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Tres preguntas y doce mandamientos según Chano Dominguez


Tres preguntas y doce mandamientos según Chano Dominguez




El flamante Premio Nacional de Músicas Actuales se confiesa deudor de “cultura de mi tierra que canta por bulerías, soleás, alegrías y tangos”.

Revista La Flamenca. Texto y foto: Xavier Grau I Barcelona I  10/11/2020

El pianista Chano Domínguez, recién galardonado con el Premio Nacional de Músicas Actuales del Ministerio de Cultura, ha estrenado estos nuevos galones, con los suyos: con músicos, con estudiantes de música, con profesores del Taller de Músics de Barcelona.

Organizada en el marco de las II Jornadas de Flamencología y Pedagogía Flamenca del Festival Ciutat Flamenco, una master class del músico gaditano reúne a una treintena de asistentes en la sala Omega del centro -aforo reducido, covid/limitaciones imperan-.

“Yo lo que voy a hacer es tocar para vosotros”; abre tanda el artista con más de cuarenta años de bagaje a las espaldas. “Bueno y también vengo a escuchar y a intentar ayudarlos en lo que pueda, así que adelante a preguntarme…” matiza mientras calienta el ambiente tocando algún apunte de “unos Poemas Inacabados, como los llamo yo, porque son ideas musicales escritas de pe a pa que luego rompo en base a la improvisación, que es lo mío…”. Toca el maestro. Aplausos.

Primera pregunta del auditorio: ¿cuánto hay de influencia de Skriabin en estas piezas? “Yo me siento más cercano a otros músicos como Bartok o Chick Corea… pero suelo componer a partir de alguna idea melódica o rítmica, o a veces a partir de un todo armónico”. Lo aclara el creador de discos como “Piano Ibérico” con obras de Falla, Granados y Mompou y “Flamenco Sketches” trayéndose a Miles Davis a su terreno.

“AL LLEGAR A LA PRIMERA ESCUELA MÚSICA NUNCA SUPE EXPLICAR CÓMO SE TOCABA UNA BULERÍA… YO TOCABA Y YA ESTÁ…”

Segundo interrogante: ¿cuáles son sus influencias? Fácil. “La primera y sin enterarme, el flamenco, por haber nacido en Cádiz y por tener un padre muy aficionado, y me siento deudor de la cultura de mi tierra que canta por bulerías, soleás, alegrías y tangos. Es más, yo, que empecé tocando la guitarra flamenca, al llegar a la primera escuela de música nunca supe explicar cómo tocaba una bulería…Yo tocaba y ya está…”, detalla Domínguez. Para el pianista, los años 80 supusieron su inmersión en el descubrimiento del jazz. Todo su tiempo se iba en el estudio y la transcripción de piezas de Horace Silver, Bill Evans, Ahmad Jamal o Petrucciani.

Tercera cuestión. ¿con tanto conocimiento y tantas opciones musicales, cómo toma la mejor decisión al componer? Respuesta rápida del gaditano. “Esa es la gran pregunta porque los músicos creadores como yo estamos tomando decisiones todo el tiempo, sobre todo cuando estamos improvisando: fíjate, los músicos somos como los mineros que se ponen a trabajar y trabajar hasta que encuentran algo”.

Casi tres horas de clase y detalles de Chano Domínguez, ahora recién regresado de una gira europea junto al mandolinista brasileño Hamilton de Holanda, dan un difícil resumen de su caudal de saber, conocimiento y pasión por la música.

“ÚLTIMAMENTE SE ESTÁN HACIENDO MUY BUENAS COSAS EN EL GÉNERO DEL ‘SPOKEN WORD’”

Desde su visión talentosa y particular, “yo vivo de la improvisación”, dice, tal vez sea un buen compendio recoger una docena de lecciones que este referente del piano flamenco, pero también del jazz y otros géneros. Doce, quizá. Que serían siete como las notas de una escala pero añadiéndole sostenidos y bemoles. Hasta lograr una docena de sonidos. Todos convertidos en mandamientos para su vastísima legión de seguidores.

Palabra de Chano:

“Últimamente se están haciendo muy buenas cosas en el género del ‘spoken word’, esa forma de poesía musical recitada al compás”, explica Domínguez para ilustrar que sólo hay dos tipos de música: la buena y la mala.

Heredero de todas las influencias posibles, del jazz, la clásica, la popular, la africana, la latinoamericana y últimamente de la música brasileña de los cincuenta y los sesenta por los conciertos junto a Hamilton de Holanda, Domínguez mantiene en su altar a grandes como Horace Silver, Bill Evans, Herbie Hancock, Ahmad Jamal y Petrucciani.

“Transcribir la música de los grandes es la mejor manera de entrar en su feeling, lo que aporta proximidad a su lenguaje, a intentar mimetizarse con sus formas para luego conseguir ser personal en tu música, cosa que se consigue con el trabajo diario”, relata quien hace cuarenta años, “sintiéndome más estudiante que nunca”, se embebió del jazz y todos sus estilos.

