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Naqueramos: Discretos Viernes Flamencos en Jerez


Naqueramos: Discretos Viernes Flamencos en Jerez




 

Revista La Flamenca

Si destacamos que el valor más importante de los Jueves Flamencos de Cádiz es la enorme variedad que ofrece en cuanto a intérpretes y escuelas cantaoras, justo lo contrario hemos de decir de Jerez. Claro que las realidades de ambas ciudades son bien distintas porque la capital del vino fino tiene entre sus propios vecinos una gran colectivo artístico que, cada año, quiere contentar. Lo que a la postre se resumen en mostrar la pescadilla que se muerde la cola: esto es, los mismos intérpretes un año tras otro y muy poca baraja de estilos y formulaciones cantaoras, las que se ofrecieron coincidiendo con los cuatro viernes de agosto.

Tal vez lo más destacado fue la reaparición en los escenarios de Manuel Moneo Lara, quien felizmente se recuperó de un largo período inactivo. Su metal privilegiado que le ha procurado el sobrenombre de “el Bronce de la Plazuela”, se dejó notar en soleás, siguiriyas, fandangos y bulerías. Los jóvenes encargados de completar el cartel fueron Paco Peña “Gasolina hijo” y el experimentado Rafael de Utrera junto a la guitarra de Manuel Valencia. El baile fue responsabilidad del gaditano Eduardo Guerrero, mostrando una buenas maneras.

Luis el Zambo capitaneó la segunda entrega. El santiaguero se deshizo en los cantes por soleá, bulerías por soleá, siguiriyas, fandangos y bulerías, estuvo algo rozado pero con la flamenquería de siempre. Rocío Romero puso los bailes y Pepe de la Joaquina, tras una larga temporada, volvió a actuar ante su tierra natal, destacando en los estilos festeros, la terna se remató con Iván “el Torrán”.

El triunfador de la tercera noche fue, a no dudar, Fernando Terremoto. Aparte de sus excelentes cualidades, se nota su estado de forma pues está encima de los escenarios todos los días. Malagueñas, siguiriyas, fandangos y bulerías fueron sus mejores señas. Junto a él un voluntarioso “Niño la Fragua”, nieto de Tío Juane con una notable predisposición. El baile fue responsabilidad de Miguel Ángel Heredia, quien habitualmente trabaja en el elenco de la Reina Gitana. Causó grata sensación la comparecencia de Macarena Moneo con Barullito hijo, su sobrino. Dio buena cuenta del saber heredado de la familia.

En último viernes, en una baraja estrechísima de estilos flamenco (casi no se salió de soleá, siguiriya, fandango y bulería en las cuatro citas) comparecieron Eva de Rubichi, Luis de Pacote hijo y el baile de la gaditana Lidia Cabello. Como colofón se presentó la figura de la noche, José Vargas el Mono de Jerez, un veterano artista que cada vez pone más en aprieto a aquellos que lo sitúan como un mero festero. La guitarra la puso Manuel Jero.

Poco más que contar, salvo que rizando el rizo de la endogamia artística, más de 60% de los intérpretes, los mismos con los mismos cantes, también formaron parte de otra programación jerezana: el otoño flamenco. Eso es quererse o negociar los pagos con dos actuaciones en vez de una… que de todo hay en la viña jerezana.

Textos: José María Castaño




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