es innovador! ¡Le falta evolucionar! ¡Es único!... Cada intérprete es como es y en su arte están incluidas todas sus virtudes. Puede gustar más o no estar en consonancia con nuestras iniciales propuestas o gustos, pero todo ello es arte, y en esta ocasión arte flamenco. Lo último es lo que patentizó José Cortés Jiménez “Pansequito del Puerto” el viernes, 27 de mayo, en el Teatro Infanta Leonor de Jaén con su recital encuadrado en el circuito “Flamenco viene del Sur
 
No tenía (y por tanto no lo hizo) que modificar su personalidad flamenca, la que lo distingue desde hace 40 años como un cantaor de rajo y enjundia gitana, todo lo cual suele establecerlo con el conocimiento de los estilos, el dominio del repertorio, la impronta personal, su dosificada nasalización singular, su poderío tonal y la entrega en el escenario. ¿Se puede pedir más? En las tesituras referidas y conociendo como preparar la adecuación y prestancia de su órgano cantaor, el algecireño comenzó con cantiñas-alegrías estructuradas con acusado reposamiento buscando su estabilidad emocional y profesional, para seguidamente alcanzar los bellos momentos cantaores que propiciaron pellizco y esencia gitana-flamenca por los clarificados estilos soleareros y siguiriyeros, evidenciando así su maestría.
 
Como buen conocedor de las preferencias del aficionado jiennense, en sus soleares revindicó la escuela alcalaína de Joaquín el de la Paula por las resonancias de su sobrino Juan Talega, armonizando en la de remate alcalaeña la prestancia de Antonio Mairena; adecuado así su poderío tonal, abordó el estilo por La Andonda y su singularidad por Paquirri, para finalizar por Juaniquín de Lebrija. Similar tratamiento (de hondura y quejío flamenco) efectuó por siguiriyas del porteño Tomás el Nitri, del jerezano Juan Junquera con adaptación personal de los ecos de Manuel Torre, nuevamente por El Nitri y una cabal de remate en la que constató la creatividad del sanluqueño Diego el Lebrijano.
 
Satisfecho de su demostrado arte, José Cortés homenajeo a la tierra linarense con una serie de tarantas-tarantos en las que desgranó las enseñanzas que Basilio Salazar estableciera sobre El Cojo de Málaga, Manuel Escacena o el propio Manuel Torre, artífice este último del estilo en cuestión, y que Pansequito plasmó con prestancia flamenca en las dos primeras, y ciertos tratamientos personales en la tercera. A las bulerías le imprimió su sello característico con marcado compás y alargamientos melismáticos, adornándose posteriormente con su dominio del cuplé flamenco que tan singularmente desarrolla. Finalizó con una serie de fandangos (sin micrófono), en los realzó la creatividad de Antonio el de la Calzá entre otros.
 
Conjunción inigualable con José fue la que estableció el guitarrista Manuel Parrilla, ofertando un toque sobrio y pleno de acusados tonos, tratamiento este que favorecía la sosegada impronta cantaora de Pansequito, adornándole las subidas tonales, ocupando con versatilidad los silencios cantaores, y marcando el compás y el ritmo que el del Puerto demandaba.


PERSEVERA LA SAGA DE LOS FARRUCO 

Sevilla. 17/5/2011
Texto. Manuel Sualis
Fotografías: Adam Newby

Lleno total en el Teatro Central de Sevilla para ver el último espectáculo del ciclo Flamenco Viene del Sur. Despedida por partida doble, la bailaora sevillana Rosario Montoya Manzano, "La Farruca", se despidió de las tablas con este, su ultimo espectáculo.

Entró Farruca con Cantes de Levante, enguatada y con crotalos, arropada por el cante de Pedro "El granaino", Jose Valencia y Mara Rey, en la sonanta un solitario Juan Requena se bastaba para apuntillar los bailes de la anfitriona y "El Carpeta", el pequeño de la saga.

Cerró el primer número con la tenue luz de un Candil, en un recordatorio a los hombres de la mina.

Las Alegrias abrieron el segundo baile y en esta ocasión fue "El Carpeta" el que entró como un volcán en erupción en el escenario. Su color preferido es el rojo, por eso viste pantalón, blusa, chaqueta y zapatos rojos como la escarlata. Tiene solo 13 años y manda en el escenario como un viejo, da media vuelta, con un solo gesto le sirve para coordinar a los de atrás, ahora me ralentizas el compás y ahora me lo endiablas, ahora me cantas y luego callas. Se recoje la coleta en una trenza que acaba en lazo rojo, despierta pasiones con sus saltos, como corceles encabritados, se quita la chaqueta como solo los Farrucos saben hacerlo, desbotona la blusa y se la saca fuera del pantalón, ahora está realmente comodo, recorre el escenario, sonríe al respetable, sus manos son las del abuelo en hombre, sin giros afeminados de muñecas, sus piernas menudas nunca paran quietas y cuando lo hace, para el tiempo a su antojo. Entra mamá Farruca con mantón, juguetea y se contonea y cual caballero de echuras varoniles, le quita con enorme delicadeza y sin titubeos el mantón usándolo de capote improvisado, con oreja y rabo se marcha triunfante por donde entró, por la puerta grande.

Momento de recogimiento y temple con los cantes de Fragua. Dos mesas, una a cada lado del escenario y en un mano a mano de alto voltaje, "El Granaino" y Jose Valencia se cruzan martinetes y Tonás valientes, Debla y finalmente Seguidilla. El cante arrugado y ronco de El granaíno y su arrojo contrasta con los jueguecillos y el temple calmo de José Valencia, el turno de Mara Rey es el que da la señal a Farruca para que entre, con traje Blanco de nieve, pelo "renegrio" con recogido años 40, y el baile característico de una de las grandes del baile Flamenco, Carmen Amaya.

Farruca homenajea en este espectáculo a los grandes del Flamenco y siendo bailaora y gitana, no podía escapar al embrujo de la de Barcelona. Dedos y brazos estilizados que envuelven el rostro, recorriendo de arriba a abajo con la pasión de Farruca, que es la mejor manera de homenajear a la diva del baile gitano y español, la gradisima Carmen Amaya.

Tampoco quiso Farruca olvidarse de otra grande como fue la siempre controvertida Lola Flores y es que no hacia falta ser un entendido para ver en el vestido rojo con bata de cola y el pelo suelto a la viva estampa de la de Jerez. Su replique de palillos, su andares por el escenario, su fuerza arrolladora, el descaro y la manera de acercarse a su partener, le hacían inconfundible. fue momento de fandangos de Caracol y de Copla en la voz de "El Granaino" que bordó una noche muy difícil para él. Acompañados ambos, por las blancas y negras del de Almanjayar, Pablo Rubén Maldonado, confiriendole entre los tres, el aire de los tiempos de "la Salvaora" , "Niña de Fuego" o "Carcelero , carcelero". Que manera de rebuscar en los gestos de la Faraona para recrear un tiempo innolvidable y de gran valor del Flamenco cañí.

Cumplió la Farruca con el objetivo de rememorar a los grandes, Carmen Amaya, Arturo Pavón, Caracol, Lola Flores, Camarón, y no podía faltar el más grande bailaor que ha dado Sevilla, el más varonil, el hombre con el porte más elegante de todos los calós, a todas horas del día, el hombre que con su temple, mirada y arte ancestral ha sido capaz, casi sin quererlo ,de crear una autentica escuela de baile con infinidad de seguidores en diferentes partes del mundo, un aristócrata del flamenco, todo un señor, un patriarca llamado, FARRUCO, con mayúsculas.

Eligieron la Soleá para rendirle un emotivo homenaje, lleno de guiños y simbologías, el sombrero cordobés, el pañuelo de lunares al cuello, el color negro, el mechero haciendo compás con la madera, y la manera de irse del escenario más Farruca posible, con la chaqueta sujeta por un dedo y apoyada en el hombro, despacio, con parsimonia y sin altanería, con rigor y majestuosidad, Farruco lloraba desde el cielo.

No hubo fin de fiesta, probablemente en señal de respeto por la muerte hace tan solo dos días de la abuela del cantaor Pedro "El Granaino". No solo tuvo una difícil noche por esto, quiso el destino que el malísimo sonido incomprensible en un gran teatro como el Central, se cebara con el inalámbrico de Pedro, que aguantó estoico como pudo los envites del destino, La Farruca tuvo unas palabras finales de consuelo para la abuela de Pedro y pidió un emotivo minuto de silencio al publico, que cumplimos rigurosamente.

Tantas despedidas acaban emocionando a más de uno. Farruca seguirá con sus clases, por que es deber no escrito, postergar el legado que su grandioso padre puso en ella y sus nietos. Anoche la chaquetilla corta de rayas grises y negras, las patillas bien cuidadas y la tez chocolate de un buen hombre, sobrevolaron la Cartuja de Sevilla, venia desde el Poligono San Pablo, mi barrio, el de los Farrucos, nunca podré olvidar a mi vecino, ese gitano elegante y que imponía sin abrir la boca, que jugaba al dominó con mi padre y siempre que me acercaba a ver la partida, sonreía tiernamente y me acariciaba el pelo con sus manos gruesas de sabio maestro. Descansa en paz!!


