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Festivales: XLV Festival Internacional del Cante de las Minas 2005


Festivales: XLV Festival Internacional del Cante de las Minas 2005




La oportunidad estaba servida para ir por vez primera a la Unión y disfrutar de su prestigioso Festival Internacional de los Cantes Mineros. Lástima que no pudimos quedarnos todo el Festival, pero los días que vivimos fueron muy intensos y nos permitieron comprobar in situ lo bien que trabajan todos en pos de aquella idea que lanzara Juan Valderrama hace justo 45 años. Entonces, el afamado cantante – cantaor se molestó porque el público minero sólo le pidiera las coplas que le hicieron más populares como ‘El Emigrante’ y otras lindezas. Pero como Juan, aparte de todo ello, tenía una afición tan redonda como su sombrero, no dudó en recriminar cómo se podían olvidar de la profunda y bella baraja de cantes autóctonos de la zona y comenzó a cantarlos con la aceptación de todos. Un nutrido grupo de aficionados tomaron la lección y decidieron crear una cita anual dedicada a los cantes mineros. Luego, fueron recaudando afectos, ilusiones y voluntades, privadas y públicas, incluso las de la clase política que pronto entendió que el Festival daría más publicidad a la zona que mil anuncios televisivos en prime time. Y así fue. Cuarenta y cinco años después, pocos discuten que la plaza que antesala el Mercado Antiguo de la localidad, por merecimiento propio, aunque con algo de sano orgullo, se llame “La Catedral del Cante”. Ya que por su escenario pasa cada año lo más granado y florido del flamenco sin escatimar en ningún esfuerzo. Eso, añadiendo la repercusión del concurso internacional que supone todo un espaldarazo a la carrera artística de los ganadores en sus distintas disciplinas. Y si no, que se lo pregunten a Miguel Poveda, Mayte Martín o a tantos otros que empezaron a alumbrar sus éxitos con el carburo de las minas. La base de todo radica en cómo se vuelca toda la región con el evento, como en Fuenteovejuna, todos a una. Y así, sí se consiguen las cosas. En nuestra Andalucía Occidental se presume mucho de haber aportado tantos cantes, pero luego, las divisiones entre ayuntamientos, diputaciones, etc., y de las mismas corrientes de críticos y aficionados, dan al traste con muchas ideas. Los grandes eventos de esta zona cojean todos por alguna parte.

El compañero Carlos Sánchez y yo salimos bien temprano (bueno las 09,30 es muy pero que muy temprano para las labores flamencas) el domingo día 9 de agosto desde Jerez. Los partes metereológicos habían anunciado una ola de calor para esos días y teníamos que cruzar a lo ancho nuestra Andalucía por esa arteria llamada A-92 hasta llegar a Cartagena, donde tendríamos el cuartel general, la capitanía mejor dicho. Y calor sí que hizo de veras, el termómetro no bajaba de los 35ºC apenas la mañana comenzaba a ir despuntando. Claro que el aire de los coches de hoy hace milagros. Para las 6 horas de viaje fuimos provistos de buen cante: algo de Jerez, otro poco de Aurelio de Cádiz para recordar el fresco de la Bahía, tanto de Antonio Mairena y el Álbum de oro de Don Antonio Chacón de 1909 para recordar algo de los cantes de la zona de destino. Cuando dejamos a un lado el verdor de la vega granadina nos fuimos adentrando en el desértico de Almería. Detrás comenzaban a verse las “montañas cartageneras” que dice la taranta de Camarón. Escuchando a ese genio que fue Chacón pensaba en cómo él haría el viaje al corazón minero, tan confortables que íbamos nosotros. En aquellas diligencias o primeros trenes, y échale horas. Aquello sí que era amor y afición por el cante. Casi llegando a la provincia pimentonera el primer susto. Nos cruzamos por el camino con el guitarrista Antonio Higuero y para nuestra terrible sorpresa iba solo. ¿Pero no iba a recoger al Torta?, me preguntó cariacontecido mi compañero Carlos Sánchez. “Pues, habrá pegado la espantá como hace últimamente”, le conminé un poco apesadumbrado. Antonio nos adelantó y cuando más tristes estábamos, Carlos señaló la pierna del cantaor que se veía por la luna trasera y se había echado a dormir a lo ancho. Resoplamos ambos llenos de alegría porque Juan iba a poder estar en la noche dedicada Jerez.

