Comienza la 5ª edición del ciclo “Miradas Flamenkas” en Vallecas, Madrid.
Revista La Flamenca. David Plaza Cervantes. 17/11/2024. ©revistalaflamenca/David Plaza Cervantes.
Con el título de “Locamente. Gipsy Rock 50 años”, da comienzo un ciclo dedicado a los primeros 50 años de un disco eterno: “Gipsy Rock”, con el que Las Grecas revolucionaron el sonido rockero, flamenco, setentero y suburbial, e impactaron en artistas de la talla de Camarón o Paco, que nunca dudaron en reconocer su admiración e influencia. Hoy Día Internacional del Flamenco. Nada es casual.
Lo primero que nos encontramos al entrar en el Centro Cultural Pilar Miró (bonito nombre), es que el vestíbulo está repleto de memorabilia de las dos hermanas inmortales: portadas de discos, casettes, y fotos de la época en que eran más famosas que… (sigamos con la fiesta en paz).
Vamos con el concierto de hoy: ¡qué difícil es clasificar a los artistas inclasificables!, es casi imposible definir a los personajes indefinibles. Salen a escena Quentin y Melón Jiménez, guitarrista al que hace mucho tiempo dejaron de asustar las fusiones. Lo vimos en trío con Jorge Pardo hace unos días en “Suma Flamenca”, con la flautista Lara Wong, y con quien requiera una buena guitarra. Lo primero que nos ofrecen es una bulería cantada en inglés. Bienvenidos al Flamenco del siglo XXI.
Posteriormente, el sevillano, familia de bailaoras y cantaoras, despliega todo su arte cantando sobre su música pregrabada, que lanza desde su ordenador. Suena música electrónica, guitarras eléctricas, actitud rockera a lo Queen, riffs a lo Led Zeppelin, la seguiriya de Manuel Torre, melodías que firmarían White Stripes, y unas sevillanas de Lebrija que baila con una mujer del público. Asombroso.
A continuación salta a la arena la cantaora Bego Salazar, que exhibe un portentoso chorro de voz, aguda e infinita, que complementa perfectamente los cantes de Quentin. Ella luce una camiseta con la portada de “Omega”. Toda una declaración de intenciones, la obra con la que Morente invitó a Lagartija Nick a sentarse a la mesa de los más grandes, y cuyo sonido tiene cabida en esta noche.
Quentin baja al patio de butacas, se mezcla con el público, canta sin micrófono, se tira al suelo y canta tumbado, todo un animal escénico al que le cuesta estar quieto más de un segundo. Vuelve a salir Melón, e interpretan a dúo un tema que nos recuerda al Bambino más visceral y vehemente. Posteriormente Quentin canta “Deserto Rosso”, con los coros grabados de El Niño de Elche (banda sonora de la serie “Arde Madrid”). También sobrevuela la “Gitana del Rastro de Madrid” que encumbró a Parrita. Y finaliza con “El Mundo se Quema”, su última obra, en la que propone un interesante entendimiento entre payos y gitanos. El Flamenco no ha muerto, pero “El mundo se quema, el mundo se está quemando y tú no te has enterao, porque tú vas de enterao”. Y no sólo quemando, sino por desgracia, inundando, añado yo.
Para finalizar, un cante de Bego en homenaje a Las Grecas. ¿Y los zíngaros que deberían acompañar en el escenario a Quentin? Hemos podido distinguir a Iggy Pop, Mick Jagger o Freddie Mercury, pero también a Lole y Manuel, Triana, Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Califato ¾ o Rodrigo Cuevas. Todo en poco más de 1 hora.
No podemos dejar de agradecer la complicada labor de Paloma Concejero, directora artística de “Miradas Flamenkas” (con K, como Vallekas). ¿Queda alguien por ver sus documentales “Antonio Vega: tu voz entre otras mil” o “Soy Rebelde”? Como dijo Quentin, queremos a Paloma, queremos más Palomas, y queremos a Maspalomas, hora menos en Canarias.
Ficha artística:
Quentin Gas: cante.
Melón Jiménez: guitarra flamenca.
Artista invitada: Bego Salazar, cante.
75 minutos.
200 personas, aforo completo.
Madrid, Centro Cultural Pilar Miró (16/11/2024, 20 h.)

