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Naqueramos: Jueves Flamencos – “Manuela Carrasco”


Naqueramos: Jueves Flamencos – “Manuela Carrasco”





Título: “Manuela Carrasco” – Baile: Manuela Carrasco, Rafael de Carmen – Cante: La Tobala, Zamara Amador, Enrique El Extremeño, José Valencia – Guitarras: Joaquín – Amador, Pedro Sierra, Miguel Iglesias – Cante y baile: Luis Peña, Javier Heredia
Revista La Flamenca

Simplemente Manuela

En tan sólo unas horas las entradas estaban agotadas. Nadie quería perdérsela. Desde la pasada Bienal de Sevilla no bailaba. Otro lleno más en El Monte. El público apuesta por lo ortodoxo, por lo más ancestral, por el baile más visceral. Pero en la plaza toreaba una maestra del baile. Son como esas tardes grandiosas que nos dieron Rafael de Paula y Curro Romero. Hay que estar allí para verlo. Aunque sea simplemente el paseillo. Pero Manuela no vino a cumplir, sino a dar y entregar el arte que rebosa en sus venas. La bailaora sevillana salió por la puerta grande con su majestuosa soleá.

Una docena de artistas en el escenario para arroparla. Ella, anclada en el epicentro del escenario. Pose firme. Mirada que clava. Alza los brazos con maestría al compás del taranto. Comienza el recital. Elegante hasta la médula. Cuidando el vestuario. El Extremeño entona los primeros ayes. Manuela va despegando un inmenso mantón de su cuerpo. Con clase. Colorido que contrasta con su traje negro enlutado. El arte es de colores. Templa la faena con firmeza. Detiene el tiempo en el braceo. Como a ella le gusta. Abrocha por tangos. Pero ella sigue sosegando su baile. Sin prisas. Dejándose llevar poquita a poco. Y rematando como los toreros.

Impás. Le cede su sitio a Rafael de Carmen. Por alegrias. Con decisión. Entregado desde el primer instante. Ya sabe con quién está lidiando. No puede decepcionar a la maestra. Todo un ciclón en el que se entremezcla la técnica, el arte y la pureza. ‘Las des del tango’. La Tobala por tangos.

‘Alegría de la memoria’ o para la memoria de los allí presentes. Manuela entra como un torbellino. De rojo pasión. Fuego en su cuerpo. Enjundia en sus andares. Tronío en su bailar. Agarra con fuerza la chaquetilla. Se hace poseedora de las tablas. Dueña y señora. Y todavía queda la soleá. No da descanso a sus pies. Grita. Sin contemplaciones. Eso se llama temperamento. Los músicos se retuercen en las sillas mientras que el público aguanta el “ole”.

Manuela se prepara para la soleá. Tiene que rematar la noche. Mientras, Javier Heredia muestra su arte por bulerías. Se canta y se baila. Al igual que Zamara Amador. Llega el momento esperado. De nuevo en el centro del proscenio. Rostro estirado. Los brazos al cielo. Mirada recogida. El duende se apodera de ella. Manuela lo borda. Todo el elenco se pone en pie para vanagloriarla por bulerías. Soniquete. Manantial inmenso de arte. El público no aguanta más. Un “ole” al unísono proviene del patio de butacas. Simplemente Manuela.




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