La artista pionera en sacarle sonidos jondos a este instrumento pellizca el alma de los asistentes a este ciclo de la Comunidad de Madrid.
Revista La Flamenca. David Plaza Cervantes. 23/10/2024
¡Un arpa en el Flamenco! Al asistir a un recital de Ana Crismán, uno se imagina la sensación que experimentaron los primeros espectadores que acudieron a un concierto de Flamenco y escucharon el piano de Arturo Pavón, o el cajón de Rubem Dantas, la guitarra eléctrica de Raimundo Amador, la batería de El Tacita, el saxo y la flauta de Jorge Pardo, el bajo sin trastes de Carles Benavent o la armónica de Antonio Serrano. Estamos, por tanto, ante una pionera con un instrumento que no es nada fácil de tocar: 47 cuerdas, más de 6 octavas.
Lo primero que nos llama la atención de la artista jerezana es el tiempo de concentración que se toma antes de comenzar: unos 15 segundos con los ojos cerrados y las manos sobre las cuerdas, mandándolas callar, como acariciando y templando su milenario instrumento. Este ritual se repetirá al comienzo de todas las piezas.
Y sí, suena Flamenco, y mucho. Además con unos temas propios, especialmente compuestos para el arpa. Una inconfundible soleá, acentuada con leves toques de percusión con los dedos sobre la caja de resonancia, que suena de maravilla a madera hueca. Continua con una siguiriya, donde las cuerdas más agudas parecen interpretar el cante, y las más graves son las que acompañan. Algo asombroso. De vez en cuando sucede que mientras que pulsa las cuerdas con la mano derecha, con la mano izquierda cambia la posición de las clavijas de la parte superior, provocando un vibrato parecido al habitual de los dedos sobre el mástil de la guitarra. La diferencia con la guitarra, sobre todo, es la cantidad de notas que se aprecian, por la cantidad de cuerdas que se pulsan.
En un principio podría dar la impresión de que Ana se siente más cómoda entre los palos más solemnes, pero al poco rato nos percatamos de que no es así. En la segunda mitad, surge la parte más festera: por tangos, por alegrías (con el cante grande de Jesús Méndez, también jerezano y familia de La Paquera) y el remate final por bulerías.
En las citadas bulerías, quizá se eche en falta en el arpa el brío que imprimen los guitarristas con su mano derecha a las cuerdas de la guitarra. Pero ¿quién soy yo, modesto aficionado, para decir algo sobre el toque por bulerías a alguien que ha nacido en Jerez? Pues eso, nadie. Lo que es evidente es que el concierto se nos hizo algo corto, muy poco más de una hora, algo que suele suceder cuando el festival los ubica en la Sala Negra.
Nos quedamos con ganas de más, y expectantes ante su disco de debut, que tiene previsto el lanzamiento entre febrero y marzo de 2025, y llevará por título “Arpaora”, un genial neologismo que nos recuerda a otros como “Danzaora” (para Rocío Molina) o “Soplaor” (para Jorge Pardo), que propusimos hace unos días a la R.A.E., sin grandes expectativas de respuesta. Queda por destacar la inquietud intelectual que atesora Ana Crismán, que además de música es licenciada en Historia y Ciencias de la Música, en la especialidad de Flamencología.
Ficha artística:
Ana Crismán: arpa.
Perico Navarro: percusión.
Jesús Méndez: cantaor invitado.
65 minutos.
Teatros del Canal, sala Negra, aforo completo (Madrid, 24/10/2024, 18 h.)

