Un mano a mano entre el cante y el baile que colgó el “no hay billetes” en el Lope de Vega, siendo una de las noches más esperadas de este ciclo.
Revista La Flamenca 25/9/2026. La Bienal de Flamenco. ©Laura León
Este viernes, 25 de septiembre, el Teatro Lope de Vega de Sevilla abría las puertas a la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla para citar sobre sus tablas a Aurora Vargas y Juana Amaya.
El espectáculo “Hazme con los ojos señas”, ha sido uno de los más esperados de esta cita, colgando el cartel de “no hay billetes”, casi de inmediato.
No es para menos pues esta “Noche Única” tenía a dos protagonistas de excepción, cada una en su disciplina. Una en el cante, y la otra, en el baile, augurando flamenco puro, de raíz.
Y aunque prácticamente se disfrutó de dos espectáculos independientes, podríamos decir que el nexo de unión fue una declaración de dos mujeres cuya mirada es un manifiesto de fuerza y verdad.
Ambas comparten ese idioma invisible que surge en el flamenco, esa comunicación sin palabras, hecha de complicidad, de códigos ancestrales, de instinto y de duende. Una verdad que no se pronuncia, sus ojos ordenan, convocan y desatan.
Por separado, fue un encuentro de feminidad, de garra, desgarro, descaro y discreción; de pureza y dolor antiguo que en el escenario, se transformó en belleza creando un diálogo sin artificio, sin licencia, con una intensidad que atravesó el alma de los espectadores.
Por ello, aunque las miradas de Aurora y de Juana no se cruzaron en ningún momento de la actuación, lo que unió a las dos fue la veteranía, la fuerza, la verdad y el temperamento de dos maestras del flamenco más puro.
Abrió la noche Juana Amaya, con baile, firme y arrebatador, que nace de la tierra. Una elegancia salvaje y una fuerza que conecta lo ancestral con lo contemporáneo sin perder ni una gota de verdad. Interpretó Seguiriya, Taranta - verdiales, Soleá y unas Bulerías homenaje a Diego del Gastor. Junto a ella sorprendió la aparición de Dorantes, como artista invitado, que regaló los sonidos de su piano flamenco al baile de Amaya.
Enrique el Extremeño David el Galli y El Kini pusieron su cante y en el toque no faltaron las guitarras de David Caro y Paquito del Gastor, completando el elenco la percusión de Paco Vega.
Tras este gran espectáculo llegaba otro, el de Aurora Vargas la sevillana que encarna la gracia y el cante nacido en casa. Su voz, profunda y con pellizco de historia, no interpreta el flamenco, porque ella misma es flamenco.
De cada quejío en el Lope de Vega brotaba una memoria antigua, cargada de pureza y de ese desgarro que solo habita en quienes han mamado el cante como forma de vida.
Sobre las tablas nos deleitó por Martinete, Seguiriya, Alegrías, Tientos tangos, Solea y Bulerías acompañada por las guitarras de Pedro Sierra y Raul Fernández "El Perla"; y las palmas de Javi Peña, Diego Montoya, José Peña y Manuel Valencia.
Dos espectáculos unidos por un mismo lenguaje, el flamenco de raíz, de casta y coraje que hizo vibrar a una XXIV Bienal de Sevilla que enfila sus últimos días.







