La cantaora granadina presenta el disco “Honores a Antonio El Mochuelo”.
Revista La Flamenca. David Plaza Cervantes. 23/10/2026. ©Demetria Solana
La Suma Flamenca acogió anoche uno de esos estrenos llamados a permanecer en la memoria. Con “Honores a Antonio el Mochuelo”, Alicia Morales llevó al escenario la presentación en directo del disco publicado este mismo mes de octubre, convertido en un ejercicio de recuperación patrimonial que rehúye el arqueologismo para afirmarse como una propuesta artística viva, personal y profundamente flamenca.
La escena se presentaba simbólica: tres pequeñas escaleras domésticas repartidas por el escenario y una alfombra de pétalos amarillos cubriendo el suelo. Un paisaje sencillo, casi ritual, que enmarcó un viaje hacia la figura de Antonio Pozo (1868-1937), pionero absoluto de la grabación sonora del flamenco y una de las personalidades decisivas en la transición entre el magisterio de Silverio Franconetti y la primera generación de cantaores profesionales del siglo XX.
Alicia abrió el recital con “Petenera del Manzano”, dejando claras desde los primeros compases sus señas de identidad: conocimiento de las fuentes, personalidad interpretativa y una voz de enorme caudal. La acompañaba la guitarra siempre solvente de José Quevedo “Bolita”, músico de amplísima trayectoria y sensibilidad, capaz de sostener el discurso sin invadir nunca el espacio de la cantaora.
Uno de los momentos más impactantes llegó con “Caifás”. Tras una introducción grabada de tambores, Morales se quedó sola, sin guitarra, sin más apoyo que su propia voz, construyó una interpretación de gran intensidad dramática que puso a prueba el micrófono inalámbrico, que por primera vez en todo el festival, falló y tuvo que ser sustituido.
El primer bloque se completó con “El Cariño”, con aire de guajiras que, como en el disco, abren el recorrido por el universo del homenajeado. La cantaora alternó el respeto al material de partida con una aproximación contemporánea.
Llegó entonces la primera interrupción para la proyección de un vídeo explicativo sobre la génesis del proyecto y la figura de “El Mochuelo”. El documento recordaba algunos hitos esenciales de su biografía: su oficio de cuchillero antes de dedicarse profesionalmente al cante, su posterior éxito en Madrid, su condición de primer cantaor flamenco en registrar grabaciones y también su interés por otros repertorios populares, desde jotas hasta distintos estilos regionales.
De regreso al directo son “Cuatro Lunares”, por sevillanas, en un momento en el que las palmeras Carmen Gil y Manuela Moya asumieron también protagonismo coreográfico. Después llegó “Luna Llena”, interpretada con un fraseo cuidado y una dicción impecable que permitieron seguir cada matiz del relato.
Un segundo vídeo volvió a detener el concierto cuando el espectáculo había alcanzado una dinámica especialmente fluida. Aunque el material proyectado aportaba contenido documental, la sensación fue que rompía el ritmo de una propuesta que encontraba su mayor fuerza precisamente en la comunicación directa entre escenario y público.
La recta final recuperó toda la tensión artística con “Venas de Loco”, resuelta por tangos con energía creciente, antes de desembocar en “Mochuelo”, una festiva despedida por bulerías dedicada al protagonista de la noche. Allí confluyeron investigación, memoria y celebración en una síntesis especialmente emocionante.
Más allá del interés histórico del proyecto, lo verdaderamente admirable fue comprobar cómo Alicia Morales evita convertir la reivindicación patrimonial en un ejercicio académico. Su acercamiento a “El Mochuelo” nace del conocimiento, pero se realiza desde la creación. Canta estos materiales como propios, los habita con naturalidad y los proyecta hacia el presente.
Suma Flamenca ha ofrecido ya momentos destacados en su primera mitad del programa, pero resulta difícil recordar hasta ahora una actuación de semejante consistencia artística. Alicia Morales no sólo rindió honores a Antonio “el Mochuelo”. También reivindico, con un chorro de voz que asombró a propios y extraños, la vigencia de un flamenco que sigue dialogando con su historia para encontrar nuevas formas de emoción.
Ficha artística:
Cante: Alicia Morales.
Guitarra: José Quevedo “Bolita”.
Palmas y coros: Carmen Gil & Manuela Moya.
180 espectadores (lleno).
85 minutos.
Teatros del Canal, sala Negra (Madrid, 22/10/2026,18:00 h.)

