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Revista La Flamenca
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Festivales: XLVIII Potaje Gitano

Revista La Flamenca

Colegio Salesiano de Utrera - Sábado 26 de junio

El cartel pesaba. Cantaores jóvenes y viejos, Utrera y lo que no es Utrera.

Rompe el hielo Gaspar: repite repertorio. Corto pero tajante. La seguiriya hizo el silencio pero su actuación no fue tan buena. Marina Heredia sorprende alejándose de lo comercial y la soleá de Utrera no desmerece en su garganta. Canta por tangos, taranta y bulerías para calentar al respetable. Arcángel le sigue y le acompaña Miguel Ángel Cortés a la guitarra. Por alegrías, aires de la campiña y de Córdoba, quizás recordando a Curro de Utrera. Luego por tangos. Y llega la seguiriya, donde se entrega con jondura, algo a lo que parece que no se puede aludir cuando un cantaor posee la voz fina y dulzona. La bulería alivia y los fandangos de Huelva, valientes, con garra, ponen el broche a su intervención.

En el descanso, potaje. Se alarga la noche y los agradecimientos protocolarios de la Hermandad de los Gitanos de Utrera aburren al público que espera más flamenco. Tres mil personas se congregaban en el patio del colegio de los Salesianos sentados en mesas redondas. Y muchos jóvenes con la ilusión de ver a Alejandro Sanz, homenajeado en esta edición del festival, molestaban paseando con sus cámaras de fotos. Todo un espectáculo de masas que fue en detrimento de conseguir ese tradicional ambiente flamenco que desean bastantes aficionados.

Se entregan los obsequios al famoso cantante, muy agradecido por el detalle, y el grupo Ahora Utrera sale al escenario. Con una proyección que resume la trayectoria y los artistas flamencos del pueblo, se arrancan los aplausos cuando aparece Bambino. Luis del Marquesito comienza la fiesta por bulerías. Canta con gusto y acompasado, gracias también al acompañamiento a la guitarra de Antonio Moya y Pitín hijo.Mari Peña y Manuel de Angustias, que cerró el fin de fiesta, destacaron con sus intervenciones. Niko, Tomás de Perrate, Jesús de la Frasquita ... aportaron lo suyo en la "juerga".

Sube Alejandro, que se atreve a cantar con cierta gracia algunas letras por bulerías dedicadas a su hija Manuela. La expectación era evidente. El silencio, plomo; casi ofensivo para el que había intentado asomar la cabeza entre el público femenino (en su mayoría), que no cesó en su perigrinar durante toda la noche hacia la mesa donde estaba el artista. Se despide bailando con Encarni, la bailaora del grupo utrerano.

Pero Bernarda inunda de gitanería y seriedad el ambiente. Exprimió los escasos recursos con los que ya cuenta. Claro que me refiero a la voz y no a la sabiduría flamenca que le corre por las venas. Pide un aplauso para Fernanda, en un intento de llenar con el calor del público el vacío que le produce enfrentarse a decir su cante sin su compañera y querida hermana. El magnífico periodista experto en flamenco Alberto García Reyes, que presentaba el festival, no se equivoca al referirse a Bernarda como "Su Majestad el Cante". Por bulería, con sus cuplés, alecciona. Con el permiso de "la reina de la soleá" se entona por este palo, acordándose de nuevo en sus letras: "Pa cantá por soleá/ hay que nacé en Utrera/ y a la Fernanda escuchá".

Farruquito es el responsable de poner fin al Potaje y su actuación fue quizás lo mejor de la noche. Supo pararse por soleá con la elegancia que le caracteriza. Derrochó fuerza y profundidad, aunque en otras ocasiones lo haya hecho aún con más acierto. La bulería con la que encabalga es rabiosa, potente. Su hermano pequeño, el Carpetilla, nos dejó un sabor entrañable con la pataíta que dijo adiós al festival..

Los objetivos de los organizadores ya estaban parcialmente cumplidos con la venta de entradas. Pero todo tenía que salir bien. La magnitud y la repercusión del evento ponían el listón muy alto. La controversia generada entre los aficonados por el homenaje a Alejandro complica aún más las cosas. El balance no es del todo positivo, pero sin duda servirá para mejorar en siguientes ediciones.

Por cierto: el potaje estaba rico.