La caja número 872 del Instituto Cervantes incluye varios de sus discos más destacados en formato LP y CD, así como un pendrive con grabaciones de los años 60 y 70.
Revista La Flamenca 2/12/2024
La Caja de las Letras del Instituto Cervantes ya cuenta con el legado in memoriam de Juan Peña “El Lebrijano”. A finales del mes de noviembre, su familia, depositaba en este espacio cabal donde se guardan objetos relacionados con la ciencia, las artes y las letras donados por personajes insignes de la cultura hispánica, parte de la vida de este gran cantaor.
Todo ello, se realizó en un acto en el que participaron el director de Gabinete y Comunicación Institucional del Instituto Cervantes, Philippe Robertet; el alcalde de la localidad sevillana de Lebrija, José Benito Barroso; y el hijo del artista, Juan José Peña.
Concretamente, el legado, de “El Lebrijano” está depositado en la caja número 872, donde se albergan cinco LPs. El primero de ellos es “Persecución” de 1976, un trabajo, que tal y como apuntaba su hijo Juan José Peña, “ha sido y sigue siendo muy importante para muchos colectivos y el pueblo gitano”. El mismo fue grabado cuanto todavía vivía Franco y su padre “se la jugó un poco”, por lo que narra en él, toda la historia del pueblo gitano en la Península Ibérica. De hecho, tal es su importancia, que hoy en día, más de 50 años después, se sigue vendiendo.
El segundo LP depositado es “La Palabra de Dios a un gitano” del año 1972. Un disco con el que el hijo del cantaor se siente “muy vinculado”, ya que vivió en Madrid durante la grabación del álbum, en un periodo en el que su padre cayó enfermo. El mismo está dedicado a La Niña de los Peines, es sinfónico y, según Peña. “es el primer disco de música flamenca vanguardista”.
Le sigue “Tierra”, publicado en el 1992 y donde recoge una visión particular del Lebrijano sobre la travesía a América de Cristóbal Colón. El cuarto LP es “Lebrijano en el Teatro Real” del 1981 que supuso la entrada del primer artista flamenco al coliseo madrileño en el año 1979.
Y completando esta lista de cinco LPs, “Ven y sígueme” de 1982 que también conllevó “otra novedad”, puesto que fue entendido como una ópera flamenca en la que participaron artistas como Rocío Jurado y Manolo Sanlúcar. Según ha comentado su hijo, “está basado en los Evangelios de San Mateo, es muy visual y se puede llevar incluso a teatro, todavía está por desarrollar”.
Junto a estos cinco trabajos, la caja de El Lebrijano incluye los CDs “Casablanca” de 1998, el cual supuso la recuperación de la música arábigo andaluza, ya que como recordaba su hijo, “mi padre tenía cierta relación con Marruecos, su rey consideró un préstamo con sus músicos, y al final realizó una obra muy interesante de escuchar”. Y “Cuando Lebrijano canta se moja el agua”, el último disco del cantaor del año 2008, y que precisamente fue presentado en el Instituto Cervantes. Un CD que se puede entender como un homenaje al premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, está escrito en prosa, “algo muy difícil musicalmente y hay un olor a la casa de los Peña, con la participación de mis primos”, concluía Juan José.
Completado el legado albergado en esta cápsula del tiempo, la familia del artista sevillano ha dejado también un pendrive con grabaciones de los años 60 y 70, donde se recoge parte de esa extensa discografía de “El Lebrijano” compuesta por una treintena de discos donde disfrutar de su ortodoxia flamenca y de colaboraciones con guitarristas como Paco de Lucía o Paco Aguilera.
Finalmente, el hijo del cantaor apuntó, en este acto que su padre era “un hombre sencillo y bueno, y mi corazón está lleno de alegría y agradecimiento a todos los que han hecho posible esto. Es un honor y un reconocimiento a una persona que lo hizo todo en su vida y se centró en hacerlo lo mejor posible para aportar su visión del flamenco”.
El alcalde de Lebrija, José Benito Barroso, presente también en el acto afirmó que “El Lebrijano” ha dejado un legado “imponente que hay que preservar”, para continuar diciendo que “es una figura de relevancia nacional e internacional”, sin dejar de destacar que el sobre nombre artístico de “El Lebrijado” además de ser “una identidad propia, le conectaría por siempre con sus raíces y su tierra”.
Para concluir, se celebró un coloquio en el que participaron Diego Fernández, director del Instituto de Cultura Gitana, y Alfonso García, periodista. Contado, además, con las actuaciones del cantaor José Valencia y del guitarrista Pedro María Peña.

