El sábado, la Fábrica de Artillería de Sevilla celebró el centenario de la Duquesa de Alba con cuatro mujeres flamencas de raza y compás, con sabor a añejo.
Revista La Flamenca 20/10/2026. ©Hermandad de Los Gitanos/Gonzalo Capote
El Foro Magallanes de la Real Fábrica de Artillería de Sevilla acogía, este sábado 17 de octubre, la VIII edición del Festival Flamenco Valle Gitano. Cita solidaria anual que organiza la Hermandad de Los Gitanos de Sevilla, y cuyos beneficios se destinan a su Acción Social, con gran presencia en el Polígono Sur de Sevilla, el barrio más pobre de España.
El elenco artístico prometía una velada llena de arte y compás, y la homenajeada, nobleza y empaque, para este certamen que edición tras edición se consolida como parte esencial de la agenda cultural sevillana.
Un acierto total el cambio de ubicación, algo que los aficionados al flamenco valoran, pues la acústica y la predisposición del Foro Magallanes le ha dado un valor añadido al espectáculo, para mayor disfrute del mismo.
La noche comenzó con el homenaje a Doña Cayetana Fitz-James Stuart, la XVIII Duquesa de Alba, hermana y benefactora de la Hermandad de Los Gitanos, en el centenario de su nacimiento. Sobre las tablas se loó su figura, pero no aquella que la hizo noble y Grande de España, sino su nobleza de corazón, la que la hicieron grande como persona, la que desprendía optimismo, rebeldía, generosidad, sensibilidad, inteligencia… con un carácter único e irrepetible.
En nombre de su familia y de la Casa de Alba se encontraba su hijo Cayetano Martínez de Irujo, quien subió al escenario para recoger un cuadro de su madre bailando, de manos del Hermano Mayor de la Hermandad, Emilio Jiménez, y en presencia de Patricia Del Pozo, Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía; Ricardo Sánchez, Delegado del Gobierno; y Amidea Navarro, delegada de Patrimonio y del Distrito Casco Antiguo del Ayuntamiento de Sevilla.
Tras el homenaje, por delante nos quedaba una noche que prometía, arte, compás y gitanería a raudales, de la mano de cuatro mujeres flamencas de raza: Esperanza Fernández, Tomasa Guerrero “La Macanita”, Aurora Vargas y Pastora Galván.
Con el periodista y escritor Antonio Ortega como presentador, cada una de las artistas fueron pasando por el escenario dejando su impronta en el Foro Magallanes. La primera, la trianera Esperanza Fernández, que con su regusto gitano en su aterciopelada voz de giros imposibles, dejó latente su plante y poderío en el escenario levantando al público de sus asientos y con repetidos olés.
Le tomó el testigo Tomasa Guerrero “La Macanita”, quien por soleá, seguirilla y por bulerías, dejó claro su cante de raza, su estirpe jerezana y su potencia de voz, derrochando arte y compás.
Cerrando el cante, la gran Aurora Vargas quien de igual modo que sus antecesoras, dio fe de su raza, tanto en cante como en baile, con ese torrente de voz rajado de cuerda infinita, levantando por tercera vez al público asistente de sus asientos.
Y para cerrar este VIII Festival Flamenco Valle Gitano, Pastora Galván, que apareció deslumbrante sobre el escenario con un traje de aires taurinos. Ella que lo mismo que sabe de vanguardia que de baile tradicional y sin aditivo, llenó las tablas de Artillería y se hizo con el público con su gracia, técnica impoluta y compás a raudales.
Un gran espectáculo que culminó con todas las protagonistas en un fin de fiesta pletórico en el que, más y el que menos se marcó su pataita por bulerías, y en la que, sin duda alguna, del duende se apoderó de sus tablas, y las cuatros artistas dejaron latente la raza, el compás y la gitanería pura del flamenco de nuestra tierra. Todas ellas estuvieron acompañadas por las guitaras de El Perla y Chaparro Hijo.
Un Festival en mayúsculas, que el público allí congregado supo agradecer y valorar en pie y con un largo y caluroso aplauso. Un espectáculo, como se escuchó al salir, entre los asistentes, “a la altura de Bienal”.