COMPAÑÍA ANDRÉS MARÍN `DE LA DANZA GEOMÉTRICA´

Granada. Teatro Alhambra. 16/5/2011
Antonio Conde

Hace unos años se tildaría de arriesgado más que de innovador lo que hace Andrés Marín. Pasa el tiempo y nos ha convencido de que el flamenco avanza y que el clasicismo bien entendido y desarrollado deriva en la danza que exporta el sevillano a través de su cuerpo. Su baile hay que definirlo con una palabra: conceptual. Líneas simétricas se tornan asimétricas a merced del bailaor, en tanto que con absoluto dominio del espacio inunda la caja escénica. En Granada y en el teatro Alhambra, como cierre del ciclo “Flamenco viene del Sur” estrenó su última creación “Ay, Alameda”.

Un guitarrista (Salvador Gutiérrez) que implementó el baile magistralmente, un cantaor (José de la Tomasa) que se buscó y se encontró en los caminos del cante, y un “Bobote”, palmero imprescindible y dueño del compás. Nada más. (y nada menos). El espectáculo recogió la esencia de que lo complejo se puede hacer fácil si se tienen los elementos necesarios para llevarlo a cabo. Un tira y afloja en la investigación corporal, adentrarse en la figura por la figura, en la composición física comprendiéndose a si mismo, en la estética por la estética. Con poco más que su cuerpo y sus brazos, Marín alardeó de conocimiento, de la sencillez del baile hecha mudanza, cargada de emoción y dificultad. Un juego de figuras geométricas iluminadas a fuego, en tanto que aparecía el cante desaparecía la danza.

Trilla del de la Tomasa, que esconde a Marín, para vertebrar la soleá, dilucidar de nuevo por el cante, un fogonazo de danza que reaparece con la caña, para experimentar de nuevo con el baile y esconderse entre las notas de los abandolaos, sin dejar de caer la música. El abanico musical y dancístico del sevillano fue extenso; desde la farruca, que fue uno de los momentos inolvidables de la noche, pasando por las alegrías (una pincelada de arte efímera en el tiempo) hasta las bulerías y de nuevo al cante por toná. El toque de Salvador Gutiérrez y sus composiciones musicales establecieron un nexo de unión por levante, dando paso al cante de José de la Tomasa por murcianas y levanticas. Un final de infarto por seguiriyas, eclécticas, con un bailaor más que entregado, todavía con fuerza para sorprender, cerró las cortinas del teatro con una de las mejores ovaciones que se han escuchado en este ciclo a lo largo de la temporada.


LOMBO HECHIZÓ AL PÚBLICO CON SU CANTE

Córdoba. Gran Teatro 13/05/2001
Francisco Martínez Sánchez


Lombo Flamenco ha sido el último de los tres espectáculos que con motivo del ciclo Flamenco viene del Sur se ha presentado en Córdoba. Lleno absoluto en el Gran Teatro para escuchar a Manuel Lombo. El artista de Dos Hermanas no defraudó a un público que le jaleó durante toda su actuación, recibiendo constantemente muestras de admiración. Curioso señalar que no es el habitual público que suele asistir a otras citas flamencas que se ven desasistidas de asistencia; en este caso iban a escuchar y ver a Manuel Lombo, hubiese cantado o no flamenco. El cantante quizo mostrar su perfil y sentir flamenco con un cuidado repertorio, cómodo y seguro en la dicción. La expresión dúctil de Lombo, como el conocimiento estilístico de los diversos cantes interpretados, también permitieron garantizar el éxito de su espectáculo en el que Ricardo Rivera como guitarrista dotó de riqueza armónica numerosos pasajes de cantes. En la zambra el pianista Fernando Romero ayudó a que la atmósfera musical de esta pieza quedase bien enmarcada.

El baile por alegrías de La Choni sirvió para escuchar a Lombo en su faceta de cantaor atrás y contemplar a una joven bailaora en estado de gracia.

El no va más llegó en el tramo final del espectáculo y con las bulerías; un Manuel Lombo sintiéndose artista, bailando y disfruntando del momento con la misma intensidad que el público que estuvo rendido a él.


MARIANA CORNEJO y CHURUMBAQUE HIJO

Málaga. Teatro Cánovas 11/5/2011
Francisco Reina

De Córdoba a Cádiz, arte y salero

Abrió el recital Churumbaque Hijo por soleá, doliente, con la magistral guitarra de Niño de Pura. Prosiguió con solvencia por malagueñas de la Trini, variando así el programa previsto, en un claro guiño a la tierra que pisaba y que el público le agradeció. Le precedió una brillante introducción de Niño de Pura. Remató las malagueñas con los clásicos abandolaos (entre ellos, fandangos de Pérez Guzmán y jabegote), en los que se le unieron los palmeros José Prieto y Pedro ‘El Majabaca’. Recuerda este cantaor, en algunos requiebros, a otro cordobés (de Puente Genil) ilustre, Fosforito.

Habiendo obtenido la lámpara minera en 2009, en el Festival de Cante de Las Minas de La Unión, no es extraño que conceda un lugar relevante a los cantes de Levante (minera, cartagenera y levantica) en su repertorio, en otro momento para el lucimiento del guitarrista, que ofreció una bella falseta. De este modo, Churumbaque demostró por qué obtuvo el citado galardón: grandes facultades sabiamente matizadas. Sorprendió gratamente por cantiñas (entre ellas, de las Mirri y de Córdoba). En las de su tierra, casi en un susurro, al estilo de Arcángel y con ecos de Morente, para subir luego, en un momento álgido de su actuación. De Pura, impetuoso, transmitía apasionamiento por la sonanta. Cerró brillantemente su actuación por fandangos naturales (de Chocolate y de la Calzá, entre otros), emocionados y emocionantes.

Mariana Cornejo principió por garrotín, tangos y farruca, que encadenó y de los que ofreció una pincelada de cada uno, dedicados a su prima, allí presente, también sobrina, como ella, de Canalejas de Puerto Real. La gaditana tampoco se atuvo al programa previsto, pero eso es secundario cuando se destila dulzura y salero a raudales, como se pudo comprobar al cantar por alegrías, el palo por antonomasia de su tierra. Muy bien acompañada por la guitarra salinera (de muchos quilates, con precisión y compás) de otro maestro de la sonanta, Antonio Carrión, Cornejo, a sus 64 años, y pese a la mengua natural de facultades (quien tuvo, retuvo) propia de la edad, salió airosa del trance por su profundo conocimiento de los cantes y un derroche de arte, salero y compás (¡qué compás!). Fue un momento culmen, por alegrías, con homenaje final a los cantaores de su tierra.

Continuó con chuflillas de Cádiz, con remate por jotas, no en vano, según algunos teóricos, se encuentran en el origen de las alegrías. “Entra to’ por compás”, apuntó con esa gracia que le caracteriza. “Parece que he corrido veinte kilómetros”, bromeó. Por soleá (de Triana, La Andonda y Paquirri El Guanté), con una gran introducción de guitarra, se mostró profunda y con pellizco. Colosal sin necesidad de grandes alardes. Por bulerías, de pie, y con La Perla de Cádiz como referente, se volcó, pataíta incluida. Derroche de arte. Uno podría estar dos días escuchándola y no se cansaría. En medio del ritmo vertiginoso de las bulerías, la calma del bolero Si tú medices ven y la copla Ojos verdes.


ROSARIO TOLEDO, DE BAILARINA A PUNTA TACÓN

Sevilla. 10/5/2011
Texto. Manuel Sualis
Fotografías: Adam Newby

Desconozco si la intención de Rosario Toledo era dividir el espectáculo en dos partes, pero así lo percibí yo. "Del primer paso" es el nombre de un montaje que quiere reflejar la evolución de Rosario desde sus comienzos en el Conservatorio de Danza de Sevilla, donde se licenciara en Danza española, hasta el presente, y así lo corroboró cuando apareció después de levantarse el telón con una preciosa y apremiada iluminación que centraba rabiosamente la atención en los gestos faciales de Rosario.

Fue en esta primera parte donde más resaltó la bailarina que llevaba dentro, con sus zapatillas de punta y alegres movimientos, sacó una encajosa y negra falda tutú que unió para completar el cuadro a unas castañuelas con lazo verde botella. Apareció David Palomar y empezó el mezclúm de letras y estilos, entre el la s el "Corre que te pillo, corre que te cojo" en Bulerías, que puso la nota humorística y juguetona a la que nos tiene acostumbrados el paisano de Rosario, mientras correteaban uno detrás del otro entre tablas.

Daniel Méndez entró con una Granaína endiablada y la vez dulce, aún no era el momento de sentarse y se apoyó en una banqueta negra que posteriormente sirviera de mini plataforma de baile a Rosario, que una vez terminada la Granaina se adentró en el escenario , ahora sí con clara intención de empezar a torear con el flamenco, dejando atrás los movimientos de bailarina para descalzarse la s zapatilla s y enfranscarse los zapatos de punta tacón que desde el cielo le ofrecieron, así se convirtió en bailaora.

Con los tres en pleno subidon deseosos de cenar flamenco, de devorar cabales, se dieron un paseo con pinceladas de Fandangos, Zorongo de Lorca y Tangos de segadores, para empalmar las con una Trilla preciosa de David con la se despidieron de este primer acto. Este momento final en el que recogieron varios cantes y estilos me recordó a los principios, cuando uno empieza a descubrir la grandeza del flamenco y quiere probarlo todo, en amalgama juvenil de caballos que relinchan y trotan en pradera desconocida, por que se intuye que después viene lo grande, lo jondo, el bosque flamenco de verdad.

