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Naqueramos: Cruce de Caminos


Naqueramos: Cruce de Caminos




Revista La Flamenca

La Diputación de Sevilla, con la colaboración de la Fundación El Monte, puso de largo en Málaga este espectáculo dirigido por Juan José Román. Cruce de Caminos no es más que el pretexto para dar trabajo a una serie de artistas sin más leitmotiv que pasar de puntillas por los palos. Ni decorado ni guión argumental. Es decir, un festival más. De esta forma, tras el pistoletazo de salida de Málaga, y tras su presentación en Sevilla, Mairena del Alcor, Alcalá de Guadaíra, Arahal, Cantillana, Lebrija y Los Corrales son las plazas donde Cruce de Caminos está haciendo escala.

Un elenco de artistas desigual en cuanto a calidad, marca las luces y sombras de este justificante político-cultural de continuas transiciones. Con todo, hay que destacar la calidad y superioridad de Chano Lobato, José Menese y El Polaco. El resto es un gazpacho al que le falta quien se atreva con la seguiriya -gran ausente de nuevo- y quien se enseñe a los más jóvenes los matices de los cantes que interpretan, en unos casos, y el cante completo, en otros.

En la función de Sevilla, José Menese dejó en la soleá que abrió el espectáculo y en la liviana de la segunda parte del programa lo más serio de la noche, a pesar de no ser de las mejores intervenciones que hemos presenciado al morisco. Se nota cuando quien interpreta no está a gusto en un escenario, por encontrarse fuera del contexto que por merecimiento propio debe ocupar. Por su parte El Polaco muestra una seguridad en lo que canta que, si bien puede pasar desapercibida en competición con cantaores de su rango, en este tipo de espectáculos sobresale en su propio beneficio. Así lo vimos, en la granaína y media granaína con Antonio Carrión, y en el fandango de Yerbabuena junto al pontanés David Pino, que no desentonó en los de Lucena.

Chano Lobato salió a escena con dieciocho años recién cumplidos. Había salido del hospital días antes, compartiendo con los presentes sobre las tablas del Central el tratamiento que le han mandado a base de cantecitos de Cádiz. Primero vitaminas por bulerías, en las que las carencias vocales propias de la edad se suplen con los regateos del compás marca de la casa. Después, en el cierre del espectáculo, gran despliegue carnavalesco. Primero dos tangos de Los Anticuarios del “Tío de la Tiza”. Después el cuplé por tanguillos “Por querer curiosear” de la comparsa “El Abanico de Luis XV” de Cañamaque, con pataíta incluida… Dieciocho años. Cai puro.

Del resto del elenco, la poca trascendencia de Antonia Contreras, discreta por malagueña y jabera; la incapacidad para afinar de Plácido González en la bambera y en los fandangos onubenses; la voluntad de Rocío Segura con el taranto (para el fandango de Almería escúchese la versión de Manolo de la Ribera) y el pitido de la voz académicamente cuadriculada de Gema Jiménez, en la taranta de Linares. Como podrán comprobar si tienen ocasión de verlo, un Cruce de caminos en el que dan cita maestría y mediocridad




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