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Revista La Flamenca
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Naqueramos: Flamenco Viene del Sur 2009

Revista La Flamenca

La serie de conciertos enmarcada en el ciclo Flamenco viene del sur, ha continuado focalizando el escaparate flamenco profesional de la ciudad de Sevilla durante los últimos meses. Repasemos ahora lo acontecido durante los martes de abril y mayo en el Teatro Central de la Isla de la Cartuja. Dorantes visitaría el Central el pasado 14 de abril con el espectáculo Flamenco Session. Dado que sus últimos espectáculos se bautizaban como sus discos, Orobroy y Sur, suponíamos a priori que se adelantaría nuevo repertorio, amén del que ya es clásico en Dorantes. Pero resultó que no hubo demasiada novedad. Si acaso los primeros temas, una introducción libre a la que el pianista llama Atardecer, la guajira Regazos y una serie de improvisaciones por bulerías en las que Dorantes exprimiría todos los recursos posibles del piano, sí que sonaron a algo nuevo. La soleá Como niños nos descubría la voz de un joven Juan San Juan que apunta interesantes maneras. Pero lo que vendría después sería más de lo de siempre, otra vez los temas que son la banda sonora de Dorantes en los últimos años. Excelente la coreografía y técnica de Pastora Galván poniendo alma y sugerencia de formas a la Danza de las sombras y a Sur. El público muy entregado, por supuesto, ningún concierto que termine con dos piezas tan redondas como Orobroy y Sur puede resultar indiferente. Pero a algunos ya no nos entusiasma tanto seguir escuchando lo mismo una vez tras otra. Posiblemente en el concierto que ofreciera al mes siguiente en los Jueves Flamencos de Cajasol sí adelantara nuevos temas, pero eso tendrá que contarlo quien lo haya visto.

El joven gaditano David Palomar llevaría al Central la presentación de su primer disco, que lleva por título Trimilenaria. Oportunidad de oro para este cantaor de reciente carrera como solista la que tenía de cantar en Sevilla, en un marco como el del Teatro Central. A veces pienso si semejantes oportunidades no son arma de doble filo, porque habría que preguntarse si el nombre de David Palomar tiene la suficiente entidad aún como para sostener un concierto en solitario en el Central, cuando otros artistas de su misma generación, e incluso otros que le doblan edad y destilan magisterio por sus poros, han compartido noche. Se notó en el ambiente y en el propio escenario que el gaditano no está lo suficientemente consagrado, pese a la entrega de Palomar y su gente. Su trabajo, eso sí, ofrece varias cosas de cierta originalidad, como el pregón de Macandé o la bulería que dedica a la Paquera en la que además rapea estilo Diego Carrasco. También la malagueña de El Mellizo, sus personales fandangos o la seguiriya dijeron algo interesante.

La siguiente noche tendría como protagonistas a La Susi y Chiquetete. La alicantina hacía mucho que no cantaba por Sevilla y se le notaba particularmente agradecida. Tanto, que quiso dar mucho, y lo que la organización del teatro pretendía que fueran cuarenta y cinco minutos de actuación, casi se fue a la hora y media cantando. Me gustó mucho su puesta en escena, sencilla pero elegante, con supuestos coros femeninos que no abrieron la boca pero daban presencia, Bobote poniendo el contrapunto en el compás y un acompañamiento de guitarra y violín bien conjuntados. Ella parecía un poco rozada de voz, pero se le perdona por sus ganas. Por bulerías se descontroló un poco en verdad, con ese baile anárquico, con corazón, pero con escasa técnica. Chiquetete presentó un repertorio convencional con cantes de fragua, soleá, tientos tangos, bulería y fandangos. En la soleá quiso dejar marchamo personal acordándose de Triana y otros personalismos. Pero aquí fue quizá donde definitivamente empezó a fallarle lo fundamental: la voz. Bueno, más que la voz, eso que los flamencos llaman el fuelle. Lo de Chiquetete fue un quiero y no puedo y como tal intención habrá que valorarlo, sin entrar en demasiado análisis. El público parecía que estaba con él, pero poco a poco también se fue apagando, pues no siempre convence lo que sólo se intuye.

Chanta la mui se presentaba en Sevilla el 12 de mayo. Es un espectáculo a tres, sostenido por los bailarines Daniel Doña, Olga Pericet y Marco Flores, jóvenes con amplia trayectoria y prometedor futuro. Pero sinceramente, tengo mis dudas sobre si un espectáculo así debe ser ofrecido en un ciclo de flamenco. Porque Chanta la mui es un espectáculo de danza, no de baile flamenco, y ello deberían sopesarlo los programadores a la hora de atender propuestas, pues se corre el peligro de confundir a un público que no siempre conoce lo que va a ver cuando se sienta en la butaca. Pese a que algún retazo sí sea flamenco cien por cien, como ese Marco Flores bailando el estremecedor martinete de Agujetas. Voz de Agujetas grabada, pues no hay música en directo, lo que aleja la espontaneidad flamenca. Aunque eso sí, la selección musical es muy acertada, el vestuario exquisito y la escenografía, aunque algo escasa, fundamental en el contexto.

Concierto de clausura para los compadres Manolo Franco y Niño de Pura, lo que no deja de ser chocante, que un espectáculo que tiene ya más de diez años cierre un ciclo como Flamenco viene del sur. Más cuando su estreno fuera en Sevilla, precisamente, en la X Bienal de Flamenco de 1998. Más triste aún comprobar cómo el espectáculo no ha cambiado prácticamente nada en este tiempo, ¿es que diez años no es tiempo suficiente para que algo se reforme? Tampoco me gusta demasiado la sensación, supongo que involuntaria pero cierta, de que Niño de Pura acabe haciéndose protagonista de la escena, relegando a Manolo Franco casi a segunda guitarra. Y el predominio abusivo de toques rítmicos quizá anime al neófito, pero acaba resultando algo monótono. El punto de sorpresa lo puso sin duda Rafael Campallo, invitado al baile, que aprovechó sus minutos para reivindicarse de nuevo como un grande de la danza flamenca actual.

Texto: Josema Polo