La bailaora malagueña despliega su arte en el festival Suma Flamenca.
Revista La Flamenca. David Plaza Cervantes. 31/10/2024.©Pablo Lorente
Es tan imprevisible y prolífica la artista de Torre del Mar, que uno nunca sabe qué se va a encontrar, especialmente por el sugerente subtítulo que define el espectáculo: “Improvisación sobre una o más cosas”. Está la Sala Roja de los Teatros del Canal como siempre abarrotada, esta vez por un público más heterogéneo y expectante de lo habitual. A Rocío la hemos visto de todas las maneras y vestuarios, y con distintos formatos: desde muy flamenca hasta la danza contemporánea, pasando por la performance; pero siempre con esa “extraña heterodoxia” (saludos al Niño de Elche) que la hace única y diferente. Por tanto, a partir de ahora y para el que no la haya visto, todo es spoiler.
En el escenario, muy poco iluminado, podemos ver varias sillas de enea y muchos pares de zapatos de baile de todos los colores, colocados formando todos un círculo. La bailaora sale a escena con un vestido rojo formado por 2 piezas, acompañada por el Oruco, sentados en torno a una mesa cuadrada negra y un vaso de ron (según delata el programa) que comparten. Y comienza una clase magistral de compás: con los nudillos, con las palmas, con los pies, con todo lo que suene. Tras un largo rato, por fin se pone de pie y aparecen Pepe de Pura y Yerai Cortés (que por cierto, no estaba anunciado en el programa). Parece que nos invitan a participar en la clase colectiva. Pese al virtuosismo con los zapateados y el alarde físico que requiere, pensamos que todavía no se ha desplegado todo el potencial.
En el segundo acto sale Rocío con un vestido marrón chocolate, con la parte superior de cuero. El elenco, al que se suma la guitarra de Eduardo Trassierra (que tampoco estaba anunciado en el programa, tan solo se anunciaba una “Aparición espontánea” de un guitarrista) se coloca en modo tablao: bebiendo ron con hielo, todos vapeando (¡vaya humareda se formó!), y cantando y bailando entre ellos, pero no de frente al público, que queda a un lado y demasiado lejos de la acción. Rocío coge una fina barra de madera y empieza a pasear por entre todos sus zapatos, que evocan los innumerables ensayos que ha tenido que sufrir y disfrutar la coreógrafa en su finca “La Aceitera”, su espacio de creación y vivienda habitual. Al final de esta segunda parte, se abre el telón posterior y aparece una batería de rock. La Jefa, sobrada de ritmo, nos muestra una de sus aficiones ocultas.
En el tercer y definitivo acto, la ganadora de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2022 deslumbra con un vestido negro, largo, transparente y con la espalda al aire, que permite vislumbrar el cambio que ha dado su figura. Aquí destapa todo el tarro de las esencias y se suelta la melena (esto es literal), empleando su impecable técnica al servicio de la comunicación, de la emoción y de la sensibilidad. Toda la vida imitando y volviendo a imitar lo que veía, según sus propias palabras, hasta que surge un “vicio” en un movimiento, que se convierte en un punto de partida para la creación de algo único, y casi inimitable. De vez en cuando, la “danzaora” abandona el Flamenco de manera premeditada, para así echarlo más de menos, y cogerlo con más ganas para intentar lo que plasma en este espectáculo, y que es matemáticamente imposible: “cuadrar el círculo”.
Ficha artística:
Rocío Molina: baile.
Yerai Cortés: guitarra.
Eduardo Trassierra: guitarra.
Pepe de Pura: cante.
José el Oruco: cante, palmas y baile.
120 minutos.
Madrid, Teatros del Canal, Sala Roja, 843 espectadores, aforo completo (Madrid, 30/10/2024, 20:30 h.).