Hojas y hojas, cassettes y cassettes casi hasta borrarse -vean Google los más jóvenes para saber más sobre esas cintas- empeñó Chano en este menester. Siguiendo al bajista Steve Swallow hasta lo más profundo de piezas como “Falling Grace” en manos de Evans.

“EL CARÁCTER RÍTMICO DEL FLAMENCO SE ADAPTA PERFECTAMENTE AL PIANO, DEL QUE YO DISPONGO 88 TECLAS PARA PERCUTIR”

Abierto a todo, inquieto como rasgo común a los grandes, el pianista gaditano recomienda tener claro que “no hay acorde malo si lo colocamos en su contexto, “porque las doce notas que tenemos son todas válidas y todas nos dan su color; hace 300 años serían horribles algunos sonidos y colores que hoy apreciamos en la música”.

¿Qué el piano no es un instrumento flamenco? Que sí sí, que si no…ambiente en la audiencia antes de la sentencia del maestro: “el carácter rítmico del flamenco se adapta perfectamente al piano, que no deja de ser un instrumento de percusión, del que yo dispongo ochenta y ocho teclas para percutir”, razona como buen multiinstrumentista que toca también el bajo, el vibráfono y la batería -ésta última desde hace por lo menos dieciséis años-.

El juego de séptimas, tonos, terceras mayores y menores, una nota sensible por aquí, acordes no sólo frigios por allá, permiten al pianista seguir “todos los cromatismos que recorren los cantaores en sus melismas”. Todo queda abierto y “al final lo que prima es que lo que tú sientes como músico te suene bien”. Y la sentencia: “no hay acordes que suenen mal, el que suenas mal eres tú”.

Acentúa el maestro: “la armonía es la armonía, la utilicen flamencos, los clásicos y los roqueros”. Para muestra, primer tema de Thelonious Monk que se trajo él a su piano flamenco. Ese ‘Well you needn’t’ grabado en 1993 para el disco ‘Chano‘ justito precediendo a ‘La Tarara’ en versión junto a otros dos enormes Javier Colina y Guillermo McGill.

En el tiempo de las anécdotas, recorrida ya más de media clase magistral, la sala Omega del Taller de Músics, se mantiene tremendamente atenta. Refiere Chano el episodio de una noche en París viendo actuar a Bob Berg. “Pasó su primera rueda de improvisación y tocó una nota sin convención, fuera de lugar y se cabreó con él mismo por ese error… para luego, en otro momento, tocarla con toda seguridad y ¡sonó mejor que nunca!”

“PUEDO CAMBIAR MIS ARMONÍAS SEGÚN EL DÍA, Y YO, QUE VIVO DE LA IMPROVISACIÓN, ENCUENTRO AHÍ EL DIVERTIMENTO”

 

Da igual la pieza, y suelta Chano sus manos sobre el teclado recreando “Stella by Starlight”, “si se toca con seguridad, actitud y valentía para ser dueño del color de lo que se interpreta”. “Mirar la música demasiado en vertical, con todos sus modos, sus escalas y sus acordes, nos puede cerrar el camino si te delimita por donde quieres tirar”, advierte a la audiencia de estudiantes a los que insta a “abriros a nuevos colores porque estos detalles pasarán a ser más de tu autoría”.

Este sello personal en sus propias composiciones hace que el mismo Domínguez confiese que “puedo cambiar mis armonías según el día, y yo, que vivo de la improvisación, encuentro ahí el divertimento”. Pero la magia no sucede cada noche: “hay que ir al instrumento cuando estás a gusto, incluso a veces un acorde de dos me suena mal… y no es el acorde, soy yo”.

“EL QUE QUIERA TOCAR FLAMENCO, QUE VAYA QUINCE DÍAS A JEREZ, AL BARRIO DE SANTIAGO…”

 

“Yo soy autodidacta y nunca fui al conservatorio -resume- por eso toco sin premisas y voy a sacar lo que busco, intentando llevar a mi terreno la música para disfrutar y pasármelo bien con el instrumento porque sin disfrute no hay nada”.

En su caso, conocimiento y audacia. Cómo, si no, argumentar y convencer a un cantaor como Blas Córdoba para versionar, con la percusión de Israel Suárez “Piraña” y las palmas de “Tomasito” Moreno, el monumental ‘Blue in Green’ surgido del talento de Miles Davis y Bill Evans allá por 1959.

Para lo demás, como reza el anuncio y apunta al cierre de su master class Chano Domínguez, una sentencia: “todo aquel que quiera tocar flamenco que se vaya quince días a Jerez de la Frontera, al barrio de Santiago, que vaya al bar donde se lía cada día…”.

¡Pero alto!, impugna desde el fondo de la sala Luís Cabrera, hacedor del misterio inicial del Taller de Músics, y que mete baza final: “sí Chano, pero que vayan bien acompañados porque yo fui la primera vez por la cara… y no me enteré de nada…”

Pues eso, concluye el maestro. Para flamenco, a Jerez, al barrio de Santiago, bien acompañados. Mandamiento final.




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