Y así fue, David Palomar se marcó una Seguirilla recia y con sabor añejo, engrandecida con la presencia de Rosario Toledo, ahora sí, flamenca por los cuatro costados, se enfundó un pantalón negro con chaquetilla del mismo color, corta y con borlones, debajo blusa blanca y pañuelo negro con lunares marfil al cuello. Aquí fue donde empezó el espectáculo flamenco, Rosario tiró de ingenio y pulcritud, de seguridad, seriedad y maestría. Fue lo mejor de la noche, la cantidad de recursos que tiene la gaditana en pies, brazos, hombros, giros, desplantes y esa capacidad de escorzar hacia atrás que parece se fuera a quebrar, casi hasta el infinito, le confieren una grandeza en el baile a Rosario que pocos pueden cotejar en si mismos. Rosario, repito, tiene una variedad de recursos que otros grandes quisieran para ellos, pocas veces se le ve repetir movimientos, es como si nunca se hubiera querido apropiar de gestos identificables con su persona, por que hay tantos que quizás sea esa la característica más reseñable de Rosario.

Tal vez si Rosario se lanzara al mundo del asesoramiento en dirección artística, podría dar ese último paso que la hiciera estar en donde merece por méritos propios, que insisto, no le faltan, pero si que carece de una lectura mas artística y coreográfica que quizás alguien más docto en estos pudiera darle, para terminar de empujarla y dar ese salto, tal y como hiciera desde la banqueta negra, cuando pasó de bailarina a baila ora.

Después de la Seguirilla una Soleá muy acertada respecto a composición por parte de Daniel Méndez, con juegos de intenciones en cuanto a la interacción del compás, pasando de Soleares a Bulerías y de Solea por Bulerías a Bulerías y asi, hasta completar un numero muy redondo en cuanto al acompañamiento al cante, a los acordes y falsetas del siempre genial Daniel Méndez, acertado y seguro en si mismo, también hacedor de recursos, como demostró en la Malagueñas, sobrias y contundentes, donde David Palomar se acordó de Fosforito "el viejo" y cerró con "el Mellizo".

Para irnos con gracia en el cuerpo, cerraron como solo en Cádiz saben hacerlo, por Alegrías y con un precioso vestido Blanco impoluto de Rosario con bata de cola, de la que abusó poco, en un par de ocasiones mantuvo un dialogo de tu a tu, cara a cara con ella. No hace falta contar la entereza y soltura con que David Palomar encumbra este cante, con la línea de Aurelio Selles y Chano Lobato, con aire de cantón independiente hasta la medula y esa sonrisa que contagia a todos y sobre todo a quien tiene mas cerca, a Dani Méndez y a Rosario Toledo, felices, dichosos.


VERSATILIDAD Y ORIGINALIDAD EN “TRANQUILO ALBOROTO”

Córdoba. Gran Teatro 30/4/2011
Francisco Martínez Sánchez
Fotografía: Toni Blanco


Contenido variado y por momentos arriesgado el que se articula en el espectáculo Tranquilo alboroto que la Compañía Rubén Olmo presentó en el Gran Teatro de Córdoba, con motivo del ciclo Flamenco viene del Sur. A través de siete escenas se van perfilando distintos conceptos del baile flamenco, de la danza española y la danza clásica, una miscelánea de estéticas que pudo llegar a confundir a algunos, al no resultar un espectáculo homogéneo, sino sucesión de diferentes propuestas. Rubén Olmo junto a su compañía supieron exponer como distintas danzas pueden convivir en un mismo contexto, sin que por ello se pierda autenticidad, se refuerce identidad y halla espacio para la creatividad. El bailarín desarrolló de manera excelente cada una de las coreografías que asumió, proyectándolas con una cuidada y depurada técnica, emanando la sensibilidad suficiente para conectar con un público expectante. Tanto en El Hábito como en El vuelo Olmo sacó máximo partido a la plástica visual y corporea. También subrayar la coreografía de Israel Galván Falsa Farruca –con el gaitero Rubén Díez- en la que supo mantener la tensión, la sorpresa y el guiño transgresor con dosis de agudo humor propios de Galván.

El cuerpo de baile fue quien aportó consistencia estrictamente flamenca al espectáculo, teniendo cada componente su protagonismo en conjuntada armonía de movimientos. El homenaje a Manuela Vargas tuvo la chispa y el encanto de un flamenco añejo y la Suite Flamenca resultó un interesante compendio de cinco bailes para el lucimiento de la compañía: Ana Morales, Patricia Guerrero, Rosana Romero, Sara Vázquez, Alejandro Rodríguez, Ángel Sánchez Fariña y Eduardo Leal.

En el cante Inma la Carbonera y Rubito de Pruna mantuvieron el pulso de cada intervención con profesionalidad y detalles de flamenco para el disfrute del aficionado. Los guitarristas Oscar Lago y Andrés Martínez como el resto de acompañantes contribuyeron a reforzar de manera sonora el mensaje de los bailes presentados.

Con el público en pie para despedir con sus aplausos a la compañía el final no pudo se otro que un improvisado fin de fiesta con todo el mundo celebrando el éxito de Tranquilo alboroto.


DANI DE MORÓN - ALFREDO LAGOS...SALVAJISMO Y PULCRITUD

Sevilla. Teatro Central 28/4/2011
Manuel Sualis
Fotografías: Adam Newby


DANI DE MORÓN

Como un herrumbre de rejones autóctonos feroces y sin complejos, libres en manada del monte, así apareció Daniel López Vicente, Dani de Morón. Entró, saludó con un leve escorzo de cuello y se sentó, solo ante el peligro.

Dani se vuelca en la guitarra y se la come sin masticar, se asalvajó y nos dio una bofetada musical y sentimentalmente hablando. Interpretó un tema propio llamado "Inmigración" en concordancia con los tiempos que corren.

Dani es de esos tocaores que te llega bien dentro, y uno sin saber como, lo deja pasar, le invita a que entre y se quede, para no irse jamás.

La intensidad de su toque es quizás uno de sus mejores cartas de presentación, fragua los temas con colores, según su interpretación de los estilos, por ello en el tema "Cambio de sentido" predominó el amarillo, el naranja, colores tierra. En la Seguirilla, Dani encontró la oscuridad del fondo de los mares, de lo desconocido, fuerza el de Morón los pulgares y los tonos negros para crear un autentico homenaje a la Seguirilla de antaño, es entonces cuando aligera el compás y en paralelo comienza a subir del fondo a la superficie, pasando del negro mohino al verde oscuro y terminar en azul de mar cristalino.

Aquel que busque en el sevillano la escuela del Gastor, se encontrará con un guitarrista respetuoso con sus origenes y con una creencia sincera, segura y abierta de que su camino va por otros derroteros, su fuerza en el escenario, es la misma que cuando sale por la puerta trasera del Central, lo tiene claro. Dani se está haciendo un hueco importante y ojala los añejos de su pueblo se den cuenta de que en el planeta Morón hay otros guitaristas que no siguen la escuela de Diego, igual de validos, de echo deberían apoyarlo sin concesiones, por que deja el pabellón de Morón de la Frontera, bien alto, y abierto, muy abierto, sin frontera.

ALFREDO LAGOS

Al igual que Dani, Alfredo eligio enfrentarse al Central sin concesiones, sin palmeros, sin percusionistas, sin cante, nada de nada, Un foco amarillo sobre la cabeza y mucha valentía, fueron los dos unos osados y es de agradecer.

Alfredo afinó diferente la sonanta para empezar por Rondeña y Caña. Si Dani es fiero y salvaje, Alfredo es elegancia y pulcritud, se endereza en la silla para estar mas cerca del cielo, para hacer poesía con falsetas, para armonizar nubes. Con olor a hierro oxidado se adentró en "Riotinto", Soleá con sello propio y personalísimo, preparando los tercios con paciencia para enfrentarlos con falsetas en prosa. Sin olvidar la tierra de Onuba, el de Jerez se embarcó posteriormente en unos fandangos que bajo el titulo de "A mi mare", bordó de tonos alegres y enamoradizos, con la intención del que apuesta por la creatividad.

Lagos se fué con Bulerias y es ahí donde duele, es ahí donde uno se acueda de la familia Morente, ese toque inconfundible que despierta pasiones en sus compañeros de profesión, en los amantes de la guitarra, de la música bien echa, con sentimiento y cordura. Lo mejor es saber que a Alfredo le queda cuerda para rato, que aún guarda en los bolsillos buenas nuevas, que atesora atriles cargados de pentagramas nerviosos, deseosos de ser rellenados de tinta indeleble con tonos insospechados. Alfredo empieza a ser un referente de los que vienen detrás, un escalón más, otro peldaño.

Antes de que entrara Pastora Galván, Dani de Morón y Alfredo Lagos interpretaron una buleria en un mano a mano que compaginaron estupendamente don estilos tan diferentes entre si, pero con un denominador común, personalidad propia, afán de creación e inspiración. Se lo trabajaron y fué una preciosa despedida.

AHORA SI, PASTORA

Pastora Galván entro en el Central, para hacer sus últimos ocho minutos de baile en este año. Entraron Pastora y Pastora. Pastora madre y Pastora hija, por que así se llamará la criatura que lleva dentro de sus cinco meses de gestación. Sonriendo en buletangos para el público, la sevillana nos regaló sus mejores gestos, de cintura, de hombros, de ceja fruncida en falsetas de vértigo, por que detrás tenia a dos auténticos rascacielos del flamenco, de giros limpios , sin la pesadez de los kilitos que nos regala la naturaleza cuando las mujeres gestan vida, por que cada dia que pasa, su criatura crece, y se rodea de un ambiente de amor y ternura, como la que destila Pastora.

