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XVI Festival Ciudad de Fuengirola‚ Miguel Poveda 2011


XVI Festival Ciudad de Fuengirola‚ Miguel Poveda 2011




Poveda tomó el castillo de Fuengirola

Web revista La Flamenca. Francisco Reina. Fuengirola / Málaga / Castillo Sohail 8/7/2011
El castillo Sohail de Fuengirola, abarrotado de público, se rindió ante Miguel Poveda, que ofreció un recital de cante y copla de dos horas y media de duración con el que demostró por qué ocupa el primer puesto del escalafón flamenco.

Abrió por tonás, verdad desnuda del cante, toda una declaración de intenciones. Y prosiguió, en un primer guiño a Málaga, por malagueñas de Chacón, en una recreación personal, rematadas con abandolaos (rondeña y zángano de Puente Genil). Anunció: “De Málaga a ‘Cai’” E interpretó unas cantiñas con mucho sabor y pellizco, en claro homenaje a Camarón y a Cádiz, con algún guiño a Málaga en las letras. Aparece en escena una bailaora con mucho donaire. Se trata de Laura Rozalén, que parece salida de un cuadro costumbrista de los que describía Estébanez Calderón. Formas pretéritas (con mucho hincapié en el braceo) puestas al día. Poveda le da la réplica a Rozalén con una pataíta sin dejar de cantar.

Ofreció, acto seguido, la soleá de Charamusco, con una modulación de la voz exquisita y profunda, arte en estado puro. Esbozó un homenaje a los clásicos, sin guitarra, tras calarse una mascota y apuntar una guajira. Y de los aires caribeños a los tangos de Triana, con mucho compás, con la guitarra magistral de Chicuelo, las palmas de Luis Cantarote y Carlos Grilo y la percusión de Paco González. Y si bien en esta primera parte de su actuación predominó el flamenco, también hubo lugar para la copla: ‘Y sin embargo, te quiero’, muy celebrada, ‘Vino amargo’, de Rafael Farina, y ‘Esta pena mía’, popurrí de coplas incluido en su exitoso álbum ‘Coplas del querer’. A continuación, bulerías sobradas de compás y con guiños a Camarón, con la guitarra excelsa de Chicuelo. Inmenso Poveda, apoteósico, con un absoluto dominio de la escena. Tras una hora de actuación, Joan Albert Amargós pone la pausa con el piano.

Vuelve a escena con chaqueta blanca y ofrece otro popurrí de coplas. No se olvide que es un flamenco que canta copla, por lo que está sobrado de facultades, a las que añade infinidad de matices en la interpretación. Interpreta ‘Ojos verdes’, que dedica a Pasión Vega, allí presente, y la zambra ‘A ciegas’, de Quintero, León y Quiroga, incluida en la banda sonora de la película ‘Los abrazos rotos’, de Almodóvar. Se incorpora Chicuelo y homenajea a Farina, “uno de mis grandes ídolos”, con ‘Como las piedras’. Y entre col y col, sevillanas rocieras, a petición del respetable. Siguen los homenajes, en este caso, a Morente. Suena, espectacular, ‘La aurora de Nueva York’. Dedica un fandango caracolero a una torre del castillo, que le recuerda a la torre de la Vela de la Alhambra. Y continúa con su particular homenaje a los maestros del cante, con ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón. Versión luminosa, con toques jazzisticos.

En la despedida, ‘Mis tres puñales’. Pellizco y profusión de melismas. Ya en los bises, la percusión y las palmas introducen con un precioso compás ‘Esos cuatro capotes’, copla por bulerías de La Paquera de Jerez. No podía faltar ‘Alfileres de colores’, que escribió Pedro Rivera tras asistir en la Maestranza a un mano a mano entre Curro Romero y Rafael de Paula y que musicó Diego Carrasco, con el diestro malagueño David Galán dando pases en el escenario. A solas con el piano, canta ‘Te lo juro yo’. Sorpresivamente, y como guinda, aparece en el escenario Pasión Vega e interpreta el estribillo de ‘Y sin embargo, te quiero’. Emoción y belleza a raudales.




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