La Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha sido testigo de un montaje único en el que se ha celebrado el flamenco de ayer y de hoy.
Revista La Flamenca 10/9/2026. La Bienal de Flamenco. ©Laura León
La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ha levantado su telón con una gran celebración colectiva del arte jondo. Así, una Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, abarrotada, ha sido el escenario elegido para presentar “El mundo por montera”, un espectáculo concebido específicamente para este espacio que ha reunido a grandes figuras del flamenco actual, para conmemorar el centenario de un momento decisivo en la historia del género: su proyección definitiva hacia el gran público.
Artistas de la talla de José Mercé, José el de la Tomasa, Martirio, Arcángel, La Tremendita, Ángeles Toledano, El Perrete y Manuel de la Tomasa, acompañados por las guitarras de Manolo Franco, Alfredo Lagos y David de Arahal; los saxofonistas Juan Jiménez y Alfonso Padilla; la percusión y las palmas de El Oruco, Abel Harana, Daniel Suárez y El Chupete; y el baile del Ballet Flamenco de Andalucía, con Patricia Guerrero, pisaban el coso sevillano, este jueves 10 de septiembre, para dar vida a este espectáculo que cuenta con la dirección artística de Andrés Marín y Luis Ybarra.
Ha sido un encuentro entre distintas generaciones y sensibilidades del flamenco contemporáneo para revisitar la herencia de una época en la que el arte jondo comenzó a ocupar de forma masiva teatros, cines y plazas de toros.
Y es que los allí presentes han sido testigo de un espectáculo que solo sucederá una vez, donde un siglo después, la Bienal ha recuperado aquel impulso expansivo desde la mirada del presente, sin pretender reconstruir los años veinte, sino dialogar con la energía creativa y la riqueza artística que definieron aquel momento para celebrar la diversidad y la vitalidad del flamenco actual.
Todo tiene su sentido y significado, hasta la elección de la Plaza de Toros, espacio que conecta directamente con aquel momento histórico en el que el flamenco se convirtió en un fenómeno de masas, pues en el 1926, se marcaron hitos importantes para la historia del flamenco como que Pepe Marchena entraba en los circuitos de la llamada Ópera Flamenca, Manuel Vallejo recibía la II Llave de Oro al Cante y la industria discográfica daba un salto decisivo con la llegada de las grabaciones eléctricas, sin olvidar, que fue en aquellos años cuando convivieron grandes maestros como Antonio Chacón o Manuel Torre con figuras fundamentales del siglo XX como La Niña de los Peines, Vallejo, Marchena, Pepe Pinto o Ramón Montoya.











