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Flamenco Antiguo: Enrique El Almendro (1892-1959)


Flamenco Antiguo: Enrique El Almendro (1892-1959)




Revista La Flamenca: Revista nº 17 /año 2006 Septiembre Octubre.

Hombre simpático, fino catador del cante bueno que decía con el depurado gusto de un autentico maestro, aunque nunca quisieron explotarlo comercialmente, fue creador de un estilo de fandango que popularizó su pariente Manolo Caracol. Enrique Ortega Monje “El Almendro”, nació en la sevillana Alameda de Hércules, el 24 de diciembre de 1892. Fue banderillero de Rafael El Gallo, Joselito, Ignacio Sánchez Mejías, Maera, Algabeño y Cagancho, retirándose prematuramente de los ruedos en 1931 a causa de su obesidad. Falleció en su Sevilla natal, en los primeros días de abril de 1959, a los 67 años de edad. Insertamos un extracto de la entrevista que Manolo Liaño realizó a “El Almendro” para la revista El Ruedo nº 753, de 27 de noviembre de 1958:

Todo buen aficionado taurino, antiguo o moderno, sabe ahora quien es Enrique Ortega “El Almendro”. Por si alguien no lo recuerda, diremos que Enrique Ortega es uno de los tres banderilleros que formaron muchas tardes a las ordenes del coloso de Gelves. De ese matador inmenso que se llamó José Gómez “Gallito”, cuyos subalternos de a pie fueron Blanquet, “Cuco” y “El Almendro”. El trío que se hizo celebre con “Joselito” en la época de oro del toreo. Ahora, cuando han pasado ya muchos años de aquellos días en los que Enrique Ortega hiciera una vez y otras el paseo detrás de “Joselito Maravillas”, me lo he encontrado en Jerez, acompañado del Marqués de Domecq, de don Pablo Martínez Elizondo y del hijo del popular “Chopera”, Manolo. “El Almendro”, hombre jovial y muy agradable, ha ido recordando conmigo su época de torero.

¿Qué hace usted por Jerez?
Vengo con frecuencia por mis dos profesiones actuales: corredor de ganados y propagandista de vinos.

“Domecq obliga” dice el escudo.
Y el dinero que hace falta

En cuestión de ganado bravo, ¿qué tal es el de las ganaderías de Jerez?
De lo mejor de España

¿En cuestión de vino?
Jerez, la figura mundial

Pero, a parte del corretaje y la propaganda, usted tiene otra profesión. Otra afición, si usted quiere.
¿Se refiere usted al cante?

Al cante flamenco
He cantado algunas veces, sí.

¿Y canta?
Menos que un canario en tiempo de muda.

Dicen que lo hacía usted superior.
La gente, que siempre fue buena conmigo

¿Qué edad tiene usted Enrique?
Estoy a punto de cumplir los sesenta y cuatro años.

¿Y cuando nació usted al toreo?
En el año 1910. Quise ser matador, pero pronto vi que no tenía nada que hacer con la muleta y la espada… y cogí los palos.

¿Y donde fue su debut?
Creo que fue en Sanlúcar, allá por el año once. Fue una novillada de Miura. Al año siguiente me coloqué con mi primo hermano Joselito.

¿Y hasta cuando estuvo con él?
Hasta que le dejé enterrado en el cementerio de San Fernando de Sevilla.

¿Por qué le pusieron “El Almendro”?

Había tres Ortega en la cuadrilla de José. El maestro, “El Cuco” y yo. Era, pues, un lío. Había que buscarle un arreglo, y a mi comenzaron a llamarme “El Almendro”. Es el mismo apodo que usaba un viejo banderillero de Fernando “El Gallo” y Guerrita.

¿Le gusta?
Mucho. Cuando escucho a la Piquer cantar eso de “El Almendro”…
¡Cree que es por usted, vamos…!
No. Pero me gusta.

¿Cuánto fue su primer sueldo como banderillero?
Sesenta pesetas. La cuadrilla de “Gallito” era la que más cobraba, en comparación con las cuarenta pesetas de las cuadrillas de otros.

¿Cómo era Gallito como torero?
Como cien veces mejor que el mejor.

¿Qué admiraba usted más en él?
Sus conocimientos. Al instante de salir un toro por los chiqueros sabía perfectamente el juego que daría.

¿Por qué lo mató “Bailaor”?
Porque era su sino. No fue un descuido. El toro se había quedado ciego en el tercio de varas, y al darle José un pase por alto le dio la cornada. Le metió el pitón hasta la mazorca y le destrozó por dentro. El paquete vascular salió al exterior…

Pero derramo poca sangre.
El derrame fue interior. Cuando lo cogimos del suelo tenia el cuerpo acardenalado, morado, a consecuencia del derrame interno.

¿Sintió su muerte?
Tanto como la de mi padre. Jamás olvidaré aquellas palabras dramáticas de “Joselito” antes de morir: “Llamar a Mascarell, que voy a morirme en Talavera”




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