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Revista La Flamenca
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Naqueramos: Exquisita Variedad en los Jueves Flamencos de Cádiz

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Al contrario que otras zonas cantaoras, Cádiz no se cierra en sí misma y ofrece todo un abanico de posibilidades artísticas. Ello junto a la equilibrada proporción entre los intérpretes más jóvenes con los más veteranos que se dan cita en el recoleto Baluarte de la Candelaria durante el verano.

Lo que más ha sorprendido es que en ninguna de las citas se ha cantado la malagueña del Mellizo, un hecho que no deja de sorprender si estamos en su mismísima cuna.

Todo comenzó el jueves 14 de julio con "un clásico". Hablamos de la pareja artística, y en la vida real, formada por Pansequito y Aurora Vargas, ambos acompañados por Diego Amaya a la guitarra. Panseco puso la nota de originalidad con esa forma suya de encarar los tercios alargándolos, ralentizándolos y acelerándolos en las caídas finales para encajarlo en el compás. Todo un alarde de creatividad del que hizo gala y que dejó plasmado en cantes como las alegrías, la soleá, el taranto, bulerías y fandangos. Aurora Vargas, en cambio, estructura menos sus cantes porque lo suyo es dejar las puertas abiertas al temperamento, la garra y el pundonor, abandonándose a la inspiración cuando es preciso y, por eso, conecta tan visceralmente con cualquier tipo de públicos, sobre todo, en el campo festero como el de los tangos o la bulería, que refuerza con su baile. Luis de Mateo (sobrino del primero) fue el joven valor que abrió plaza, mientras que el baile correspondió a la gaditana Pilar Ogalla con unas resultonas alegrías.

Capullo de Jerez fue el absoluto protagonista del segundo jueves en un verano en el que ha arrasado literalmente en todas sus apariciones a lo largo de la geografía nacional. Su disposición, muy flamenca y personal, le hace encarar con rotundidad los tercios de la bulería para escuchar y de los fandangos, para desbordarse en los tangos y las bulerías. Su sentido del compás es altamente contagioso y, además, sabe hacer un flamenco que llega a la gran masa por vía intravenosa. Con él estuvo Periquín Niño Jero. Llegó a ser tan rotundo su éxito que se vio obligado a hacer tres bises. El resto fue tarea de tres jóvenes bien distintos en sus concepciones, el jerezano Ezequiel Benítez, la onubense Argentinita y el madrileño Israel Paz "el Moñi". El experimentado Juan Ogalla convenció con su baile.

Cádiz fue la absoluta protagonista del tercer Jueves flamencos; pues la programación dio paso una mayoría de intérpretes de la tierra como Miguel Rosendo, Yeyé de Cádiz y Mariana Cornejo. Del primero podemos destacar su afición y su oficio, adquirido por su dedicación a cantar para el baile. Antonio Olmo, Yeyé de Cádiz, causó una más que grata impresión tras más de veinte años sin actuar en su Cádiz natal, después de haber dado la vuelta al mundo enrolado en compañías y en los tablaos de Madrid. Todas esas tablas se notaron en su intervención. Mariana es de las artistas que ha sabido conservar los sabores cantaores de Cádiz adornados con trabalenguas, juguetillos y esa especial impronta del compás de la gente de la Tacita. Lo que supo plasmar en Chuflillas gaditanas con jota, alegrías y cantiñas con alguna rosa, una extensa gama de soleás, para concluir en pie por bulerías, acordándose de la Perla de Cádiz. La novedad se tradujo en el piano de Rosario Lazo "la Reina Gitana" un volcán sobre el teclado.

Con una levantera de esas gordas de verdad el cuarto jueves tuvo mucho que ver con Jerez. Jesús Méndez, de la saga de la Paquera de Jerez, mostró sus buenas hechuras cantaoras. Apunta a figura. Con bastante identificación con la forma de seguir a Antonio Mairena a través de los Moneos (Manuel y Luis). Por su parte, Maribel Marín tuvo el acierto de sacar al respetable del sota, caballo y rey de los repertorios al incluir la bambera y la farruca, le acompañó Niño la Leo. El baile fue responsabilidad de Patricia Valdés, salerosa y con un baile a la antigua usanza que repitió para su marido, Antonio Reyes para la zambra y la bulería. El chiclanero demostró porque es una realidad en el escalafón flamenco: temple, afinación, jondura y compromiso con los grandes maestros. Cerró el veterano Fernando de la Morena con Antonio Jero a la guitarra, diciendo con gusto el cante por soleá, siguiriyas, fandangos y bulerías, donde es un verdadero lujo.

Con la granaína Marina Heredia de artista invitada se presenció una desigual quinta cita donde hubo intérpretes del Puerto de Santa María, San Roque, Cádiz y Jerez. Aroa Cala hizo gala de sus buenos registros de voz, mientras que Canela de San Roque jr. Siguió en todo momento la estela de su padre y, a través de éste, la formulación cantaora de Antonio Mairena. La gaditana Natalia propuso un elegante baile flamenco, mientras que otro clásico, Nano de Jerez, rindió culto a la memoria de un espectáculo ya mítico "la Fragua de Tío Juane" salpicado de los estilos jerezanos por excelencia y con acento en la manera de bailarse y cantarse por bulerías. Por último, Marina, muy en figura, resaltó en tangos y bulerías aunque con demasiados préstamos de la maestra Carmen Linares, lo cual no es malo.

"Flamenco vivo" se titulaba la penúltima cita que encontró el debido refrendo en Rosario Guerrero "la Tremendita" y sus recuerdos al Chaqueta por bulerías. Belén López fue la encargada de zapatear por el escenario dando paso a la actuación estelar de Alejandro Segovia "Canela de San Roque" quien mostró unas excelentes maneras, sobre todo en la soleá. Un cantaor con pellizco que tendió un mano a mano con el gaditano Juan Villar, feliz de encontrarse ante su público. Antonio Saavedra completó el cuadro.

Y por último, siempre Chano Lobato. A sus 79 años de edad mostró la ilusión de un principiante compendiando una enciclopedia de los mejores sonidos gaditanos en alegrías, soleá, bulerías y tanguillos que tuvo hasta que bailarlos. Es un lujo tener a un maestro de estas características entre nosotros. María José Franco dio muestras de su saber bailar y su prestancia, cerrando la noche dos jóvenes intérpretes gaditanos, La Pitu y José Anillo entregados a su oficio con profesionalidad.

Una completa y variada programación para todos los gustos, edades y credos flamencos.

Texto José María Castaño