Y me decía antes de empezar: "Manuel, se notará que estoy preñá? a ver si se va a creer la gente que estoy gorda!" En septiembre la veremos paseando a su criatura en el Otoño de la Alameda de Hércules., Pastora y Pastora.


JÓVENES RECONOCIDOS PIDEN PASO COMO FIGURAS

Málaga. Teatro Cánovas 27/4/2011
Francisco Reina


ANTONIO REYES Y BONELA HIJO

El Madrid-Barça de la ida de las semifinales de la Liga de Campeones restó público, como era de prever, a la comparecencia de Antonio Reyes y Bonela Hijo en el teatro Cánovas de Málaga, el 27 de abril, dentro del ciclo ‘Flamenco viene del Sur’, que, empero, supuso la confirmación de que estos dos jóvenes cantaores, reconocidos con numerosos y destacados premios, piden paso como figuras de este difícil arte.

Abrió el recital Reyes por alegrías (cante bandera de su tierra), reposadas, sentidas y sobradas de compás. Prosiguió por soleá, con una profundidad y un poso propios de de un cantaor más veterano. Le acompañaba a la guitarra Diego Amaya. Guitarra gitana. Pureza, bendita pureza. Se ajusta al cantaor como un guante. No es un virtuoso, ni falta que le hace. Por tangos, homenajeó a Caracol, con una lentitud desusada y mucho gusto. Suena a clásico, pese a su corta edad. El único lunar de su actuación estuvo en las seguiriyas, no exentas de sentimiento, pero a las que les faltó empuje y jondura. Lo compensó con creces por bulerías, que interpretó con pellizco y con el eco de Camarón. Se despidió, de pie, por fandangos.

Bonela Hijo principió por malagueñas, cante que domina e interpreta con maestría, que remató con el clásico abandolao (en este caso, cantes de Juan Breva y jabegote). Hasta ahí llegaron los cantes autóctonos, ya que, acto seguido y sorpresivamente, optó por los cantes de compás. Primero, bulería por soleá, con la estimable guitarra de José Fernández y las palmas de El Yaya, y, después, cantiñas, en uno de los momentos álgidos de su actuación. Sorprende que un cantaor de sus características haga en directo una apuesta tan decidida por cantes que son tan ajenos a su ámbito geográfico. Pese a ello, salió airoso, aunque hubo algún aficionado que le reprochó que no interpretara algún otro cante de la tierra (amén de la malagueña y el abanadolao). Por tientos-tangos, volvió a brillar y cambió las guajiras, inicialmente previstas en el programa, por bulerías, con quiebros sentidos y emotivos. En la despedida, el guitarrista José Luis Lastre se incorporó para ofrecer una versión aflamencada de dos tangos del gran Carlos Gardel.


CHICUELO Y DUQUENDE, LA QUIMICA DE LOS BINOMIOS

Sevilla. Teatro Central 26/4/2011
Manuel Sualis
Fotografías: Adam Newby


Levantó expectación la visita de dos grandes del panorama flamenco al Central de Sevilla, de hecho abarrotaron un teatro ansioso por ver a Chicuelo sin Poveda y a Duquende con Chicuelo. Y no defraudaron.

Eligió Juan Gomes "Chicuelo" un elenco simple y efectivo, percusión y viola adornaron gran parte del recital. Cajón y Djembé a cargo de Isaac Vigueras que estuvo todo el recital atentísimo a las instrucciones de Chicuelo y resolvió bien un repertorio que bien pronto estuvo cargadito de palos acompasados. La viola fue ejecutada magistralmente por Elizabeth Gex que tiene un amplio historial como instrumentista de viola, habiendo trabajado con la Orquesta Sinfónica de Baviera o la Orquesta Sinfónica de RTVE por nombrar solo algunos. Estuvo realmente bien en los palos que eligió Chicuelo para que la neoyorkina le acompañara, marcando al principio del espectáculo un tema instrumental llamado "A tres" y en el que efectivamente el trío Chicuelo, Elizabeth e Isaac bordaron con precisión y elegancia. De hecho Elizabeth colabora en el último disco del catalán llamado, "Diapasón".

Chicuelo eligió una granaina para calentar el ambiente y fue prácticamente la única concesión que hizo a los palos libres en todo el repertorio, con un estilo personalísimo y anticipando las virtudes de las que disfrutaríamos más adelante, precisión, limpieza, arpegiao, rasgeao, arzapúas, repicaos y un recorrido por el mastil que parecía que se le quedaba pequeño. A continuación "A tres", una composición musical propia, como ya hemos adelantado antes y con compás amalgamao de bulerías. A partir de este momento se abrió la veda para los palos a compás y continuó con unas alegrías que animó al público expectante.

Para no decaer nos brindó unas buleria de su ultimo disco "Diapasón" llamadas "Somorrostro" nombre de un antiguo barrio barcelonés poblado por gitanos y pescadores en la España del Franquismo, lo que hoy dia es Poble Nou. Y cerró su repertorio como solista con unos tanguillos titulado "Contigo". Estamos tan pocos acostumbrados a escuchar tanguillos en los recitales que a más de uno le costó trabajo identificarlo, además no eran los típicos tanguillos de Cai, que alguna que otra vez se dejan caer por Sevilla, eran tanguillos flamencos de los de siempre, es de agradecer ese detalle del catalán.

Y si dejó buen sabor de boca Chicuelo con su repertorio solista, no iba ser menos acompañando al esperado Juan Cortés "Duquende". Chicuelo se transformó y dio paso como no podía ser de otra forma a su faceta de acompañante, un acompañante de lujo, que agusto se tiene que sentir cualquier cantaor teniendo a Chicuelo a su izquierda.

Y apreció Duquende....

El Duque manda, por que son ya muchisimos años de experiencia, de sabiduría, de compartir escenarios con todo tipo de músicos y de disciplinas varias. Entró con soleá y rescató letras de su disco "Samaruco", siguió con seguiriyas y ni siquiera cerró con el macho, para que? no tienes bastante con dos tercios?. Si cierras los ojos y escuchas el timbre de Juan, es imposible no identificarlo, su rajo tan particular y gitano ha hecho, sigue y seguirá haciendo las delicias de los Aficionados, de los cabales, de los jóvenes, de los mayores, el Duque no tiene parangón. Para deleite del publico que ya está acalorado, el de Sabadell desgrana unas buleria con varias letras de Camaron, "Ya no me cantes cigarra", "luna que brilla en los mares". Nos deja con unos tangos en el que nuevamente Elizabeth vuelve a brillar al son que marca Chicuelo. Nos despiden con un Bis por insistencia del público, se marchan con unas improvisadas alegrias.

Duquende engancha desde que se sienta en la silla, tiene halo de grande, aunque luego sea como el más mortal de los mortales. A dia de hoy, Duquende sigue poniéndose nervioso antes de cada actuación, por eso la noche anterior no había pegado ojo, por que venia al Central de Sevilla, por que el público de Sevilla es un público entendido, por que ayer estaba lleno de artistas y buenos aficionados que no se querían perder a uno de los mimados por el Rey, por Camarón, Duquende es mucho Duquende, y aquí se le quiere y se le respeta a muerte, y eso que había dormido mal que si no......

Chicuelo con Duquende primero y luego Duquende con Chicuelo, vaya tandem, la química de los binomios, de la media naranja, como el mapa de un tesoro partido en dos, que suerte tuvimos.


CÍA M. ÁNGELES GABALDÓN “DEL QUIVIR” Y OTROS RÍOS

Granada. Teatro Alhambra 25/04/2011
Antonio Conde

Fue una obra diferente. Un tratamiento de los conceptos flamencos alejados de las estructuras clásicas. A pesar de esto no siempre alcanzó Ángeles Gabaldón lo pretendido: enganchar al público contando una historia, la historia del Guadalquivir. Pero en las pretensiones ya pudimos apreciar lo que yo entiendo como errores: el primero de ellos, centrarse sobremanera en la parte del rió que rodea Sevilla, porque a pesar de los sones por tanguillos en la voz de Alicia Acuña sustituida por la melodía del guaguancó, rumba cubana ajena del flamenco, no afloró el sentimiento de transmisión. Su registro es tangencialmente opuesto a la estética flamenca salvo destellos.

Esto no quitó certeza ni realidad a su particular forma de entender sus propios objetivos. La estética corporal finamente medida funcionó muy bien desde el comienzo al compás de tangos y tarantos rematados de nuevo en tangos, mientras el sonido del agua se fusionaba con su figura. Cánticos béticos, morunos con voz de Acuña y musicalizados fenomenalmente por Raúl Cantizano nos dejaron el mejor momento de la noche: baile con mantón. De nuevo la hibridación del pasado y el presente, de lo antiguo y lo nuevo, de lo moruno y lo flamenco. Una representación quieta de su cuerpo, al son de unos braceos impetuosos, vistiendo el escenario. Con la trompeta de Antonio Montiel las siluetas plásticas se repetían, quizás en exceso, pareciendo una repetición de la pieza anterior, pero con diferente música. En la temporalización de la obra agradecí que la sevillana no abusara de los pies. Resolvió sin apenas utilizarlos, en un intento loable de transmitir sin agarrarse a la repetitiva conferencia del abuso de los bajos. Muy buenas intenciones.

