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Flamenco Antiguo: Pedro de la Timotea (1896-1986)


Flamenco Antiguo: Pedro de la Timotea (1896-1986)




Web Revista La Flamenca: Ricardo Rodriguez Cosano 8/1/2013

La Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Herrera (Sevilla) divulgó el CD del cantaor local, Pedro de la Timotea, en 2012. La referida grabación es un compendio de numerosos cantes, un total de 39 títulos, que se encontraban diseminados entre familias, amigos y aficionados relacionados con dicho intérprete.

Según el folleto de dicha grabación, he aquí, unos datos biográficos de Pedro de la Timotea: “Pedro Gómez Moreno nació en Herrera el 19 de Enero de 1896 y falleció en su pueblo, el 25 de Abril de 1986. Su madre, Carmen de la Timotea, fue profesional de la guitarra flamenca y buena cantaora.

El apodo “de la Timotea”, que identifica a la familia, es anterior a Carmen, y proviene al menos de la madre de ésta. Tras casarse con Carmen Llamas, tuvo doce hijos de los cuales únicamente vivieron siete. Su trabajo siempre fue el campo, ya la aceituna, ya la siega…acudiendo a los tajos y cortijos donde hiciese falta. También trabajó en los palmares de la sierra de Estepa cortando la hoja del palmito que luego en la casa los hijos trabajaban para hacer escobas y escobines, como en tantas casas humildes de Herrera en aquellos tiempos.

En su personalidad, destacaban la formalidad, la humildad, la timidez y el apego a la familia, por la que trabajó duro toda su vida. Algunas muestras de estas facetas de su persona podemos encontrarlas en las anécdotas y detalles, relatadas por descendientes y allegados.

El flamenco le atrajo desde muy pequeño. Con 5 años se escapaba de casa y se iba a la puerta de un bar del pueblo, en cuyo rebate se sentaba a escuchar la música del interior, pues el bar tenía una de las primeras gramolas de Herrera. Tan frecuente era ver al pequeño allí sentado que el encargado preguntó al niño el motivo. Al contestarle Pedro cuánto le gustaba cómo cantaba aquel hombre de la máquina, le hizo pasar y le puso más cantes, por lo que sus visitas al bar continuaron.

Su madre fue esencial en su afición y formación flamenca. Era profesora de guitarra, y además una buena cantaora, sobresaliendo en los estilos de Levante… Pedro tuvo otro hermano, ciego desde los 12 años, que estudió música en Sevilla y fue maestro de guitarra, por lo que entre su hermano y su madre, tuvo los apoyos para ir avanzando en el flamenco…

Cuando cumplió los 8 años, vivió la única etapa de su vida profesional del cante, por así decirlo. En compañía de su hermano contrató la ayuda de un hombre con un borrico para llevar a Frasco, la guitarra y el equipaje, y viajaron así durante más de un año por las comarcas cercanas, actuando en diversos teatros (Osuna, Montilla, Antequera, e incluso en el Olimpia y Teatro del Duque de Sevilla). Pasada esta época, comenzó a trabajar como zagal en un cortijo, con la condición, eso si, de que podría ir a escuchar a los cantaores, que actuasen en algún lugar cercano”.

En otro lugar de dicho folleto, al hablar de las actuaciones del cantaor de Herrera, se dice lo siguiente: “Llegó a participar en la primera edición del Concurso de Arte Flamenco de Córdoba (1956), en el que se inscribió en varias categorías. Devoto de Chacón, a quien vio de cantar más de una vez, conoció y cantó con muy diversas figuras de la época, como Antonio el Sevillano, Manuel Vallejo, Cepero, Pepe Marchena y Pastora Pavón. Pero sin duda el contacto fue mucho más frecuente con los cantaores de la comarca, sobre todo de Puente Genil, con los que cantó con cierta frecuencia, como Cayetano Muriel Niño de Cabra, Juan Hierro, y años más tarde, Pedro Lavado, Antonio Ranchal y Fosforito.

La relación cantaora con Puente Genil fue muy importante. Así, estos tres últimos cantaores, de la misma generación y unos 35 años más jóvenes que Pedro, compartieron con él muchas veladas, gracias a que Pedro Lavado se llegaba asiduamente a recogerle a su casa con un taxista de Puente Genil aficionado al flamenco. La reunión flamenca solía ser, principalmente, en la peña de Pedro Lavado de Puente Genil. Ello hizo que “Pedro el de Herrera” fuese muy conocido y respetado en esta localidad cantaora”.

Al referirnos a los cantes interpretados por Pedro de la Timotea, algunos de ellos responden a la espontaneidad del momento y no llevan acompañamiento de guitarra. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los cantes, con raíces antiguas, fueron grabados en las postrimerías de la vida de Pedro, que tenía un extenso conocimiento de la gama de los mismos, contenidos en los viejos registros de pizarra.

Los cantes y estilos interpretados por Pedro evocan los aires comarcales, recogidos por la tradición, en el transcurso de los años.

Me llamó la atención, la saeta emotiva, “Silencio, pueblo cristiano”, donde el saetero se identifica plenamente con los tercios de la misma, dejando su estela de sentimiento y entrega.

Este cantaor local no quiso ser profesional, aunque su afición era desmedida y alguna de sus letras refleja el cariño a su madre. Pedro de la Timotea es un eslabón reconocido en la transmisión del fandango de Herrera.

Referente al fandango de Herrera, he aquí, el texto del cante, que interpretara Pedro de la Timotea, correspondiente al título, “Porque no me dio la gana”, en la susodicha grabación:

Que no me dio la gana,
que no me voy de esta tierra.
Es que no me dio la gana…
Estoy viviendo en la sierra
con mi jaca cartujana, y mi escopeta y mi perra.

Al hablar de este estilo de fandangos, Fernando el de Triana, en libro, Arte y artistas flamencos”, (1935) dice lo siguiente: “En Herrera, de Sevilla, también tenían un fandango de besana, que era cosa preciosa, y digo tenían, porque, con estas transformaciones, no sé si lo conservarán. Entre los cantaores no profesionales que había en el pueblo sobresalía un tal Carlillo (así lo llamaban)”.

También, Domingo Manfredi Cano, en su libro, Geografía del Cante Jondo (1966), habla del fandango de Herrera.

Estos retazos cantes de la citada grabación están repletos de sentimiento, que se transmite a todos los aficionados, que tengan la oportunidad de escucharlos. Al escuchar estos cantes, recuerdo con claridad mi visita a Herrera, para entrevistarme con Pedro de la Timotea, hace varios lustros. En aquella ocasión, por un lado, pude sopesar la emotividad del encuentro con este buen hombre, y, por otro, la humanidad y su afición al Cante Flamenco.

Para perpetuar su memoria, año tras año, se celebra, en su pueblo natal, el festival flamenco, que lleva su nombre.




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