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Entrevista: María Terremoto


Entrevista: María Terremoto




No encontramos otro momento para hablar un rato con María Fernández Benítez “María Terremoto” que durante la sesión de maquillaje, antes de su actuación en la gala del Festival Internacional del Cante de Las Minas. Y es que María lleva un verano de infarto. Su agenda de conciertos está prácticamente llena. Casi a bolo por día. Desde que ganara el Giraldillo Revelación en la Bienal de Sevilla del 2016, con tan solo dieciséis años, no para de pasear su cante jerezano por todas partes.

Web Revista La Flamenca. Murcia 23/8/2018. Texto y Foto: Alberto Garcia

No se puede empezar una conversación con María sin referirnos a sus orígenes. Nieta del gran cantaor Fernando Fernández Monge “Terremoto de Jerez”, e hija del cantaor Fernando Fernández Pantoja “Fernando Terremoto”.

Llevar este apellido no es fácil, mi padre también tenía sus cosas en la cabeza con esto. Es cierto que te abre muchas puertas, pero la responsabilidad es muy grande. Siempre se espera que estés a la altura y el público te mira con más expectación y exige más de lo que todavía ven que puedo dar. Siempre tienes que rendir al máximo. Pero lo llevo con tranquilidad porque sobre todo estoy haciendo lo que más amo, que es cantar.

Mientras hablamos María se maquilla. Con la rapidez que te proporciona la repetición. Con precisión, va pintándose los ojos. Comienza a nombrar a su padre, ahí para, baja la vista en un signo de respeto y cariño. Con emoción, recuerda.

De chica, mi padre me sacó a cantar en la peña que lleva su nombre, su casa como quien dice, una bulería. Yo no quería, que no, que no… me daba mucha vergüenza…al final le canté. Se grabó un video de aquello y esa película para mi es, buff… No puedes imaginarte. Cuando la veo, recuerdo los momentos que viví con él. Los buenos y los malos. Por suerte tengo esas imágenes que muchas veces me sirven para sentir lo que soy y recargar pilas.

María vuelve a su labor. Capa a capa va cubriendo su rostro, empieza a transformarse y ya sobran las preguntas. Habla de cómo nunca había pensado en dedicarse a esto. De cómo siempre cantó en casa, aunque sentía mucha vergüenza para hacerlo en público…Habla de las zambombas de Jerez. De cómo se han convertido en una tradición familiar.

Todos los años, desde hace más de treinta, se hacen zambombas en la Peña Fernando Terremoto. Y todos los años voy a disfrutar. Nos juntamos todos, toda la familia. Ya van faltando muchos, pero los que quedamos, allí estamos. Es una forma de reunirnos y es algo que espero transmitir a mis hijos y que ellos se lo enseñen a los suyos. Es algo muy bonito y sentido.

También es una manera de rendirle tributo a mi padre. Es un referente en los villancicos de Jerez. Estuvo más de dos años estudiando y componiendo villancicos que le abrieron muchas puertas. Siempre compuso mucho. Era un hombre muy culto, con una mente muy abierta para lo puro que era su cante, con mucha facilidad para escribir y componer. Hay muchos artistas que han recurrido a sus letras. El primer disco de India Martínez tiene varios temas suyos, el último de La Macanita tiene dos temas de mi padre, Carmen de la Jara grabó una nana… Era pura delicadeza, sutilidad.

En ese aspecto salgo un poco a él, me gustan todo tipo de músicas raras. Lo escucho todo, no solo flamenco. Toqueteo un poco el piano y me gusta hacer cositas para mí. Pero eso, para mí. No se las enseño a nadie. Componer es una cosa muy difícil y delicada, no me siento preparada para eso. Todavía no. Pero llegará.

De nuevo deja los pinceles y las esponjas y esta vez mirándose al espejo habla visiblemente emocionada, bajito, como para sí misma.

Siempre se me coge un nudo cuando hablo de mi padre. Yo era muy pequeña cuando pasó “eso”… Me dejó muchos recuerdos, vivencias, canciones… Ahora es una suerte poder escucharlo y aprender sus formas.

Nunca me gustó estudiar. Me tiraba todo el día cantando y llegué a la cuenta de que cantando es como me sentiría realmente a gusto. Apareció Hugo, mi manager, que nos conocemos de chicos, apostando por mí. Se lo agradeceré siempre, pues me dio el empujón que necesitaba para dedicarme a esto profesionalmente. Me ayudó a llegar a la conclusión de que lo que realmente iba a influir para bien en mi vida era el flamenco. Así es. Con la ayuda de todo mi equipo, vamos poquito a poco y por buen sendero, buscando un hueco en este mundo. Pienso que no nos hemos equivocado.

Me está pasando lo que le pasó a mi padre con mi abuelo, estoy viviendo lo mismo que él vivió. Es algo muy fuerte y a la vez bonito.

