En el escenario expuso el musical de su vida acompañado por un elenco de 16 personas.
Revista La Flamenca 29/9/2026. La Bienal de Flamenco. ©Laura León
La pasada noche, el Teatro de la Maestranza de Sevilla abría sus puertas a la XXIV Bienal de Flamenco para acoger un nuevo y esperado estreno absoluto, el de “Serás Farruquito: el musical”.
Un espectáculo articulado como un viaje cronológico y sensorial por su vida, dividido en cinco actos, donde la evolución vital y artística de Farruquito se convirtió en materia escénica. Cada bloque combinaba dramaturgia, música y lenguaje coreográfico con una identidad flamenca precisa, sin concesiones, donde el palo elegido respondía al momento emocional que se atraviesa.
Y así es como Farruquito el gran heredero de la sala de los Farrucos se hacía con el público de la Maestranza, exponiendo un musical sobre su vida junto a su hijo, Juan el Moreno y un elenco de 16 artistas con nombres como los de Cristina Soler, Cristina Aguilera, María Carrasco, Lucía La Bronce, Gloria del Rosario y Marta Cañizares, al baile; la guitarra de Ramón Amador; el cante de Ismael de la Rosa “Bola”, Ezequiel Montoya, y Estrella Fernández; además de la batería de Sergio Fargas, la percusión de Paco Vega, los teclados de Robert Chacón y los vientos de Fran Roca.
Sobre las tablas de este espacio escénico de la Bienal, Farruquito no solo presentaba una obra de baile, sino que además daba continuidad escénica y espiritual de su relato cinematográfico, abriendo las puertas de su memoria para explicar por qué su vida se escribió con esa letra y ese compás.
Una experiencia visual y sonora de alto voltaje emocional, aunque quizás con decibelios de más que molestaban para disfrutar del conjunto de la obra. De este modo, a través de la proyección de archivos inéditos y personales, el espectador fue guiado por los laberintos del recuerdo, fundiendo las imágenes del ayer con la música y el baile en directo, creando un diálogo constante entre el niño que fue y el maestro que es.
“Serás Farruquito: el musical” ha sido un viaje de identidad, una oportunidad única de la Bienal para entender la historia que hay detrás del artista, donde el legado familiar deja de ser un peso para convertirse en las alas de un vuelo único convenciendo al público allí congregado, que llenó completamente el teatro, y el cual supo agradecerle esta exposición en pie y con una larga ovación.