Otro de los momentos de la obra fue la magnífica propuesta de bailar una toná con bata de cola. De nuevo plasticismo en el cuerpo y simbiosis entre traje y bailaora. Una transición percusiva de Cantizano y Pimentel, totalmente prescindible derivó en tanguillos que no supieron a dulce, mientras que el final con sones cubanos regó el final del espectáculo de un sabor agridulce entre el público, que no acabó convencido de la propuesta. A pesar de esto, el teatro se llenó y ver a Gabaldón más madura mereció la pena. La pena, el poco acertado hilván entre la obra y el intento de argumentarla a través de elementos como es el Guadalquivir.


`LOMBO FLAMENCO´ MANUEL LOMBO

Málaga. Teatro Cánovas 13/4/2011
Francisco Reina

Lombo, ciclón de arte

Había colgado el cartel de ‘No hay billetes’ en su comparecencia en el teatro Cánovas de Málaga, el 13 de abril, dentro del ciclo ‘Flamenco viene del Sur’, con un espectáculo de flamenco puro y duro, ‘Lombo flamenco’, por lo que debió pensar que tenía que darlo todo y se volcó plenamente, en cuerpo y alma. Ataviado con un traje blanco, Manuel Lombo comenzó con un pregón -género procedente del folclore que ha enriquecido con melodías y letras el acervo flamenco- con esa cadencia tan personal que le imprime a lo que canta. Expresó, acto seguido, su alegría por haber sido incluido en este ciclo, pese a no haber hecho recitales clásicos de cante, como el que nos ocupa, en los últimos tiempos.

Como gesto para congraciarse con la afición malagueña, cambió las granaínas que tenía previsto interpretar por malagueñas, que dedicó a su maestro Naranjito de Triana. Las cantó –muy bien secundado por Ricardo Rivera, a la guitarra, y Los Mellis, a las palmas- con poderío y las remató con el clásico abandolao, como mandan los cánones.

Lombo no es un artista al uso; es singular hasta en la forma de sentarse en la silla, con ésta de lado. Ofreció una soleá con muchos matices y homenajeó en su remate al diestro sevillano Pepe Luis Vázquez. Mientras, Rivera tuvo unos problemillas con la cejilla, en un exceso de perfeccionismo.

Prosiguió por tientos-tangos, todo con mucho gusto, pataíta incluida, en uno de los momentos álgidos de la noche. De pie, interpretó los tangos del Piyayo, otro guiño hacia Málaga, que fueron muy celebrados por los asistentes. Tuvo palabras muy afectuosas para la estupenda cantaora malagueña Virginia Gámez, allí presente, con la que –como recordó- compartió su etapa de formación en la prestigiosa Fundación Cristina Heeren de Sevilla, y a la que le brindó una seguiriya muy sentida.

Abandona por unos instantes el escenario y deja paso al piano de Fernando Romero, primero, y a la guitarra de Rivera, después. Diálogo de instrumentos del que nace la zambra. Vuelve Lombo con una nueva indumentaria, en la que priman los tonos oscuros, para interpretar dicho género, que se ajusta como un guante a su estilo.

Continuó por alegrías, muy lentas al principio, con mucho sabor a Cádiz. Asunción Pérez, ‘Choni’ para el arte, irrumpe en escena con su bata de cola blanca y mucho ángel, gracia y salero. ¡Cuánta belleza y emoción y con qué pocos elementos! Y se despidió, entre los piropos que le dedicaban algunas asistentes, por bulerías, dedicadas a una seguidora. La que interpretó en homenaje al mítico torero sevillano Joselito ‘El Gallo’ fue de una belleza sobrecogedora. Consciente de ello, Lombo la repetiría en los bises, momento en que se daría otra pataíta con mucho arte. Ovacionado con profusión, regaló a los presentes la copla ‘Antonio Vargas Heredia’. “Soy sevillano, pero he venido muchas veces a Málaga y el público malagueño se lo merece todo”. Le habían pedido varias veces una saeta y no se marchó sin cantarla. No se le puede pedir más a este ciclón de arte.

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Presentación Flamenco Viene del Sur 2011

Ezequiel y Carmen de la Jara, de CAI a Sevilla Pasando por Jerez 

Sevilla. Teatro Central 12/4/2011
Manuel Sualis
Fotografías: Adam Newby


EZEQUIEL BENITEZ

El jerezano Ezequiel Benítez y la gaditana Carmen de la Jara vinieron a Sevilla para traernos lo más grande de la tierra de cada cual. Y fue anoche, en el Teatro Central de Sevilla dentro del ciclo Flamenco Viene del Sur ,donde desgranaron parte de su repertorio para satisfacción de los allí presentes.

Comenzó Ezequiel por Malagueñas para cerrar con dos fandangos de Lucena , uno de ellos con letra de su progenitor. Las palmas que apoyaban el compás por más que quisieran abandolar el tercio olían a Jerez. Continuó Ezequiel con unas Bulerias por Soleá en donde se acomodó y comenzó a sentirse a gusto.

La guitarra de Antonio Higuero , estuvo correcta en todo momento y el tercer cante preludió unos tientos en los que Ezequiel utilizó la mayor parte de las letras nuevamente de la mano de su padre, fuente de inspiración para el jerezano , quien por cierto no acabó los tientos por tangos ¿por que iba a hacerlo? ¡acaso los Tientos no son un palo único!. Cuanta razón tiene el jerezano, de agradecer por su parte ese detalle.

Con las tablas del Central a sus pies y sintiéndose confiado Ezequiel se acerco al publico, dejó atrás el micrófono e improvisó cuatro fandangos por bujerías, se pegó su pataita, cosa poco habitual en él y esta vez sí, terminó como mandan los cánones de la Bulería jerezana. Ahora sí, Ezequiel desgranó una bondadosa retaíla de tercios jerezanos de postre. La guinda fue para el propio Ezequiel Benitez que por primera vez actuaba en solitario en el gran Central de Sevilla. Ezequiel desprendía una humanidad como pocos artistas tienen, unido a su querencia flamenca, hacen de este cantaor un valor seguro para el futuro del Flamenco. Ojala te veamos más por aquí.

CARMEN DE LA JARA

La gaditana entró con ganas, Cantiñas que olían a lo que tiene que oler, a sal, a estero, a fiesta. Prosiguió con unos Tangos que marcó un ritmo vertiginoso su tocaor Juan Jose Alba, habitual de Carmen desde hace tiempo, unos Tangos que recordaban a la Perla y nos transportaban al 1900 , a barcos de vapor, al pillaje, a remiendos de calzones y a negros en el puerto. Para no irnos muy lejos Carmen nos regaló una breve pero intensa y preciosa Guajira con letra de Juan Jose Tellez, "nunca hubo cante payo ni gitano, si no flamenco"

La fiesta ya era imparable, los ecos del Bicentenario de La Pepa resonaban con fuerza y con la energía que la solidez y experiencia de los años confieren a Carmen de La Jara. Tanta experiencia y confianza tiene en si misma que paró el carro y cambió el repertorio del programa dando paso a unas Seguirillas solemnes con letras en referencia a Sanlucar de Barrameda, por si alguien pensaba que nos íbamos a ir de Cai. ¡fue valiente!. Cerró con una Bulerías "Panamericanas" y se fue en los últimos tercios como no podía ser de otra manera, acordándose de la Perla con Bulerías de Cai.

Mención aparte merece la guitarra del joven Juan José Alba, con una calidad y limpieza enormes, con repicaos y arzapúas de vértigo y unos cierres de temblor y candado. J. J. Alba además de acompañar a Carmen de La Jara es también habitual de El Pipa e incluso recae en él la responsabilidad de componer para los espectáculos del jerezano, un joven a tener muy en cuenta.

Carmen no quiso irse, sin echarse unos fandangos que el público recogió con aplausos y cariño. El Central de Sevilla olía a vino y sal, a uva y estero. Sevilla, Jerez y Cái que alegría.

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El “alboroto tranquilo” del alma de Olmo
Compañía de Rubén Olmo

Granada. Teatro Alhambra 11/04/2011
Antonio Conde - Foto: Javier Fergo

Rubén Olmo ha traído al teatro Alhambra una obra transgresora. Vicente Escudero dejó escrito un decálogo sobre cómo debían bailar los hombres, aunque aseveró de las dificultades de «penetrar en su hondura misteriosa»

Olmo ejemplificó lo que hay que hacer encima de un escenario. Desde el comienzo, supo mostrar la complejidad de cómo llegar a elaborar un trabajo loable. Lo que viene a ser un boceto de baile clásico con aderezos flamencos que aparecían y desaparecían. Pero, en esencia, danza. Un paseo por la dicha de lograr un objetivo, el de superarse a sí mismo en cada movimiento, en cada escena, en cada suspiro dancístico. Diferentes escenas alejadas unas de otras e inconexas argumentaron la obra. Pasajes que desde diversos prismas han tocado los fundamentales pilares del baile. Desde un homenaje a los grandes del flamenco -Mario Maya, Vicente Escudero, Gades, Carmen Amaya- hasta pararse magistralmente en la silueta de Manuela Vargas.

Antes la saeta 'Cristo de los gitanos' interpretada por Rubio de Pruna. y como nexo la figura de Cristo con atuendo rojo cobrizo y con el off de la banda de San Juan De jerez de la Frontera. En esta ocasión no pudo subir a los más de cincuenta músicos que presentó en el pasado festival de Jerez y en Sevilla, más que nada por razones de espacio.

