Revista La Flamenca

Flamenco Antiguo: La Niña de los Peines

Dulzura Expresiva en la Abundancia de Cantes

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Como los aficionados saben, "La Niña de los Peines" se llamó Pastora Pavón Cruz, que nació en Sevilla, en 1890; hermana de Tomás Pavón, extraordinario cantaor, por el que Pastora sentía predilección. Según parece, el nombre artístico de dicha cantaora se debe a la letra de unos tangos, que cantara, en un principio, y que no hemos encontrado entre sus grabaciones. Esta es la letra aludida:

Péinate tú con mis peines,
que mis peines son de azúcar;
quien con mis peines se peina,
hasta los dedos se chupa.

Si escuchamos detenidamente las grabaciones de La Niña de los Peines, congregadas en un estuche, producido por El Centro Andaluz de Flamenco, nos sorprenderá el número de cantes grabados, que asciende a 258. En tantos cantes, no tenía más remedio que aparecer un número considerable de palos flamencos. Veamos el amplio repertorio de dicha cantaora. En primer lugar, reseñemos las bulerías por soleá, tangos-tientos, seguiriyas y malagueñas. A estos cantes, hemos de agregar las granaínas, tarantas y cartageneras. La "taranta de la Gabriela" fue un prototipo, dentro de los "cantes de Levante". En cuanto a los cantes de Cádiz, hemos de citar las alegrías, caracoles y peteneras. Este último cante fue engrandecido por la cantaora sevillana. También, La Niña de los Peines interpretó saetas y sevillanas. De la misma manera, los fandangos de diferentes estilos fueron completando el amplio repertorio de la susodicha cantaora, que asimismo cantó la farruca, el garrotín y la bambera, a la que le dio un impulso creativo. En bulerías, a determinados estilos de la época, agregó nuevos sones de canciones, que metió por los compases de dicho cante. También, los "cantes de ida y vuelta", como la rumba, la vidalita, la guajira y la milonga, se encuentran en la larga serie de cantes, que interpretó la cantaora sevillana. Asimismo, la colombiana también aparece grabada. Si no teníamos bastante, aparece, en la larga lista de cantes, la "asturiana flamenca", relativa a otra región española.

Si nos paramos en alguno de sus cantes, por ejemplo los tangos-tientos, vemos que llegó a interpretar hasta doce estilos diferentes de tangos. En los fandangos, le agradaron los de Huelva y los de Lucena, entre otros, llegando a evocar hasta Pérez de Guzmán, entre otros estilos. Hablando de fandangos, en una sola ocasión, La Niña de los Peines invitó a cantar a Pepe Pinto, compartiendo dicha grabación.

Como la producción discográfica fue tan extensa, nos encontramos repetidos algunos cantes, como por ejemplo, en los "cantes de Levante"; la cartagenera, "Los pícaros tartaneros", la grabó en cinco ocasiones.

La de ser tan fecunda, en la interpretación de los cantes, le fue criticado por algunos viejos aficionados, que entendieron que sólo se debió dedicar a los "cantes grandes". Sin embargo, la variedad de matices interpretados fue del gusto de infinidad de aficionados. El mayor incondicional de los cantes de Pastora fue Pepe Pinto, su esposo, que la jaleaba en las grabaciones de los últimos años.

Hay algo que nos llamó la atención en algunas de sus grabaciones, y es la dedicatoria de determinados cantes, que hacen a ciertos aficionados, que tuvieron relación con la pareja de cantaores sevillanos.

A través de las grabaciones, que comenzaron en 1910 y que concluyeron en 1950, podemos comprobar la evolución de los cantes en su manifestación expresiva. Con el tiempo, se puede observar, en la voz de Pastora, el gusto, la fuerza y la seguridad en las cadencias de los cantes. De la misma manera, como recursos estilísticos, Pastora pone esmero en la recogida de los bajos del cante. Igualmente, los trabalenguas, en las bulerías, fueron un referente para los nuevos cantaores, que pocos pudieron interpretar.

En cuanto a los guitarristas, que, a lo largo de cuarenta años de grabaciones, acompañaron el cante de Pastora, fueron Ramón Montoya, Luis Molina, Currito de la Jeroma, Niño Ricardo, Manolo de Badajoz, Antonio Moreno y Melchor de Marchena. Aquí, también podemos comprobar la evolución del toque de acompañamiento; la alegría en la técnica guitarrística de El Niño Ricardo y la solemnidad de Melchor de Marchena son una continuidad de Ramón Montoya. Así pues, la sobriedad del toque antiguo dejó paso a la creación de nuevas falsetas en el instrumento de las seis cuerdas.

En definitiva, una cantaora, La Niña de los Peines, intérprete de casta, que dejó tras de sí la dulce expresión en infinidad de cantes, como referencia para las futuras generaciones de cantaoras y cantaores; una cantaora, Pastora, que supo ponerle al desgarro flamenco un poco de almíbar.

Para perpetuar su recuerdo fue erigido un monumento en la Alameda de Hércules de la capital sevillana. Allí, se puede recordar la fecha de su fallecimiento en 1969, casi al mismo tiempo que su esposo, Pepe Pinto. De la misma manera, los viejos aficionados la recordarán en el Bar Pinto, que regentaba su esposo, en la Campana de Sevilla.

Texto: Ricardo Rodríguez Cosano