Tras seis horas de viaje llegamos al hall del NH Cartagena y allí comenzaban a llegar todos. Juan deseando pillar la cama decía a todos esto es el “HN el HN no el NH”… (risas). Tras un breve pero reponedor descanso, nos encontramos con nuestro querido compañero José Manuel Gamboa, quien nos indicó la primera actividad a las 20.00 horas con la presencia de Carlos Saura, el homenajeado. Fue en el museo minero de la Unión, a unos 10 kilómetros de Cartagena, una magnífica entrevista de Miguel Mora (El País) al cineasta. Gamboa hizo las veces de anfitrión y nos presentó a todos: al Alcalde, a los organizadores, a antiguos mineros, a Diego Cross (hijo del mítico Pencho)… Allí, repartimos números de nuestra revista que tuvo una gran aceptación y, de paso, echamos un vistazo al rico museo que, además, albergaba sendas exposiciones de Carlos Saura y un fotógrafo local que tuvo el arte de inmortalizar al Cigala junto a dos jondunares (guardias civiles). Allí, se celebraron las posteriores actividades paralelas con la presencia de Manuel Curao, entre otros, y se entregaron los “carburos de oro” a RNE, a Pedro Sanz de Valladolid, a un hostelero del pueblo, a Rafael Manjavacas de la revista Deflamenco y el de investigación a José Manuel Gamboa, ese adalid de la amistad y del profundo conocimiento que junto a su amor por lo jondo, lo elevan a la categoría de mounstruo total, sobre todo cuando templa la guitarra por soleá… Nos alegramos mucho.

De allí, a la gala del día. Antes estuvieron Chano Lobato y Estrella Morente, pero nosotros nos tuvimos que contentar con un par de tercios de Estrella…, pero de Murcia y embotellada. La plaza, la considerada Catedral del Cante, lucía sus mejores galas, con carpas, helados, terrazas y alumbrado ferial. Nos adentramos en el Antiguo Mercado Público de La Unión como quien entra en un sitio de gran veneración flamenca. Nada más pensar los que han pasado por allí… Hay que ver el esfuerzo titánico que han efectuado para que aquello ofrezca las mejores prestaciones: un gran escenario, unas pantallas para mejorar el sonido y que no se produzcan rebotes e incluso un gigantesco sistema de aire acondicionado con unos tubos de plástico agujereados. Menos mal porque se rondaban, sobre las 22.30 horas, más de 30º C. “Cuando no había aire se me pegaban los papeles”, indicó Gamboa alabando el invento. Si lo hubieran sabido antes los mineros… En fin, el leal compañero Paco Hidalgo nos tenía preparadas unas neveritas con arte, y al lío.

Era la noche dedicada a Jerez y, por los nombres convocados, el compás y la diversión estaban más que garantizados. Aunque ninguno tuvo la delicadeza de acordarse de Chocolate que estaba en el cartel y como todos sabemos no pudo asistir por su reciente fallecimiento. El primero en salir fue Fernando de la Morena con Antonio Higuero, estuvo muy redondo aunque de más a menos hasta llegar a la bulería donde retomó el vuelo. Desorbita los ojos, masculla el cante y nos recuerda la mejor tradición de Jerez en soleá, fandangos… “ay ay ay de la noshe…que vengo muerto muertsito se zueño…” siguiriyas, tarantos y bulerías. Miedo había con Juan Moneo porque no andaba muy centrado por aquellas calendas. Pero “El Torta” estuvo fantástico, quizás a ráfagas como es propio de su genialidad y su inestable inspiración… “con meditación y alevosía y sin croqui…” pero yo le pegué dos olés a su soleá que hacía tiempo. A él se le debe la frase del Festival: “Buenas noches… nuestra ilusión es que gocéis… a mí me gusta musho la Unión… (se queda pensando unos buenos segundos)… porque la Unión hase la fuerza”. Oleeeeeee. Manuel Curao se partía de la risa y nosotros lloramos luego con ese cante lastimero en siguiriyas, taranta y cartagenera, y bulerías. También le acompañó Higuero, excepcional.

Capullo de Jerez formó el taco. Es un gran artista y encima sabe cuál es la tecla que hay que tocar para que el aforo eche humo del carbón (nunca mejor dicho). Compás le sobra para jugar y reinventarse a él mismo una y otra vez de mil formas diferentes aunque cante lo mismo. Le acompañó Manuel Jero y tuvo que hacer dos bises tras bulerías por soleá, fandangos, tangos y bulerías… un poco más y sale diciendo: “porque la vida es como una mina ay ay… enciende la luz… apaga tú la luz… (de la lámpara)”.

La segunda parte no debió gustar a los más clásicos. Ante la presencia de las electrificaciones que traían Diego Carrasco y Tomasito la gente salió en desbandada como si hubieran oído el crujir de una galería. Estuvieron geniales con sus cosas, pero creo que los debían haber programado en otro escenario del Festival y aprovechar el momento de una buena competencia por bulerías de Torta, Capullo y Fernando. ¡Qué ocasión… ! Nos fuimos con las alforjas bien llenas de ritmo y flamenquería.