Intensidad “ad libitum” en el homenaje a Manuela Vargas. El bailaor con atuendo femenino, traje de flamenca y volantes para dar vida de forma impecable a Manuela por mirabrás. En cada gesto, en cada braceo el mimetismo conseguido fue simplemente emocionante. Esta escena y la falsa farruca con gaitero (Rubén Díez) ya valieron todo el espectáculo. A partir de aquí la obra fue a menos. Las coreografías grupales estuvieron fabulosas, pero abusar de ellas tiene una recompensa negativa. La guajira bailada por el elenco femenino brilló con luz propia, al igual que los tangos que se marcó Patricia Guerrero. Los fandangos y los jaleos, a pesar de contener coreografías de gran calibre, no hicieron sino desfigurar el motivo de la obra. Y no es que estuvieran mal, pero para el conjunto de la obra sobraron algunas de ellas, o mejor haberlas alternado con la danza de Olmo.

A pesar de ir de más a menos, Rubén se creció y fue a más. Una silueta esbelta, con maya verde y mantón gigante. Una iluminación escogida a conciencia y humo flotando para hacerlo flotar a él. Una sencilla pero impresionante coreografía final nos dejó exhaustos. Aquí expuso su alma al servicio del baile contemporáneo. Se dejó llevar para abandonarse y conseguir enseñar su interior y sucumbir a la danza clásica, entrando en un éxtasis final que dejó paso a un fin de fiesta por bulerías, como colofón de muestra flamenca.

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`EL AGUA ENCENDIDA HUELE A ROMERO'

Granada. Teatro Alhambra 4/04/2011
Antonio Conde


El onubense Juan Carlos Romero suma y sigue. Con una trayectoria intachable, no es raro que nos vuelva a sorprender con su música. Hace escasos meses que presentó su último trabajo “Agua encendida”. Quizás su trabajo más íntimo, y no sólo en lo sentimental. Desde el comienzo de la noche en el teatro Alhambra la timidez propia del protagonista trascendió su figura para tejerse entre las seis cuerdas. Su capacidad de creación aparece desde el minuto uno. Con la soleá “Como un aceite lento” comenzó a acariciar las notas, simples y compuestas, elevando la cadencia conforme pasaba el tiempo. El concepto de Romero es diferente y por eso gusta. Sus melodías suenan a él, y aunque la herencia del maestro Sanlúcar está presente, hay un giro en su argumento. Un posicionamiento tangencial que lo hace especial. Tanto es así, que en la seguiriya “La hora sin remedio” la desarrolló en tono mayor, utilizando el abanico cromático que dan las transportaciones de notas. Con la sexta cuerda en Re y el acompañamiento de Paco Cruzado en la segunda guitarra y la voz de Carmen Molina, se recreó con bulerías dedicadas a su mujer e hijo, inspiración y leit motiv de este trabajo. Si hay algo que valoro en este guitarrista es que, a pesar de no ser un transgresor en los toques rítmicos, (en ocasiones peca de lineal) sus notas llegan y transmiten una dulzura que llega a los sentidos.

El frío inicial del público desapareció cuando hizo acto de presencia el cantaor José Valencia. No me cansaré de decir que este chico está hecho de una pasta especial. Con ganas de disfrutar de su eco me quedé, pues apenas lo escuchamos por soleá y unos hilvanes por cantiñas. Al igual que pasó con Valencia, pasó con Alexis Lefrève; poco espacio para su violín. Y Tino di Geraldo que tuvo el mismo argumento que Lefrève. Pasó desapercibido en virtud y beneficio de la guitarra protagonista. “Portaillo del zapatero” con José Valencia en segundo plano y homenaje al maestro Morente continuaron con la velada antes de escuchar a Carmen Molina por fandangos de Huelva homenajeando a Toronjo, no en su cante pero si en versos. Cantiñas y bulerías finales que supieron a gloria, antes de esperar el bis para regalarnos una nana, entendida de modo muy personal por el onubense, amelazada por la melismática voz de Carmen y un recuerdo final, de nuevo al maestro Sanlúcar, rescatando la composición por tanguillos de su primer disco “casa bigotes”.

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JOAQUIN GRILO LLENA EL CENTRAL DE SEVILLA

Sevilla. Teatro Central 29/3/2011
Manuel Sualis


El espectáculo terminó como empezó, Joaquín Grilo bamboleandose en una mecedora de enea bajo una luz de naranja atardecer que simulaba un ventanal enrejado.

El Fred Aster del Flamenco (con permiso de Carrete) cumplió las expectativas de un Teatro Central hasta la bandera, enmudecido en gran parte del espectáculo hasta los últimos quince minutos, que se empezaron a escuchar olés y hasta un !Viva la saga de los Grilos!

Y no le faltaba razón al improvisado jaleante, nada menos que dos hermanos de Joaquín copaban el elenco de artistas, Carlos Grilo a las palmas junto a Luis Cantarote, Carmen Grilo a la voz junto a un colosal Jose Valencia y para completar el cuadro , el bajo y mandolina de José Carmona, la sonanta de Juan Requena y la percusión de Paquito González.

Joaquín fue fiel a su estilo, con una contundencia en los cortes con el zapateado que aseveran la seguridad y confianza que atesora un bailaor colmaito de tablas. Su peculiar desgarbo de brazos y espalda que tan rápido gana como pierde adeptos y su inconmesurable sentido del compás con un autentico terremoto bajo la suela de sus pies, le confieren esa personalidad ganada a pulso.

No hizo falta rebuscar en palos en deshuso, las mas fieles bulerías, seguirilla, jaleos, tientos- tangos, cantiñas o fandangos y soleás unidos con la inconfundible e inquietante voz de José Valencia, que fue el triunfador de la noche para la mayoría del burgo y la voz quebrá, quejumbrosa de Carmen Grilo,que se gana sin lugar a dudas su sitio a pulso, son avales suficientes para que cualquier bailaor pueda sentirse respaldado y pueda dar rienda suelta a la improvisación que surge cuando el duende aprieta.

Las luces de seguimiento que en este caso huyen de la circunferencia tradicional para convertirse en rectangular , junto a un cuidado atrezzo dán el ambiente necesario para que el respetable no se distraiga en pequeños detalles. El momento en que Joaquín se enfunda su propia chaqueta caida desde el cielo sujetadas por unas gomas elásticas y la intención de hacerte creer que es una marioneta flácida pero llena de compás, no deja de ser una recreación de su propio estilo de baile, personal e inconfundible y que a veces se hace un poco cansino, otras veces cómico y otras un recurso impactante que acaba siempre con un remate tan preciso que da cuenta de la grandísima calidad técnica del Jerezano.

El triunfador de la noche según comentaba el respetable a la salida del teatro fue José Valencia, que atesora una riqueza musical que asegura y reafirma que seguimos teniendo cantaores de calidad para rato, José se ha acostumbrado (pobre del que no lo haga en los tiempos que corren) a jugar en ocasiones a ser actor además de cantaor, y le va cogiendo el gustillo. La potencia y algarabia de melismas, junto a su capacidad para ir y volver del compás unido a su potencia le hace ser al día de hoy uno de los mejores cantaores para el baile que todos se disputan. Si no fuera por lo que destaca José en el espectáculo otro gallo le cantaría a Carmen Grilo, que sorprende con un desgarro y altaneria propia de las grandes cantaoras. Mención especial para Paquito González que resuelve estupendamente los envites a los que les somete Joaquín, sin estridencias, sin afán de protagonismo, como los buenos. Preciosa la sorpresa de la mandolina de Jose Carmona, que "lo mismo vale P.D. un roto que P.D. un descosió" y el bajo, en su preciso momento, sin abusos. Gran trabajo de Juan Requeja que por no fallar ni una casi ni notas que está ahy, aunque mi amigo Rafael Rodríguez (que de esto entiende un rato) me comentó que estuvo inconmesurable, en su sitio, como tiene que ser.

Una gran ovación se dejó caer sobre el telón del Teatro Central , la sensación de haber visto un gran espectáculo al que se le nota que ya lleva algunas funciones a sus espaldas por tanto en cuanto que está todo atado y bien atado. Los Grilos saben lo que quieren y Joaquín manda con rigor y la vez con cariño.

Cuando se encendieron las luces muchas caras conocidas, artistas, críticos, políticos y enamorados del Flamenco, algún que otro profano preguntaba al que tenia al lado, y el de la perilla, el que cantaba, como se llama?

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MENESE, FIEL A SU SONIDO Y POSE

Córdoba. Gran Teatro 25/03/201
Francisco Martínez Sánchez
Fotografía:
Toni Blanco


José Menese acompañado a la guitarra por Antonio Carrión fueron los encargados de abrir el viernes 25 de marzo el ciclo Flamenco Viene del Sur en Córdoba, en el Gran Teatro; recital incluido en la programación de Cosmopoética. Las primeras palabras de Menese en el escenario fueron para recordar lo que siginificó en 1965 para su incipiente carrera obtener el premio Tomás El Nitri del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, cantando por seguiriyas y tonás.

