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Reportaje: Triunfo Flamenco: Paco de Lucía al Desnudo


Reportaje: Triunfo Flamenco: Paco de Lucía al Desnudo




Revista La Flamenca: Revista nº 23 / año 2008 Enero Febrero Foto: Musacchio & Ianniello

Roma, Auditorium Parco della Musica 28 02 2010 La Chitarra - Paco de Lucia in concerto. ©Musacchio & Ianniello ******************************************************* NB la presente foto puo' essere utilizzata esclusivamente per l' avvenimento in oggetto o per pubblicazioni riguardanti la Fondazione Musica per Roma ********************************************************

El 9 de junio de 1962 apareció en los kioskos españoles la revista Triunfo, dejando atrás su faceta de semanario cinematrográfico, y durante la década de los 60 y 70 no dejó ya nunca de recoger y destacar en sus páginas cuantos acontecimientos de índole cultural e ideológica fueron sucediendo en nuestro país, lo que supuso que fuese censurada en varias ocasiones. Dos ideas fundamentales guiaron a la revista: dirigirse a las mayorías y transitar por senderos culturales para que sus páginas pudieran acoger las grandes corrientes del pensamiento europeo, y el Arte Flamenco tuvo una amplia acogida con grandes firmas de intelectuales de la época como José María Moreno Galván, Francisco Almazán, o Felix Grande. Por ello la revista La Flamenca, previa las autorizaciones correspondientes, inaugura esta nueva sección donde iremos reproduciendo los contenidos que creemos más interesantes. Para empezar publicamos la primera entrevista de gran envergadura que se le realizó a Paco de Lucia con motivo de su actuación en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, siendo su autor José Luis Rubio, y que apreció con el título “Paco de Lucía. En el flamenco hay mucho camelo” en el nº 462, publicado el 10-04-1971.

Paco de Lucía: `En el flamenco hay mucho camelo´

Nacido en Algeciras hace veintitrés años, Paco de Lucía es un adelantado del flamenco. Está llevando más lejos que nadie hasta el momento las posibilidades expresivas del arte de la guitarra. Su presentación en el Teatro de la Zarzuela el pasado 24 de marzo se puede definir en términos del “show business” con una sola palabra: éxito. Pero las ovaciones concedidas a su madrileño bautismo de fuego no pueden medir como el dice, el esfuerzo de cinco horas diarias de estudio. Sólo para sacar al flamenco de su inhóspita capilla para demostrar lo que es una guitarra. Paco de Lucía lo ha dado todo. Como corresponde a un auténtico maestro.
En realidad yo no esperaba tantos aplausos porque el público español no está preparado para la guitarra. El flamenco no tiene ninguna aceptación, y la gente desdeña todo lo que se haga sin una guitarra fuera del dominio clásico, fuera de todas las expresiones que halagan a la alta burguesía. Por ejemplo, cuando toqué en el Palacio de la Música de Barcelona, el público se escandalizó de que mi nombre pudiera ir junto a los de Rubistein o Watts. Es duro comprobarlo, pero es en España donde hay mas discriminación hacia el flamenco.

¿Cuál es el motivo para tal actitud?
Creo, simplemente, que es un problema de tradición. La tradición hace mitos, y anular con una realidad un mito es muy difícil. Al contrario, cada día surgen nuevos mitos que ensombrecen más las realidades. En el flamenco este problema es doblemente agudo, porque no es una música hecha para una sala de conciertos, es para un cuarto con los amigos. En un escenario no hay las misma comunicación, siempre se corre el riesgo de compararlo con la música culta. Y el flamenco es todo lo contrario, es algo completamente salvaje, todo inspiración. No tiene las matemáticas de la música, en las que se opera y se obtiene un resultado, el flamenco no tiene una lógica.

Por otra parte, están estos flamencólogos, que sólo ven la fantasía de la Luna, del gitano, de la piel de aceituna, en una palabra, García Lorca. Eso no es la realidad del flamenco. Yo soy una realidad del flamenco, y con esa realidad , me siento mucho mejor que todos esos señores con toda su poesía.

¿Cómo se podría remediar esa situación?
Es que el flamenco está en un período de transición. Sólo dos o tres personas pueden hacer algo. Porque hay mucho camelo, mucha mentira. Hasta dentro de lo que se llama flamenco puro.

Usted habla de transición ¿no ocurre realmente que el flamenco se encuentra estancando y que los actuales intérpretes sólo pretenden imitar lo mejor posible a los viejos maestros?
Sí, sólo se preocupan de recrearse en lo que los otros ya han hecho. Y es que como he dicho, parece que lo que manda es la tradición. Los gitanos son muy buenos intérpretes, muy buenos artistas, pero crean muy pocas cosas nuevas, porque tienen miedo a la realidad. Mejoran en técnica, pero no en invención. Además, los viejos, los patriarcas del flamenco no abren paso, no quieren que evolucione. Y los jóvenes no se atreven a contradecirles. Desde hace cuarenta años, os sea, desde Ramón Montoya que fue le precursor de lo que se hace hoy en guitarra flamenca, no ha salido nadie. Han salido un Sabicas y un Mario Escudero, que han perfeccionado lo que Montoya quería hacer. Lo han hecho mejor en técnica y tal vez en sentimiento, pero no han dado un nuevo paso, no le han dado una nueva forma a la guitarra.

¿Cree usted que ha encontrado esa nueva forma?
Al menos lo estoy intentando. Yo tuve la suerte de nacer en un ambiente flamenco y empecé a tocar a los ochos años. En aquellos tiempos mi monstruo sagrado era Niño Ricardo. Cuando tenia quince años me fui América, y allí oí a Sabicas y a Mario Escudero, y me dí cuenta de que existía otra manera de tocar. Al principio no la podía comprender, y mi propia tradición me impedía aceptarla. Fue como un “shock”. Pero gracias a los consejos de Sabicas volví a empezar por el principio y a crear cosas nuevas. Esto fue la piedra de toque para que yo hiciera mi escuela y llegara a ser lo que soy hoy. Yo quiero mucho al flamenco y creo que estoy capacitado para hacerlo evolucionar.

Hablemos ahora del cante. ¿Tiene los mismos problemas con la tradición que la guitarra?
Si, es igual. Hay cantaores muy famosos, considerados como maestros, y que a mi no me gustan. Han hecho mucho por el flamenco, están enseñando a la juventud a cantar, pero no se expresan a sí mismos; han oído todo lo viejo y lo han repetido todo, pero sin la menor creación original. Parecen magnetofones del flamenco. Sin embrago, hay un cantaor nuevo que, para mi gusto, es de lo mejor que ha salido en todas las épocas. Se llama el Camarón de la Isla. Puede que él no sepa cien cantes como saben los puristas que presumen de saber cien cantes distintos. Yo me conformo con que él sepa dos, pero con esos dos yo me siento mejor que con los cien cantes de los otros. Porque aunque te haga sólo dos cantes y te los cante todos los días, cada día oyes un cante diferente. Es de los que hacen flamenco sin camelo. Y además, tiene una afinación perfecta de la voz, tiene todas las condiciones que se pueden tener para cantar flamenco y bueno, lo tiene todo, ya está.

Si, ya está. Paco de Lucía es los suficientemente explícito. Ha adoptado el puesto más arriesgado en la vanguardia del flamenco, el de dar la cara. Tiene una docena de LPs bajo su nombre y varios más como acompañante (entre ellos los tres volúmenes del “Jazz Flamenco” de Iturralde). Su próximo concierto será el día 4 en el Teatro Español. Es la otra oportunidad para los que desconfían de las apariencias. José Luis Rubio.




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