La jornada siguiente programó a dos jóvenes de gran interés. La granaína Marina Heredia con Bolita interpretó tonás – nanas – pregón, cantiñas, soleá ( cuando se cambia a la apolá hay que cambiar el tono a los trastes…), tangos con recuerdo a Morente y Bulerías Toreras de José Bergamín. De tanto perseguir a la Linares pone hasta su voz, con lo flamenca que la tiene la hija del Parrón.

Quien dio todo un recitalazo fue Arcángel. El onubense junto a Miguel Ángel Cortes estuvo cumbre, dominando todo ese rico y variado arco melódico. Hizo caña, soleá (en la que no se “Hundió la Babilonia” como antes…), los tangos de la clave y la llave, malagueñas del Canario y Chacón rematada en abandolao, siguiriyas, cantiñas (con tirititrán al final) y unos fandangazos de Huelva para levantarse en pie. Lo que hizo todo el respetable.

María Pagés con su compañía recreó algunos fragmentos de su última obra “Canciones antes de una guerra” en las que se recordó algunas voces legendarias como las de Vallejo, Tomás Pavón o Rosalía de Triana (lo mejor)..
Ese día sí pudimos ir al trasnoche minero en el ‘Maquinista de Levante’. Y todo el retraso acumulado de la jornada le fue a caer encima del chiclanero Antonio Reyes que desesperaba al relente y por poco si canta aquello de “Como pueda no voy más / yo trabajo en una mina…” y con toda la razón del mundo. Pero se impuso la profesionalidad y el extraordinario gusto cantaor del artista acompañado por Manuel Herrera. Soleá, tientos tangos con fandango (sic), siguiriyas, y un homenaje a Luis de la Pica por bulerías que entre aquellos montes sonó a gloria pura, dedicatoria incluida.

Estuvo a punto de formarse una gran fiesta con Arcángel y Reyes propiciada por el agitador número uno de los duendes llamado JM Gamboa. Cuando apenas se inició, un verdadero chaparrón de los que hacen época (agua y barro) nos hizo correr y batir records mundiales de travesías por exteriores mineros. Y eso que no llueve por allí (ni por aquí). ¡Ah! Se me olvidaba decir que esa mañana nos fuimos a la cercana Manga del Mar Menor y disfrutamos de sus extraordinarias aguas mediterráneas. Otro aliciente de primer orden para acercarse al Festival.

Para la jornada siguiente, el compañero Manuel Curao, nos invitó a un paseo en barco por allí. Y aceptamos todos, pero luego de juerguecilla a uno, ya archicitado, se le ocurrió cantar aquello de “Me metieron mare en un vapor / yo ná más que veía cielo y agua / maíta ¿adónde voy yo?… Y la parroquia cambió de opinión. Cambiamos ruta marina por la terrestre y decidimos conocer algo de Cartagena, que guarda buenas reliquias de su pasado, destacando un teatro romano que están remodelando.
Y quedaba lo mejor. Había una gran expectación con la vuelta del maestro Paco de Lucía a la Unión tras unos 15 años. Tuvimos la inmensa fortuna de verlo en primera fila, junto al compañero Juan Vergillos. Increíble, genial… por momentos (bueno… todo el momento) te eleva, te mete el dedo en la llaga de la emoción, te transporta a un mundo de notas y falsetas increíbles. Tocó las cosas de su último disco “Cositas Buenas” y algunas otras de impresión como la rondeña “Mi Niño Curro”, la alegría “La Barrosa”, “Canción de Amor” y “Entre dos Aguas” solapado con “Buana Buana King Kong” en un bis obligado por miles de cascos con linternas que volaban literalmente. Para muchos especialistas que estaban allí ha sido unos de los mejores conciertos de Paco en los últimos años. Gozo puro en un pozo de la cuenca. ¡Qué suerte!

Más tarde, nuestro amigo Alejandro Escribano nos indicó el sitio del trasnoche donde actuaba la bonita voz de Eva Durán con la virtuosa guitarra de José Luis Montón. Se vieron deslucidos por una intermitente lluvia. Paco se libró por los pelos… y eso que un aficionado le gritó: “¡Mounstruo, has parado hasta el viento!

Por desgracia no nos pudimos quedar más como hubiera sido nuestro deseo -los compromisos profesionales en nuestra tierra nos lo impidieron- y asistir a las fases semifinales del concurso. Pero el tiempo que estuvimos allí nos sirvió para comprobar como con una gran dosis de afición, más la ilusión entera de un pueblo en su conjunto, apoyado por las administraciones de la zona, son capaces de haber construido y mantenido un Festival, orgullo ya de toda España. ¡Enhorabuena! Ya quisieran otras zonas que presumen tanto de ser cantaoras….

Texto: José María Castaño / Fotos:José Alba Albadalejo




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