La presentación fue por tonás, para dar marchamo flamenco al poema de Luis de Góngora Amarrado a un duro banco. Le servió este comienzo poético y en el armazón de las tonás para ir asentando la voz, medir fuerzas y caldear su natural eco. Menese continúa siendo ese cantaor de pose hierática, de actitud solemne en el momento de afrontar cada palo; así lo fue corroborando a lo largo de su recital. En su segundo cante por tarantos tuvo que cincelar la voz en tonos dificultosos que resolvió con profesionalidad, aunque se hecho en falta mayor fluidez para redondear la melodía de los estilos interpretados. Aquejado de las molestias producidas a causa de su última intervención quirúrgica –ruptura del húmero- Menese tuvo el arrojo suficiente para superar adversidades físicas y mostrarse como cantaor de referencia exponiendo cantes que le han identificado a lo largo de su carrera, como las marianas. Preciso y resuelto se mostró el de La Puebla en este estilo para continuar con sobriedad estilística haciendo la farruca. En el cante por peteneras pudo flexionar la voz acertadamente para incidir en los registros más comprometidos, los de tonos bajos. Tras las tres peteneras, la mal denominada chica, la atribuida a la Rubia de Málaga y la de Pastora Pavón, el cantaor se dio un respiro y el protagonismo recayó sobre el guitarrista Antonio Carrión, que con un solo por bulerías le bastó para encandilar al público. Dedicó Carrión su bulería a Quique Paredes que se encontraba presente en el teatro, siendo los primeros sones las bulerías Ciprés que grabó Paredes en su disco De maera. Con vigoroso pulgar y fuerza en la ejecución se sucedieron falsetas de Melchor de Marchena, Niño Ricardo, Diego del Gastor… componiendo un puzle de evocador y añejo sonido flamenco.

Tras el torrente bulearero de Carrión volvió Menese al escenario para rematar su actuación con dos cantes que le son innatos y que sirven para calibrar su valía artística: soleá y seguiriyas. Amplio repertorio de variantes se sucedieron en los dos palos, con el equilibrio deseado y la temperatura expresiva adecuada. El cantaor, aunque visiblemente fastidiado por las molestias físicas, se sobrepuso a cualquier traba que le pudiera impedir centrarse en estos cantes señeros. Demostró que aún posee el suficiente fuelle y capacidad para proyectar con personalidad estilos clásicos, que aunque tamizados en la escuela mairenera son pigmentados en su personal metal y actitud cantaora. Buen remate para un recital en el que Carrión estuvo atento para aportar al cantaor el sonido requerido, con falsetas traidas en correctas transciones con el cante. Un recital en que el público que llenó el Gran Teatro estuvo atento, sabiendo jalear a los dos artistas de manera puntual, mostrando cariño y respeto.

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`CONCIERTO DE GITARRAS´ Santiago Lara y Javier Conde

Málaga. Teatro Cánovas 23/3/2011
Francisco Reina


Jóvenes talentos entre el virtuosismo y el sentimiento

La guitarra flamenca suele pasar a un segundo plano cuando se utiliza para acompañar a un cantaor, aunque también haya momentos para el lucimiento del guitarrista. No fue el caso del espectáculo que Javier Conde, primero, y Santiago Lara, después, dos jóvenes talentos, ofrecieron el 23 de marzo en el teatro Cánovas de la capital malagueña, dentro del ciclo ‘Flamenco viene del Sur’. El protagonismo absoluto fue para este instrumento.

Conde es un virtuoso que, probablemente, gane con los años en sentimiento y, por tanto, en profundidad. Abrió el recital con una variación sobre el programa previsto. Abordó en soledad una taranta, palo que, como otros de Levante, suele deparar bellas falsetas, como fue el caso. Prosiguió por alegrías para interpretar, acto seguido, ‘Danza mora’, pieza de música árabe de singular belleza. De vuelta al guión preestablecido, se lució con el zapateado, pieza específica para guitarra. Su padre, José Antonio Conde, se incorpora como segunda guitarra para interpretar ‘Vals flamenco’, de Niño Miguel.

El extremeño alcanza el cénit de su actuación con ‘Cueva del gato’, rondeña de Paco de Lucía, en la que exhibe una gran seguridad impropia de su edad, aunque tampoco hay que sorprenderse, ya que cuenta en su haber, entre otros galardones, con el ‘Bordón minero’ del Festival del Cante de las Minas de La Unión (Murcia). Se despide con una polka paraguaya (‘Pájaro campana’) para arpa adaptada para guitarra.

Santiago Lara, otro joven talento de la sonanta, exhibió su maestría ya desde el comienzo, con una bellísima taranta, en la que se aprecia su toque singular, fino y preciosista. Sin menoscabo de Conde, el jerezano siente y padece, y lo transmite. Es su primera actuación como solista en Málaga y, para abordar su segunda pieza, por bulerías, se acompaña de palmeros y percusión. En los fandangos de Huelva, Londro pone el cante. Sin grandes facultades, canta con verdad, profundo, desde muy adentro.

Interpreta Lara unas alegrías con mucho sabor a Cádiz y, a continuación, enlaza granaína y seguiriya. Son momentos de gran belleza, con Londro al cante. Curiosamente, las seguiriyas las canta con la guitarra a ritmo de bulerías, algo que suele hacer Duquende cuando acompaña a Paco de Lucía. Al fin y al cabo, tienen el mismo compás de doce tiempos o de amalgama. Una forma original de mantener el interés del espectador sin perder un ápice de profundidad.

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CHONI CIA FLAMENCA “La Gloria de mi mare” 

Granada. Teatro Alhambra 21/3/2011
Antonio Conde

Su paso por la pasada edición de la bienal sevillana con este nuevo espectáculo ha dado sus frutos. Desde el festival de Jerez hasta el ciclo “Flamenco viene del Sur”, dos de los grandes espacios que acogen cada año a lo más granado del panorama flamenco. Choni Cía flamenca presentó en Granada su particular teatro-flamenco “La Gloria de mi mare” un homenaje a las madres de los y las artistas y los vaivenes por los que pasan para conseguir el éxito de sus progenitores. Una historia que narra la historia de madre e hija, y el afán de conseguir un hueco en un café cantante de la época. Desde Juanjo Macías en la figura de madre hasta Raúl Cantizano en la guitarra, o la imperiosa voz de Alicia Acuña completan una comedia con tintes irónicos, en la que no falta el baile de la protagonista.

El hilo conductor lo pone la figura de la madre, personaje que aporta la voz hablada, mientras que el resto se limitan a actuar, cada uno en su rol. El argumento no es otro que el baile. Choni se inició con una guajira y quitasol, de blanco y mostrando que la obra es un espectáculo de baile, a pesar de los episodios cómico-teatrales. Incluso hay espacio para el amor, a lo largo del discurso narrativo entre la protagonista y el maestro Cosme (Raúl Cantizano). La cuestión flamenca, con creces la más interesante, parte de la caña de Choni, seguida de seguiriyas y cantiñas. En la seguiriya, se mostró ciertamente clásica, con guiños a la escuela de Pilar López. El duelo con batas de cola entre las féminas fue de lo más jugoso, en un alarde de movimientos rítmicos al compás de amalgama, un rito en el que maestra y alumna se enzarzaron provocando uno de los momentos escénicos más divertidos. Con provocaciones continuas de Juanjo Macías, la mezcla entre la comedia y la flamenquería restó fuerza a esos momentos de baile en los que Choni se expresó. Por otro lado, desde el atrezzo hasta las letras de los cantes formaban parte de la trama, dieron consistencia a la historia, que tan solo pecó de excelsa en el tiempo, con un repertorio que alcanzó cerca de las dos horas. Un formato alejado de los espectáculos a los que estamos acostumbrados en el flamenco, pero que se consolida como un trabajo de corte teatral desarrollado desde una perspectiva netamente flamenca.

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`PELLIZCO GITANO-JONDO Y FLAMENCO EN JOSE MENESE´

Jaén. Teatro Infanta Leonor 17/3/2011
Rafael Valera Espinosa

El cantaor de la Puebla de Cazalla, José Menese protagonizó la primera puesta en escena en el circuito “Flamenco viene del Sur” en la ciudad de Jaén. Su larga trayectoria flamenca despertó cierta expectación entre los flamencos jiennenses, ávidos de conocer el momento artístico del morisco.

No las tenia todas consigo en el comienzo de su recital. Y lo reiteró en varias ocasiones después de presentarse y referir su pasión por el colectivo jiennense que tantas veces ha sucumbido a su inigualable arte desde mediados de la década de los sesenta. Como avezado y veterano cantaor, el de la Puebla se saltó el programa de mano establecido –algo usual en su anárquico comportamiento flamenco establecido siempre con suficiencia cantaora- buscando sus condiciones físicas y vocales para contentar a sus seguidores, los cuales conocen su entrega, la esencia de su jondo pellizco, la ortodoxia de un reivindicativo cante que traspasa las emociones políticas y cantaoras, las cuales le han encumbrado como una primera figura de este universal arte.

Así, Menese comenzó su recital con nana flamenca estructurando la búsqueda de la adecuada tonalidad cantaora por la que iba a desarrollar el resto de la actuación, pues el dominio y las influencias de uno de sus maestros en el estilo (Bernardo el de los Lobitos) propiciaron que su instrumento canoro se fuera suavizando con la citada interpretación. Otro tanto experimentó con la farruca, la cual reposó en demasía esperando las adecuadas sensaciones para abordar con garantías tonales el resto de su repertorio. Mas tuvo que repetir la letra y la nomenclatura tonal de la taranta-taranto que el linarense Basilio Salazar que le enseñó a El Cojo de Málaga a comienzos del siglo XX para conseguir confianza y posicionarse con garantías en el Infanta Leonor, escenario que permitió una vez más constatar su jondo cante el pasado viernes, 18 de marzo.

