Luisa Palicio, Manuel Cástulo y María Terremoto triunfan en la Gala del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena. Nano de Jerez fue la figura homenajeada en esta edición.
Revista La Flamenca. Luis Pérez. 8/9/2025. ©Ayuntamiento de Mairena del Alcor
Ahí lo tienes otra vez, primo. El folio en blanco te mira a los ojos sin pestañear. Cuatro trazos dibujan la noche grande de Mairena. Gala sin óscar, alfombra jonda y luna llena. El último brochazo, o el primero, se aplica siempre en el ambigú. Qué alegría verte por aquí de nuevo.
Comenzó la Gala con su acostumbrado homenaje a una figura consagrada del arte flamenco. Nano de Jerez, acostumbrado a apagar fuegos por bulerías, encendió la llama de las emociones con sus ojos temblorosos y la voz húmeda. O quizás fuera al revés. En presencia de ilustres autoridades, y arropado por la sabia oratoria de Manuel Martín Martín, Cayetano Fernández se abrazó con fuerza al broncíneo busto de don Antonio Mairena, una de las más bellas obras del escultor local Jesús Gavira.
No hubo ganador del concurso para abrir la Gala como está mandado por la tradición. En su lugar, la sonanta de Manuel Herrera, abonó las tablas de la Casa Palacio de los Duques de Arcos con una magistral interpretación del toque por soleá.
Ya quisiera yo hablar maravillas de José Canela. José es santo de mi devoción, como lo era su padre, el grandísimo Canela de San Roque. Es cantaor de inspiración, de los que nos gustan a ti y a mí. Pero la noche no estaba para él.
Pasó sin pena ni gloria por los contornos de las alegrías, voluntarioso en las bulerías al golpe y siempre profesional en la soleá por bulerías. El gran Antonio Higuero lo llevó siempre protegido, y hasta le picó en su orgullo con una memorable falseta seguiriyera. Ahí sí que me clavó José sus duquelas, pidiendo al respetable que le dejáramos llorar en este rinconcito, hasta doler por derecho al laíto de mi corazón, Dolores mía, como decía Paco la Luz.
Tampoco brilló como acostumbra la gran maestra Virginia Gámez. Se quedó con comodidad en los tendidos de sombra, recreándose en los tientos con exasperante lentitud. Mucho mejor por tangos, donde manifestó un dominio insultante de toda la baraja. Desde Extremadura a Granada, hizo suyos los tangos de Juana la del Revuelo y Pastora Pavón, sin perder de vista el referente eterno de Naranjito de Triana. Hasta se acordó de Las Grecas haciendo suyo el tango de María la de Baeza. Virginia estuvo siempre perfectamente acompañada por la guitarra de Andrés Cansino.
Por granaínas hizo lo que quiso con su voz privilegiada. Pero a veces recarga demasiado los tercios en busca de un virtuosismo que no necesita demostrar a estas alturas de su carrera. Tomó al asalto el proscenio del auditorio, y conquistó con sus cuplés por bulerías los oles y las palmas del respetable. Gran ovación, y todos en pie.
Aguantan las autoridades en sus asientos. Será que están esperando al descanso. Hay un ambigú privado, zona VIP. Prima, ahora se dice Premium. No, hombre, es que son buenos aficionados. Será por eso.
Qué sorpresa tan grata, la guitarra de Jesús Rodríguez. Y qué lujo contar con esa nómina de cantaores para un espectáculo de baile. José Pechuguita, el Niño de Gines y Miguel Ángel Heredia se encargaron de encender la candelería de la catedral del cante grande, como le gusta a Manuel Cástulo denominar a su tierra de Mairena del Alcor. Y también del baile, pues hay que decir, que llega el turno de una dama de la escuela sevillana. Es la hora del bálsamo quitapenas, que llega Luisa Palicio.
Dos bailes como dos catedrales. Dos vestuarios, a cada cual más bonito. Una misma esencia, la del baile clásico sin adornos superfluos, sin coreografías distractivas. Alegrías de Cádiz y de tu corazón. Vestido blanco sin cola, mantón verde con motivos florales, a juego con la flor grana de la cabeza. Para la soleá, trae una bata de cola en tonos achampanados y vivos negros. La gracia, la elegancia y la pena. Una Virgen sevillana anda sin que nadie se dé cuenta. Lleva las manos recogidas hacia su pecho traspasado por siete dagas clavadas. La espalda de Milagros Mengíbar se hace presente en mi recuerdo. Qué pedazo de bailaora.
