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Ezequiel Benítez, la verdad del cante hecho carne


Ezequiel Benítez, la verdad del cante hecho carne




El cantaor jerezano triunfó en la Bienal de Flamenco. “Estoy muy satisfecho, cada día disfruto más con lo que hago”.

Web Revista La Flamenca. Luis M. Pérez. Sevilla (Iglesia de San Luis). 22/9/2016. Archivo Fotográfico: La Bienal de Flamenco. Fotógrafo Óscar Romero

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Son ya varias noches seguidas las que la Bienal de Sevilla nos manda de vuelta a casa con el alma sosegada y la satisfacción en el rostro; el aire risueño en el andar, los ojos brillantes y una canasta al costado repleta de flamenco, como quien va pregonando flores por la feria. Será solo una racha de suerte o no será, será que no es todo como empieza sino como acaba.

La tarde se presentaba cálida en el exterior de la iglesia de San Luis, una iglesia que no es iglesia y que da nombre a la antigua calle Real y a uno de los barrios más flamencos de Sevilla. En el interior, una bandada de abanicos se hizo sitio entre el respetable y se enredó nerviosa en una lucha a muerte con los programas de mano. Todo enmudeció cuando la imponente figura de Ezequiel salió de la sacristía para oficiar la ceremonia.

Y en menos que se canta un Credo, los cincuenta oficiantes de ese rito casi sagrado se santiguaban por tientos de Enrique el Mellizo, aquel patriarca gaditano al que le gustaban tanto las iglesias. Tientos que no fueron seguidos de tangos, oh, bendita capacidad de sorpresa.

Tiene Ezequiel una voz entrelazada de algún modo inexplicable a su médula espinal, lo que facilita la transmisión del sentimiento por vía oral a través de una maraña invisible de terminaciones nerviosas. Cuando se embarcó en una tanda de fandangos por soleá, alguien, quizá impresionado por las historias de fantasmas que se cuentan de este lugar, llegó a ver a Manuel Vallejo curioseando por los retablos de Duque Cornejo. “Estáis muy serios”, dijo Ezequiel, “el foquito aquel me está poniendo delgaíto, delgaíto”.

Y la risa cómplice lleva a la llamada por alegrías. Qué gran guitarrista el chiclanero José de Pura, saca las notas a borbotones, en oleadas de rasgueos de otro tiempo, y que son acallados súbitamente por la palma derecha. Entretanto, acompaña al cantaor como el amigo que siempre está ahí, a las malas y a las maduras, con entrañable complicidad. Alegrías de Aurelio Sellé con juguetillos de Rosario la Mejorana, a compás.

Y entre ole con ole, algún olé que se escapa cuando llegan las bulerías de Antonio el Chaqueta. Y sale una niña a escena, que en un ritual entrañable deja sus zapatos de calle al borde del escenario, se calza sobre sus pies menudos cuarto y mitad de soniquete y, tras pasear su canasta de púlpito a púlpito, regala  a los asistentes todo su arte jerezano. Rocío Carrasco se llama la chiquilla, de la familia de los Güiza.

Quedaba lo mejor. Ezequiel Benítez tiene más cualidades en su voz y quiere probar la acústica del templo. Se levanta y se planta “alante con vuestro permiso”, en el crucero, de forma que aquella milonga preciosa dedicada a su desaparecido hermano se eleva en vertical hacia la linterna de la impresionante cúpula barroca.

Faltaba la verdad del cante, aunque ya hubiera dado muestras de sobra, “ahora voy a cantar por soleá”. Comenzó sin arriesgar mucho con La Sarneta y se tiró de boca, sin pensarlo, nada más atisbar La Caleta, desde donde lo llamaban los Mellizos y Paquirri el Guanté. Ya asomaban las lágrimas de los más delicados, pero, cuando se adentró en Santiago buscando a Antonio Frijones, se volvió a acordar de su hermanito del alma, el que ya no puede tocarle las palmas. El propio Ezequiel tuvo que enjugarse las lágrimas, y una imagen de la Inmaculada bajó del retablo mayor para aliviarnos a propios y extraños. Tras el macho, otra ronda de lágrimas, que ya no pararon de brotar. Seguiriyas y fandangos de Pepe Pinto, que en aquel clímax, no podían traer sino verdad.

Y como doctor sanador, trajo el de Santiago la fiesta a los corazones, con esas palmas que suenan también cuando las hacen Israel Tubio y Javier Peña, y esa complicidad con el respetable bien traída por las letras picantonas de la Bolola y del Chozas de Jerez.


Ficha artística.

Espectáculo: “Quimeras del tiempo” /La Bienal de Flamenco de Sevilla/ Lugar y fecha: Iglesia San Luis de los Franceses 21/9/2016

Cante: Ezequiel Benítez.

Guitarra: José de Pura.

Palmas: Javier Peña y Israel Tubio.





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