Y a partir de aquí, las sensaciones flamencas fueron otras. Más seguro, abordó el polo con una solearilla introductora que enlazó con solea del iliturgitano Illanda, para acometer el polo sevillano rematándolo con la ¿trianera? soleá de Silverio. En su afán de reivindicar a sus maestros de Zambra –aquí a Rafael Romero- estableció buen eco flamenco en sus dos primeras peteneras, estableciendo seguidamente la singular y creativa impronta de la de los Peines.

Tras un breve paréntesis que protagonizó su acompañante, el mairenero Antonio Carrión con un magistral toque por bulerías en el que rindió homenaje a sus admirados Niño Ricardo, Melchor de Marchena y Diego el del Gastor, el morisco Menese se volvió a encontrarse en la granaína con la tesitura tonal de las primeras interpretaciones. Fueron los tientos los que le transportaron a su verdadera esencia jonda y a un adecuado tono cantaor para ofertar soleares (se retiró del escenario para exponer su inicial puesta en escena según el programa de mano), con firme compás y buenas sensaciones tonales por Alcalá, jondas evocaciones de Juaniquín de Lebrija, y prestantes resonancias de Joaquín el de la Paula. Mas, el acostumbrado pellizco gitano-jondo de su arte lo volvió a establecer por siguiriyas de Tomás El Nitri y de Tío José de Paula, rematado todo con una prestante, sentida y sobria –virtudes que redondearon su ejecución- cabal de El Loco Mateo, estableciendo así su categoría flamenca.

Una vez más Antonio Carrión demostró su solvencia y maestría flamenca, estructurando un acompañamiento en el que dotó de las máximas facilidades el lucimiento del cantaor, estableciendo falsetas añejas y virtuosas, plenas de esencias dominadoras del traste guitarrístico, solventando con precisión del pulgar los trémolos y picaos para el descanso vocal del cantaor, a la vez que sus eficientes y fuertes pulsaciones redondeaban un perfecto y ajustado complemento artístico.

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Presentación Flamenco Viene del Sur 2011

`DESDE LA MEMORIA´ ARCÁNGEL

Málaga. Teatro Cánovas 16/3/2011
Francisco Reina


Ni el Madrid pudo con Arcángel

El Madrid de Mourinho se jugaba, a la misma hora, el pase a cuartos de final de la Liga de Campeones, pero eso no fue óbice para que el teatro Cánovas de la capital malagueña colgara el cartel de ‘No hay billetes’ para ver a Arcángel, el 16 de marzo, dentro del ciclo ‘Flamenco viene del sur’. Comparecía por segunda vez en Málaga en apenas cuatro meses (la última fue en el teatro Albéniz), en este caso, para presentar su espectáculo ‘Desde la memoria’ y dos frases del público resumen a la perfección la buena acogida por parte de éste: “No van a poner el listón alto ni na’”, constató un caballero. “Yo soy purista, pero me ha gustado”, confesó una veterana aficionada.

Abrió el recital con la caña, ecos añejos que en el cantaor onubense suenan a recién paridos. Le acompañaba la inseparable guitarra de Miguel Ángel Cortés, tremendamente pulcro y elegante, como en él es habitual. El público lo premió con un merecido aplauso en una bella falseta que ejecutó en las malagueñas que sucedieron a la caña y que remató Arcángel con unos preciosos abandolaos.

Volvió a brindar un espectáculo ortodoxo -como en su anterior comparecencia en tierras malagueñas- al que le imprime su sello; lo antiguo revestido de formas nuevas. Prosiguió por tangos y fandangos naturales, muy intimistas y emotivos.

Mediada su actuación, cedió el protagonismo a Cortés, que ofreció un brillante solo de guitarra. Volvió Arcángel, magistral, por soleá, muy bien dicha y sentida. Y rememoró, acto seguido, aquellas bellísimas cantiñas que interpretó, casi en un susurro, en el Albéniz, con una intro de guitarra a modo de bajo. Espectacular.

Saludó al respetable y se mostró sorprendido de haber llenado el aforo pese a que el Madrid jugaba a esa hora. “Ya quisiera el Madrid jugar como tú cantas, picha”, le espetó alguien del público. Le dedicó unos fandangos de Huelva a sus “compadres, Javier (Conde) y Estrella (Morente), que están pasando un momento muy duro. Se nos fue el ‘Maestro’, que nos estará escuchando desde el cielo”. Brillantísimo cierre por los aires de su tierra, con un punto álgido al recrear los cantes del gran Paco Toronjo: “Soy de palabras muy cortas…” Tras despedirse, la guinda -en pie, sin amplificación y muy despacito- por bulerías, incluida una bella versión de ‘La bien pagá’.

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“LIRISMO JONDO”

Almería. Teatro Apolo 4/3/2011
Rubén Gutiérrez


El ciclo Flamenco Viene del Sur se consolida en la provincia de Almería. Prueba de ello es que el Teatro Apolo de la capital almeriense colgó el cartel de no hay billetes el pasado viernes 4 de marzo, en el espectáculo que inauguraba la tercera edición del ciclo por estas tierras. La culpable fue la cantaora Carmen Linares, uno de los pilares del panorama flamenco actual, en una velada donde la poesía tuvo un papel protagonista.

La de Linares fue desgranando sus cantes en dos partes bien diferenciadas. En la primera, cantó temas populares arropada por su grupo, que lo formaban las guitarras de Eduardo Pacheco y Pedro Barragán, junto a las palmas y coros de Ana María González y Javier González Todos ellos brillaron a gran altura, ofreciéndonos tangos, cantiñas, tarantas muy gustosamente rematadas por cartageneras, y una tanda de soleares que pusieron de manifiesto que quien tuvo retuvo. Carmen Linares pasa por estos momentos por un periodo muy interesante de su carrera artística, toda vez que su voz rozada nos evoca otros tiempos, cuando el cante afillao predominaba en los escenarios

La segunda parte estuvo marcada por sus últimos trabajos discográficos, en los que ha musicado poemas de autores consagrados de nuestra literatura. Nos acercó a Lorca interpretando un cuplé por bulerías con letras de la “Baladilla de los tres ríos” y “El poeta pide a su amor que le escriba”, mientras que “Asesinados por el cielo” del también malogrado poeta, lo cantó por granaína rematada por rondeña. Luego llegaría el turno a los poemas de Juan Ramón Jiménez que están presentes en su último disco “Raíces y Alas” (Salobre, 2008). De esto modo nos deleitó con la bulerías “Llanto”, la nana “Canción de madre” y “Remembranzas” por alegrías. La noche concluyó con el fin de fiesta por bulerías, donde también se acordó la cantora de otros insignes poetas como son Antonio Machado o Miguel Hernández. La gran ovación que recibió del público le obligó a ofrecer un bis donde Ana María González puso una picenlada de baile con sus pataitas.

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Presentación Flamenco Viene del Sur 2011

Ciclo Flamenco viene del sur  

Del 18 de Febrero en Sevilla al 2 de Junio en Cádiz

Flamenco viene del sur Aterriza su programación en el año más cabal del festival, menos caché y más representaciones.

Joaquín Grilo, La Farruca, Juan Carlos Romero, Isabel Bayón, Rubén Olmo, La Choni, Pansequito, Marina Heredia, Carmen Linares, José Menese, Pansequito, Argentina, La Tremendita, Manuel Lombo, Dani de Morón, Alfredo Lagos, Carmen de la Jara, Chicuelo, Duquende, Esperanza Fernández, Arcángel o Antonio Reyes son algunos de los nombres que pisaran las tablas del arte en el certamen de 2011.

Este festival que ha logrado recorrer las ocho provincias andaluzas tiene su germen hace ya 14 años en el Teatro Central de la capital hispalense. Se trata de un programa que pretende evitar a concentración de espectáculos tan sólo en el verano, abriendo la oferta cultural flamenca a otras estaciones del año.

Este año cuenta con un presupuesto de 350.000 euros, un 11% menos que el año anterior, este factor ha obligado a la austeridad y la agudeza a la hora de preparar la programación sin escatimar en calidad para el público. Para lograrlo ha sido esencial la estrecha cooperación de los artistas que han demostrado su sentido de la responsabilidad con los fondos públicos. El caché más alto por actuación será de 12.000 euros.

Si hacemos un poco de números las cuentas nos indican que a lo largo de cuatro de años el caché de los artistas ha bajado a la mitad, pero en contraposición a este dato tenemos la cifra positiva de que este año se aumentan el número de obras y artistas que pisarán los escenarios de los teatros andaluces, para mayor gloria y difusión del flamenco.

La solera de consagrados y veteranos en el festival como Pansequito o Carmen Linares convive con el aire fresco que nos ofrece las prodigiosas voces de la joven cantaora Argentina o La Tremendita de Triana.

La filosofía de este año era lograr más representaciones con menor presupuesto y se ha conseguido aumentar a casi el doble de actuaciones.

El Festival abarca actuaciones en el Teatro Apolo (Almería) y en el Gran Teatro de Huelva y se consolida en plazas como Cádiz, Córdoba y Jaén.

Las entradas mantendrán su precio al igual que el año anterior en 15 euros con descuentos para el carné joven, de desempleo y jubilados. Alguna de las actuaciones podrán ser seguidas en directo por Internet gracias a una iniciativa de la Universidad de Cádiz para fomentar el flamenco entre sus estudiantes.

Itziar Martínez González


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