Marchena sigue en boga en el mundo del flamenco ofreciendo un festival que busca atraer al público joven con juventud.
Revista La Flamenca. Víctor M. Montes -Teniente de Alcalde-. 8 julio 2025.
En un festival con medio siglo de historia como la Fiesta de la Guitarra de Marchena, el cartel no es solo un soporte informativo: es la cara visible de la memoria colectiva, un lazo entre lo que fuimos y lo que celebramos cada julio. Este año, la cartelería habla de identidad, de territorio, y, sobre todo, de música. En su edición número 51, la Fiesta de la Guitarra de Marchena no solo es un evento flamenco de altura: es un manifiesto cultural que mira al pasado con respeto y al futuro con determinación.
El cartel principal: simbología, elegancia y arraigo
Firmado por Juande Pruna, el cartel de la gala principal (26 de julio) es un ejemplo de cómo la imagen puede mantener la tradición sin caer en el costumbrismo. La guitarra, símbolo central y dorado, se impone como tótem del cartel, apoyada sobre la silueta arquitectónica de la Plaza Cardenal Spínola. La tipografía, desgastada y potente, recuerda la impronta del cartelismo flamenco de los años 70 y 80, mientras que los colores vibrantes —azul noche, rojo sangre, amarillo albero— conectan con el imaginario andaluz sin recurrir a clichés.
En cuanto al contenido, se destacan con claridad los nombres de los artistas: Arcángel, Soledad Madrid, Marcos Serrato y Ana Vílchez, bajo la presentación de Manuel Cerrejón. El cartel no solo anuncia, sino que invita, evoca y posiciona. Marchena aparece en rojo y manuscrita, como firma y alma del festival. Un cartel con peso gráfico y emocional, que dialoga con la tradición sin perder actualidad.
El cartel de las actividades paralelas: cartografía flamenca del municipio
El segundo cartel, correspondiente a los recitales y espectáculos previos al gran día, plantea un enfoque más narrativo y funcional. Sobre una misma guitarra como eje vertical —elemento visual que conecta ambos diseños—, se distribuyen los eventos por colores y fechas. Es un cartel más informativo, pero no menos sugerente: despliega una geografía sonora del flamenco en Marchena, desde la Casa Fábrica, hasta la Plaza Padre Alvarado o la Ronda de la Alcazaba, los emplazamientos donde resonará Marchena este mes de julio.
Artistas como Jesús Méndez con Pepe del Morao, David de Arahal, Pablo Campos, Lidia Rodríguez, Carmen García, Alboréa o el grupo local La Bejazz van poblando espacios públicos con cante, toque y experimentación. Este cartel actúa como guía de ruta flamenca, integrando al público con el propio paisaje urbano. Es más funcional que expresivo, sí, pero cumple su papel: mostrar la riqueza del festival más allá de una única noche.
Reflexión final: dos carteles, un mismo latido
La decisión de contar con dos carteles diferenciados pero conectados por el lenguaje visual (guitarra central, estilo ilustrativo, arquitectura de fondo) es un acierto. No solo facilitan la comprensión del programa, sino que refuerzan la idea de que la Fiesta de la Guitarra no es solo un evento, sino una vivencia plural, descentralizada y viva.
En tiempos de saturación visual y mensajes fugaces, Marchena ha apostado este año por un diseño que combina claridad, tradición gráfica y respeto al contexto local, y eso —en el mundo del flamenco— también es arte.
Una guitarra que atraviesa generaciones
El cartel principal de esta edición, firmado por Juande Pruna, no es un diseño cualquiera: es una remasterización consciente del cartel de la primera edición, realizado por su padre, Martín Pruna, allá por 1974. La guitarra central —símbolo y cuerpo sonoro del flamenco— se convierte así en puente entre dos épocas, entre dos generaciones de cartelistas que han puesto trazo y color a la historia cultural de Marchena.
Y la historia no termina ahí. En el cartel de las actividades paralelas, aparece el grupo Alborea, que incluye a Martín Pruna (nieto del cartelista original e hijo del actual diseñador). Una triple línea de transmisión artística, gráfica y musical que da sentido a un festival que no quiere ser solo cartel ni espectáculo, sino herencia viva.
Desde la gestión cultural del Ayuntamiento de Marchena, la impronta es clara: no se trata de repetir fórmulas, sino de renovar sin romper. Apostar por nuevas generaciones de músicos andaluces es clave para que el flamenco no quede congelado en el recuerdo. Este año, como viene siendo habitual, se da espacio a artistas emergentes como Lidia Rodríguez y Pablo Campos, ganadores de concursos locales organizados por el Ayuntamiento y la Peña Flamenca.
Lejos de limitarse a los nombres consagrados, Marchena abre sus escenarios a los que están empezando, sin miedo a lo nuevo ni a los mestizajes. Esa es, precisamente, la seña de identidad de esta edición: una lectura amplia y valiente del flamenco.
De la ópera flamenca al siglo XXI
Si hay una figura que encarna esa osadía creativa, ese atrevimiento de ir más allá sin dejar de ser uno mismo, es la estelar figura del maestro de maestros. El sempiterno rompedor, el cantaor de la ópera flamenca, sigue siendo espejo de lo que queremos: un arte que respeta, que arriesga, que seduce. Recordarlo desde la programación, desde el cartel, desde la puesta en escena y la selección artística, no es un gesto de nostalgia. Es un acto de visión de los últimos años, sonando figuras como Juanjo Díaz, Rosario la Tremendita, Las Migas, Cristian de Moret o Sandra Carrasco.
Este año, el grupo La Bejazz representa esa apuesta decidida por la innovación flamenca desde lo local. Un grupo de fusión flamenco-jazz, con proyección internacional que no se arruga de colaborar con los grandes como Raimundo Amador, José Mercé o Esperanza Fernández, pero profundamente arraigado en la tierra. Melchor Chico, uno de sus integrantes, no es solo un músico brillante: es miembro de la saga de los Melchores, familia emblemática del toque flamenco en Marchena. Su presencia en el festival —como artista y como símbolo— rinde homenaje a la tradición sin renunciar al presente. La Bejazz está liderada por el querido músico local Javier Carmona, un instrumentista polifacético y entusiasta que ha sabido transformar el flamenco en un lenguaje abierto al mundo. Con él, sus vástagos — Javié y Pablo, jóvenes músicos llenos de simpatía y gran experiencia— llenan de luz cualquier escenario que pisan. Juntos representan la perfecta conjunción de experiencia, raíz familiar, innovación y juventud, encarnando la visión de una Marchena flamenca que no se conforma con mirar atrás.
Marchena suena. Y se ve
La Fiesta de la Guitarra no es un espectáculo: es una declaración de principios. Y sus carteles, este año más que nunca, hablan alto y claro: aquí hay arte, aquí hay juventud, aquí hay memoria, aquí hay futuro. Aquí hay flamenco.
Como concejal delegado de Cultura y principal responsable de la gestión cultural de una casa cantora como es Marchena, tengo la convicción de que atraer a la juventud al flamenco no es solo deseable: es prioritario. Pero para lograrlo, no basta con didáctica o tradición; hay que ofrecer propuestas frescas, sinceras, y artísticamente ambiciosas. Hay que crear puentes: entre generaciones, entre géneros, entre disciplinas. La LI Fiesta de la Guitarra es precisamente eso: un lugar de paso y de encuentro, donde un tal José Tejada Martín y Melchor Jiménez Torres siguen inspirando cada decisión.
