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Festivales: "Las mil y una historias de Pericón de Cádiz"

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José Luis Ortiz Nuevo - III Memorial Niña de los Peines "Al Gurugú" - Teatro Cervantes de El Arahal, Sevilla - Miércoles 23 de junio

La organización del III Memorial Niña de los Peines "Al Gurugú" apuesta por modificar el modelo de festival de verano incluyendo en su programación otras manifestaciones culturales en torno al flamenco. Es el caso de una representación teatral dirigida por Pepa Gamboa que evoca y recuerda la figura, el arte y la gracia de uno de los muchos artistas del sur.

En el Teatro Cervantes de El Arahal se cuentan "Las mil y una historias de Pericón de Cádiz", que parece que presta su memoria para que José Luis Ortiz Nuevo la dramatice en un "monólogo cómico-dramático. Divertido y serio". Se trata de "una ocurrencia y hallazgo, y una travesura para hartarse de reír y también para pensar en la dimensión del sufrimiento ", en palabras del mismo autor.

Se recurre a la exageración ingeniosa, a enternecer con un sentido del humor, ácido en ocasiones, cuando presenta una realidad cruel donde se pasan fatigas. La cosa comienza cuando el artista que recrea José Luis era un niño. Tenía muchos amigos hijos de carniceros y uno de los profesores del colegio, que tenía una copiosa descendencia y un sueldo que no le llegaba para alimentarla, aprovechaba los castigos para robarles los bocatas: los tiraba a un pozo del que luego sacaba un "esportón" lleno de comida.

Cuenta las andaduras del artista cuando ganó el concurso del Circo Price de Madrid en 1936 y de cómo "por dos letras de na, sin ser político" estuvo ganándose la vida desafiando a la autoridad, con tal de que fuera aplaudido y aclamado por un público que seguía con admiración a un niño de Triana que "no veas cómo cantaba: nadie quería salir detrás de él".

Episodios de hambre, que eran más frecuentes de lo que quisiera, obligaron a Pericón a "maquinar" inteligentes tretas para subsistir: encontró el escondite de un pulpo que iba cogiendo del mar todas las cosas bonitas que encontraba y luego el artista empeñaba lo que era de oro; consiguió robarle a un perro que guardaba en un agujero en la tierra las monedas con las que dice que luego compraba tortas. El can lo delató y "con voz de perro" le dijo: "¡Pericón, ratero!. "Hay gente que no se lo cree".

También habla de lo enamorado que estaba de su novia, que corría a verlo a escondidas engañando a la madre diciéndole que iba por agua: no quería cantaores. Y dos horas besándose y llenando cubos que se llevaban.

La hipérbole siempre presente. Relata una explosión de 1947 que hizo rodar a un niño hasta la plaza de toros, adonde llegó desnudo, voló la cabeza de un mulo y al que iba montado en él "no le pasó nada", rajó las cortinas de las casas por la mitad como si estuvieran cortadas por unas tijeras... y no se hablaba en Cádiz más que de eso, hasta que murió Manolete.

Dibuja historias de un viejo adinerado con el que se casó una primorosa gitana que tuvo que aguantar su muerte cambiando palanganas, porque falleció deshidratado por culpa de unas cagaleras: al grito de "¡Adiós cagón!" se despidió la muchacha que insistía en que la dejaran hablar; y otros cuentos escatológicos como el del astrónomo Tintín, que tuvo en vilo a los ciudadanos que esperaban ansiosos la presentación del "mayor fenómeno del mundo" y se fueron decepcionados cuando el intrigante misterio resultó ser su defecación.

La anécdota del músico que le bailó al número 11013 (le había tocado la lotería) en el entierro de un señor rico que quiso "amenizar" el funeral, da paso a algunas reflexiónes sobre la muerte. Estremece el comentario que Pepe Marchena le hizo a su mujer cuando quiso correr las cortinas de la habitación en la que dejó de vivir: "No las corras, que me queda mucha oscuridad que ver".

Y así, entre risas y un dolor tierno, dando saltos de historia a historia en un escenario decorado con una chuleta de plástico, un misil, un traje, una palangana... colgados del techo, en el fondo; con la voz penetrante de José Luis, con su magnífica oratoria, con sus sentimientos a flor de piel, con la sensación de intimidad y cercanía que el ambiente producía, con el silencio... sentenció: Lo que es la vida