Esperanza Fernández, Duquende, José Valencia, Pepe Torres y Nazaret Reyes pellizcaron el alma de los asistentes al Teatro de la Maestranza.
Revista La Flamenca 25/9/2026. La Bienal de Flamenco ©Laura León
Este jueves 24 de septiembre, la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla nos proponía un espectáculo de Pedro María Peña que solo con su nombre y sus protagonistas dejaba entrever una “Noche única” con sabor a fragua y sentimientos de sonidos negros.
El Teatro de la Maestranza acogía “Canela y Clavo”, subiendo a sus tablas el cante de Esperanza Fernández, Duquende y José Valencia, y el baile de Pepe Torres y Nazaret Reyes. Un espectáculo de pura raza en la que se homenajeó a la profunda huella dejada por la comunidad gitana en el flamenco, un arte que no sería lo que es sin la particularidad de su contribución, única y esencial.
El elenco artístico se completaba con las guitarras de Joni Jiménez y Juan Requena; la flauta de Juan Parrilla, el contrabajo de Gal Maestro, el violín de Leslie Jordán, la percusión de Paco Vega, y los coros y palmas de Los Mellis de Huelva y Pedro Peña.
Una conjunción perfecta donde se dejó claro que el flamenco, hoy considerado un lenguaje universal, debe mucho de su esencia y magia a la creatividad, la intuición y la capacidad singular de los gitanos para sentirlo e interpretarlo. Pues en el Maestranza se supo poner en valor a ese pueblo creador e innovador con unos intérpretes excepcionales capaces de convertir las vivencias en emoción y su expresión en genialidad.
Canela y Clavo, la mezcla y el aroma entre lo dulce y lo punzante, lo suave y lo profundo una metáfora que resume la esencia de esta obra que fue un encuentro con las raíces del flamenco, que, lejos de quedarse anclado en la nostalgia, se proyecta hacia el presente y el futuro, transformando el legado en algo vivo y renovado.
Un patio de butacas con lleno absoluto y un espectáculo de esos que pellizcan el alma por la fuerza y la raza que transmite, una noche única de Bienal, gracias a un espectáculo que supo rendir un merecido reconocimiento a un pueblo que, desde hace siglos, sigue dando alma al flamenco.