Dos platos fuertes quedan antes de los postres. Se está llenando el auditorio, o me lo parece a mí. Van llegando los maireneros, de todas las edades. Jóvenes, muy jóvenes y mucho jóvenes, como diría uno. Qué envidia de pueblo, yo quiero vivir aquí. Si hasta tiene una concejalía de flamenco. Y el primer festival de verano de Andalucía. Hoy me quedo hasta las tonás.
Quien no ha llorado a chorros con una seguiriya de Manuel Cástulo no sabe lo que es el cante jondo. Ni sabe tampoco lo que es llorar. Anoche rellenó los depósitos de la emoción a muchos de nosotros, que llevábamos meses en reserva.
Abrió su actuación con la farruca de Manuel Torre, aquella que grabó el Maestro de los Alcores en su disco Mairena Sinfónico. Siguió la serie Liviana, serrana y cambio de María Borrico, como está mandao:
Si vas a Andalucía, que Dios te ampare
de la muerte pequeña de sus cantares.
Les tocó el turno a los tangos, donde recreó los extremeños de Juanito Villar, para continuar con letras propias y otro de Juan Cantero. Bien, aunque sin brillar. Donde sí que lo hizo fue en otra recreación inusitada. Aquel cuplé por bulerías que grabó Manuel Mairena, el Romance de doña Luz de Lucena. La guitarra de Manuel Herrera y las palmas lebrijanas de Juan Diego y Manuel Valencia le pusieron el soniquete necesario. Y decía Cástulo (leer siempre Castulo, sin tilde, que es como se dice en Mairena) que él no sabía cantar por bulerías. Sublime.
“Ustedes no se podéis imaginar lo que es cantar en Mairena”, dice, emocionado, tras recibir la ovación en pie de sus paisanos. “No podía terminar esta actuación sin cantar por seguiriyas”. Y vaya cómo cantó. Se abrió el pecho del pelícano para alimentar a sus crías. Acordándose de su querido padre Manolo, y encomendándose al lenguaje creado por Antonio Mairena, desgranó sus propias letras valiéndose del armazón más clásico. Las lágrimas del ciprés de la Casa Palacio brotaron acordándose del Marrurro y del cambio de Juan Junquera.
Que conste que me quedo porque todavía falta por salir María Terremoto. Que servidor ya va saturado de cante grande. Gran acompañamiento. A la guitarra, Nono Jero. A las palmas, Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote. De lo mejorcito de Lebrija y de Jerez.
Me llegó muy adentro por seguiriyas, desde la salida, muy emotiva, que condujo su garganta hasta el Hospitalito de Cái, a mano derecha. Nono Jero rizó el rizo con la mejor falseta de la noche, una personalísima versión de la famosa de Javier Molina. Un grito desgarrador abre el estilo de Joaquín Lacherna con el vivo recuerdo de su opaíto Fernando Terremoto. Y llega hasta su abuelo, Terremoto de Jerez, para cerrar la serie por el cambio de Manuel Torre. Jerez en estado puro, no. Lo siguiente.
Como también se impregnó Mairena del aire jerezano con los tangos de Frijones, donde una vez más imperó el recuerdo a su abuelo Terremoto, y tintes de Antonio Mairena y de Manuel Agujetas. No me gustó la versión de la Caña, acelerada hasta el compás de bulerías por soleá. Ni tampoco la soleá apolá de Enrique Ortega Feria, que ni fue soleá ni fue apolá, sino bulería de remate por fiesta. Eso sí, todo muy bien interpretado. Aseadas fueron las alegrías, más propias del cante para el baile, aunque eso entra dentro del gusto particular de cada uno.
Cerró su actuación con las bulerías, donde María Terremoto es una de las grandes del panorama actual. Su voz posee unos matices riquísimos, sobre todo en los medios y bajos. Y compás le sobra para sembrar diez plazas de toros. Yo le recomendaría que los mostrara más, y atemperara lo que pudiera esa fuerza sobrehumana para hacer uso de ella solo cuando la necesitara. Por lo demás, mi enhorabuena. Tenemos cantaora para muchos años.
Ficha artística:
Espectáculo: Gala del LXIV Festival de Cante Jondo Antonio Mairena. Homenaje a Nano de Jerez
Lugar y fecha: Auditorio Municipal Manuel Mairena. 6/9/2025
Al cante: José Canela, Virginia Gámez, Manuel Cástulo y María Terremoto
Al toque: Manuel Herrera, Antonio Higuero, Andrés Cansino, Jesús Rodríguez, Nono Jero
Al baile: Luisa Palicio. Cante y palmas: José El Pechuguita, Niño de Gines y Miguel Ángel Heredia
Palmas: Fernando Canela, Antonio Flores, Manuel Valencia, Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote
Percusión: Paquito Vega
Presentador: Manuel Martín Martín


