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La Firma : Por politiquerías


La Firma : Por politiquerías




Revista La Flamenca

Se ha descubierto el cante por politiquerías. El flamenco, ese arte experto en traicionarse a sí mismo, acaba de añadir un nuevo palo a su acervo. Este estilo, que busca su pátina de tradición en la emulación de la génesis, está relacionado con el “trabajo”. Dicen los libros manidos que los trilleros inventaron el cante de la trilla, los fragüeros el martinete y los mineros la taranta. Ahora se sabe también que los políticos pergeñaron la politiquería, un estilo a mitad de camino entre la chufla y la petenera, ya que su temática principal consiste en tomarse a cachondeo y con aire festero un hecho o acontecimiento que va camino de la muerte.

Según los expertos consultados, se cree que el padre de este estilo es Manuel Copete Núñez, artísticamente conocido como Copete, un “artista” de La Puebla de Cazalla que, al parecer, gravó muchos presupuestos, gracias a los cuales hoy se conoce su trayectoria. Sin embargo, la fama le llegó a través de uno titulado “La Bienal de Flamenco”, realizado poco tiempo después de su gran triunfo en el teatro de la Diputación, aunque estudios recientes aportados por el alcalde de Sevilla han ofrecido nuevas hipótesis sobre el título de esta obra: “La Bianual” o “La Anual” son algunas de las teorías propuestas por el investigador Alfredo Sánchez Monteseirín.

Entrando en materia, este trabajo con el que alcanzó la fama el maestro Copete, está compuesto íntegramente por las citadas politiquerías. Tiene un total de diez cortes distribuidos de la siguiente manera. El primero muestra la habilidad del “artista” para adaptar la saeta a este nuevo estilo. La letra refleja cómo el autor de “La Bienal” tiene que buscar un balcón un par de horas antes del paso de la cofradía. Contundente pieza etiquetada como “Preámbulo”.

El segundo corte se titula “Donde dije digo…”. Con voz recia, haciendo gala de sus múltiples registros, este cante cuenta cómo la clausura de Farruquito se convirtió en “homenaje a Valderrama y a mí que no me pregunten”; cómo Joaquín Cortés y Manolo Sanlúcar desaparecen del primer cartel y a silbar; cómo engañar a las peñas dos veces; y cómo suspender un viaje pagado por Turismo Andaluz cinco minutos antes de la salida del vuelo. En este tema colaboran a la guitarra el alcalde de La Puebla, a quien Copete quiso llevarse de gira sin conseguirlo, y a las palmas el experto Monteseirín, que lleva el compás de todo.

Para el tercer corte queda el cante titulado “Sin cobertura”, en el que el “artista” narra las inclemencias de un móvil que no se escucha cuando no le conviene y que se apaga cuando su dueño decide faltar a una cita. Este tercio entronca directamente con el siguiente, “Informalidad”, basado en la habilidad para dejar plantados a decenas de periodistas tras haber cerrado una cita con ellos, así como en la destreza para enviar a súbditos suyos a viajes propios con cinco minutos de antelación. Es especialmente significativo el verso en el que se cuenta la compra de los calzoncillos en Barcelona.

El quinto tema constituye el eje central de la obra. Se llama “No tengo un duro” y la temática aborda la forma de hacerse el longui ante determinados compromisos económicos adquiridos a los que no puede hacer frente. Sin haber oído éste no se puede entender el siguiente corte, titulado “Programar sin avisar”. Aquí Copete desbroza cómo rellenar un puzle de espectáculos sin haber negociado con los interesados. Así llegamos al tema número siete, dedicado a los programadores. Para ellos están destinados los versos en los que habla de la colocación de tres montajes el mismo día y a la misma hora.

Entramos ya en el corte ocho. Bajo la denominación de “Cállate Canales” el cante por politiquerías llega a una de sus máximas expresiones. Aunque lo mejor se reserva para el final.

El número nueve, “Contrato a quien quiero”, ofrece un amplio espectro de colaboraciones que van desde coordinadores de sillas, gestores de catedrales y periodistas sin título hasta administradoras capaces de reconocer en la barra de un bar que los contratos se están cerrando después de presentar la programación. Una maravilla de tema que va dejando en calma los oídos antes del fin de fiesta final. “Robletín” es el corte que cierra la obra. Todo un prodigio. Cómo insultar a un columnista con acusaciones homófobas y soeces desde un correo electrónico que pagamos todos los ciudadanos, entre los que están incluidos los homosexuales.
Gracias a esta nueva aportación a la historia del flamenco, este arte, según indican los expertos, dará un giro radical y, probablemente, conseguirá la designación como Patrimonio Oral de la Humanidad, reivindicada por los propios compañeros de Copete, creador del cante por politiquerías. Maestro de maestros. Campana gorda. Estandarte de un género que, todavía hoy, y a la espera de nuevas investigaciones, se rinde a sus pies. Ole.

Alberto García Reyes




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