Un nuevo proyecto, distinto, arriesgado, lleno de sensaciones… donde el futuro se hace presente.
Revista La Flamenca 14/9/2026. La Bienal de Flamenco. ©Laura León
Este domingo, la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla nos citaba en la Real Fábrica de Artillería para disfrutar del estreno absoluto de Ana Morales, "Rapsodia. Fantasía subterránea".
Un proyecto que podríamos definir como valiente, arriesgado, lleno de sensaciones… con una forma musical libre desde la que indagar en lo misterioso del proceso creativo.
Un viaje de descenso que nos lleva a un tiempo imaginario y lugar imaginario, inspirado en tanto en la parte histórica como en la parte mítica, en la Sevilla subterránea.
Y dicho descenso órfico, es una caída sin tropiezo, una búsqueda que atiende a una llamada. Donde, sin duda alguna, Morales nos demuestra que tras la caída, emprendemos un camino en busca de orientación, pero se trata de un viaje sin mapas ni planes preconcebidos que permitan hallar de forma sencilla una salida.
La bailaora ha hecho el futuro, presente en esta Bienal, pues desde hace tiempo no se conforma con el flamenco como lenguaje único, y con sus orígenes, siempre presente, ha sabido desarrollar un repertorio coreográfico propio y un vocabulario basado en la interrelación del flamenco con lenguajes contemporáneos, aportando una fuerza y valentía a la obra, dignas de admiración.
En este viaje al subsuelo, el baile de Ana Morales se ha visto rodeado por la dirección musical de Niño de Elche y con el acompañamiento de Enrique Fuenteblanca. Además, completaban este elenco unos músicos fundamentales, por un lado, la guitarra de Manolo Franco, por otro, el saxofón y las amplificaciones de José Venditti, y finalmente, la voz flamenca de Cristina Sierra.
Aunque el camino de "Rapsodia. Fantasía subterránea", no ha hecho más que comenzar, este domingo en la Bienal ha llegado pisando fuerte, haciendo presente el futuro y abriendo otros diálogos y caminos al flamenco.






