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Estilos Flamencos uno a uno: La Debla – Fandango


Estilos Flamencos uno a uno: La Debla – Fandango




Debla
Revista La Flamenca

La debla no es más que una variedad de toná y junto a éstas, los martinetes, carceleras, saetas y nanas componen el acervo que la flamencología a dado en llamar “cantes sin acompañamiento”. Esto es, interpretados a capella. Existen varias teorías de su etimología, entre las cuales, destacan la que hace derivar el término del vocablo debla, que vendría a significar diosa en caló. En este orden, primitivas letras localizadas en la Triana del siglo XVIII usaban el remate Deblica barea. Otras de las conjeturas llevan a considerar que era la toná que solía cantar un tal Blas Barea. Así, la toná “de Blas” sufriría una merma del lenguaje hasta llegar a la toná “de blá” y de ahí a “debla”. Demófilo insiste que era el apellido de un cantaor. Por su parte, Molina y Mairena apreciaban en su libro “Mundos y formas” cierto halo religioso. De todas formas, el estilo es redefinido y fijado por el gran Tomás Pavón Cruz, allá por 1950, dejando su versión como paradigma insuperable con la letra:

En el barrio de Triana
Ya no hay pluma ni tintero
Pá yo escribirle a mi mare
Que hace tres años que no la veo

Fandango

En su obra “De Telethusa a La Macarrona” José Luis Navarro sitúa su origen en los bailes de los negros. En sus comienzos, el fandango era exclusivamente un género musical destinado al baile que experimentó un extraordinario desarrollo por toda España, llegando a convertirse en la danza más conocida y practicada en toda la península en el siglo XVIII. Su ritmo es ternario. Posteriormente, el fandango pasó a ser cantable, con una estrofa de cuatro o cinco versos octosilábicos con rima asonante o consonante en los pares, pero cuyo resultado final queda en un numero mayor de versos por repetición de alguno de ellos. Hay fandangos en todas las provincias españolas, pues es la fórmula que más se prodiga en las canciones populares.

En su emancipación del baile, el fandango fue evolucionando hacia una ejecución más libre y pausada rítmicamente hablando. El rigor en la medida se relajó poco a poco hasta llegar a la interpretación que hoy conocemos de las malagueñas o los cantes de levante. Al detener su ritmo vivaz, este palo se aflamenca, creando los fandangos naturales. Se podría distinguir una infinidad de fandangos naturales, tantos como creadores ha habido a lo largo de la historia del flamenco. De los fandangos se desprenden un sinfín de variantes y derivados. Grandes intérpretes han sido El Gloria, José Cepero, Manuel Vallejo y Pepe Marchena, entre otros muchos.
Que llores por mi querer
te tiene que llegar el día
que llores por mi querer
con un llanto tan profundo
que tengas tú que aborrecer
a quién tú quieras más en el mundo.
Dijo mi madre al morir
reza por mí todos los días
y un día se me olvidó
y fue la tarde que te vi
pero Dios me perdonó




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