Hugo Pérez, que lleva sentado tras de mí todo este tiempo, al oír su nombre, se levanta y coloca algo. No sé qué. Es algo instintivo que demuestra la implicación que tiene en el proyecto de María. Es su única representada y le dedica todo su tiempo. Está ahí para todo. Manteniéndose en segundo plano, siempre atento a lo que pueda surgir. Todo un lujo.

Saltan risas espontáneas de complicidad. Es algo así como el hermano mayor, aunque no aparentan mucha diferencia de edad, cuidando y solventando las necesidades de su hermana pequeña.

Intento aprender de los más grandes. Aparte de los de mi casa, lo escucho todo, a Caracol, Chocolate, Mairena, Fosforito, Tío Borico, El Serna, tío Mojama. Digo tío porque el Serna y él son de mi familia, son de los Fernández. En ellos busco la pureza del cante.

Entre los vivos me quedo sin lugar a dudas con Estrella. Estrella Morente me flipa. No se puede aguantar, como cantaora y como artista. Es mi ídolo. Siento gran admiración por su manera de hacer y cantar. Sin menospreciar a nadie, pero de ahora me quedo con mi Estrella, que me quita el sentío. Me encanta.

A estas alturas de la conversación, el resto del grupo llena el camerino. La organización les reservó uno solo para todo el grupo. Vuelven a surgir risas y bromas.

Cuando le indico a María la mala suerte de compartir cartel con Los Vivancos, que nada tienen que ver con el flamenco, ocupando el resto de la zona dedicada a los artistas, con sano desparpajo me responde:

Hombre. Habrá gente que también ha venido a escucharme a mí. No se llega a la Catedral del Cante así como así. Detrás hay mucho esfuerzo y mucha ilusión.

Yo voy como siempre, a darlo todo, y a disfrutar con mi gente. Con mi Nono Jero, que me lleva en volandas con su guitarra, mis dos Manueles, Cantarote y Valencia dándome el compás… Somos un equipo, una familia… En el flamenco lo importante es eso. Conocerse a fondo y que baste una mirada para entenderse. Por ejemplo, habrá mejores o peores guitarristas, pero como mi Nono, nadie. No hay otro que sepa llevarme como él.

Por seguirilla me entiende perfectamente y permite que me encuentre cuando te sientes mal, porque no todos los días son iguales, buenos o malos, siempre hay que dar el callo. Ese palo me ayuda a descargar sentimiento. Él lo consigue. En las bulerías, que es uno de los palos fundamentales de mi repertorio y muy difíciles de hacer bien…, ahí es donde me doy cuenta del gran equipo que formamos.

El cuarto se queda pequeño, entre amigos vistiéndose y más risas… María termina su maquillaje con el retoque de rojo sangre en los labios, y la transformación es completa. Desapareció la joven sencilla para dar paso a la artista. Hugo nos apura cumpliendo con su labor. Sólo nos queda tiempo para hablar de su primer disco.

Me crié en Sevilla pero soy de Jerez y mi cante es de Jerez, por eso lo llevaré siempre por bandera, allá donde vaya, y haga lo que haga. El disco suena a mi tierra. Pero como decía mi abuelo, Jerez es muy exigente con los suyos, así que ya veremos. Está grabado con mi gente, las colaboraciones de Diego del Morao, Manuel Parrilla, Pedro Ricardo Miño, que junto a Nono Jero, aparte de su colaboración, son los productores, y Esperanza Fernández, a quien admiro como la gran cantaora que es. Casi está terminado. Unos arreglillos nada más faltan.

Haré una presentación en Sevilla durante la Bienal y después en Jerez, en octubre, al Teatro Villamarta.

Lleva por título “La Huella de Mi Sentío”. No está dedicado a nadie. Tan solo intento plasmar lo que soy y cómo son las raíces de mi cante, pero también habrá algunas sorpresillas que espero que gusten. No reniego de lo que soy, pero no voy a quedarme en Jerez sentada en una silla. Al fin y al cabo somos artistas y es cierto que en Jerez no te dan tu sitio. Le ocurrió a mi padre y a otros muchos, que ya siendo gente muy consagrada no fueron reconocidos en su propia tierra. Ese es el rollito que hay allí.

Pero al fin y al cabo es nuestra tierra y yo muero con ella, muero con su gente. Que sepan que yo voy a Jerez sin mirar atrás y sin importarme nada. Vivo el presente y tiraré para adelante con todo. No estoy cerrada a nada y el futuro, Dios dirá.

Salimos al fresco e inmediatamente suenan las palmas y la guitarra. María canta para calentar y rebajar nervios. En unos momentos pisará las tablas del Mercado Público de la Unión y levantará a los asistentes de sus asientos, en su debut en La Unión, con su saber hacer.

No perdamos de vista a María Terremoto, que ya ha dejado de ser promesa para convertirse en referente del cante joven de Jerez. Estoy convencido que nos proporcionará mejores momentos de los que ya nos ha dado, que son muchos y buenos.

El que escribe disfruta con estos pocos minutos, que siempre son únicos. Agradezco a estos pedazos de artistas, el que me traten como amigo y me permitan estar ahí como uno más.





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