El sevillano homenajea a su madre con el poder del compás.
Revista La Flamenca. David Plaza Cervantes. 14/10/2026. © aNovillo
La programación de Suma Flamenca encuentra en Israel Galván el mejor símbolo posible de un arte en permanente transformación. Con “El Dorado”, el bailaor sevillano presentó una obra que, lejos de los grandes despliegues escenográficos, apuesta por la desnudez expresiva, la memoria familiar y la fuerza primigenia del ritmo. El resultado es un espectáculo de apariencia sencilla pero de enorme complejidad artística, capaz de conciliar la tradición más reconocible con la inconfundible personalidad creadora de uno de los artistas fundamentales del baile contemporáneo.
Se trata de una pieza estrenada el 30 de mayo de 2025 en el teatro Federico García Lorca de Getafe, en el marco del Festival “Madrid en Danza”. Concepción, coreografía e interpretación recaen en el propio Israel, que comparece en escena acompañado únicamente por Antonio y Manuel Montes Saavedra, los célebres “Mellis de Huelva”, a quienes hemos disfrutado acompañando a artistas de la talla de Miguel Poveda, Diego el Cigala o Rosalía. Un elenco reducido pero de extraordinaria eficacia, donde cada elemento adquiere relevancia estructural dentro de la propuesta.
La génesis de la obra remite a la herencia gitana del artista y, de manera muy especial, a la figura de su madre, Eugenia de los Reyes. El propio Galván ha explicado que se trata de un homenaje a esa presencia materna que siempre le reclama la esencia del baile. Desde esa evocación íntima, “El Dorado” se convierte en una búsqueda identitaria que mira al pasado para proyectarse hacia el futuro.
El título se refiere a una sala de Barcelona, la Sociedad Flamenca “El Dorado”, donde Israel fue invitado a presentar un proyecto. El tesoro que persigue Galván no se encuentra en la espectacularidad ni en la acumulación de recursos, sino en la depuración. Elimina la guitarra, casi todo el cante y demás acompañamientos, para levantar una arquitectura sonora basada en palmas, percusiones corporales, voces y zapateados. Los Mellis de Huelva dejan así de desempeñar el habitual papel de apoyo para convertirse en auténticos coprotagonistas de la acción escénica. Pocas veces unas palmas han sostenido con tanta plenitud un espectáculo completo. El trabajo de los hermanos onubenses despliega una riqueza tímbrica y rítmica extraordinaria, convirtiendo el escenario en una suerte de orquesta flamenca donde la precisión técnica nunca sofoca la espontaneidad. Sobre esa base sonora, Galván dibuja un baile que se mueve entre la celebración, el juego y el descubrimiento continuo.
Quienes siguen la trayectoria del sevillano reconocen inmediatamente muchos de sus signos distintivos: la fragmentación del movimiento, la descomposición de los códigos tradicionales, el humor inesperado y esa capacidad para encontrar musicalidad donde otros apenas perciben gesto. Sin embargo, “El Dorado” introduce un matiz significativo. El artista parece abandonar parte de la tensión dramática y del componente más desafiante de otras creaciones para abrazar un tono más luminoso, incluso festivo.
Pese a unas escuetas referencias a temas populares como “Sarandonga” (compuesto por Compay Segundo y popularizado por Lolita), el bolero “Toda una Vida” (de Osvaldo Farrés), o el “Bolero” de Ravel en coreografía de Maurici Béjard, no desaparece el riesgo. Sigue siendo el Galván inclasificable que revolucionó el flamenco desde hace ya tiempo. Pero esta vez la experimentación nace de la alegría y no del conflicto. El baile se desarrolla como una reunión flamenca imaginaria en la que conviven la sofisticación intelectual y el disfrute inmediato, la investigación formal y el pulso popular.
La austera puesta en escena favorece la concentración sobre el movimiento y el sonido. Cada silencio adquiere valor, cada desplazamiento encuentra una resonancia propia y cada intervención de los Mellis parece abrir nuevas posibilidades rítmicas. En ese contexto, Galván demuestra una vez más que su grandeza no reside únicamente en inventar nuevos caminos, sino también en regresar a territorios conocidos y hacerlos parecer inéditos. Es mucho más que una función de baile. Se trata de una declaración artística: la modernidad no siempre consiste en avanzar hacia lo desconocido. A veces consiste en volver al origen y descubrir que aún guarda tesoros por desenterrar.
Ficha artística:
Baile y coreografía: Israel Galván.
Palmas y voces: Los Mellis de Huelva.
780 espectadores (lleno)
60 minutos
Teatros del Canal, sala Verde (Madrid, 13/10/2026, 20:30 h.)
