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Monumentos Flamencos: Juan Breva


Monumentos Flamencos: Juan Breva




Revista La Flamenca

Juan Breva, cuyo nombre era Antonio Ortega Escalona, nació en Vélez-Málaga en 1844. Su nombre artístico lo había heredado de su abuelo, que vendía brevas y otros frutos por la serranía de Málaga mientras los pregonaba cantando. Durante su juventud se libró de hacer el servicio militar en el sorteo, lo cual hizo que no participara en la guerra de Marruecos y pudiera así iniciarse en el mundo del arte. Sus inicios fueron en el Café del Sevillano de Málaga en el que cobraba 20 pesetas diarias, lo cual suponía el doble de lo que los cantaores cobraban en aquella época.

A partir de entonces Juan Breva comenzó una brillante trayectoria que tuvo su punto álgido en 1884, cuando se trasladó a Madrid. Durante esta época Juan Breva actuaba en tres sitios distintos todos los días: en el teatro Príncipe Alfonso, en el Café del Barquillo y en el Café del Imparcial, en los cuales cobraba veinticinco pesetas por actuación además de recibir alojamiento en este último para él y para su familia. Fue el único cantaor llamado personalmente para actuar delante del Rey Alfonso XII, quien le concedió una pensión vitalicia y, con el que llegó a tener una amistad. Tras su etapa en Madrid vivió en Almería donde regentó una freiduría y finalmente volvió a su tierra natal y se fue a vivir con su hijo. Su última actuación en público tuvo en el teatro de Vélez-Málaga, el año 1918 en la que el cantaor se presentó con graves problemas de visión.

Murió ese mismo año y, a pesar de todo lo que había ganado, hubo que hacer una recolecta para pagar su entierro. Durante muchos años, este cantaor que creó escuela y estilo en los cantes malagueños, se mantuvo en el olvido llegándose, incluso a perder sus restos ya habían sido inscritos bajo su nombre real mientras que en su lápida lo nombraban con su nombre artístico. Su merecido monumento se inauguró el 30 de mayo de 1970 y fue costeado por suscripción popular. Su autor fue el escultor malagueño Jaime Pimentel, quien representó a Juan Breva sentado en una silla de anea y tocando su guitarra, una de sus poses más características ya que Juan solía acompañarse él mismo sus cantes. Además de este monumento, este grandioso artista ha sido rememorado con una calle, numerosas peñas flamencas y un festival que se celebra anualmente en Vélez-Málaga y que lleva su nombre.

Texto y Foto: Yessica Brea




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