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Flamenco Antiguo: Paca Aguilera (1867-1913)


Flamenco Antiguo: Paca Aguilera (1867-1913)




Revista La Flamenca: Revista nº 14 / año 2006 Marzo Abril

Hasta hace muy poco se pensaba que el rol que la mujer debía ocupar en nuestra sociedad, era el de madre y atenta ama de casa. Bien entrada nuestra democracia, hemos caído en la cuenta de que la mujer puede y debe ocupar los mismos lugares que el hombre, cualesquiera que estos sean. En el caso del flamenco, este pensamiento convertido en movimiento progre, sólo necesita continuación, puesto que no es nuevo. Mujeres de la talla de La Andonda, La Carbonera, La Macaca, La Trini, Juana Antúnez, La Macarrona, La Gamba, La Serneta, La Parrala, La Mejorana o la propia Pastora Pavón -a finales del siglo XIX y principios del XX-, demostraron poseer una valentía fuera de lo común, y una seguridad tal en si mismas, con la que consiguieron elevarse a la categoría de mujeres libres e independientes. Todo, a cambio de ser confundidas con fulanas y mujeres de mala vida, por quienes enarbolaban la bandera del puritanismo, tras la que casi siempre se escondía una hipócrita doble moral. Con una habilidad pasmosa convivieron con el machismo en los cuartos, en las fiestas, en las incipientes compañías y en el floreciente mercado discográfico.

El caso de Francisca Aguilera Domínguez “Paca Aguilera” es especialmente interesante, pues, aunque sabemos muy poco de su vida y de lo que llego a depararle de cara a la sociedad y al entorno familiar su dedicación al arte, la discografía que nos ha llegado refleja la importancia que Paca tuvo y tiene para el flamenco. Son las razones por las que recuperamos su vida y obra en estas páginas. Es impresionante la curiosidad y celo que provoca en los estudiosos y coleccionistas el conglomerado de su obra y la aparición excepcional de una nueva placa o cilindro con la voz de la malagueña. Se dice que son una joya por la fidelidad de su interpretación de los estilos primitivos y poco conocidos, en referencia a los creadores de estos.

Paca Aguilera nació en Ronda, en 1867, y fue hermana de la guitarrista María Aguilera (otra mujer valiente). De su infancia sabemos bien poco, aunque se la viene situando a caballo entre su ciudad natal y Málaga, zona en la que parece aprender los cantes de La Andonda y La Trini. Pero en los últimos años, la investigación y el sentido común, llevan a pensar que los cantes de la primera los aprendió en sus viajes a Sevilla. Otra relación fundamental para su crecimiento artístico, es la amistad que mantiene Paca con Juan Breva, con quien actuará en diversas ocasiones (como el día archiconocido del Teatro Romea en Madrid). Junto al de Vélez-Málaga debió perfilar sus formas en el cante por malagueñas; y cabe preguntarse si no fue el cantaor uno de sus impulsores. En lo personal, tampoco sabemos nada de sus amores, si contrajo matrimonio o si dejó descendencia.

Comenzó a cantar desde muy joven por la provincia malagueña, sobresaliendo su habilidad para imitar los cantes de La Trini. Entre 1885 y 1890, ya cumplida la mayoría de edad, debió tener lugar su aparición en la escena flamenca sevillana, en cuyos cafés cantantes mantuvo elevado cartel hasta que marchó a Madrid, donde fue acogida con entusiasmo, por lo cual fijó allí su residencia. En aquellos años la capital de España era un hervidero flamenco. Las fiestas eran abundantes y, conociendo su popularidad y buena aceptación entre el público capitalino, pensamos que no debió pasar apuros económicos.

Su integración en los círculos artísticos debió ser total, pues comparte cartel con El Niño Medina, El Mochuelo o La Argentinita nada menos que en Oviedo. También está al tanto de las novedades que benefician a su arte, pues conoce de primera mano la llegada de los primeros artilugios grabadores, en las vísperas del nuevo siglo. Para su incursión en los proyectos de las casas editoras, debía alcanzar un nivel profesional interesante. No se entiende de otra manera que, recién llegado el invento, encarara Paca sus primeros registros fonográficos. Debió ser hacia 1898, en soporte de cilindro de cera, junto al madrileño Salvador Román García, el guitarrista que más la acompañó en sus grabaciones.

Se inicia así una vida profesional mucho más dinámica para todos los artistas, que se verá potenciada con el cambio de soporte a pizarra (monofacial hasta 1908), aunque el modo de registrar las grabaciones continuaba siendo mecánico. Así será hasta 1920, por lo que nuestra artista no conoció las grabaciones eléctricas. En 1905, 1906 y 1907 grabó pizarras, destacando su interpretación de los estilos soleaeros de La Andonda, La Serneta o El Mellizo. Además impresiona un buen número de malagueñas (sobre todo las de La Trini, El Canario o la suya propia), así como tarantas, granaína, peteneras (mirándose en La Rubia), tangos (de Frijones y El Mellizo, entre otros) y guajiras. Por seguiriyas no es especialmente extensa, pero acomete los estilos El Mellizo y la cabal de Manuel Molina Anteriormente también había grabado jotas aragonesas y sevillanas. Continua siéndole fiel en las seis cuerdas Salvador Román, aunque a veces prueba con la guitarra de Ángel de Baeza. Otra fecha en la que realiza grabaciones, ya bifaciales, es en 1910, compartiendo las pizarras con Niño de Triana o El Mochuelo. En ellas aparece el mismo repertorio estilístico, con leves alteraciones. El final de su vida y la causa de su fallecimiento los desconocemos, pero su muerte la sorprendió a la temprana edad de 46 años, el 18 de enero de 1913, en Madrid. Sus restos fueron depositados en el cementerio de La Almudena.




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